< Diciembre 2022 >

Ucrania, seis meses: estancamiento y perplejidad

Ucrania, seis meses: estancamiento y perplejidad

Se alcanzan los seis meses de guerra en Ucrania en aparente estancamiento. Los frentes en el este y en el sur apenas se han movido en las últimas semanas. A falta de operaciones bélicas significativas, los defensores han podido efectuar golpes de efecto notable con ataques en la retaguardia rusa, tanto en Crimea como bien adentro del otro lado de la frontera (1). Aún queda por dilucidar si el asesinato de Darya, hija del ideólogo ultranacionalista ruso, Alexander Dugin, ha sido obra de los servicios especiales ucranianos, del FSB ruso o de cualquier organización criminal (2).

Por debajo de este bloqueo bélico salpicado por sobresaltos colaterales crece una inquietante sensación de impotencia diplomática (3). No hay rastro de negociación, más allá de eso que en su día se llamó “la humanización de la guerra”, es decir, hacer más soportable una situación que es insoportable de por sí. Después del acuerdo para reanudar las exportaciones de grano de Ucrania por el puerto de Odessa, muñido por el presidente turco Erdogan como mediador interesado, la ONU ha tomado el relevo para intentar evitar una catástrofe nuclear en la central de Zaporiyia. Se supone que hay contactos muy discretos entre Moscú y Washington con vistas a un intercambio de prisioneros no relacionados directamente con la guerra. Todo lo demás es propaganda.

 

En Ucrania, hay una efervescencia patriótica alimentada por el relativo éxito de la resistencia, el decisivo apoyo armamentístico occidental (norteamericano, sobre todo) y la audacia de esas operaciones ajenas a los frentes de combate. La celebración del día de la independencia, coincidente con los seis meses de guerra, ha nutrido un tipo de discurso triunfalista en el que importa menos la realidad que la motivación.

 

En la Rusia oficial, se vive de espaldas a la guerra. A pesar de los 15.000 muertos estimados o la minoración más que notable de su arsenal militar. El verdadero impacto de las sanciones es objeto de debate fuera del país, pero las autoridades se esfuerzan por minimizarlo y contrarrestarlo con medidas inteligentes y, complementariamente, taparlo con las dificultades que se viven en los países europeos, debido a las tensiones energéticas e inflacionistas. La victoria es cuestión de tiempo, según el Kremlin (4).

 

En Occidente, se aprecia ya un punto de indiferencia por la guerra en sí, debido a la “fatiga de la solidaridad”. Se avizora un “otoño del descontento”, preludio de un “invierno cruel”, si, como se teme, se confirma la recesión en todo el espacio occidental. Pero no hay de momento flojera en los discursos oficiales. 

 

En Washington, se anuncia, como ‘regalo’ por el 31º cumpleaños de la independencia de Ucrania, el mayor tramo de crédito para reforzar el aparato militar del país: 3 mil millones de dólares adicionales. Ya asciende a 13 mil millones el monto del apoyo norteamericano desde el comienzo de la guerra. Alemania, desde un principio más remisa y ahogada en la perspectiva de una temporada de restricciones energéticas, añade un modesto aporte de 500 millones de dólares. Desde Francia, Macron mantiene a duras penas su doble lenguaje: no cierra las puertas a la negociación, pero alimenta la retórica de resistencia ucraniana. La soflama bélica de la coalición atlantista es cosa de los bálticos y en menor medida de los polacos. 

 

SIN RUMBO CLARO

 

Los especialistas no se ponen por completo de acuerdo sobre el rumbo que tomará el conflicto, ni siquiera sobre lo que hay que hacer. FOREIGN AFFAIRS ha publicado en las últimas semanas análisis en los aparecen estas líneas gruesas de divergencia:  

 

  • Quienes desean que Ucrania gane esta guerra a toda costa (5);
  • Los que creen que puede ganarla, al menos parcialmente, siempre que los occidentales hagan sus deberes (6);
  • Los escépticos ante el optimismo ucraniano y occidental (7);
  • Los que temen un escenario viable de derrota rusa por el riesgo que ello supondría de respuesta desesperada de Moscú, en forma de represalias contra la población civil o incluso de apertura de la caja de Pandora nuclear (8). 

