< Febrero 2023 >

El Sistema del Petrodólar

El Sistema del Petrodólar

Se propone la desmonopolización del dinero, estableciendo un sistema con reglas y no reguladores. Elimina al intermediario y disminuye el riesgo de la inflación, usando un sistema que se basa en colaboración, computación y criptografía. Implica un cambio radical a la forma en que nos coordinamos económicamente. Pero ya estamos viendo individuos, organizaciones, instituciones e incluso países moverse hacia la “bitcoinización”. 

El Sistema del Petrodólar es el componente más opaco pero a la vez más importante para entender el funcionamiento de la economía mundial actual. Creado a principios de los 1970 a través de una serie de reuniones políticas, económicas y militares, Estados Unidos ingenió el plan perfecto para mantenerse como hegemon monetario mundial. 

 

Los críticos de Bitcoin van a vociferar que la criptomoneda viene a calentar el planeta a ritmos exponenciales, pero veremos que el dólar es la institución más contaminadora del planeta. Enlazada directamente con la extracción y producción de combustibles fósiles, el verde es uno de los principales culpables de la crisis climática que hoy aflige a nuestro planeta. 

 

Partamos unos años más atrás, con el fin de la II Guerra Mundial. El mundo seguía en el conflicto bélico, aunque ya se avecinaba el fin. Tras años de proveer bienes a Europa, Estados Unidos contaba con más de 2/3 del oro del mundo y una economía que finalmente salía de la Gran Depresión. Su posición geográfica (no colindaba con el continente que era el escenario central de la violencia) lo hacía privilegiado en aristas económicas y sociopolíticas. 

 

Corría el año 1944, y en Bretton Woods, New Hampshire (el noveno estado de la unión de Estados Unidos) se realizó una conferencia para crear estabilidad en un mundo inestable. Representantes de cuarenta y cuatro países se juntaron en el Hotel Mount Washington para delinear el futuro monetario del mundo. Con la presencia notable de economistas como John Maynard Keynes –quien propuso la creación del Bancor, una unidad de cuentas global manejado por varios países e instituciones– la conferencia terminó con el dólar como reserva mundial del dinero. 

 

Implementando un sistema de “dólares por oro”, Estados Unidos impuso (tanto por su poder económico como militar) su moneda nacional como el medio de cambio preferido para el mundo. El Sistema Bretton Woods implicaba que todas las monedas nacionales quedaban ancladas al dólar y a su vez este quedaba anclado al oro, a un precio de 35USD/oz. Los países se comprometían a transar con el dólar, pero siempre con la opción de redimir esos dólares por oro. 

 

Este sistema creó inmediatamente una demanda global por dólares, lo que trajo consigo una mayor oferta de dólares. La forma más fácil para Estados Unidos de crear dinero es a través de la impresión del verde, para mantenerse a la par del comercio internacional y lo que necesitaban otros países. Sin embargo, a pesar de existir un acuerdo implícito para redimir dólares por oro, no se le requería a Estados Unidos mantener una tasa mínima de reserva del metal. 

 

Durante décadas el sistema funcionó relativamente bien; hasta que hacia fines de la década de 1960 comenzaron a aparecer los problemas. Estados Unidos llevaba varios años metido en una guerra destinada al fracaso – Vietnam– y Lyndon B. Johnson, presidente de la época, había iniciado un enorme plan de programas sociales en búsqueda de la llamada Great Society. El déficit fiscal del país del norte había alcanzado niveles suficientemente altos para sonar las alarmas alrededor del mundo. 

 

Encabezados por Francia y Gran Bretaña, varios países comenzaron a reclamar el “privilegio exorbitante” de los yanquis. Ya para 1971, 11 mil millones de oro respaldaban 24 mil millones de dólares. El presidente de Francia de la época, Pompidou, envió un buque de guerra a Nueva York para recoger el oro del país europeo, y Gran Bretaña enviaba cartas para que les prepararan 3 mil millones del metal. 

 

Richard Nixon, presidente de Estados Unidos de la época, en un infame evento televisivo, el 15 de agosto de 1971 eliminó –entre otras medidas– la libre convertibilidad del oro por el dólar, embarcándonos en un experimento fiat que hasta el día de hoy sufrimos. Conocido como el Nixon Shock, los efectos de esta medida fueron opuestos a lo que buscaba la administración de Washington. De pronto el dólar perdió un 10% de su valor y la década terminó con un devastador 13,3% de inflación. 

