Explotación y vergüenza en Ucrania

Explotación y vergüenza en Ucrania

En los últimos días, hemos sido testigos de muchas cosas que todas desearíamos no haber visto ni comentado, hemos recibido información sesgada y desinformación, hemos visto ejercer la censura en los medios, pero lo que no deja de sorprendernos, aunque no sea la primera vez que lo vemos, es la desvergüenza de los que recurren a la gestación subrogada.

Y no nos sorprende porque estamos hartas de denunciar su blanqueamiento en los medios, de ver entrevistas sobre las “historias preciosas” que hay detrás del niño “altagama” de turno. Hemos perdido la cuenta de las veces que se ha interpelado a las instituciones desde las redes sociales o desde asociaciones como la CIAMS, que se eliminen las trampas prevaricadoras que permiten que hombres y mujeres sin escrúpulos encarguen un ser humano a la carta como el que personaliza un coche, eligiendo color de ojos y de cabello.

 

Altos cargos de este Gobierno, en concreto del Ministerio de Igualdad, saben de sobra de nuestras demandas, al igual que el Ministerio de Justicia. En el pacto del gobierno más feminista de la historia, en el punto 7.7, se hablaba de perseguir a las agencias que ofrecen como lícito hacer todos los trámites en España y llevar a cabo el proceso en otro país porque aquí es delito. No se ha hecho nada.

 

Pero esta desvergüenza, de salir llorando en los medios, una mujer autodenominada madre y que no lo es, y llamando a la madre, “gestante”, en este contexto de guerra y desesperación, ya es demasiado.

 

Esa “gestante”, esa madre, que ha sido separada de su familia, de los hijos que ya tiene y por los que pasa ese proceso tan deshumanizante y cruel de convencerse a sí misma que no gesta a su hijo sino al de otros. Que no sabe si saldrá viva de la clínica o si volverá a reunirse con su familia, que a lo mejor ha perdido la ocasión de cruzar la frontera y ser una refugiada por cumplir un contrato. Atrapada en un hospital que puede ser bombardeado, con muchas posibilidades de tener un parto prematuro por el estrés o de tener hemorragia postparto por el proceso de fecundación y hormonación.

 

Pero los medios de comunicación le ponen el micrófono delante a la “madre”, al “padre”, y difunden el discurso de que esa mujer ucraniana es un cuerpo gestante, un “hornito”, un hada, un ángel, pero, sobre todo, algo descartable y que no importa.

 

Porque a la compra le han puesto nombre, el de la madre no lo dicen nunca.

 

Y cuando aún estamos digiriendo que los periodistas le den voz a un discurso tan atroz, vemos que la Fundación Madrina ofrece alojamiento a “mujeres en procesos de gestación subrogada” hasta que den a luz. ¿Y luego qué pasará con ellas? ¿Los bebés se entregarán a los compradores en virtud de un contrato nulo de pleno derecho en España según la ley 14/2006 de TRHA? ¿En serio tenemos que seguir soportando la inacción de las autoridades ante esta vulneración de la legalidad vigente?

 

Ucrania es el país más pobre de Europa. Es el útero de Europa. Las mujeres ucranianas son explotadas alquilando su vientre y vendiendo sus óvulos. Las condiciones son terribles, no se engañen, detrás de la sonrisa a los clientes hay aislamiento, complicaciones médicas, abandono de bebés que tienen problemas. Mujeres trasladadas a otros países a petición del cliente, sin que tengan opción a llevarse a sus otros hijos.

 

Hace semanas que no tenemos noticias del bebé de Natalka, abandonado por sus “padres” en un hospital porque nació con problemas. Sabemos que hay más como él. No nos van a informar de este tema, porque no interesa saber cuántos bebés son descartados por no ser perfectos o cuántos no superan sus problemas, porque sus verdaderas madres perdieron los derechos por contrato, y no tienen un cómodo sofá desde el que conectar para la entrevista.

 

Y esta verdad que los medios ocultan la vamos a seguir gritando, porque este infierno no es sólo en Ucrania, pasa en todos los países donde este atentado contra los Derechos Humanos está legalizado, pero esas mujeres, ahora mismo, corren tanto peligro y están tan asustadas, que estamos recibiendo poco a poco el testimonio de su infierno.

 

EEUU, Rusia, Albania, Georgia, Grecia, Kazajistán, República Checa, son algunos de los países que acompañan a Ucrania en esta lista de la vergüenza, y por lo menos dos, Albania y República Checa, usan a mujeres ucranianas en sus programas.

 

El feminismo tiene una responsabilidad con todos los países en los que nuestra capacidad reproductiva se pone al servicio de otros, ya sea de forma comercial o altruista. Nunca ha sido un reclamo de nuestra lucha ceder, subrogar o como quieran llamar al hecho de utilizar el cuerpo de la mujer para tener un bebé por deseo de otros. El tema de la maternidad se centra en garantizar las mejores condiciones para ser madres cuando sea nuestra voluntad serlo, de proteger esa maternidad, y de disponer los medios para serlo o no. Pero en ningún momento ha sido reclamo del feminismo explotar a otras mujeres ni ser explotadas para ese fin.

 

 

 

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