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"El hombre está condenado a ser libre; porque una vez que está arrojado al mundo, es responsable de todo lo que hace." Jean Paul Sartre filosofo y escritor francés.  

Redondo tiene razón

Redondo tiene razón

Herodes mató a unos recién nacidos porque habría uno que amenazaría su reinado. Sánchez expulsa a los disidentes. Ahora a Redondo. Antes a Leguina. No son gente de poca valía. En tiempos de Franco tampoco se podía disentir del “Caudillo”. En Venezuela ocurre lo mismo. No digamos en Cuba o Nicaragua. 

Nicolás Redondo Terreros en la presentación del libro de Alfonso Guerra. Imagen: EP


¿Seguiremos unos pasos bolivarianos aderezados de una fusión del PCE de Yolanda con el socialismo de izquierdas de Sánchez? Recuerden aquel debate electoral en el que Sánchez se identificaba con la lideresa: “¿Verdad, Yolanda?, Sí, Pedro”, titularon al día siguiente. La izquierda verdadera, verdaderamente unificada. O presentarse juntos en unas elecciones. ¿Por qué no?

 

El pecado de Redondo es el de disentir. Montero, vicesecretaria general del PSOE y ministra en funciones de Hacienda, carga contra él por menospreciar las siglas del Partido Socialista. Fascinante acusación y torticera alegación. 

 

Redondo, y muchos más, argumentan que una amnistía a los que dieron un golpe a la Constitución en 2017 no procede políticamente. Además, asegura que tampoco procede constitucionalmente, aunque La Moncloa ha conseguido, con la ayuda de Sumar, crear dudas acerca de esto último para desviar la atención sobre el fondo del debate. 

 

En efecto, la cuestión no es si la amnistía es constitucional, que también, sino si es políticamente conveniente y no lo es, como tampoco es factible constitucionalmente como explica el socialista Virgilio Zapatero, un jurista prestigioso. 

 

Cuando los indultos gratuitos a Junqueras y otros que atentaron a nuestra convivencia saltándose la Constitución, la eliminación de la sedición, o la reconversión de la malversación en una reducida para políticos decían que el separatismo moriría de agradecimiento. Ahora, argumentan que Cataluña está pacificada.

 

Cuentos chinos. Menos ruido en la calle no es pacificación. Los independentistas no hicieron ni contrición ni propósito de enmienda. Tampoco se les exigió. Siguen clamando por la unilateralidad, consideran la Constitución un trapo sucio y afirman que nunca se rendirán. “Ho tornarem a fer”. Puigdemont reclama un mediador internacional y un referéndum de independencia. Así, no procede ningún perdón.

 

La Constitución prohíbe los indultos generales. Si lo menos está prohibido, con más razón lo más. Desde Ferraz tantean, dicen, una amnistía condicionada. Puigdemont, más chulo, contesta que las condiciones las pone él.

 

Los europeos contemplan anonadados como el prófugo reclamado por la Justicia española es besuqueado por la Vicepresidenta española, visitado por el jefe del PNV y solicitado por Sánchez. ¡Fascinante! ¡Igual le devuelven la inmunidad del Parlamento Europeo! González Laya, antigua Ministra de Exteriores de Sánchez, señala que España es rehén de los independentistas. Estamos en el camarote de los hermanos Marx. 

 

Es un debate llovido del infierno sobre la sociedad española y espoleado por el Gobierno de la Nación para polarizar más la sociedad en lugar de calmar las aguas. De esto se queja Redondo. Amnistiar a Puigdemont es indigno del PSOE, añade. Eso no es menospreciar esas siglas. Todo lo contrario. 

 

Medidas tan trascendentes como amnistiar a Puigdemont, concederle un referéndum de independencia, admitir un mediador, con esos u otros nombres, o introducir otros idiomas que el español en el Congreso, no debieran adoptarse y menos por una España frente a otra, por media España contra otra media. Son materias que, con otras importantes, tendrían que acordar PP y PSOE. Alfonso Guerra subraya que los nacionalismos separatistas apenas suman un 6% del Congreso y que no debieran condicionar a los grandes partidos. Reorganizar España no es labor de un solo caudillo sino de todos los ciudadanos. 

 

Argumentan los contrarios al diálogo que “el otro” es el que no quiere o que sus proposiciones son inaceptables. Mala voluntad, falta de paciencia. Feijóo presentó a Sánchez seis puntos que el socialista despreció. Recientemente, Rodríguez Ibarra, antiguo presidente socialista de Extremadura, sugirió unas posibilidades de encuentro. Hay, pues, materia para entenderse. 

 

Flaco servicio le hacen a España esos radicales afectos a cualquier partido y que facilitan el hundimiento del barco de todos. Redondo tiene clara la necesidad de diálogo entre izquierda y derecha y las líneas rojas políticas y constitucionales respecto de los separatistas. Por eso le ha echado Sánchez. 


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