< Febrero 2023 >

Aquí alguien ha matado a alguien

Inés Arrimadas en la tribuna del Congreso. Imagen: EP.

Aquí alguien ha matado a alguien

Esta frase del famoso humorista Miguel Gila la pronunciaba supuestamente él, como agente de Scotland Yard, cada vez que se cruzaba con Jack el Destripador en el pasillo del hotel que compartían y ha pasado a la historia como el paradigma de las indirectas.

Me la ha recordado la ex-Secretaria General de Ciudadanos, Inés Arrimadas, cuando recientemente se despedía de su cargo ante la asamblea general de su partido y les decía compungida: “Pido perdón por los errores que se hayan podido cometer en esta etapa”. No señora Arrimadas, no nos vale con indirectas. Díganos, por favor, quién ha cometido los errores y, sobre todo, de qué errores se trata. Si Ciudadanos pretende refundarse, no puede hacerlo enterrando su pasado reciente con indirectas que no comprometen a nada.

 

Ciudadanos reclamó desde un principio ser un partido de centro liberal que nacía supuestamente para regenerar la política, para aportar nuevas formas de hacerla y, sobre todo, para poner fin al reguero de casos de corrupción que había protagonizado el PP en los años recientes. Supuestamente también, podría pactar a la izquierda y a la derecha, siempre que ello contribuyera a sanear las instituciones. Sin embargo, su ejecutoria real ha desmentido tan loables intenciones.

 

En las elecciones a la Comunidad de Madrid de 2015, tuvo en su mano apoyar o abstenerse ante un gobierno PSOE-Podemos -estos sumaban 64 escaños y la mayoría estaba en 65- para retirar al PP de Madrid, partido que había gobernado en los 20 años anteriores y que tenía tras de sí algunos de los casos más notables de corrupción de los últimos tiempos (Gürtel, Púnica, Lezo, dos ex-presidentes encausados, etc.). En lugar de ello, dejó gobernar al PP en solitario con su apoyo desde la Asamblea. En esas elecciones, el PP fue el partido más votado con 48 escaños y Cs se escudó en eso y en su aversión a Podemos para no dar el paso. Lo pudo hacer también -pero tampoco lo hizo- en las de 2019. En esa ocasión, el PP  quedó por detrás del PSOE con 20 diputados frente a 37, Cs y PSOE sumaban 63 y la mayoría estaba en 67 escaños. Hubieran bastado algunos apoyos o la abstención de Más Madrid para investir ese gobierno.

 

En las elecciones de Castilla y León de 2019, el PSOE fue el partido más votado -35 escaños frente a 29 del PP-. Sumando PSOE y Cs, se superaba ampliamente la mayoría absoluta de 41 escaños. El PP llevaba gobernando desde las primeras elecciones de 1983 y también eran numerosos los casos de corrupción en esa comunidad. Era la situación perfecta -PSOE el partido más votado, Podemos no era necesario, el PP 36 años gobernando- para que Ciudadanos hubiera aplicado su proclamada doctrina. Pero la consigna desde la dirección fue apoyar al PP. 

 

Tampoco en Murcia hubo suerte. En las elecciones de 2015, el PP fue el partido más votado pero la suma de PSOE, Cs y Podemos llegaba a la mayoría absoluta de 23 escaños. El PP llevaba 20 años gobernando, también con numerosos casos de corrupción en dicha comunidad. En 2019, la situación fue aun más clara: PSOE el partido más votado y la suma de PSOE y Cs alcanzaba los 23 escaños. Tampoco en esta ocasión la dirección nacional dio el visto bueno.

 

 

El momento crítico en el que los votantes de centro se dieron cuenta de la inutilidad de este partido fue en las generales de abril 2019: el PSOE obtuvo 123 escaños, y Ciudadanos 57, cuya suma -180- era más que suficiente para investir un gobierno estable.

 

 

Pero el punto de inflexión, el momento crítico en el que los votantes de centro se dieron cuenta de la inutilidad de este partido fue en las generales de abril 2019: el PSOE obtuvo 123 escaños, y Ciudadanos 57, cuya suma -180- era más que suficiente para investir un gobierno estable de centro-izquierda que muchos ciudadanos hubieran agradecido. Pero era el momento en que Albert Rivera estaba en la cúspide de sus expectativas y soñaba con reemplazar al PP como partido hegemónico de la derecha. Ahí se acuñó el término “sanchismo” para descalificar al PSOE y quedó claro que Cs nunca pactaría con partidos a su izquierda.

 

Las consecuencias de esa decisión se vieron en las segundas elecciones de 2019, las de noviembre: Cs pasó de 57 escaños a solo 10 y eso marcó el inició del declive de este partido: en las autonómicas de Castilla y León de 2022, Cs pasó de 12 diputados a 1 y, en las de Madrid de 2021, de 26 escaños a 0. También fue barrido en las andaluzas de 2022, pasando de 21 escaños a 0.

 

El segundo portavoz de Cs en el Congreso, Edmundo Bal, formó una segunda lista -alternativa a la que apoyaba la señora Arrimadas- en las recientes primarias de este partido, reclamando que él representaba el verdadero centro, frente a una posición supuestamente más conservadora de la lista rival. Sin embargo, él fue cabeza de lista en las autonómicas madrileñas de 2021 y, a pesar de que Cs había sido expulsado del gobierno por el PP y de que la candidata popular, Díaz Ayuso, representaba el ala más derechista del PP, el señor Bal siguió proponiendo en campaña apoyar al PP en lugar de al “sanchismo”. Como se ha dicho, sus votantes le dieron la espalda.

 

Los discursos y las votaciones en el Congreso, protagonizados por el señor Bal y la señora Arrimadas, nunca se diferenciaron entre sí, ni apenas lo hicieron con los del PP y Vox. En estos tres años de legislatura, Cs ha formado un bloque compacto con el resto de la derecha.

 

Ahí están los errores que no ha querido detallar la señora Arrimadas en su despedida. Han vendido una mercancía que no existía. Se reclamaban de centro, pero han actuado todo el tiempo como una derecha indistinguible de la del PP. Ha podido más su aversión a la izquierda que su autoproclamado discurso centrista. Y sus electores lo han percibido. Muchos de ellos son menos conservadores que lo que representa el PP pero, puestos a votar a la derecha, prefieren el partido original y no la copia. 

 

Es una lástima que, con la inevitable desaparición de Ciudadanos, los únicos partidos que queden a la derecha sean el PP y Vox. Hay numerosos votantes que nunca votarían a la izquierda, pero que preferirían una opción más centrada que la que representan estos dos partidos. Las tres iniciativas surgidas en este espacio -la UCD de Adolfo Suárez, la UpyD de Rosa Díez y ahora Cs-, por distintos motivos cada una, han fracasado. En el caso de Cs, han sido ellos mismos los que han labrado su desastre. Lo reconoció -en un momento de lucidez- la propia señora Arrimadas en su discurso de despedida, al afirmar que “los peores enemigos de Ciudadanos hemos sido nosotros mismos”.

 

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