El 2024 será el año de las luces ¡Espero!

El 2024 será el año de las luces ¡Espero!

Viene siendo un rito que en el final e inicio de los años se haga balance de lo que el que se fue nos ha dejado, y del que comienza, lo que se espera. 


Es, sin duda, un buen momento imbuidos por la Navidad. En estas fechas parece que todos nos vemos obligados a sentirnos mejores personas. Es una forma muy dulce de engañarnos. Las muchas “malas personas” que pueblan “el mundo”, incluso algunas hasta lo dirigen, son, hasta en Navidad como el escorpión del cuento. Por dentro deben decir: “No he podido evitarlo. No puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido a comportarme” … hasta en Navidad. Es penoso, no se han enterado de que la vida es efímera y los que ansían pasar a la Historia, a buen seguro,  no van a disfrutar de su gloria futura. Sic transit gloria mundo. 

 

Todos podemos llegar al convencimiento de que el año que dejamos es para no recordarlo en términos colectivos. Otra cosa puede ser que por las vivencias personales muchos deseen colocar el año en la estantería de los mejores de sus vidas. ¡Afortunados! 

 

En lo colectivo es difícil encontrar agarraderas para sacar del pozo al 2023. Lo peor es no tomar conciencia de ello. Creer que es uno más, es el devenir lógico de la historia. 

 

Nos estamos acostumbrado a convertir todo en secuencias de relatos. Sin pasado, presente y, por tanto, sin futuro. Carecen de las condiciones para ser una narración. Un pasado vivido colectivamente que nos ha determinado este presente que también vivimos en común y desde el cual proyectamos un futuro en el que aspiramos a convivir con otros y que deseamos que mejore todo lo dejado atrás. No a ver en cada momento, como diría Cercas, anatomías de unos instantes, que se suceden los unos a los otros y sin más desaparecen como gotas en un charco. 

 

Esto puede ser, por supuesto, causa del tiempo que nos ha tocado vivir. Igual la obscuridad que se le otorga a la Edad Media no fue culpa de los que dirigían los destinos de la Humanidad de entonces, la conocida. Convendremos que de quien  no era  es de los vasallos, labriegos y esclavos. Tampoco de la climatología o de un castigo divino por no ser suficientemente creyentes y cumplidores de las leyes establecidos por el Supremo Hacedor, el que fuere. A mi modo de ver la obscuridad devenía de los que gobernaban e imponían sus leyes y sus deseos y dirigían los destinos y la vida de todos aquellos que estaban bajo ellos. 

 

Hoy me da que pasa un poco lo mismo, siempre lo ha pasado que hay responsables. La religión anglicana, hoy mayoritaria en el Reino Unido, algo tiene que ver con los caprichos matrimoniales de un determinado monarca. 

 

Vamos, que pocas cosas hay casuales y no sé si nos abocamos a una nueva oscura Edad Media, eso lo dirán los historiadores de dentro de unos siglos. Yo no estaré para verlo. O quizás caminamos hacia otro Siglo de las Luces y algunos somos muy pesimistas o torpes para darnos cuenta. En todo caso, puedo asegurar que no estamos 15 minutos en la Edad Media, porque unos  lo dicen, y al rato en el siglo XVII, porque lo digan otros. Lo es que pretendan que se crean ambas cosas y por todos.

 

Guerras han existido siempre, desencuentros políticos radicales, afloramiento de líderes salvadores del destino de los demás, también. Tomás Moro pronosticando utopías imposibles o Nostradamus hecatombes escatológicas siguen dando cobertura literaria a los liderazgos de este tiempo y en lugar de recordarlos como a los victoriosos generales romanos ¡Hominem de esse memento! (recuerda que eres mortal), se dedican a ser una corte de corífeos danzarines, al son del verso del dirigente, que a su vez pretenden ser directores de su propio coro. Con ello, el vasallaje está asegurado. Los meritorios que rodean a los líderes, visto lo visto, están sumando créditos para la obtención del titulo superior de mediocridad estratégica y resolución de problemas. 

 

La razón, la verdad, la no mentira, la ciencia, el conocimiento, el progreso, el juicio crítico, el saber colectivo, la experiencia, la salud, el bienestar, incluso la libertad, son palabras usadas tan excesivamente y con el único objetivo de dar musicalidad a los reiterativos y evanescente relatos, que están quedándose vacías de contenido. 

 

Todo momento es bueno para preguntarnos en qué punto de la Historia nos encontramos, para ello es necesario tener algunas nociones. No pretender interpretarla, día sí y día también.   

 

Hay a quien le cayó la del pulpo cuando dijo eso de “la democracia es aburrida”. Yo aspiro profundamente y supongo que ustedes también, a que la democracia sea profundamente aburrida pues ya la vida misma y sus circunstancias la dan suficientes emociones y divertimentos. En este mundo actual donde los mandatarios de aquí y de allá se sienten como nuevos cruzados. Cruzados contra los palestinos como nuevos filisteos, cruzados contra los judíos asesinos de cristo (realmente fueron los imperialistas romanos); cruzados contra los nazi ucranianos o contra los crueles rusos exsoviéticos; contra las derechas y las extremas derechas, contra los gobiernos social-comunistas; cruzados contra los barbarismos españoles como la Nochebuena o Nochevieja que afectan al seny catalán y a sus derechos históricos; cruzados contra los cruzados y cruzados contra los cruzados en contra de los cruzados. En fin, estamos en una universal Guerra Santa y lo peor es que cada uno, ante la suya.

 

Además, tal y como aquellos cruzados del medievo estamos dispuestos a entrar por la puerta de Jerusalén y no dejar un solo ser humano vivo (como así fue) en nombre de Dios. En las guerras santas esto es imprescindible, tener un Dios en nombre del que matar, divino o palaciego, da lo mismo. 

 

Hay que mantener pese a todo la esperanza. Igual estamos en el último año de esta nueva Edad Media, y el Renacimiento  nos traiga a gente más normal como ese tal Erasmo de Rotterdam que como dijo de él Stefan Zweig, "fue el primer europeo consciente, el primer combatidor amigo de la paz, el más elocuente defensor del ideal humanístico, benévolo para lo mundano y lo espiritual". 

 

¡Lo mejor y no sólo lo posible para 2024!

 


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