La Guerra de Ucrania y la Economía Mundial

La Guerra de Ucrania y la Economía Mundial

A fines de febrero de 2023 se ha cumplido un año de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Durante este tiempo la guerra entre el país invasor y el país invadido ha continuado con especial intensidad. La mortandad generada ha sido y sigue siendo bastante elevada. Durante ese tiempo el líder ruso, Vladimir Putin, justificó primero la invasión señalando que la población rusa residente en Ucrania estaba siendo objeto de ataques que podrían llevar a su aniquilación y que el ataque a Ucrania era necesario para proteger a dicha población.  

Vladimir Putin. Imagen: Kremlin / dpa / Europa Press


El martes 21 de febrero de 2023 Putin señaló que Ucrania había sido históricamente parte de Rusia como principal justificación de la invasión y de la guerra posterior. Las imágenes de Putin hablando ante multitudes congregadas en estadios deportivos recuerdan las que tantas veces se han visto de Hitler dirigiéndose en los años treinta del pasado siglo a otras multitudes aún más fanatizadas. La amenaza de guerra nuclear ha sido una constante en las intervenciones de Putin, que no ceja en decir que son los rusos los atacados por parte de occidente. 

 

Todo hace indicar que la guerra en marcha puede prolongarse durante bastante tiempo. Ello va a exigir a los países occidentales de la OTAN a realizar importantes aportaciones de material de guerra a Ucrania, con el fin de que su ejército pueda resistir la invasión rusa.  La prolongación de la guerra implicará amplios destrozos materiales y de vidas humanas, tanto de la nación ucraniana como de los soldados rusos.

 

En 2022 la economía mundial se estaba recuperando del fuerte impacto negativo que supuso la pandemia de Covid 19. Esta última circunstancia había reducido el crecimiento de la economía mundial. La entrada en una guerra abierta por parte de Rusia contribuyó a disminuir el ritmo de recuperación de la economía mundial y también provocó que se acelerase el ritmo de la inflación, que ya había empezado a elevarse en 2021. En 2022 se temió que Europa sufriese un recorte significativo de suministro de gas natural, a la vista del importante peso de Rusia en la producción de dicha fuente de energía. La presencia importante de Rusia en la producción de petróleo contribuyó a elevar de forma considerable el precio del mismo en el primer semestre de 2022.

 

Tras la gran depresión provocada por la crisis financiera de 2007, que se prolongó hasta 2013 por la crisis de la deuda, la economía mundial sufrió, pues, el impacto de una segunda crisis derivada de la rápida expansión de la pandemia en 2020. Poco tiempo después, como consecuencia de la invasión de Ucrania la actividad productiva ha pasado a sufrir las consecuencias del empeoramiento general de las expectativas y de las abundantes incertidumbres que la guerra produce.  La acumulación de crisis en tan poco tiempo afecta de forma negativa al desenvolvimiento de la economía, perjudica sobre todo a los países menos desarrollados y a los emergentes, pero también incide sobre la evolución económica de los países desarrollados. La superación de las crisis citadas se ha realizado generando aumentos importantes de la deuda pública, cuya cuantía equivale en este momento al valor del PIB de la economía mundial. 

 

El recrudecimiento de la inflación durante 2023, en el que la invasión de Ucrania ha ejercido una clara influencia, sobre todo por los mayores precios de la energía que la guerra trajo consigo, ha cambiado el signo de la política monetaria.  Los bancos centrales elevaron los tipos de interés, ocasionando así descensos en los precios de los activos y en la compra de viviendas. Durante un periodo de alrededor de diez años se había combatido la posible recesión por medio de políticas económicas apoyadas en disminuciones radicales de los tipos de interés y por la compra masiva de deuda pública por los bancos centrales. Esta situación parecía iba a prolongarse de forma indefinida hasta que la elevada inflación de 2022 dio lugar a que los bancos centrales, excluido el caso de Japón, procedieran a elevar los tipos y a reducir las ingentes aportaciones de liquidez a los bancos y a la economía en general.

