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"La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados."

Benito Pérez Galdós

El PSOE de Andalucía. Tragedia en tres actos (I)

El PSOE de Andalucía. Tragedia en tres actos (I)

El PSOE de Andalucía es la federación más poderosa del PSOE. Sus más de 43.000 militantes activos la sitúan como la maquinaria política regional más potente que existe en España. Durante 37 años ejerció el poder en Andalucía y durante décadas han sido el muro de defensa del socialismo español cada vez que el PSOE hacía aguas a nivel nacional. Su declive tomó tintes preocupantes cuando intentó tutelar al PSOE nacional, defenestrando a Pedro Sánchez, y el apoyo electoral, antes inquebrantable, entró en barrena cuando en 2018, a pesar de ser el partido más votado, perdió el Gobierno de la Junta de Andalucía. A partir de ahí, la otrora poderosa federación socialista andaluza es una sombra de lo que fue.

Acto primero. Intentando conquistar Madrid

En diciembre de 1979 nace formalmente el PSOE de Andalucía, con José Rodríguez de la Borbolla como primer secretario general


Acto primero. Intentando conquistar Madrid

Hace unos días en respuesta a un tuit que publiqué sobre las discrepancias internas en el PSOE-A, mi amigo y compañero Álvaro Frutos, que observa desde más allá de Despeñaperros la evolución del PSOE de Andalucía, me sugirió que explicara a los no iniciados lo que nos está pasando. Después de repasar mentalmente los artículos que llevo escritos sobre la situación del PSOE-A de los últimos tiempos, pensé que probablemente sería razonable reflexionar un poco más a largo plazo y responder a la pregunta de cómo hemos llegado en el PSOE-A hasta donde estamos. Algo que se ha hecho aún más interesante cuando las elecciones gallegas han puesto en el centro del debate la necesidad de que los liderazgos regionales respondan a las dinámicas de cada comunidad autónoma para no ser un fracaso. Vayamos pues a Andalucía.

 

Desde la transición, el PSOE-A siempre ha sido la federación más potente del PSOE y ha contado con gran influencia, primero con el tándem sevillano Felipe-Alfonso al frente del partido y después con una presencia muy relevante en las Ejecutivas del PSOE, donde ha sido habitual que ocupe la presidencia del partido, y en los gobiernos de Zapatero y ahora en el de Pedro Sánchez. Esto no significa que siempre la relación entre el PSOE-A y el nacional haya sido pacífica. En Andalucía hemos vivido al menos tres enfrentamientos importantes con el PSOE nacional: primero, el de Rodríguez de la Borbolla, en ese momento secretario general del PSOE-A y presidente de la Junta, con el vicesecretario general del PSOE nacional, Alfonso Guerra, que terminó con la caída del primero; segundo, el de los renovadores (Narcis Serra, Rubalcaba, Solchaga, Solana,…) contra el guerrismo resiliente del PSOE andaluz, dirigido por Carlos Sanjuan y Antonio María Claret, que terminó con el triunfo de los primeros, el advenimiento de Manuel Chaves, presidente de la Junta guerrista reconvertido a renovador, y la pérdida de las alcaldías de las capitales andaluzas; y tercero, la disputa entre Susana Díaz y Pedro Sánchez, enmarcada en los últimos 12 años de historia del PSOE-A, que darían para escribir varios libros, pero que intentaré resumir con unas escasas pinceladas en este relato en tres actos.

 

En 2004 en las elecciones andaluzas el PSOE-A obtuvo el 50,31% de los votos y 61 diputados y en las de 2008 el 48,41% de los votos y 56 diputados (la mayoría absoluta son 55 diputados). Con un partido triunfante, la Juez Alaya, tras una denuncia de la propia Junta de Andalucía, comenzó en 2009 la instrucción del caso de los EREs. La instructora imputaba e ingresaba en prisión a diestro y siniestro y con una precisión, perdón, coincidencia milimétrica hizo que una instrucción llena de escándalos convergiera en la fecha de las elecciones autonómicas de 2012, ya con Pepe Griñan como presidente de la Junta, candidato y cuasi-imputado. El PSOE-A perdió solo por un 1% pero pudo gobernar con IU. No obstante, el desgaste de los EREs no cesó y el Griñan dimitió en 2013, haciéndose cargo del gobierno de coalición Susana Díaz.

 

Mientras tanto, en Madrid las Elecciones Europeas de 2014 certificaron el fracaso de Rubalcaba y este dimitió sucediéndole, en un proceso de primarias, un desconocido Pedro Sánchez aupado por una confabulación de barones regionales, con Susana Díaz a la cabeza. Tras esas elecciones primarias el PSOE-A inició una etapa de tutelaje del PSOE nacional que ejercía Susana Díaz desde la distancia. Un año después, en 2015, Susana Díaz en una decisión altamente arriesgada dio por terminado el gobierno de coalición de izquierdas en la Junta y convocó elecciones. El PSOE-A con un 35,28% del voto siguió siendo la fuerza más votada en las elecciones andaluzas. Susana Díaz, que había roto puentes con la izquierda, no tenía más alternativa que un gobierno con Ciudadanos, y su investidura necesitó de 4 votaciones. El resultado un gobierno de coalición envenenado, que llevó al PSOE-A más hacia el centro y a tener que asumir como propios los marcos de la derecha.  

 

Por su parte, en Madrid, en plena descomposición del bipartidismo, el PSOE de Pedro Sánchez obtuvo solo un 22% del voto en las elecciones generales y cuando se repitieron elecciones a mediados de 2016 el porcentaje prácticamente se mantuvo igual. El tutelaje aplicado desde Andalucía al PSOE nacional comenzó a ser cada vez más conflictivo y estalló cuando los barones socialistas promovieron la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy mientras Pedro Sánchez defendía un nuevo voto en contra. La discrepancia desembocó tumultuosamente en el famoso comité federal de 1 de octubre de 2016 que derrocó a Pedro Sánchez, imponiendo una gestora y la abstención para que gobernase Mariano Rajoy.

 

En esa situación una Susana Díaz escorada a la derecha decidió por fin asumir directamente las riendas del PSOE nacional y se presentó a las primarias, arropada por todo el aparato presente y pasado del PSOE, con Felipe González y los barones, Page, Lamban, Puig y Vara a la cabeza. No obstante, la militancia socialista reaccionó y repuso a Pedro Sánchez en el cargo poniendo fin al control del PSOE por parte del PSOE-A. De vuelta en la secretaría general, el 1 de junio de 2018 Pedro Sánchez ganó la moción de censura y alcanzó el gobierno, y en diciembre de 2018 se celebraron las Elecciones Andaluzas y Susana Díaz y el PSOE-A perdieron el gobierno de la Junta. Ambos sucesos certificaron el fin del intento de conquista del PSOE nacional por parte del PSOE-A. 

 

Llegados aquí y con la ratificación de Pedro Sánchez tras dos nuevas Elecciones Generales ganadas, en abril y noviembre de 2019, se abría un periodo nuevo de gobierno de coalición en Madrid que internamente en el PSOE sólo podía terminar de una forma: con la derrota de Susana Díaz. 

 

Pero eso es trama del próximo acto.


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