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"La vanidad es tan anclada en el corazón del hombre que un soldado, un criado, un cocinero, un cargador se jacta y quiere tener sus admiradores." dijo Blaise Pascal, esto fue en el SXVII sin llegar a saber los efectos de la televisión y las redes sociales. 

El retablo perdido, escondido o robado de la Casa Grande de Lusío

El retablo perdido, escondido o robado de la Casa Grande de Lusío

Fue hace ya un tiempo cuando haciendo el Camino de Santiago, después de bajar del Cebreiro hacia Samos y con el cansancio como compañero de viaje, mis huesos fueron a dar por pura casualidad con el albergue de la Casa Forte, más conocida entre los de la zona por La Casa Grande de Lusío.


Cuando pase por allí, hacía muy poco que la habían abierto a los peregrinos como albergue en este Camino de Santiago, para los que optan por andar algunos kilómetros más, que bien merecen la pena, aunque históricamente pueda ser más dudosa esta ruta. Mi primera impresión fue quedar prendado del lugar, tanto por las instalaciones, como por su ubicación en un remanso de paz, escuchando la sinfonía que componen las  aguas del río Oribio. 

 

Tal fue el impacto que me produjo esta Casa Grande de un estilo similar al pazo galaico/portugués, que me recordaba el gran Palacio Nacional de Sintra, aquí había también gran chimenea central, eso sí, más humilde que de las de Sintra, tampoco  era como La Quinta da Regaleira y sus enormes jardines, pero sí tan misteriosa. Quedé prendado del lugar y a la vez intrigado por lo que allí pudo suceder. Estaba todo nuevo, olía todavía  a pintura fresca, tenía el sabor de lo recién estrenado. 

 

Llevado por mi curiosidad, pregunté a las pocas personas de la zona que por allí habitaban, Lusío es una muy pequeña aldea, paseando entre castaños me contaron cosas asombrosas, dignas de una novela, un best seller como La Catedral del Mar, Los Pilares de Tierra… tenía tantos ingredientes, y argumentos que podía dar para varios tomos. 

 

Desde los cuartos oscuros, cavados en el subsuelo, donde torturaban y se ajusticiaban a los que no comulgaban, y nunca mejor dicho, esto puede ser real o figurado con el régimen existente del absolutismo, así como otras atrocidades que podían ir más por la novela negra, robos, asesinatos, historias de amor, hetero, gay, lésbisco, pecado infernal para la época, hasta la desaparición del retablo y los santos de la capilla. Si hablaran sus paredes, mucho tendrían que contarnos.

 

Dice el escudo que en su torre está sellado, que fue fundada allá por el año De Dios de1551, por Lope Vázquez de Vilamexe y su esposa Leonor Alfonso de Balboa en aquellos años  donde Dios mandaba mucho más que ahora, o al menos los que se denominaban así mismos embajadores de él en la Tierra. Todo sea dicho con el debido respeto, que no están tampoco ahora los tiempos para levantar polémicas donde no hacen falta.

 

Unos siglos más tarde allí nació, concretamente en 1804, uno de los Samonenses más famosos, si fuera en estos tiempos igual estábamos hablando de un premio Nobel de las matemáticas, D. Vicente Vázquez Queipo de Llano autor de las tablas logarítmicas que obtuvo reconocimiento  internacional con premios como el obtenido en la Exposición Universal de París. Don Vicente, hombre polifacético, no solo fue un erudito en matemáticas, también en física y ocupó puestos relevantes en la política nacional.

 

Quizás esta última faceta le ha impedido tener un mayor reconocimiento, no siendo ni profeta en su tierra, aunque en la reconstrucción del Pazo, hay un lugar destacado para Don Vicente, con un museo que recrea sus tiempos pasados, y una biblioteca que fue en su época de lo mejor de la zona durante siglos. 

 

Actualmente hay que lamentar que esos libros, encuadernados con piel de vaca,  han desaparecido; cuentan que algunos han sido vistos en tierras lejanas, aunque en su contraportada se podía leer, libro perteneciente a La Casa Grande de Lusío.

