La amnstía que nunca será (y II)

El momento de recuperar un relato

El momento de recuperar un relato

"Cuanto más olvidado de sí está el que escucha atentamente, tanto más profundamente se le graba lo escuchado", dice (Walter) Benjamin, en su Narrador, a lo que Byung-Chul Han apostilla que estamos perdiendo cada vez más el don de escuchar. Nos escenificamos a nosotros mismos, nos escuchamos a nosotros mismos, en lugar de olvidarnos de nosotros mismos y abandonarnos a la escucha.   

Barquito de papel. AUTOR: Cruz de Castro


El 30 de enero no pasará a ser una fecha histórica, aunque ahora todo es histórico. No se comparará con el 13 de julio de 1212, fecha del triunfo cristiano contra los almohades; ni con el 22 de julio 1921 la del llamado Desastre de Annual que enfrentó al ejercito español contra los rifeños, esta sí fue una verdadera tragedia para los españoles con millares de muertos. Ambas cambiaron sin duda los derroteros futuros de la historia en los reinos cristianos y en la de España del Siglo XX. Ahora, ni una victoria, ni un desastre. Simplemente la pérdida de una votación parlamentaria.

 

Es la crónica de un suceso anunciado. Está bien, la ley quizás sea aprobada en el siguiente intento, si lo hay, pero la traída y llevada amnistía terminará siendo nada más que un lobo mediático de temporada.  

 

Los acuerdos con la extrema derecha, o sucedáneos de esta, ya sea catalana o española (o de donde sea) tienen corto recorrido y traen problemas al que se obceca en pactar con ellos. La extrema derecha, por serlo, no tiene como objetivo político que el Estado funcione con normalidad y eficiencia democrática. Por ello, contemporizar con ellos, si tienes un proyecto de Estado, tiene un coste alto que indefectiblemente se paga.

 

Feijóo, se ha enterado pronto de ello. Y ha pagado. Ganó unas elecciones, pero perdió un gobierno, por más vueltas que él quiera dar a la rueda del molino. Esa fue la causa y también su lastre al futuro, si no pone pronto tierra por medio. 

 

Sánchez también debería haberlo aprendido, pero sigue en su pertinaz estrategia. Puede que no tenga cerca a nadie con convicción que le diga que ese pozo no tiene agua, es muy obscuro y de él no se sale.  Caminar con Puigdemont, intentarlo, es enfangarse por mantener una mayoría parlamentaria artificial sin futuro. Es una intuición bastante fundamentada. 

 

No es menosprecio decir que Junts es,  lo ha demostrado, un mero grupúsculo de agitación y propaganda al servicio de unos intereses mesiánicos desordenados. Lejos hoy día de ser un partido político serio implicado en cualquier tipo de gobernabilidad.  Si Sánchez supera esta pantalla del juego, las siguientes veremos.  A lo mejor en las siguientes deciden echarle de la pista para los restos. 

 

Para Junts, todo pasa por hacer perder a Sánchez su relato. El de la convivencia, compromiso con la gobernabilidad de España…. En todo caso, el ruido ya generado le ha debilitado reputacional y políticamente. 

 

 Razones jurídicas de fondo aparte, el recorrido de aplicación práctica de la ley va a estar lleno de minas judiciales incidentales, que incluso no se resolverán con un posible pronunciamiento a favor o en contra de la ley por el Tribunal Constitucional o por la justicia europea. Por no traer a colación los matices que toda sentencia incorpora. Recordemos la compleja sentencia del Estatut que aún colea. Las intervenciones de García Castellón, que no deja de ser un mero juez instructor, no distan muchas de otras ya vividas en otros tiempos como las de Garzón. Hay jueces con vocación de estrella como en el rock and roll pero eso, no es más que una anécdota en esta historia.    

La inclusión de la inmigración como competencia transferible, al margen del ninguneo al actual gobierno de la Generalitat (ERC), sin haber estado incluido en el llamado acuerdo de legislatura, es obviamente, como pudo comprobarse uno de los mejores cepos que han puesto al gobierno de la Nación en esta cacería. Nadie se ha dado cuenta aún de que los flujos migratorios en unos meses pasarán de ser un problema a ser el problema.

 

El tema territorial, el nacionalismo español, versus nacionalismo periférico, es una de las mayores grietas (temas que pueden generar división en el electorado de un determinado partido y que por ello es utilizado por el adversario para hacer sangre) del PSOE, como reconoce el joven politólogo Lluis Orriols en su acertado y actual libro “Democracia de trincheras”.

