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Nada nuevo bajo el sol: "Para la paz en el Medio Oriente, la creación de un Estado palestino independiente es un requisito previo indispensable."

— Angela Merkel, canciller de Alemania.

La crisis bancaria que no tiene fin

La crisis bancaria que no tiene fin

¡Unámonos al movimiento del valor x valor!

“Extinción es la norma. Sobrevivencia es la excepción.” -Carl Sagan - Carl Sagan


El recién pasado 1º de Mayo vimos la segunda quiebra bancaria más grande en la historia de Estados Unidos, con la caída del First Republic Bank (FRB), cuyos activos alcanzaron los $200 mil millones de dólares. El banco Nº 13 del país marca el siguiente—pero no último—dominó en el eslabón de la actual crisis bancaria que se está desenvolviendo.

 

JP Morgan fue la institución que absorbió los activos del First Republic Bank, en conjunto con la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés). Este último es un órgano público que se financia con contribuciones de todos los bancos de la nación. JPM le pagó al FDIC $10,6 mil millones de dólares para recibir $185 mil millones en instrumentos que le pertenecían a FRB. El FDIC le entregará además una línea de crédito por $50 mil millones de dólares a FDIC en caso de quiebras o fallos en los depósitos del FRB.

 

Aca algunos números del acuerdo:

 

Este banco pasará a controlar el FRB pero con una pequeña salvación: el FDIC ha acordado cubrir hasta el 80% de cualquier pérdida que sufra JP Morgan con respecto a los activos recién adquiridos. Esto quiere decir que no sólo JPM es el gran ganador de esta movida, recibiendo una cantidad de instrumentos a un precio muy bajo, pero además el gobierno le garantiza casi la totalidad de cualquier pérdida.

 

¿Por qué JP Morgan? Existen los tal llamados Bancos Demasiado Grandes Para Quebrar (Too Big To Fail Too Big To Fail, o TBTF en inglés) que componen un grupo selecto de entidades privadas cuyas arcadas tienen el seguro y garantía total del gobierno ante cualquier eventualidad. Son ocho, y junto a JPM anotamos a Bank of America, The Bank of New York Mellon, Citigroup, Goldman Sachs, Morgan Stanley, State Street Corp, Wells Fargo., o TBTF en inglés) que componen un grupo selecto de entidades privadas cuyas arcas tienen el seguro y garantía total del gobierno ante cualquier eventualidad. 

 

En teoría, estos son los únicos que cuentan con la liquidez suficiente para poder comprar bancos con problemas, aunque la realidad es un poco más matizada. El gobierno los reconoce como los únicos capaces de tomar las riendas de esta situación, entregándoles líneas de créditos más baratos y flexibilidades de pago. Volveremos a ellos más adelante.

 

En los últimos cuatro meses hemos visto tres de las cuatro quiebras más grandes en la historia bancaria de Estados Unidos. Los otros en caer fueron Silicon Valley Bank y Signature Bank hace unos meses, suponiendo una crisis bancaria bastante más profunda de lo que nos quieren hacer saber las autoridades.

 

Quiero hacer una mención honrosa a Silvergate Bank y Prime Trust, entidades bancarias ligadas a la industria de las criptomonedas, que también tuvieron que cerrar sus puertas a principios de año. Estas, sin embargo, cayeron víctimas de la Operación Punto de Estrangulamiento 2.0, donde las autoridades norteamericanas —a través del sistema financiero— impusieron disposiciones y medidas extraordinarias para disuadirlas de operar en el mercado de los activos digitales.

 

La narrativa de las autoridades financieras—desde la Casa Blanca hasta el Congreso—en su debido momento, fue que la industria de las criptomonedas y su inherente amenaza a la estabilidad al sistema del 1% fueron las provocadoras no sólo de la caída de Silvergate y Prime Trust sino también de Silicon Valley y Signature.