 

La economía europea se defendió mejor que lo previsto en 2022 a pesar del importante shock que supuso el inicio de la guerra en Ucrania. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha subrayado en enero de 2023  la trascendencia de las ayudas de los gobiernos a empresas y a economías domésticas para mantener un comportamiento más dinámico del consumo y de la inversión. Los precios del gas natural descendieron más de lo esperado en los últimos meses de 2022 por las mayores aportaciones de dicho combustible procedentes de los envíos de gas licuado, junto al descenso de la demanda y al carácter suave del invierno.

 

El menor crecimiento previsto para el conjunto de la economía mundial en 2023 es consecuencia, pues, de los aumentos de los tipos de interés fijados por los bancos centrales y también de la continuidad de la guerra en Ucrania. El declive del crecimiento previsto para 2023 (2,9% es la previsión de aumento real del PIB mundial para este año según el FMI) respecto de 2022 (3,4%) se deriva de la evolución prevista de las economías de los países desarrollados, puesto que los países emergentes iniciaron la recuperación en 2022. La senda de crecimiento de la economía mundial puede estar marcada por la evolución de los acontecimientos en Ucrania. 

 

La invasión de Rusia a Ucrania va a dar lugar a un replanteamiento de los procesos que tuvieron lugar con la globalización.  Numerosos países occidentales están favoreciendo iniciativas de reindustrialización por la inseguridad de los suministros que la guerra citada ha exacerbado, a la vista también del incierto papel que China va a desempeñar en la escena mundial. La ayuda militar a Ucrania por parte de los países miembros de la OTAN tendrá un coste público, lo que no facilitará una mayor expansión de las deterioradas prestaciones sociales que integran el estado bienestar en dichos países.

 

 

La incertidumbre entre empresas y consumidores permanece elevada, aunque no ha empeorado en los primeros meses del año

 

 

Según las previsiones de invierno de 2023 de la Comisión Europea, casi un año después desde que Rusia iniciase la guerra de agresión contra Ucrania, la incertidumbre entre empresas y consumidores permanece elevada, aunque no ha empeorado en los primeros meses del año. Las amenazas sobre posibles carencias de gas natural parecen menos serias que hace unos pocos meses, pero no pueden descartarse del todo. Las tensiones geopolíticas pueden dar lugar a nuevas elevaciones de los precios del gas a corto plazo y también en los mercados de futuros.

 

El FMI clasifica los riesgos de la economía mundial entre riesgos positivos, que pueden permitir un mayor crecimiento (el exceso de ahorro que puede gastarse en 2023 y la menor inflación), y riesgos negativos, esto es, aquellos que pueden reducir el crecimiento y el bienestar general de los estados afectados . Entre tales riesgos bajistas aparece primero el posible menor crecimiento de la economía china provocado por la crisis del mercado inmobiliario en dicho país. 

 

A continuación el FMI sitúa entre tales riesgos bajistas a la escalada de la guerra en Ucrania, que sigue siendo una grave fuente de vulnerabilidad, especialmente en el caso de Europa y de los países con bajos niveles de ingresos. Aunque Europa ha almacenado gas suficiente como para hacer frente a las demandas del presente invierno, el fuerte retroceso del volumen de gas procedente de Rusia será el gran reto del invierno de 2023-2024. Esto último puede suceder si el próximo llegase a ser un invierno frio y si creciera la demanda de gas natural por parte de China. 

 

Un fallo en la salida de grano procedente de Ucrania por el Mar Negro crearía una presión adicional sobre los países con bajos niveles de ingresos. Estos últimos están sufriendo de inseguridad en el suministro alimenticio y carecen de una base presupuestaria suficiente para amortiguar el impacto negativo de los más altos precios energéticos y de las carencias alimenticias sobre empresas y hogares. 

 

La inquietud social puede crecer si vuelven a crecer los precios alimenticios y también si vuelven a elevarse los precios de la energía. Estos inconvenientes se reforzarán cuanto más se prolongue la guerra. Las nuevas bravuconadas de Putin pueden producir, además, un empeoramiento general de las expectativas de empresas y de hogares, lo que sin duda frenaría el crecimiento y el bienestar de los países, tanto de los que tienen economías avanzadas como de los emergentes y menos desarrollados.

 


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