El final de los acuerdos de Helsinki

El final de los acuerdos de Helsinki

Los analistas políticos coinciden en señalar que “gracias“ a la sangrienta invasión de Ucrania, el mundo está viviendo una nueva etapa en las relaciones internacionales. Un mundo post Helsinki, haciendo referencia a los acuerdos que llevan el nombre de la capital finlandesa donde se celebraron las reuniones previas, las sesiones finales de la conferencia sobre seguridad y cooperación en Europa: CSCE, el 30 y 31 de julio y se firman los acuerdos el 1 de agosto de 1975.

Los 35 estados firmantes acordaron en el acta final, un decálogo- no vinculante- garantizar la inviabilidad de las fronteras, la no intervención en asuntos internos y el rechazo al uso de la fuerza

Además de los asuntos militares, de seguridad y económicos, los países occidentales impusieron, por primera vez en negociaciones diplomáticas, cuestiones relativas a las libertades como la circulación de ideas y personas y el respeto a los derechos humanos. 

Pedían que las familias de la Europa dividida pudiesen reunirse.

En 1995 la CSCE pasa a ser la OSCE -Organismo para la Seguridad y la Cooperación en Europa- que no ha jugado ningún papel en esta crisis. 

Los tres días de Helsinki fueron fascinantes. Al terminar las sesiones, las decadentes noches blancas de esa época del año imponían un aire de irrealidad. Asistí como jefe de prensa de la delegación española.

Helsinki es una población media, unos 500.000 habitantes en aquellos años, sin altos edificios, rodeada por el Báltico. El paseo principal, la Mainnerheimintie- en honor al fundador de la patria-aglutina a casi todos los edificios de interés: el palacio presidencial, la ópera y los principales hoteles. Al final, con vistas a la bahía de Töölö, se encuentra el   imponente, pero sencillo Finlandia Hall, el principal edificio en la capital, del mejor arquitecto de la historia de Finlandia Alvar Aalto, en el que se celebraban las reuniones. El gran Auditorio para 1.700 personas se utilizó para las sesiones plenarias, aunque lo importante se cocía en las salas menores.

No era difícil cruzarse con Gerald Ford, siempre acompañado de Henry Kissinger, Giscard D´Estaing o Tito, y por supuesto el gran Urho Kekkonen, el eterno presidente finlandés que parecía estar en todas partes. Pero había dos personajes que chupaban cámara: Brezhnev   , arrogante en su papel de” Lord Protector “ , con sus trajes cortados con hacha  y sus cejas , que le alzaban sobre su modestos 173 centímetros de altura.

Su llegada a la Estación Central, en el centro de la capital, en el tren procedente de la vecina San Petersburgo- entonces Leningrado- donde fue recibido por Kekkonen , soberbio en su rol de protegido, a la que asistí con algunos periodistas , es una de esas escenas que es imposible olvidar.

El segundo era el obispo Makarios , primer presidente de la parte griega de la  república de Chipre donde tenía lugar el conflicto más enconado en la Europa de la época. Con su sotana y su kubluk, el sombrero con velo de origen bizantino formaba una figura que llamaba inmediatamente la atención. También aparentaba una altura superior a la real.

Fue bonito mientras duró.

Las similitudes entre Finlandia y Ucrania son aterradoras. Los dos países nacen como consecuencia de dificultades en la potencia dominante de la zona, llámese URSS o Rusia que, después de aceptar las fronteras, les pega un mordisco, llámese Crimea y ahora Donbás en el caso ucraniano o Carelia en el finlandés.

Finlandia, que en 1917 se había convertido en un Gran Ducado de Rusia, tras la anterior anexión lograda por Alejandro I, después de las guerras con Suecia iniciadas ya en tiempos de Carlos XII y Pedro el Grande. La batalla decisiva se libró en 1709 en   Poltava, Ucrania.

Carlos XII que se dirigía hacia Moscú con sus tropas, en la que pretendía ser una guerra relámpago tuvo que cambiar el plan ante las dificultades logísticas, debido al mal tiempo en la primavera de ese año, a las lluvias y al deshielo y dirigirse a Ucrania donde contaba con el apoyo de los que querían independizarse de Rusia, mejor clima y facilidad para obtener provisiones. 

Carlos perdió la batalla que fue el final de Suecia como potencia europea. 

Los ejércitos de Finlandia y Ucrania, como países independientes, se formaron con veteranos procedentes del ruso. El propio mariscal Mannerheim, que lideró la guerra de independencia y después las guerras de invierno , había sido teniente general de caballería del ejército ruso. 

Ucrania, que nace tras la desintegración del impero austrohúngaro al final de la primera guerra mundial, se integra en el sistema soviético tras la segunda y se independiza de verdad con la desintegración de la URSS en 1991.

La pequeña Finlandia- pequeña en términos de población- plantó cara al gigante, igual que ahora Ucrania. Cuando ya estaba exhausta firmó los acuerdos que le permitieron mantener la independencia, eso sí vigilada – lo que no ocurrió con los vecinos países bálticos, aunque tuvo que ceder la mayor parte de Carelia y certificar su neutralidad 

La huida de refugiados y el consiguiente desastre humanitario también ocurrió entonces cuando medio millón de habitantes de Viborg – la capital histórica de Carelia- y su área huyeron a Finlandia   para no caer bajo dominio ruso.

Cuando Brezhnev se presentó en Helsinki, hacía ya 7 años que había demostrado con la invasión de Checoslovaquia – en este caso sin resistencia local- lo que la URSS era capaz de hacer. 

Brezhnev, ucraniano de Kamenskoye, aunque de familia rusa, puso los cimientos para la desaparición del imperio, corroído por la incompetencia, la corrupción y el alcoholismo de sus dirigentes. 

Incompetencia, corrupción y alcoholismo que perduran hoy -quizás Putin se libre del tercer vicio- como ha quedado demostrado en la incompetente invasión de Ucrania.

Fallaron en Finlandia y han vuelto a fallar ochenta años después. Han intentado repetir la historia: mordisco territorial y un estado tutelado, pero aún no lo han conseguido.

Es posible que Putin se contentara con eso, pero ¿lo harían los ucranianos ¿.

Muchos rusos creen que el alma de su patria está en Kiev. Muchos finlandeses piensan que el alma de la suya quedó en los bosques y en  los lagos de Carelia.

Finlandeses, suecos y ucranianos   conocen la historia.  Historia que demuestra que la neutralidad no es garantía, por ello buscan el paraguas protector de las organizaciones supranacionales occidentales.

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