 

No es una circunstancia nueva en el acervo ideológico y político socialista. En la época republicana los diferentes lideres socialistas mantenían posiciones, también por este tema, muy enfrentadas al respecto. Pero dejemos ese capítulo para los historiadores. Lo que sí es cierto a día de hoy es que la amnistía, y no hacer oídos sordos a un posible referéndum de autodeterminación, está suponiendo una ruptura en el electorado socialista e incluso en su militancia. Esta (la militancia), sin duda, ha aceptado que amnistía + pacto con la extrema derecha catalana es mejor que un gobierno de la derecha española con la extrema derecha. Además, una preponderante visión mesiánica del liderazgo socialista en este momento lleva a hacer bueno el “a mí esto no me gusta, pero seguro que Pedro no se equivoca”. La militancia socialista, como su propio electorado, nunca han estado dispuestos a caer en los brazos del nacionalismo periférico, salvo en un determinado entorno del partido de los socialistas catalanes que afloró como una gauche divine (izquierda divina) catalana que poco tenía que ver con el socialismo catalán procedente de la inmigración castellana y andaluza, de clase trabajadora. En el socialismo vasco se produjo algo similar tras la integración de Euskadiko Ezkerra en el PSE, pero nada comparable. El socialismo español contemporáneo, si me apuran, ha estado imbuido de lo que que se suele denominar jacobinismo, aunque durante el desarrollo constitucional descubrió que el estado autonómico constitucional, como Estado compuesto, como técnicamente se denomina, puede desembocar en una suerte de régimen federal que permite maximizar la libertad y la democracia dentro del Estado. Nada que ver con un nacionalismo de voracidad infinita. 

 

Lo que sí se puede afirmar es que los votantes socialistas, tanto los racionales como los identitarios, siempre han rechazado el nacionalismo español de raíz franquista, carpetovetónico y casposo, que hunde sus raíces en el pensamiento más reaccionario. Desgraciadamente ese nacional españolismo está volviendo a aflorar de la mano de una derecha disruptiva que hoy tiene atrapada y colonizada a la derecha democrática y posibilista. 

 

El rechazo de la ley de amnistía, de momento, da una oportunidad al presidente del gobierno de recuperar un relato que en caso de no hacerlo puede tener dos efectos letales para el PSOE, uno consecuencia del otro. El ruido puede ir creciendo de forma tal que cada voto nacionalista sea un verdadero suplicio, y por tanto cualquier medida que se tome por el gobierno, por positiva que sea, quede envuelta, como ya pasó en la anterior legislatura con Podemos, en un constante sonar de cacerolas. 

 

Con ello, la derecha no tiene que moverse un ápice de su posición para horadar en la grieta ya abierta en el socialismo, tanto partidario como electoral. Unas elecciones en este ambiente de bronca no solo serían desastrosas para Sánchez, lo serían para el propio partido socialista dejando en los mínimos su base electoral. Las muy próximas elecciones en Galicia puede ser una primera prueba de ello.

 

Sánchez no puede sufrir una derrota parlamentaria más como la del 30 de enero. No puede seguir pareciendo que el Google Maps del Gobierno está instalado en el teléfono de Puigdemont. La única forma que tiene de recuperar el relato de la legislatura, lo único que puede satisfacer a sus votantes, y ganar tiempo hasta unos nuevos comicios electorales, es dejar plantado a Junts, plantado y sin ley.  Decir que: “Todos los independentistas catalanes van a ser amnistiados porque no son terroristas”,  a estos efectos es tanto como no decir nada. La inmensa mayoría de los independentistas catalanes, los que aún se sienten así no tienen ningún delito que hacerse amnistiar. Ahora bien, los implicados tienen, en definitiva, la vía del indulto que a la larga será la vía más rápida y jurídicamente eficaz. Eso resuelve sus problemas personales y un franco gesto de sincera consideración por el Estado a aquellos que si apuesten por la convivencia.  

 

Recuperar la negociación de la ley con Junts, para mucho o para poco, es meterse, como decíamos antes, en un profundo y oscuro pozo sin cuerda para salir.

 

Prorrogar los presupuestos y centrarse durante el tiempo que sea posible en una rigurosa y eficaz gestión, es la única posibilidad de alargar la legislatura y más importante,  propiciar que el electorado socialista no le dé la espalda en el futuro a este partido, cuestión aparte de su liderazgo.  

 


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