< Enero 2023 >

El ansia de poder

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. Imagen: EP

El ansia de poder

Mucho se habla del ansia de poder que suelen tener los políticos, aunque no suele encontrarse a ninguno de ellos que lo reconozca más que en los demás, en una actualización de la parábola de la viga propia y la paja ajena. Por ello, conviene utilizar algún método para saber, lo más objetivamente posible, quien tiene esa ansia de poder.

A pesar de los inconvenientes que tiene el poder, como que desgasta o corrompe, puede asegurarse que todos los políticos, y obviamente las políticas, aspiran a ello. Por definición. Al menos según el DRAE, que define la política como la "actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos". El problema es con qué intensidad se aspira. Cuando se hace con impaciencia, según el mismo diccionario, se tiene ansia. Por ello, ya podemos definir lo que es el ansia de poder: es la impaciencia por regir los asuntos públicos.

 

Según eso, el ansia de poder se da más en la oposición que en el gobierno ya que, siendo este último quien disfruta del poder, no es lógico decir que aspira a él, ni con impaciencia ni sin impaciencia. Parece de Perogrullo que quien, realmente, aspira a regir los asuntos públicos es quien no lo está haciendo, o sea, la oposición. A partir de eso se puede analizar si está dispuesta a esperar que los procedimientos reglados y, en el caso español, democráticos, les permitan hacerlo o bien, la impaciencia les puede hacer que hagan, o digan, cosas extravagantes y, o, extemporáneas.

 

El 18 de julio de 1936 es un ejemplo de impaciencia política. Habiéndose celebrado en ese mismo año unas elecciones generales, la derecha española no quiso esperar a las siguientes para tratar de hacerse con el poder y arreglar los males que, a su juicio, aquejaban a la república. Por eso, ansiosos de poder, encargaron al ejército que se ocuparan del tema. No se tienen referencias documentales, pero quizás Franco fue uno de los primeros que dijo aquello de "Teníamos que hacer un trabajo, y lo hicimos". Y vaya que lo hicieron. Su éxito duró lo que el dictador, ya que las ansias de poder de la oposición antifranquista se las tuvieron que aguantar ya que, ese tipo de ansias son difíciles de calmar a base, solo, de panfletos, manifestaciones callejeras duramente reprimidas y algún contubernio que otro.

 

Cuando, muchas décadas después, volvió a haber elecciones en España volvieron a manifestarse las ansias de poder de la oposición, bien por métodos ya constitucionales, como una moción de censura, o bien por una simple manifestación del tipo “Váyase señor González” que ha pasado a los tratados políticos por cortesía de José María Aznar. 

 

Quien realmente tiene ansias de poder, se llama Alberto y se apellida Núñez Feijóo

 

 

Y llegamos a nuestros tiempos, en los que el Partido Popular, sea cual sea el portavoz que utilice, acusa a Pedro Sánchez de tener ansia de poder. Esto, según las líneas anteriores pudo ser cierto hasta que llegó a ser presidente del gobierno pero, ahora, ¿a qué más puede aspirar?. A ser jefe del estado no, desde luego. Ni se apellida Borbón ni el PSOE ha hecho el menor movimiento en favor de la república en España, sino todo lo contrario. Por ello, más allá de llegar a ser presidente de la Internacional Socialista, institución más influyente que poderosa, no se le puede acusar de aspirar a tener más poder que el que ya tiene. Incluso los cargos europeos que, antes han sido proceres en sus respectivos paises me da a mí que, en algún momento, añoran su antiguo oficio como detentador de poder real. Por ello, independientemente de que Pedro Sánchez, en un futuro, pueda ocupar alguno de esos cargos, no creo que el PP le esté acusando de ello. Mas bien, imagino que le animaría a que, eso, se produjera cuanto antes.

 

Quien sí debe tener ganas de ocupar el poder es Alberto Núñez Feijóo ya que, siendo su grupo eso que se llama un partido de gobierno, el haber aceptado presidirlo lleva aparejada la consecuencia lógica de aspirar a gobernar España en algún momento. Es verdad que, ni ha presentado una moción de censura ni tiene pinta de que la vaya a presentar ya que, para ganarla, además de la ultraderecha, le harían falta algunos votos de populistas, separatistas y amigos de los terroristas y, ¡hasta ahí podíamos llegar!. Pero hay ciertos síntomas de su impaciencia.

 

Como hay encuestas para todos los públicos, las hay que le vaticinan una posible victoria en las próximas elecciones pero, es que, Núñez Feijóo se pasa todo el día hablando de ello. Es cuando dice que Pedro Sánchez todo lo que hace es para durar lo más posible en el poder, lo cual quiere decir que, eso es lo que le impide a él, a Núñez Feijóo, llegar al mismo. No dice, expresamente, “Váyase señor Sánchez”, pero es sabido que la actividad del PP, explicitada por personas tan principales como Isabel Diaz Ayuso, consiste en acabar con Pedro Sánchez. Y, en función de eso, y en aplicación del principio de que, al enemigo, ni agua, no apoyan ninguna de sus iniciativas tengan el sentido que tengan y, en su argumentación, vuelven a insistir en que el fin último de esas iniciativas es que Pedro Sánchez se mantenga en el poder, ese que, además, está ocupando ilegítimamente. Un poco  de obsesión sí que parecen tener.

 

Esto contrasta con el discurso del gobierno. Naturalmente que, si pudieran, se jubilarían gobernando España, pero no lo explicitan. En su lugar, hablan de que quieren aumentar el salario mínimo, mejorar la contratación laboral, conseguir fondos europeos, corregir el mercado energético para reducir los precios e, incluso, aprobar los presupuestos generales del estado. Como antes  lo hacían de confinamientos, ERTES y esas cosas. También, de modificar el Código Penal pero, al menos, le dan la explicación de que se trata de homologarlo a los códigos europeos.

 

Así pues, tanto por la lógica de las cosas, ya que no se puede tener impaciencia por disfrutar de algo que ya se tiene, como de las declaraciones de unos y de otros que revelan sus verdaderas preocupaciones, yo no tengo duda de que, quien, realmente, tiene ansias de poder, se llama Alberto y se apellida Núñez Feijóo

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