< Diciembre 2022 >

La violencia indigenista en la Patagonia

Conflicto mapuche. Chile, 2010. Imagen: Carol Crisosto Cadiz

La violencia indigenista en la Patagonia

Los gobiernos populistas de Chile y Argentina enfrentan el cada vez más violento accionar de grupos terroristas mapuches que aspiran a crear el “Walmapu”, un Estado indigenista independiente en parte de su territorio patagónico.

América Latina sufrió un despertar indigenista hacia 1992 coincidiendo con la conmemoración de los 500 años de la llegada de los españoles al continente.

 

Las izquierdas revolucionarias de la región encontraron en las reivindicaciones indigenistas nuevos argumentos ideológicos para reemplazar al modelo marxistas leninistas de corte soviético que se tornó obsoleto después de la desaparición del Bloque Socialista.

 

El indigenismo, el ecologismo y el anticapitalismo proporcionaron argumentos para enfrentar la propaganda neoliberal impulsada por el Consenso de Washington.

 

En el extremo sur de América, actualmente, la reivindicación indigenista está en manos de los mapuches.

 

A la llegada de los españoles a Chile se encontraron con un pueblo aguerrido que había resistido con éxito los intentos de conquista del Imperio Inca y que ahora los enfrentaba a ellos con un nuevo recurso: el caballo.

 

Los incas los denominaban con el término en lengua quechua auca de “araucanos” y bautizaron la región donde vivían como “Araucanía”. Pero ellos, a comienzos del siglo XIX, adoptaron el nombre de “mapuches”, uniendo dos términos del lenguaje mapudungun: “mapu” y “che” (tierra y gente, es decir: “gente de la tierra”).

 

Los mapuches, hacia el 1800, escapando de la persecución de los españoles de la Capitanía General de Chile cruzaron la cordillera de los Andes y se instalaron en territorio patagónico del Virreinato del Río de la Plata. 

 

En el actual territorio argentino se enfrentaron a los pueblos originarios de esas tierras, los patagones, tehuelches y pampas a quienes exterminaron sin piedad.

 

Hacia 1810, las luchas por la independencia entre españoles peninsulares y criollos permitieron a los mapuches expandir su presencia territorial sin ser molestados.

 

Cazadores y recolectores nómades, que no practicaban la agricultura ni la alfarería, los mapuches vivían de saquear las estancias instaladas en el sur del territorio argentino. Por medio de sus “malones” (grandes ataques a caballo) robaban ganado que luego vendían en Chile y secuestraban a las mujeres y niños cristianos (winkas) para convertirlos en “cautivos”, reducidos a la esclavitud.

 

Para terminar con los “malones” mapuches, Chile lanzó en 1861, la “Pacificación de la Araucanía” ocupando militarmente la zona ubicada entre los ríos Bio-Bio por el Norte y Toltén por el Sur. Argentina hizo lo propio en 1879 con la “Campaña al Desierto” del general Julio A. Roca.

 

Durante el siguiente siglo los mapuches se integraron gradualmente a las nuevas repúblicas sudamericanas mezclándose, sin mayores inconvenientes, con los winkas, es decir, con la población de origen europeo.

En Chile los mapuches constituyen una minoría de 1.745.147 personas, que constituyen el 9,93% de la población chilena. En Argentina, solo 105.000 personas, el 0,2% de la población total.

 

 

En Chile los mapuches constituyen una minoría de 1.745.147 personas, que constituyen el 9,93% de la población chilena. En Argentina, solo 105.000 personas, el 0,2% de la población total. Aunque solo unos pocos centenares participan del activismo mapuche.

 

Casi ninguno de estos supuestos mapuches son aborígenes puros. La integración y el mestizaje con la población europea ha sido intenso a través de los años. Los mapuches tampoco son un pueblo originario de Argentina porque se instalaron en su territorio después de la llegada de los españoles.

 

En Argentina, el grupo mapuche más extremo es la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), liderada por el “lonco” Francisco Facundo Jones Huala, prófugo de la justicia chilena que lo condenó a nueve años de cárcel por ataques incendiarios y portación de armas, delitos cometidos en 2013.

 

En los últimos años, los mapuches de la RAM han efectuado un centenar de ataques incendiarios contra iglesias católicas, oficinas públicas, maquinarias viales y puestos policiales, además de ocupaciones de tierras en el sur argentino.

 

En Chile, el indigenismo mapuche es impulsado por la organización “Identidad Cultural Lafkenche” (guerrera) que representa a las comunidades del lafken mapu de las localidades de Chiloé y Palena. Esta organización articula las acciones violentas a ambos lados de la cordillera. Su fracción más violenta es la Coordinadora Arauco – Malleco que ha reivindicado cientos de ataques terroristas.

 

El Consejo de Todas las Tierras (Aukiñ Wallmapu Nugulam), constituido en 1990, intenta crear un Estado Mapuche Independiente, el “Wallmapu” (“territorio circundante" en mapudungun). Para ello, en 1992, creó la “Wenofoye” o bandera nacional mapuche. Las tierras que reclama para ello se sitúan desde el río Limari por el norte hasta el archipiélago de Chiloé por el sur -en la ribera sudoriental del océano Pacífico- y desde el centro y sur de la Provincia de Buenos hasta la Patagonia argentina -en la ribera sudoccidental del océano Atlántico-, en lo que denominan “Puelmapu” (Tierra del Este).

 

Los terroristas mapuches desconocen tanto al Estado argentino como al chileno. Practican una guerra de guerrillas rural a ambos lados de la Cordillera de los Andes para lo cual han recibido instrucción militar y armamento de ex miembros de las FARC colombianas y de los Montoneros argentinos. 

 

El conflicto mapuche no hunde sus raíces en la opresión de una minoría originaria. Tanto en Argentina como en Chile desde hace décadas los gobiernos son democráticos, respetan los derechos humanos y la diversidad cultural de las minorías. Las causas del conflicto mapuche deben buscarse en los intereses internacionales que ambicionan las inmensas riquezas que alberga el sur patagónico de América.

 

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