 

Sin embargo, la quiebra del First National Bank desentraña la narrativa oficial y nos pinta un panorama desolador ya la vez más claro. Este banco casi no tenía conexiones con la industria de las criptomonedas y tuvo meses para resolver los problemas que hicieron caer a las entidades ya mencionadas. Esto me hace pensar que los problemas son más bien sistémicos y que estamos lejos del fin.

 

La fragilidad del sistema bancario tradicional se hace aparente debido a que todos los bancos que hoy tiemblan—y me imagino que son cientos sino miles—van a ser absorbidos por uno o varios de los llamados Bancos Demasiado Grandes Para Quebrar.

 

Esta posición de privilegio les permite no solamente comprar bancos que hoy pueden estar sonando las alarmas, sino que luego tendrán la garantía total y absoluta del gobierno para enfrentar cualquier problema. Incluyendo cualquier problema que ellos hayan creado (son piezas fundamentales del mismo sistema crediticio y de reserva fraccionaria que hoy le está haciendo la cama a la economía mundial).

 

A través de su relación con el gobierno, sus monopolios van a crecer, socializando de las pérdidas (AKA que tú y yo paguemos las cuentas) y privatizando las ganancias aún más.

 

Socializar las pérdidas significa que cuando una de estas entidades privadas esté cerca de quebrar (o ya haya quebrado) el gobierno—con dinero de todos los ciudadanos—entran a rescatarlos, sin importar la razón de su quiebra. Se traspasa, por tanto, la pérdida al contribuyente, quien sólo ve el riesgo de estas quiebras y crisis, mientras que el banquero recibe el salvataje y se paga un hermoso bono a fin de mes. Vaya sistema que hemos creado.

 

Si vamos incluso un poco más allá, clientes de bancos más pequeños que hoy probablemente estén señalando problemas, irán en búsqueda de mayor refugio, y van a comenzar a retirar su capital de estas entidades para entregárselas a aquellas instituciones apoyadas por el gobierno. Aunque para muchas esta movida tendrá sentido y se hará parecer “orgánica”, son las condiciones monetarias creadas por las autoridades financieras las que obligan a clientes pequeños, medianos y grandes a buscar refugio.

 

Se están preguntando, ¿qué onda la Reserva Federal? No hay que olvidar que estos problemas fueron causados ​​por la política monetaria del banco central norteamericano, que ante el aumento de la inflación subieron súbitamente las tasas de interés, creando enormes pérdidas en papel (porque los instrumentos aún no se venden) y llevándonos al panorama que vemos hoy.

 

Noticias al día de hoy indican que la Reserva Federal no está pensando con claridad—me pregunto cuándo lo han hecho—y que tienen presupuestado subir más aún las tasas de interés.

 

Un tema importante a considerar, sobre todo porque la mayoría de ustedes (al igual que yo) no vivimos en Estados Unidos, es si/cuando va a tocar sus territorios nacionales esta crisis. Hace unos meses vimos caer uno de los bancos más importantes del estado-nación bancaria por excelencia, Suiza, con Credit Suisse cerrando sus puertas y siendo absorbido por uno de sus principales competidores.

 

Aunque quizás ChatGPT se aventure con alguna idea, yo no sé, pero me mantengo en mi posición de alerta sabiendo que en cualquier momento nos puede caer. Chile, caso puntual, tiene un sistema bancario bastante robusto “gracias” a la crisis financiera que el golpeó en 1982, pero no significa que no está exenta de los eventos que ocurren hoy en la tierra del Tío Sam y el viejo continente.

 

Lo que tengo claro, es que si sigues confiando en lo que te digan los medios y las autoridades financieras, te vas a llevar una sorpresa bastante poco grata. Esta crisis está en pleno desarrollo, y la caída del First National Bank hizo aparente que las caídas a principios de años fueron solamente las primeras piezas. Falta mucho paño por cortar.

