< Enero 2023 >

¿Cultura de la violación?

La ministra de Igualdad, Irene Montero, en el Congreso de los Diputados. Imagen: EP.

¿Cultura de la violación?

Recientemente, en el Congreso de los Diputados, la ministra de Igualdad, Irene Montero, acusó al Partido Popular de “promover la cultura de la violación”, basándose en unas campañas institucionales en Galicia y en Madrid -donde gobierna el PP- en las que se instaba a las mujeres a no correr de noche en mallas o a vigilar su copa en las discotecas, que terminaban con la frase “no debería pasar, pero pasa”. Es fácil imaginar el revuelo que causaron tales palabras y el nivel de las acusaciones a la ministra por parte del PP, por haberles -en su opinión- insultado de ese modo.

En esta ocasión no voy a defender a la ministra porque, según mi criterio, erró, no solo en la forma, sino también en el fondo de la acusación. Empezando por la forma, es bastante obvio que los populares interpretaron las palabras de la señora Montero como que esta les acusaba de ser partidarios de la violación o, al menos, de alentarla o de tolerarla. Seguramente, ignoraban el origen y el contenido del término “cultura de la violación”, acuñado en los debates feministas de la década de 1970, y malinterpretaron su significado. Seguramente también, la señora Montero utiliza con frecuencia este término con sus compañeras de partido y dio por supuesto que el resto de los diputados también lo conocían. Confundió, en mi opinión, el Congreso de los Diputados con un foro del movimiento feminista.

 

La cultura de la violación, según el historiador estadounidense Michael Parenti, se manifiesta a través de la aceptación de las violaciones como un hecho cotidiano y de actitudes que implican culpar a la víctima, o bien estigmatizarla a ella y a su familia. Por ejemplo, cuando una agresión sexual es cuestionada por la policía, o en el hospital o en un juicio, con preguntas que sugieren que la mujer ha hecho algo o llevaba puesto un atuendo que pudo provocar al hombre, sugiriendo, por lo tanto, que las agresiones fueron su culpa. Promover la cultura de la violación sería, entonces, alentar ese tipo de prácticas.

 

Entrando en el fondo de la acusación, no comparto que los mensajes de las referidas campañas se ajusten a lo que se entiende por cultura de la violación. Los mensajes instan a las mujeres a protegerse de los potenciales agresores y a evitar o disminuir las ocasiones de peligro. Hay una considerable distancia entre llamar a la autoprotección y culpar a las mujeres de las agresiones. La crítica de la la ministra era que las campañas deberían poner el foco en los que agreden y no en sus víctimas. 

 

No dudo que sea necesario hacer muchas otras cosas además de recomendar a las mujeres que se protejan, pero opino que también estos consejos son pertinentes. Para argumentarlo, y saliéndonos del terreno feminista, pensemos en otro tipo de campañas de autoprotección. Por ejemplo, el lugar donde yo trabajo está abierto al público y no hay un estricto control de entrada como el que es habitual en las empresas. En las paredes de la cafetería hay numerosos carteles instando a vigilar las propias pertenencias y, en particular, los ordenadores portátiles, porque se han dado bastantes casos de robo. ¿Diríamos que eso es poner el foco en la víctima y no en el agresor? ¿qué deberían decir los carteles? ¿“ladrón, no robes”?

 

 

 

 

La izquierda no debe responder con provocaciones a los insultos de los antidemócratas. En ese ambiente tóxico, solo ganan ellos, porque su intención última es degradar y hacer inservibles las instituciones democráticas.

 

 

También a los conductores se nos insta a auto protegernos de los conductores que incumplen las normas de tráfico, pidiéndonos extremar la prudencia al llegar a un cruce, aunque nosotros tengamos la preferencia. Todos deberían cumplir las normas pero, dado que algunos no lo hacen, los demás debemos ser cautos por partida doble.

 

Desgraciadamente, en el mundo hay conductores incivilizados, ladrones, asesinos y violadores y, aun en la más evolucionada, culta y feminizada de las sociedades, estos comportamientos seguirán existiendo, porque el ser humano es libre y en ocasiones elige la violencia y la agresión como forma de vida. No por otra razón que para proteger al resto de la sociedad de las personas violentas e incívicas existen la policía y los tribunales de justicia.

 

La ministra erró el tiro y contribuyó con ello a emponzoñar el ya demasiado tóxico ambiente del Congreso de los Diputados de las últimas semanas. En su descargo, hay que decir que había sido objeto pocas horas antes de una agresión machista inaceptable por parte de una diputada de Vox. Pero la izquierda no debe responder con provocaciones a los insultos de los antidemócratas. En ese ambiente tóxico, solo ganan ellos, porque su intención última es degradar y hacer inservibles las instituciones democráticas. Y ahí, perdemos todos los demás.

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