 

Como describió David Graeber, un connotado antropólogo, en su libro Debt: The First 5,000 years: “Nixon flotó el dólar para pagar el costo de una guerra donde ordenó el bombardeo con más de cuatro millones de toneladas de explosivos sobre ciudades y pueblos de Indochina. La crisis de la deuda fue un resultado directo de la necesidad de pagar las bombas, o más preciso, la inmensa infraestructura militar”. 

 

Es importante recordar que el mundo nunca había estado en un sistema puramente fiat. Aunque ha habido algunos ejemplos puntuales (en China durante los siglos XI y XIV y en Suecia entre 1745-1776), primera vez en la historia que todas las monedas nacionales no tienen más respaldo que el gobierno que las emite. 

 

Sumado a la crisis financiera vino el cuestionamiento del dólar como reserva mundial del dinero, y en 1973 una coalición de países árabes entró en un conflicto bélico con Israel, en la llamada Guerra de Yom Kippur. Estados Unidos, con una mentalidad de Guerra Fría (la Unión Soviética les entregaba armas a los países árabes) apoyó a Israel. Esto tuvo enormes repercusiones, ya que los países OPEC (Organización de Países Exportadores de Petróleo) decidieron aumentar el precio del petróleo –pasó de $2 USD a $12 USD por barril– y declararle un embargo a Estados Unidos. Con alta inflación, bajísima fe en el dólar y precios de petróleo al alza, Nixon debió hacer algo. 

 

Entra en escena el Sistema del Petrodólar. Un petrodólar es un dólar pagado a un productor de petróleo a cambio de su crudo. Parece simple, pero el sistema tiene aristas bastante más complejas. Una maraña de acuerdos políticos, económicos y militares conectan el dólar estadounidense profundamente con el petróleo. 

 

Es el año 1974 y Richard Nixon junto a su secuaz Henry Kissinger deciden enviar al Secretario de la Tesorería, William Simon, a Arabia Saudita para negociar el acuerdo. Los términos son simples, pero profundos. El reino pondría el precio de petróleo en dólares a cambio de armas militares y protección en sus campos (hoy alrededor del 40% de las fuerzas armadas activas del ejército norteamericano están situadas en terrenos del sistema del petrodólar). Junto a eso, en una movida llamada reciclando petrodólares, todos los excedentes por las ventas del crudo se invertirían en bonos de la tesorería de Estados Unidos, financiando el gasto norteamericano –un gobierno adicto a la guerra y una población adicta al consumo–. 

 

Reciclar Petrodólares es la forma en que Arabia Saudita inyecta los dólares que recaudó por su petróleo de vuelta en las arcas norteamericanas. Para “reciclar” los petrodólares, Arabia Saudita utiliza una serie de medidas: 

 

Extracción de combustibles fósiles requiere infraestructura y tecnología, para lo que contratan empresas norteamericanas, las que son pagadas en dólares, trayendo USD de vuelta a bancos estadounidenses. Bancos de Estados Unidos usan estos dólares como préstamos a mercados emergentes para aumentar la demanda por petróleo. Saudíes invierten lo que sobra en fondos soberanos que luego compran bonos de la tesorería (más deuda norteamericana).

 

Un año más tarde, casi todas las naciones OPEC se habían sumado al sistema, poniendo el precio del petróleo en dólares. Para comprar oro de quienes tenían más del 80% de las reservas mundiales, necesitabas tener dólares. Países emergentes debían salir a comprar dólares para financiar la importación de oro (dejando de lado inversión local) y países desarrollados debían exportar bienes a Estados Unidos a cambio del verde. 

 

Este sistema ha traído enormes consecuencias para el mundo. No solo ha aumentado artificialmente la demanda por dólares alrededor del mundo, sino que cada dólar que una nación, organización y/o individuo guarda, puede estar directamente enlazado con la producción del crudo. 

 

 

Imagínense un mundo donde gobiernos y autoridades usan una base monetaria que no pueden alterar, modificar o inflar, y con una serie de incentivos que impulsan a la cooperación y preservación mutua. 

