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"La vanidad es tan anclada en el corazón del hombre que un soldado, un criado, un cocinero, un cargador se jacta y quiere tener sus admiradores." dijo Blaise Pascal, esto fue en el SXVII sin llegar a saber los efectos de la televisión y las redes sociales. 

Los proletarios cambian de bando

Los proletarios cambian de bando

Con una participación media del 51%, las elecciones europeas han confirmado en líneas generales lo que ya adelantamos en una entrega anterior (“Elecciones europeas ¿otras primarias?”): de la coalición gobernante en Bruselas, solo la familia popular ha mejorado su registro, al tiempo que la familia liberal ha estado a punto de perder el tercer puesto en el ranking del Parlamento Europeo. Curiosamente, el aumento de representación del PPE procede en su casi totalidad de España (10 de los 13 diputados de ganancia son españoles), en tanto que la mayor parte de la pérdida sufrida por los liberales (23 en total) procede de Francia (Macron pierde 10) y de España (Cs, que tenía 7, ha firmado finalmente su acta de defunción). 


Con estos resultados, las primarias han servido, por un lado, para reforzar la posición de Meloni en Italia (el único gobierno de los países grandes que se ha visto respaldado por los votantes), al tiempo que han puesto en apuros a Sholz y, sobre todo, a Macron, que, al verse desbordado por la marea lepenista, ha optado por convocar elecciones legislativas. Recientemente, el geógrafo político Cristophe Guilluy nos recordaba en las páginas de El País una verdad incómoda: los juegos políticos de los aprendices de brujo (divide et impera) han llevado a las clases populares a cambiar de bando, “empujadas” por la pasividad de gobiernos presuntamente progresistas a la hora de abordar los temas que más preocupan: la inseguridad, la inmigración, la pérdida de soberanía… Y así es como han caído en los brazos de Le Pen, según Guilluy. 

 

En España, los resultados indican que los apoyos del gobierno se siguen debilitando, no solo porque crece la distancia entre PP y PSOE, que ahora ya es de cuatro puntos (el verano pasado fue de 1,3), sino porque la suma de Vox y la candidatura de Alvise casi duplica lo conseguido entre Sumar y Podemos. Es verdad que una participación por debajo del 50% puede producir resultados engañosos y no extrapolables, pero la tendencia es clara: elección tras elección, el centro de gravedad electoral se desplaza a la derecha, no solo porque el PP sigue mordiendo el centro, sino porque Vox se consolida y ahora el voto de protesta ya no viene de la izquierda sino del otro lado. Ahora bien, en este punto conviene hacer una aclaración: Alvise no es lo mismo que Vox o, mejor dicho, los votantes de Alvise son distintos a los de Vox. Puede que este nuevo timonel de la política digital quiera ir más allá de Vox, pero sus votantes están un poco más acá, como veremos. De hecho, si atendemos al perfil sociodemográfico de los votantes de ambas formaciones podemos encontrar diferencias significativas. Para empezar, los votantes de Alvise son los más jóvenes de todos los electorados. Si el promedio de edad de los votantes de Vox está en 44 años (7 años por debajo de la media general, que está en 51), el de los votantes de Alvise baja a 37. Este dato es fundamental cuando hablamos de política digital y de redes sociales.

 

En segundo lugar, los votantes de Alvise tienen un nivel de estudios por encima de la media, lo que les distinguen de los votantes de Vox, que están por debajo, y, lo que es más importante, así como estos últimos están a la derecha de los votantes del PP (un punto en la escala ideológica), los votantes de Alvise están unas décimas a su izquierda. Con todo, hay un rasgo que les sitúa más allá de Vox: su masculinización, pues, así como 2 de cada 3 votantes de Vox son varones, en el caso de Alvise la proporción llega a 3 de cada 4. En suma, más que un voto más allá de Vox, la radiografía de sus votantes sugiere que nos encontramos ante un Cs digital (cayetanos armados de Telegram) que tras haberse radicalizado presenta los síntomas típicos de un exceso de testosterona.   

 

Hecha esta aclaración, conviene prestar atención al argumento de Guilluy: ¿será verdad que las clases populares están cambiando de bando o esas cosas solo pasan en Francia? Antes de responder, hay que recordar que la situación española es más compleja aún que la de Francia como consecuencia de que el eje de competición política tradicional (el eje izquierda-derecha) se ha visto desplazado por la competición entre centro y periferia, de tal suerte que los partidos compiten en una especie de diagonal que resulta de la confluencia de ambos ejes. Tal como he argumentado en una publicación reciente1, esto ha facilitado que el eje ideológico sea reemplazado por la confrontación entre españolismo y nacionalismos periféricos. En consecuencia, la pregunta que se nos plantea es: ¿qué pasa cuando las bases sociales de la política se diluyen en beneficio de la confrontación territorial?

 

Para responder he agregado los ficheros de los dos estudios preelectorales del CIS (3458 y 3460) y he analizado los perfiles sociodemográficos de los partidos a partir de la intención de voto manifestada por los encuestados en las pasadas elecciones europeas. El modelo estadístico incluye variables de todo tipo (ideología, religiosidad, etc.), pero vamos a fijarnos en las más significativas a la hora de identificar dichos perfiles, a fin de estimar el efecto de cada una de ellas sobre cada uno de los partidos. Concretamente, la tabla adjunta recoge el efecto de la edad, el sexo y el nivel de estudios y de ingresos, así como la influencia de cuatro categorías sociales especialmente relevantes: 

 

  •     Profesionales: esta categoría incluye los mejores empleos (profesionales, técnicos, cuadros…)
  •     Proletarios: los peores empleos (manuales, no cualificados…)     
  •     Autónomos.
  •     Jubilados.

 

Como se puede observar en la tabla, tanto los votantes de Vox como los de Alvise tienen un perfil de sexo y edad que se aparta claramente de los demás: son al mismo tiempo los más jóvenes y los más masculinizados. Hecha esta comprobación, podemos ver que, sin embargo, su perfil de clase es muy distinto, pues, así como ser autónomo aumenta mucho la probabilidad de votar a Alvise, en el caso de Vox lo que más influye es ser… ¡proletario! Esto parece avalar el carácter “rojipardo” del que Vox ha presumido en algunas ocasiones (recordemos la batalla de Vallecas en la campaña de las autonómicas madrileñas de 2021) y que le ha llevado incluso a crear su propio sindicato. 

 

¿Qué caracteriza entonces a los demás partidos? Sus perfiles no son tan marcados, pero es significativo que mientras el PP tiene un perfil en línea con el de los partidos anteriores, el PSOE se apoya principalmente en los jubilados (de hecho, tiene el electorado más envejecido), en tanto que Sumar y Podemos se apoyan sobre todo en los profesionales y técnicos. Lo primero parece corroborar la idea de Guilluy de que las clases populares están cambiando de bando, en tanto que lo segundo parece evocar otra de las ideas del propio Guilluy: los partidos gobernantes (en Francia, pero también en España) se sostienen sobre una coalición de “jubilados y clases altas” (El País, 13/06/2024).

 

 

 

 


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