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El problema no son las tecnologías es el uso que de ellas hagan los humanos” Luis Collado, directivo de Google, en el XVIII CONGRESO DE EDITORES CLABE. Celebrado en Palencia. 

2023: ¿más monedas digitales en los mercados emergentes?

2023: ¿más monedas digitales en los mercados emergentes?

Dicen que el arte de la política es volver a intentar aquello que antes otros políticos han fracasado mil veces… y lograrlo cuando ya nadie creía que fuera posible. 

Séptima cumbre de la CELAC (Comunidad de Latinoamérica y el Caribe). Imagen: EP


En la séptima cumbre de la CELAC (Comunidad de Latinoamérica y el Caribe) presidida por Argentina y que tuvo lugar en Buenos Aires el 24 de enero vimos uno de esos ejercicios. En el comunicado final de la cumbre bilateral Argentina-Brasil y las declaraciones de los ministros de economía de ambos países se vislumbraba un interés en comerciar en moneda local y empezar a trabajar hacia una moneda común, el ‘sur’. Eventualmente se quiere llegar a una moneda digital común de los bancos centrales (una CBDC por sus siglas inglés). Como éste es uno de esos malabares que suelen fracasar, han habido desmentidos y aclaraciones varias de los bancos centrales indicando que esta moneda común se mantendría paralela al peso y al real. Los expertos no han desaprovechado la oportunidad para ironizar sobre este asunto, recordando los fracasos anteriores. Evidentemente, nadie se atreve a formar parte del pelotón de perdedores. Probablemente tengan razón.

 

Los intentos en la historia reciente de ambos países por estabilizar el valor de sus monedas han sido múltiples. Los consiguientes fracasos, espectaculares. Hasta enero de 1999, el valor del real brasileño estuvo pegado al dólar. El ‘despegue’ produjo la caída del valor del real con respecto al dólar de un 100% en un día. Nadie lo previó. En aquel entonces, la economía argentina estaba dolarizada y la brutal devaluación del real trajo consecuencias imprevisibles. Siendo Brasil  el mayor socio comercial de Argentina y este país el tercero para Brasil, en un visto y no visto las exportaciones argentinas (en dólares) no pudieron competir con la brasileñas (en reales devaluados, de hecho a mitad de precio).

 

Durante dos años, Argentina resistió como pudo pero no le quedó otra que desdolarizar su moneda. En seis meses, el peso argentino perdió un 400% de su valor llegando a 4 pesos por dólar.  Los argentinos (como ahora los libaneses) no pudieron acceder a sus ahorros bancarios (el famoso ‘corralito’) y, cuando accedieron, no valían nada. Como me decía uno de mis estudiantes: la generación de mis padres nunca se recuperó del trauma de la pérdida y la llaman la generación del Prozac. El descalabro del peso ha continuado hasta hoy, con el dólar a 185 pesos. Tampoco nadie previó la magnitud del descalabro. En este contexto, no es de extrañar la celebración extraordinaria de la victoria de la copa del mundo de fútbol en Qatar en noviembre. Los argentinos se merecían un respiro.

 

 

 

Hace dos años, China lanzó su experiencia piloto y hoy casi 300 millones de ciudadanos chinos utilizan su moneda digital

 

 

Desde el mundo emergente, el sur se empeña en su derecho a una ‘moneda digna’ para poder comerciar y así disminuir su dependencia del dólar. En estos momentos, otras razones entran en juego como tratar de esquivar las sanciones impuestas a Rusia y continuar comprando petróleo ruso a precio de saldo como hacen China, India y otros países emergentes. Sin olvidar los desequilibrios macro que traen consigo estas devaluaciones monstruo, como una inflación endémica y el aumento de la pobreza por la pérdida inmediata de valor adquisitivo. Tu pequeño sueldo pierde valor rápidamente y no te permite maniobrar y cambiar lo antes posible en dólares como los ricos pueden hacerlo. 

 

El experimento está en marcha. Nigeria lanzó su moneda digital, el e-naira, en octubre del 2021. Hace dos años, China lanzó su experiencia piloto y hoy casi 300 millones de ciudadanos chinos la utilizan. India experimenta con lo mismo en estos días. Los emergentes ansían, una vez más, una mayor estabilidad en sus monedas y, por ende, de sus economías y así, poder ofrecer a los que más lo necesitan acceso a servicios financieros a través del ‘monedero digital’ del gobierno. Desconocemos las consecuencias a medio plazo de las monedas digitales para la banca de retail, para el dólar y para el sistema monetario actual. Además, que el banco central conozca todos nuestros gastos implicará una pérdida notable de privacidad. No podemos obviar la complejidad del tema, que es objeto de estudios por parte de los bancos centrales y discusiones en la academia y, lo más importante, en la sociedad. 

 

No se debe criticar sino aplaudir que los políticos lo vuelvan a intentar. Desde esta columna, apoyo este nuevo intento de superar este pecado capital que es para un país tener una moneda sin control con la que no puedes ni comerciar, ni planificar porque desconoces su valor y que es el origen de muchos de los problemas endémicos de las economías emergentes. Ojalá esta vez los malabares de los políticos actuales superen el maleficio y logren primero el ‘sur’, y después una moneda digital que estabilice el valor del real y del peso y el futuro de Brasil y Argentina y después, por qué no, del resto de Latinoamérica.  Los latinoamericanos se lo merecen.


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