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"El hombre está condenado a ser libre; porque una vez que está arrojado al mundo, es responsable de todo lo que hace." Jean Paul Sartre filosofo y escritor francés.  

Mercedes Lezcano: “la vanidad está en todas partes y eso es agotador”

Mercedes Lezcano: “la vanidad está en todas partes y eso es agotador”

Tras la primera impresión de una mujer menuda y frágil, emerge una luchadora nata e inquebrantable, eso sí, llena de delicadeza y dulzura. Una mujer que ha sabido y sabe beberse la vida y brindar por ella; que sigue enamorada del amor y a la que no le faltan energía y coraje para seguir peleando y rebelándose contra lo que considera injusto.

Mercedes Lezcano nos firmó su libro para La Hora Digital


UNA ENTREVISTA DE BEATRIZ BLANCO Y BEA SANTAELLA

 Mercedes Lezcano, escritora, actriz, maestra, activista, política, esposa…, habla de su vida y sus vidas y nos hace cómplices de su última obra: “La ausencia que me dejaste”. Su última novela, una oda al amor y a la necesidad de no permanecer impasible ante las injusticias, dibuja con palabras París, las revueltas de los chalecos amarillos y el sufrimiento del pueblo palestino.

 

  • Usted es el vivo ejemplo de que existen muchas vidas en una vida: maestra, actriz, directora, política, activista, escritora. ¿tiene alguna vida favorita?
  • Es que me gusta todo. Echo de menos alguna etapa, especialmente en las que vivía mi marido (Adolfo Marsillac), pero es una etapa pasada. 

 

  • P.- Tal vez su faceta más sorprendente es la de activista, ¿cómo llega una actriz y directora a este punto?
  • R.- Cuando Adolfo murió, me quedé rota. El único pésame internacional fue una carta de Brahim Gali, del Frente Polisario. Poco después, Cristina del Valle me invitó a un acto del frente Polisario. Estaba en pleno duelo, destrozada, pero acepté. Y me impliqué en el sufrimiento de las familias saharauis. De ahí empecé a interesarme por el conflicto de Palestina e inicié el activismo. Eso me ayudó a superar mi dolor, mi duelo por la pérdida de Adolfo.

 

  • P.- ¿No me diga que su activismo es solo fruto de su dolor?
  • R.- A mí, las injusticias me duelen la sangre y cuando veo el tema de Palestina y la política que aplica el estado de Israel, y no me refiero al pueblo judío que tanto ha sufrido y sufre, me enerva.

 

  • P.- Su novela, “La ausencia que me dejaste” (editorial Punto de Vista Editores) navega entre Paris, Palestina y Lanzarote, ¿qué conexión tienen estos tres lugares?
  • R.- El principal motivo era alejar el personaje protagonista, Sylvie, aunque hay mucho de mí en ella. La ubiqué en París y la hice viajar a Lanzarote porque son dos lugares por los que yo siento debilidad y a los que adoro. Volver a Palestina era inevitable.

 

  • P.- Una persona que vive tan en la realidad internacional y global como usted, ¿cómo es posible que sea cien por cien analógica? ¡Ni siquiera tiene WhatsApp!
  • R.- No estoy en contra de las redes sociales, pero sí de su mal uso y del daño que pueden generar. Ese fomento del exhibicionismo, de exponer lo que haces y sientes cada día, de vulgaridad… ¿Dónde está el pudor? 

 

  • P.- No me diga que en el fondo es un acto de rebeldía.
  • R.- Imagino que un poco sí, porque no es que no pueda aprender, es que me niego. Cuando voy al banco y pido que me hagan una operación y me intentan explicar cómo hacerlo ‘on line’, me niego. No quiero hacerlo. Nos están invadiendo la vida a los jóvenes y los mayores.

 

  • P.- Sin embargo, pese a ese “aislamiento” que practica no es ajena al mundo real. Leyendo sus libros queda más que patente que su conocimiento de la geopolítica actual y los movimientos que se están produciendo es muy superior a la media.
  • R. Es mi debilidad. Yo sigo día a día los informativos internacionales en inglés y en francés tanto en medios escrito, como en la televisión. A mí la política internacional me fascina. Mi marido y yo éramos amigos de Javier Solana y a veces en conversaciones, informales, si él no recordaba el nombre de alguien con relevancia internacional, me preguntaba y yo siempre lo sabía. Si volviera a empezar me dedicaría a la política internacional.

 

  • P.- En su obra se percibe que no hay amor sin dolor, ¿cree que eso es así? 
  • R.- Es verdad que siempre se sufre, pero el amor es lo más importante en la vida. Lo que sí es muy importante que haya respeto mutuo, que no haya lucha. Está claro que cuando escribes valoras un mundo. Si ha habido amor, al final de esa historia tiene que haber un respeto. Aunque haya inseguridad en los sentimientos, debe haber respeto

 

 

 

“Me preocupa que en la formación de los niños cada vez haya menos humanismo”

 

 

  • P.- A lo largo de esta entrevista, de alguna manera, nos ha acompañado Adolfo Marsillac, está claro que sigue con usted.
  • R.- Fíjate que murió hace 21 años, pero si tuviera que elegir algo en mi vida, una sola cosa, me quedaría con Adolfo. Yo hablo a todas horas con él. Fue un maestro de vida, me hacía reír desde que me despertaba. Cinco años después conocí a otra persona que me volvió a reenganchar a la vida. Nuestra historia de amor, sin quererla ninguno, duró diez años, aunque fue una historia diferente, muy bonita, hasta que murió de un derrame cerebral. Fue otro sol, alguien muy especial, pero distinta a la de Adolfo, pero incluso durante esos diez años, Adolfo siempre estuvo. 

 

  • P.- ¿Qué planes de futuro tiene? 
  • R.- Ahora amor no quiero (sonríe divertida). Escribiré otra novela, diferente a la última; aunque soy consciente que me costará porque mis personajes me han atrapado tanto… 

 

  • P.- ¿No se plantea volver al escenario?
  • R.- El mundo del teatro me agotó. Tratar día a día con productores, actores… Ahora mi auténtica fuente de alimentación son los libros, especialmente los clásicos y estar con ellos, un verdadero placer.

 

  • P.- Usted fue diputada autonómica en la Asamblea de Madrid por el Partido Socialista, ¿se ha encontrado más “egos” en el mundo de la interpretación o en el de la política?
  • R.- Cuando estaba en la interpretación, pensaba que ahí, cuando estuve en la política, creía que era allí. La conclusión es que creo que la vanidad está en todas partes y eso es agotador. Tal vez por eso lo que me apetece es seguir escribiendo, viajando…. Ahora, estoy tranquila.

 

  • P.- ¿Qué opina de la situación geopolítica actual?
  • R.- El mundo está feo. Lo veo mal, las democracias intentan mejora las leyes que mejoran la vida del ciudadano, también hay mucho voluntariado y eso supone buenos sentimientos; pero por otro lado, no dejo de detectar que el ser humano está lleno de crueldad, de vulgaridad y me aterra. Un mundo en el que niños violan a niñas, un mundo en el que lo que ha pasado en Ucrania puede pasar en cualquier lugar.

 

  • P.- ¿Estamos en un momento de cambio, como humanidad?
  • R.- Está claro que estamos en plena configuración de las placas tectónicas del mundo. El sectarismo no es bueno. La duda era la sabiduría, yo siempre me pregunto. El antídoto de todo es la educación. Me preocupa que en la formación de los niños cada vez haya menos humanismo.

 

 


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