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La Ciencia y la Tecnología y su papel en las decisiones políticas (I)

La Ciencia y la Tecnología y su papel en las decisiones políticas (I)

La gestión de la pandemia de la COVID nos ha hecho familiarizarnos con un hecho importante: que los dirigentes políticos recaben la opinión de los científicos antes de tomar algunas decisiones importantes que afectan a la vida de los ciudadanos. Esto ya se venia haciendo, aunque en diferente grado y sin ser comunicado públicamente, en decisiones  políticas en materia de sanidad alimentaria, de capturas de pesca, o de medioambiente, ámbitos en los que muchas decisiones se adoptan basándose en evidencias científicas. 


Otra cuestión es que al no ser las evidencias científicas verdades absolutas e inamovibles y estar sujetas a posible modificaciones por nuevas evidencias posteriores, muchos utilizan en su interés las discrepancias y opiniones contrarias a lo que se considera el consenso de los expertos. Basta repasar los debates políticos sobre la conveniencia de las vacunas, el cambio climático, o recientemente, el efecto de los pellets sueltos en el mar.

 

En cualquier caso, en el mundo actual, es indispensable que los dirigentes políticos, y los parlamentarios, se apoyen más en el conocimiento científico y conozcan mejor los avances tecnológicos y sus diferentes efectos, y no solo en un ámbito como la sanidad en que esto es claramente necesario. 

 

Y es que, el cambio tecnológico, que se acaba generando a partir de nuevos descubrimientos y avances científicos, está siendo sin duda el dinamizador de unas economías crecientemente globalizadas, en las que el uso y rápida incorporación de los avances tecnológicos e innovaciones que van apareciendo en cualquier parte del mundo es crítica. La clave para el crecimiento económico de un país no reside ya tanto en la dotación de factores o en un coste del factor trabajo comparativamente mas bajo; la competitividad en el mercado  nacional e internacional, o mejor dicho en la economía global, depende mucho mas de las innovaciones en productos y procesos, de la capacidad para adaptarse a los avances, del know how, y de un capital humano con el conocimiento y los "skills" adecuados a los nuevas pautas de funcionamiento.

 

Por ello, la actitud de los gobiernos y los responsables políticos ante la ciencia y la tecnología debe ser hoy de dedicar una atención prioritaria, y los ciudadanos deberían exigirlo así. Ello sin duda implica, no sólo una mayor integración del asesoramiento científico en la toma de decisiones políticas, siempre que el tema lo requiera, sino un claro apoyo a la investigación, a la divulgación de los avances, y la a adecuación del sistema educativo a esta dinámica social.

 

Sobre el primer punto, la OCDE lleva años insistiendo en la conveniencia de la figura del Asesor científico dentro de los Departamentos Ministeriales. De hecho, hay países como el Reino Unido en la que existe la figura desde hace tiempo. No hay duda de que además del ámbito de la sanidad, el medioambiente es una de las áreas que requieren incorporar ese enfoque. 

 

Pero más complicado es el apoyo a la Investigación e innovación. Hace años, se hablaba de Inversión básica frente a Inversión aplicada, asociando la primera a los centros públicos y la segunda a empresas, o a centros o universidades con proyectos asociados a empresas. Pero este enfoque ya ha cambiado. En contra de la idea dominante de que los grandes avances son resultados de la inversión privada en I+D, parece más bien que muchas empresas privadas se  han basado, en gran medida, en avances y descubrimientos financiados con fondos públicos para incorporarlos a sus productos o procesos y generar innovaciones. El caso más paradigmático es el de Apple. El mérito innegable de Steve Jobs fue no tanto invertir en I+D, sino saber identificar avances conseguidos en diferentes laboratorios públicos y    "aprovecharse" de ellos incorporándolos e integrándolos en unos dispositivos eficaces, fáciles de usar y atractivos. Y ese ha sido el caso también de muchas innovaciones generadas e incorporadas en los sectores TIC y farmaceútico, en los últimos años en el RU y EEUU, como ha puesto de manifiesto Mariana Mazzucato en su libro "The Entrepeneurial Estate. Debunking public vs. private sector Myths".

 

La investigación en centros públicos, nacionales, o internacionales en los que participamos, no sólo es potencialmente generadora de nuevos descubrimientos y avances, sino que además, en muchos casos, incentiva a que las empresas que trabajan con ellos incorporen innovaciones en respuesta a las necesidades que deben solucionar.  Así, las que desarrollan y fabrican las máquinas, los mecanismos de control, el software, o los nuevos materiales, respondiendo a los requerimientos de los investigadores para poder hacer su trabajo, acaban incorporando nuevos avances que posteriormente pueden tener amplias aplicaciones en otros sectores. Un ejemplo claro son los avances en medicina y en particular en radiología y en imágenes, o los de tratamiento de frío, derivados de trabajos realizados por empresas y centros para el CERN; el que la www o web se inventara en ese gran centro de investigación; los avances en fotónica, fotografía digital o mecánica de precisión derivados de tecnología para telescopios; o las aplicaciones en nuevos materiales y Nanotecnología.

 

En definitiva, el Estado no debe caer hoy en la inercia del pasado, y los responsables políticos deben jugar un papel más activo, apoyando, por un lado, a los investigadores, y también el desarrollo de empresas industriales y de servicios avanzados que trabajan mano a mano con estos centros de Investigación, la llamada "Industria de la ciencia", y potenciar en este contexto una mayor colaboración público privada. La clave del crecimiento futuro va por ahí. Esto se suma al papel comentado en lo que se refiere a decisiones que afecten directamente al bienestar y a la salud de los ciudadanos.

 

Por último, hay que destacar otro aspecto en el que los responsables políticos deben de ser activos en las implicaciones éticas de determinados avances científicos, por ejemplo la clonación de seres vivos, o de determinadas tecnologías, por ejemplo, el uso de la inteligencia artificial en algunos procesos.

 


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