¿Es Madrid trumpista?

¿Es Madrid trumpista?

Todos conocemos a la Presidenta de la Comunidad de Madrid, la señora Díaz Ayuso, entre otras cosas porque ella se empeña en proporcionar combustible para que hablemos de su persona en su siempre encendida cruzada contra Pedro Sánchez y, en general, contra toda la izquierda. 


Practica una política de odio al adversario. Por eso, algunos nos quedamos perplejos al conocer que puede arrasar con mayoría absoluta en las próximas elecciones autonómicas, según la encuesta de 40dB publicada por El País el 08/05/23. ¿Será que Madrid es trumpista?

 

Que el estilo de Ayuso es trumpista lo reconocen hasta sus propios seguidores, a muchos de los cuales incluso les agrada su forma “desinhibida” de hacer política: su búsqueda de la confrontación permanente en cualquier tema, su forma de denigrar a la izquierda, sus exabruptos dirigidos al Presidente del Gobierno, sus medias verdades, incluso sus meteduras de pata, todo ello es muy del agrado de sus más fervientes partidarios porque les parece que habla “sin pelos en la lengua” y eso siempre deja muy satisfechas a las vísceras. Pero, aunque la encuesta le dé un 47% de los votos, yo no acabo de creer que el 47% de los madrileños sea trumpista. 

 

Creo que la verdad está más escondida y merece ser analizada. Para empezar, el espectro ideológico de Madrid está más escorado a la derecha que el del conjunto de España: en una escala de 0 a 10 —siendo 0 la extrema izquierda y 10 la extrema derecha— la media nacional es, según el CIS, de 4,8  —un ligero centro-izquierda— mientras que la de Madrid es de 5,2 —un ligero centro-derecha.

 

Para continuar, el 96% de los madrileños conocen a Ayuso, mientras que solo el 77% conocen a la líder de la oposición, Mónica García de Más Madrid, y el 59% a Juan Lobato del PSOE. Curiosamente, la líder de Vox, Rocío Monasterio, es más conocida que estos dos últimos  —con el 82%—, a pesar de que Vox obtuvo la mitad de votos que cualquiera de ellos. Eso quiere decir, que la política de exabruptos es rentable en términos de conocimiento: parece que siempre es mejor que hablen de uno, aunque sea mal.

 

Tampoco hay que ignorar que la derecha lleva gobernando Madrid ininterrumpidamente durante los últimos 28 años y que la prensa hiperventilada afín al PP se publica en la capital y tiene ahí el grueso de sus lectores. Todo ello avala la hipótesis de que el trumpismo español alcanza su máxima densidad dentro de los límites de la M-30. ¿Pero, tanto como el 47%?

 

Viendo más en detalle las respuestas de la encuesta, se percibe que en Madrid coexisten dos ideologías muy diferentes, que apenas comparten preocupaciones comunes:

 

• A unos les preocupan los servicios públicos, la desigualdad y el cambio climático. Estos preocupan del 50% al 80% de los votantes de la izquierda, pero solo del 20% al 52% de los de la derecha.

• En cambio, la inmigración y el trato recibido por Madrid por parte del Gobierno de España preocupan del 33% al 62% de los votantes de derechas y a menos del 27% de los de izquierdas.

 

Otras problemas, como la inflación, la economía y la corrupción, preocupan a todos los votantes por igual. Más del 48% de los votantes de cualquier partido manifiesta su preocupación por ellos.

 

Siendo seguramente consciente de estos datos, la campaña de Díaz Ayuso prefiere huir de su gestión de los servicios públicos —difuminando así las numerosas huelgas habidas en la sanidad pública madrileña y las querellas que tiene planteada la Comunidad por su negligente gestión de las residencias de ancianos— y prefiere plantearla en el ámbito de los problemas nacionales. Por eso —y aunque Madrid no tiene competencia alguna sobre ellas—, pide derogar las leyes del gobierno nacional en materia laboral, educativa, de universidades, de ciencia, de familia, de bienestar animal, de vivienda y de fiscalidad extraordinaria a las empresas energéticas y a las grandes fortunas. De hecho, su lema de campaña no puede ser menos madrileño: “O Sánchez o España”. En realidad, se solapa con la de Núñez Feijóo a nivel nacional, cuyo lema principal es “derogar el sanchismo”, cualquiera que sea lo que eso signifique.

 

Sin embargo, la citada encuesta nos informa de que al 87% de los madrileños les preocupa mucho o bastante la calidad de los servicios públicos y, entre ellos, al 43% de los votantes del PP. Es decir, se puede ser conservador y admitir que es deseable disponer de unos servicios públicos de calidad, por no parecerle admisible tener una sanidad o una educación degradadas para aquellos que no pueden pagarse otras de forma privada.

 

El votante conservador no trumpista —que yo estimo mayoritario— tiene entonces un dilema: si vota a Ayuso, sabe que se van a seguir degradando los servicios públicos —lo cual no le satisface— pero, si no la vota, tendría que votar a un partido de la izquierda y eso reforzaría a Pedro Sánchez —cosa que tampoco desea. También podría no votar, pero quizás tampoco eso sería de su agrado.

 

Voy a ofrecer dos argumentos para ayudar a resolver este trilema en favor de NO votar a Ayuso, con la esperanza de que los dioses de la democracia me escuchen. El primero es que, lo que se dirime en unas elecciones autonómicas es, sobre todo, la gestión de los servicios públicos. Según datos de la propia Comunidad, el 74% de los presupuestos se dedica a ellos. Por consiguiente, el 74% del voto debería decantarse en favor de los partidos que defienden los servicios públicos o, al menos, en contra de los que los degradan.

 

Pero, voy a dar un segundo argumento más político: es probable que un triunfo de la izquierda en Madrid pudiera reforzar a Pedro Sánchez, pero una victoria aplastante de Ayuso reforzaría el trumpismo dentro del PP y dispararía las opciones de esta señora para presidirlo frente al débil presidente actual, Núñez Feijóo. Y esto sería bastante indeseable para un conservador no trumpista. 

 

Como ejemplo principal, tenemos a Donald Trump en los EE,UU. No creo que un conservador moderado haya vivido con tranquilidad los cuatro años de mandato de este personaje, los cuales tuvieron en vilo a media humanidad. Incluso ahora, muchos demócratas en todo el mundo tiemblan ante la posibilidad de que se vuelva a presentar y resulte elegido.

 

Pero también tenemos a Liz Truss —que podríamos llamar “la breve”— que duró unas pocas semanas como Primera Ministra de Reino Unido, debido a la crisis que desató su descabellada política fiscal, no muy distinta de los planteamientos fiscales de la señora Ayuso.

 

Vemos, finalmente, los ejemplos de Italia —gobernada por la extrema derecha— y de Francia —donde hay riesgo de que gobierne. El radicalismo político puede hacer cierto daño en una comunidad autónoma —como ha sido el caso de Madrid y Cataluña—, pero sería insoportable tenerlo a nivel nacional.

 

¿Querría un conservador moderado tener a la versión española de Donald Trump presidiendo España? Si no es así, tal vez su voto en las elecciones a la Comunidad de Madrid podría facilitarlo.


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