 

Seamos directores: hay algo que está mal en la economía y ni los medios ni el Estado te lo van a decir. Quizás sea bueno recapitular.

 

Fueron dos días desde el colapso de SVB a la impresión de $300 mil millones de dólares; fueron dos semanas en que $500 mil millones de dólares arrancaron de sus bancos locales—tras la caída de SVB—hacia entidades más grandes; fueron dos meses desde el paciente cero por Covid-19 a una cuarentena total en Estados Unidos; fueron dos trimestres desde el anuncio de una recesión moderada a una completa crisis financiera en el 2008; se demoró dos años la Unión Soviética de pasar de ser un súper poder al colapso de su imperio.

 

 

Si me preguntan, es posible que bitcoin pierda valor en monedas nacionales en el corto plazo, a medida que se profundice la crisis. 

 

 

¿Estaré sonando fatalista?

 

Aprovechemos de fijarnos también en las posibles y actuales crisis que se están desencadenando. Los mercados indican una alta probabilidad de impago de deuda soberana por los Estados Unidos (reiterado por Larry Summers, antiguo secretario de la tesorería del país); los bancos están—en su gran mayoría—al borde de la insolvencia (la Universidad de Stanford publicó un informe que indica $2,2 trillones de posibles pérdidas); según Morgan Stanley (banco TBTF) el mercado inmobiliario se ve peor que en 2008); hay crisis en el mercado de bonos, créditos estudiantiles, préstamos automovilísticos, y podría continuar y continuar.

 

Entonces, ¿qué vas a hacer?

 

Ante estas situaciones, no queda mucho más que recurrir al noble y siempre contínuo Bitcoin. Es el único instrumento hoy en día que no está en manos del sistema bancario tradicional—entendiendo el argumento que el oro tampoco, pero a menos que tomes posición física del metal, estás a la merced de tu custodio—y por tanto el único que puede entregarte un atisbo de tranquilidad.

 

Existen cuestionamientos, certificados de alguna manera, sobre si bitcoin está posicionado para ser el gran ganador de la crisis actual. Si bien no sé cómo se comportará el precio en los siguientes meses y años (tengo una idea), la criptomoneda fue creada para este tipo de momentos. No puede ser devaluada, tampoco confiscada, y su política monetaria está dictada por un código de computador.

 

Mientras más instituciones, inversionistas minoristas, individuos de alto patrimonio, estados-nación, organizaciones sociales se empiezan a dar cuenta de los riesgos que se están desnudando en el actual sistema, prontamente buscarán refugio. Primero, como he escrito anteriormente, será el oro, y luego bitcoin. Es cosa de tiempo.

 

Si me preguntan, es posible que bitcoin pierda valor en monedas nacionales en el corto plazo, a medida que se profundice la crisis. Pero, y este es un gran pero, en los últimos meses hemos visto un aumento importante en su precio, sobre todo de cara a los problemas de la banca tradicional, y no hay nada que me indique que esa tendencia vaya a cambiar.

 

Silicon Valley Bank, Signature Bank y ahora First Republic Bank parecen ser los canarios en la mina, alertando del peligro excepcional que hoy vemos transversalmente en el sistema bancario tradicional. Donde vaya a terminar esta hecatombe se la dejo al ya difunto pulpo paul.

 

Respuestas existen, soluciones escasean. La regulación no funciona—como vimos tras la crisis financiera de 2008 y la horrible colusión y rescate a los mismos que provocaron tal situación—y los bancos van a continuar con su business as usual.

 

Ad infinitum he repetido que la mejor movida que puede hacer un individuo o entidad en este 2023 es aprender sobre Bitcoin. La inestabilidad del actual sistema te lo exige, y si no lo quieres ver, tendrás que (sin sonar fatalista pero sonando fatalista) sufrir las consecuencias de tu propio modelo mental. 

 

Porque para serles franco—y un poco repetitivo—sigue siendo la única zona segura que existe.

 

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