< Enero 2023 >

Que no nos lo expliquen

Emiliano García Page y Pedro Sánchez

Que no nos lo expliquen

Alguien pensó, en los años ochenta, que había que hacer una reconversión industrial en España. Y, seguramente, había que hacerla pero era muy difícil de explicar a tanto parado de industrias obsoletas como aquello produjo. Ya había habido otra una década antes pero, por entonces, al antiguo régimen le costaba menos explicar las cosas.

Alguien pensó, también por aquella época, que contra ETA había que usar las mismas armas que usaban ellos. También era muy difícil de explicar eso en un estado de derecho por más que una parte de la población española, harta ya de estar harta, no viera con malos ojos esos métodos.

 

Alguien pensó, en la primera década de este siglo, que había que invadir Irak para eliminar unas inexistentes armas de destrucción masiva y acabar con un dictador como si fuera el único en el mundo. La verdad es que aquello, aunque se explicó con la ayuda de los importantes socios de la foto de las Azores, no terminó de colar entre la población.

 

Alguien pensó, en mitad de la crisis económica iniciada en 2008, que había que hacer una reforma puntual y exprés de la Constitución para tranquilizar a los mercados financieros. Se trataba de decir a los que nos prestaban dinero, casi día a día, que devolverles lo que nos prestaran iba a ser prioritario frente a cualquier otro gasto del estado. Era necesario, pero muy difícil de explicar a los sectores sociales más necesitados de la protección pública. Aún hoy se mantienen las dudas sobre las explicaciones que se dieron.

 

Y, hoy, alguien piensa que reducir la presión política que tiene su origen en los sectores independentistas de Cataluña, precisa de unos retoques personalizados en el Código Penal. Con las dificultades que tiene explicar eso.

 

No creo que haya nadie, entre los que lo han pensado, que un asunto centenario, al menos desde 1640, va a resolverse por una reconsideración de los delitos de sedición y malversación de fondos. Mas bien deberán estar convencidos de que, la aceleración de los procesos sociales podría hacer que, con el tiempo, aumentaran los sentimientos independentistas. Sobre todo si se sienten amenazados. En el reino animal no hace falta escuchar el grito de "Nos atacan" para aprestarse a luchar contra la amenaza exterior con toda fiereza. No hay nada mejor que un enemigo exterior para unir a un grupo. Y, si encima, se dispone de redes sociales, la cosa se acentúa. 

 

 Por eso, quizás se esté pensando en una actuación médica, en cuyo campo, los doctores saben que no pueden evitar la muerte pero se dedican a retrasarla. Los cuidados paliativos, incluso, no tienen ni esa virtud pero, al menos, mejoran la calidad de algo que se pueda llamar vida. Si eso fuera así, se trataría de ganar un tiempo a la explosión del problema, entendiendo por tal lo que ocurrió en 2017 pero con alguna vuelta de tuerca más.

 

En rugby se trata de evitar que te pillen con el balón en la mano, para lo cual, cuando lo recibes, tienes que pasarlo, curiosamente, hacia atrás y, si no encuentras a alguien que lleve una camiseta como la tuya, pegarle una patada hacia delante. Y, con ese método, consiguen llevar la pelota donde quieren, que es al final del campo adversario.

 

Bueno, pues, en política se hace eso con algunos marrones de imposible solución inmediata. Darle lo que, en rugby, se llama una patada a seguir. El éxito de esa acción puede medirse en tiempo en el que el balón ovalado, en forma de marrón, tarda en volver a caer al campo. Si se trata de pan para hoy y hambre para mañana, no podemos hablar más que de un victoria pírrica, pero si se ganan unos años, el autor de la patada puede pensar que le quiten lo jugado. Hay que pensar que, en el caso que nos ocupa, el de Cataluña y sus independentistas, hay una ventaja inmediata que se mide en apoyos parlamentarios, ventaja tanto para el gobierno apoyado como para los que piensan que es bueno siempre que haya  estabilidad política en el país. 

 

 

 

Es muy difícil explicar algunas cosas que se hacen cuando se tiene que gobernar. Como no todo es inaugurar cosas ni anunciar cifras favorables, a veces hay que tomar decisiones impopulares

 

 

El rugby, como la política, se juega con arbitro que es el encargado de decir si la patada al balón es legal o ilegal. Si, después de dar esa patada, bien aceptada por los beneficiados, es el árbitro el que la declara ilegal, ya no será el autor de la patada el que evite sus efectos, si no el árbitro que, ya se sabe, a veces va con el equipo contrario. Los beneficiados no deberían quejarse del autor de la patada, y privarle de sus apoyos parlamentarios, si no del árbitro.

 

Y luego está lo del que dirán, para lo que hay que montar una explicación lo más plausible que se pueda. O sea, el relato. Explicar al personal lo de negociar con el delincuente cual debe ser su castigo resulta muy difícil por mas que sea una práctica, creo que habitual, en el terreno de la justicia y, sobre todo, en el tributario donde la firma de un acta en conformidad puede evitar que la cosa pase a fiscalía para convertirse en un proceso penal. Como también lo era explicar aquellas cosas que he citado antes y que debieron adoptar, o no, colegas de los de ahora 

 

Es muy difícil explicar algunas cosas que se hacen cuando se tiene que gobernar. Como no todo es inaugurar cosas ni anunciar cifras favorables, a veces hay que tomar decisiones impopulares que, encima, hay que explicarlas. Por eso, es comprensible que alguien, como el presidente García Page, diga eso de “Que no se moleste en explicar lo inexplicable” . Aunque, él mismo sabe que esa alocución es puramente retórica. Tienen que explicarlo, no solo para dar trabajo a los profesionales del relato si no por si convencen a alguien.

 

Porque, al final, se trata no de convencer a todos, si no a una mayoría suficiente. Los anteriores, los de los años ochenta, sobrevivieron a sus decisiones impopulares, mas de una década. Los otros los de los años 2003 y 2010 no lo lograron. Veremos si los de ahora sobreviven a esa patada a seguir. Si tiene el éxito pretendido, yo, particularmente, daría por bueno que perdieran las próximas elecciones. Eso de la convivencia se merece, incluso, ciertos sacrificios. Aunque no sé qué pensaría si yo trabajara en los primeros números de la A6 en Madrid.

 

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