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"La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados."

Benito Pérez Galdós

Entre hermanos, primos y Koldos

Entre hermanos, primos y Koldos

No todo el mundo tiene la misma sensibilidad hacia la corrupción. Ni siquiera hacia la pederastia, por ejemplo. La prueba es que, no solo hay pederastas, sino que hay quien les comprende, les protege, les esconde y quien evita que sean castigados.


Lo mismo pasa con los corruptos. La corrupción es, como el cáncer, transversal respecto del sexo, ideología, religión o nacionalidad. Si hubiera una Asociación Contra la Corrupción sería difícil asegurar que, entre sus miembros, no pudiera haber alguien que se terminara corrompiendo. Hablamos de la naturaleza humana.

 

 El problema, pues, no es ese. La cuestión es qué se hace cuando aparece un corrupto. Es igual que, cuando aparece un tumor cancerígeno, la solución no es negarlo sino tratarlo y, si es posible, extirparlo. Y limpiar en sus alrededores por si queda alguna célula perniciosa y, sobre todo, infundir tranquilidad de que el resto es sano.

 

 Dependiendo de ese tratamiento, pueden distinguirse también unos y otros cuerpos sociales donde aparece un brote de corrupción. Porque, y hay que volver a repetirlo, no todos tienen la misma sensibilidad ante el problema. La prueba la hemos visto en algunos de los casos conocidos.

 

Hablemos de mascarillas, de intermediarios en el tráfico de esos elementos y de la relación que tenían con los dirigentes de las administraciones que las adquirieron. En el caso de la Comunidad de Madrid, el intermediario fue Tomás Díaz Ayuso, un señor que comparte alrededor del 50% de su ADN con la presidenta de la Comunidad de Madrid y muy aficionada a la fruta. Pues bien, a pesar de ello, doña Isabel, después del episodio, logró ganar dos elecciones llegando a obtener la mayoría absoluta de los votos. Y, no solo eso. Además, consiguió deshacerse de su principal adversario político, Pablo Casado, el presidente de su partido quien, al parecer, tenía dudas de la rectitud de aquel asunto y lo estaba investigando.

 

En el caso del Ayuntamiento de Madrid, el intermediario, o uno de ellos, fue un tal Carlos Martínez-Almeida Morales, primo de su primo. Como tal, y para medir científicamente la relación entre vendedor y comprador, diremos que compartían alrededor de un 12,5% de su ADN. Aunque el asunto de la compra de mascarillas municipales está todavía sub iudice, sabemos dos cosas: una, que el PP no pidió la dimisión de Martínez Almeida, el primo que es alcalde, no el otro y, dos, que el PP obtuvo mayoría absoluta en las siguientes elecciones. Como en el caso de la Comunidad.

 

Pero Koldo García no compartía ninguna proporción de ADN con José Luis Ábalos. Ni era hermano, ni primo, ni nada, solo era un colaborador de confianza. De mucha confianza, aunque sin ningún grado de parentesco. Pero había, y hay, una diferencia mucho más importante: José Luis Ábalos no era del PP, sino del PSOE. Esto no debería significar nada del tipo de "la superioridad moral de la izquierda" o cosas así. No, es mucho más simple: el electorado socialista tiene una sensibilidad distinta sobre la corrupción que el electorado de derechas y a nadie en su sano juicio se le podría ocurrir que, si se volviera a presentar José Luis Ábalos a unas elecciones, obtendría una mayoría absoluta del electorado. Si no, todo lo contrario.

 

 Y, por eso, José Luis Ábalos debía ser separado del PSOE, precisamente porque militaba en ese partido y no en el PP. En este último caso, probablemente seguiría siendo diputado de su partido y tendría la esperanza de ganar unas próximas elecciones por mayoría absoluta. Pero en el PSOE, como acabamos de ver, no. Incluso hay, dentro de ese partido, quien critica el que no se le hubiera expulsado antes del momento en que se ha hecho.

 

 Y, ahora, veremos al PP, como ese gallo de Morón que cacareaba mientras estaba sin plumas, pedir la dimisión de todo bicho viviente hasta alcanzar el programa máximo de ese partido, echar a Sánchez de la Moncloa. Es lo que quieren decir cuando avisan de que "llegarán hasta el final". Al tiempo que acusan a Sánchez de que “sabía lo de Koldo y lo ocultó”. Pablo Casado, en cambio, también sabía lo de Tomás Díaz Ayuso y no lo ocultó. Claro que, en mala hora, estará pensando Pablo Casado.

 

 Y poco me extrañaría que los principales solistas de ese coro popular sean Díaz Ayuso y Martínez Almeida, hermana y primo, respectivamente, de esos otros koldos anteriores.

 

  Jesús Espelosín

 


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