 

Los optimistas no aclaran, sin embargo, en que consistiría una ‘victoria ucraniana’. Los maximalistas se alinean con el discurso de Zelensky, que últimamente insiste una y otra vez en que no basta con expulsar a los rusos de las zonas ocupadas estos últimos seis meses, sino que el objetivo es también recuperar Crimea. Otros expertos son menos categóricos en esto último, pero mantienen que el mínimo aceptable es volver al 24 de febrero; para decirlo en términos más tecno-diplomáticos, ‘regresar a Minsk’; o sea, retomar el proceso negociador. Ninguna de las dos posiciones parece probable. El problema es que no se perfila otra iniciativa con mejores perspectivas. 

 

Los más fríos todavía apuestan por el lento pero seguro efecto corrosivo de las sanciones. Un equipo de la Universidad de Yale ofrecía recientemente una radiografía bastante perturbadora de la economía rusa, basada en los propios datos oficiales de Moscú (9). Por el contrario, otros analistas oponen que Rusia ha sabido encontrar un ecosistema de supervivencia, como antes lo han hecho Cuba, Corea del Norte o Irán, por poner algunos ejemplos (10).

 

En el mundo en desarrollo o en emergencia, no se comparten los diagnósticos occidentales sobre esta guerra. No por simpatía especial hacia Putin, sino por lo que se percibe como una visión occidental egoísta e hipócrita, que convierte determinadas causas en universales, mientras ignora otras o, peor aún, instiga, favorece y hasta protagoniza actuaciones contrarias a su retórica cuando le interesa. África y Oriente Medio ofrecen ejemplos de ello. Incluso en Asia hay casos evasivos muy significativos, como el de India, que compra ahora más petróleo ruso e ignora las sanciones, o Indonesia, que no ha querido marginar a Rusia de la cita del G20, a celebrar este año. 

 

Caso aparte es el de China, que no se ha movido sustancialmente de su posición de apoyo político y retórico a Rusia como objeto de presión occidental, pero sin defender explícitamente la invasión de Ucrania y sin vulnerar abiertamente las sanciones. No tanto sutilidad diplomático como ejercicio de ese viejo adagio: con el enemigo de mi adversario hay que comportarse como si fuera un amigo, lo sea o no. 

 

Así las cosas, casi todo el mundo apuesta por una guerra larga, de trincheras más que de movimientos, de acciones laterales o marginales, de golpes de efecto, a la espera de que el agotamiento favorezca posiciones más sensatas o realistas.

 

NOTAS

(1) "Six months of hell in Ukraine: how Putin’s crazy war reached deadlock". SHAUN WALKER. THE OBSERVER, 20 de agosto. 

(2) "The global politics of Russia’s notorious nationalist ideologue". ISHAAN THAROOR. THE WASHINGTON POST, 23 de agosto.

(3) "Russia, Ukraine, and the decision to negotiate". STEVEN PIFER. BROOKINGS INSTITUTION, 1 de agosto.

(4) "Putin thinks he's winning". TATIANA STANOVAYA (Carnegie Center). THE NEW YORK TIMES, 18 de Julio. 

(5) "It’s Too Soon for a Lasting Diplomatic Settlement". ALINA POLYAKOVA (Universidad John Hopkins)Y DANIEL FRIED (Consejo Atlántico y ex-embajador USA en Polonia); "The Real Key to Victory in Ukraine. Why Sustaining the Fight Is Everything in a War of Attrition". KRISTIN BRATHWAITE (James Madison College) y MARGARITA KONAEV (Center for American Security). FOREIGN AFFAIRS, 8 y 29 de junio.

(6) "A Ukraine Strategy for the Long Haul. The West Needs a Policy to Manage a War That Will Go On". RICHARD HAASS (Council of Foreign Relations). FOREIGN AFFAIRS, 10 de junio.

(7) "Ukraine’s Implausible Theories of Victory. The Fantasy of Russian Defeat and the Case for Diplomacy". BARRY R. POSEN (MIT). FOREIGN AFFAIRS, 8 de Julio.

(8) "Playing With Fire in Ukraine. The Underappreciated Risks of Catastrophic Escalation". JOHN MEARSHEIMER (Universidad de Chicago). FOREIGN AFFAIRS, 17 de Agosto.

(9) "Actually, the Russian Economy Is Imploding". JEFFREY SONNENFELD y STEVE TIAN. (Universidad de Yale). FOREIGN POLICY, 22 de Julio.

(10)"Who’s Winning the Sanctions War? The West has inflicted damage on the Russian economy, but Putin has so far contained those costs. BRUCE W. JENTLESON (Wilson Center y Universidad de Chicago). FOREIGN POLICY, 18 de agosto.

 

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