 

 

Hay dos ejemplos interesantes para entender la política internacional norteamericana en su implacable defensa del petrodólar. El 9/11 en Estados Unidos quedó grabado en la historia colectiva del planeta, donde dos aviones chocaron contra las Torres Gemelas. Quince de los diecinueve secuestradores de los aviones eran saudíes, pero el reino nunca fue investigado. Incluso, de acuerdo a una investigación del NY Times, Arabia Saudita amenazó con vender cientos de billones de dólares de activos en manos del reino si se promulgaba la ley del Congreso de EE.UU. que buscaba castigar al gobierno de Arabia Saudita por esos actos terroristas. El homicidio de Jamal Khashoggi, columnista del Washington Post, por miembros del gobierno Saudí tampoco motivó acción de la clase política de Washington. 

 

Por otro lado, Saddam Hussein, en 2000 intentó desequilibrar el sistema del petrodólar. Anunció que vendería petróleo por euros y hacia febrero de 2003 ya había vendido miles de millones de barriles por la moneda europea. Un mes más tarde, en marzo de 2003, Estados Unidos invadió Iraq y depuso a Hussein. 

 

Vale la pena recordar la razón oficial de la invasión: bajo el nombre Operación Libertad Iraquí, se anunciaba que la nación tenía armas de destrucción masiva, ayudaba a Al Qaeda, y que Saddam era peligroso. Nunca se encontraron las armas ni tampoco se descubrió conexión alguna con Al Qaeda. La guerra “fue por petróleo”. 

 

El Sistema del Petrodólar tiene pocos ganadores y muchísimos perdedores. Comenzando dentro de Estados Unidos, los beneficios de la supremacía del dólar son para instituciones financieras y acumuladores de rentas. Como se argumenta en The Class Politics of the Dollar System: se alimenta un déficit comercial que ha contribuido a una caída en productividad, menor captura de ingresos por parte de la clase trabajadora, y el alza de costos de servicios básicos como salud, educación y vivienda.  

 

La protección de tiranías y dictaduras en el Medio Oriente por parte de Estados Unidos, la negligente inversión de energías renovables a cambio de impulsar el petróleo (para mantener el estatus del dólar estadounidense), una prolongada hegemonía de la clase política de Washington, y la financiarización de la economía, todo pagado por el resto del planeta. 

 

Hoy, el 90% de las transacciones internacionales se realizan en dólares, 60% de las reservas de países son en dólares y alrededor de 40% de la deuda es emitida en dólares. No es una desfachatez hablar de que en realidad esas transacciones, reservas y deuda son en petróleo. 

 

El camino por seguir tiene muchas aristas y el mundo se enfrenta a varias posibilidades. La continuación del dólar como reserva mundial, bloques monetarios competitivos (BRICS, encabezado por China y Rusia versus Estados Unidos y sus aliados), una federación monetaria internacional (quizás parecido a lo que propuso Keynes con el Bancor), y una anarquía monetaria, con un sinfín de monedas que compiten libremente. 

 

Existe también una quinta alternativa, basada en matemáticas y el consumo de energía renovable. Una red monetaria apolítica y neutra, donde cualquiera que tiene acceso a internet puede participar de ella. Dentro de Bitcoin, las reglas monetarias son conocidas, predecibles e iguales para todos, y ni el ejército más poderoso del mundo puede alterarlas. Establece límites –por su máximo de 21 millones de bitcoin– al gasto desenfrenado de gobiernos e individuos alrededor del mundo. 

 

Se propone la desmonopolización del dinero, estableciendo un sistema con reglas y no reguladores. Elimina al intermediario y disminuye el riesgo de la inflación, usando un sistema que se basa en colaboración, computación y criptografía. Implica un cambio radical a la forma en que nos coordinamos económicamente. Pero ya estamos viendo individuos, organizaciones, instituciones e inclusos países moverse hacia la “bitcoinización”. 

 

Imagínense un mundo donde gobiernos y autoridades usan una base monetaria que no pueden alterar, modificar o inflar, y con una serie de incentivos que impulsan a la cooperación y preservación mutua. 

 

Hoy el dólar se sostiene por petróleo y guerra. Al mismo tiempo, Bitcoin se basa en matemáticas y paz. La conversación queda abierta.

 

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