 

Hay visitas, que si estás por la zona, son casi de obligado cumplimiento, el albergue de La Casa Forte como la denomina la Xunta de Galicia, uno de ellos.

 

El Camino de Santiago es una de esas experiencias que siempre recomiendas a tus amigos

 

 

La familia Vázquez Queipo fue la dueña del caserón, pazo… por un extenso período, dando trabajo y algo más a la zona, hasta que la señora Rosario de la Barrena dejó la misma a su intima amiga Pilar Quevedo, tras su muerte quedó en manos de los moradores benedictinos del convento de Samos. 

 

Recuerdo algo que me llamó poderosamente la atención, fue esa pequeña capilla dentro de la propia casa, cosa de ricos, de otros tiempos, o no, que hoy también hay de todo en la viña del… pero aquello tan manido de un jardín sin flores, un coche sin gasolina, un sermón sin feligreses, una biblioteca sin libros, eso también es una capilla sin santos, sin el retablo que los del pueblo recuerdan, y que ¡vayan a saber uds. porqué!. del lugar desapareció.

 

Seguro que los que han pagado más dos millones y medio de euros para su restauración, entregados por la Xunta de Galicia y sacados, sin duda, de nuestros impuestos, algo deberían saber.  Cuentan que La Casa Grande agonizaba en el olvido, a poco tiempo de ser declarada en ruinas, por unos dueños; cuya propiedad, esas gargantas profundas, también ponían en duda, que fuera de la forma más lícita, pero sin pruebas, el delito es un rumor que se lo lleva el viento de las palabras.

 

¡Ay de esas confesiones!, las cesiones y herencias en lecho de muerte, donde al moribundo se le prometía el cielo eterno o, simplemente, se le hacía decir lo que nunca pensó, tan sospechosas concesiones que cuantas veces favorecen a los que oportunamente estaban en el sitio justo. 

 

¡Cuántas historias de esas hemos leído en libros y visto en películas!, pero ojo por dónde vas escritor de pacotilla, no sea que te topes con la nueva Santa Inquisición. Siempre puede caer uno en la tentación de aquello que suelen hacer los vencedores, reescribir la historia; pues eso, para los que tienen medios y conocimientos.

 

Hay hechos, que no se pueden pasar por alto, así el retablo de la capilla se perdió, lo robaron descaradamente a los propios fieles y a los devotos de la cultura. Puede que lo hayan puesto a buen recaudo, esperemos que no esté guardado en algún cuarto oscuro, pudriéndose, mientras al mirar por las rejas de la capilla y ver todo vacío, ello hace daño al sentimiento cultural, más lo tenía que hacer al religioso.

 

El Camino de Santiago es una de esas experiencias que siempre recomiendas a tus amigos. Dicen que te encuentras con uno mismo; bueno, eso no me parece tan positivo, mira que no te gustas y tienes problemas para convivir con tu otro yo, pero con lo que, sin duda, te vas a encontrar es con muchas personas de todo tipo, clase e incluso religión, que caminan a tu lado y con los que entablar esas largas conversaciones, esas que el camino propicia, palabras que lo mismo construyen historias como amistades.

 

Aquellos que, además, hacen este camino con un sentimiento más espiritual, más religioso, que alguien les robe el gozo de poder rezar cuando sus pies llenos de ampollas, sus rodillas doloridas llegan al albergue, y pedir en esa capilla, al santo, que creo que es San Blas, piedad para sus dolores, incluso los que no tienen ese ardor religioso, contemplar los lugares históricos con todos sus elementos es un derecho del que no se debería privar a nadie.

 

Que el retablo y los santos vuelvan a su capilla,  de lo contrario, nos recuerdan los mayores del lugar, los términos de la maldición, "donde escondes a los santos, no nacerá hierba buena, ni cosecha abundante, y la ira se desatará cegando al que escondidos los tenga". 

 

La maldición será leyenda, pero la hermosura de la zona, de La Casa Grande Lusío y la amabilidad de quienes la cuidan, les puedo asegurar que no es leyenda. Si pueden disfrútenlo, consejo de amigo.

 


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