¿Para qué sirve el sexo?

¿Para qué sirve el sexo?

Según a quien preguntes, ¿para qué sirve el sexo?, tendrás una multitud de respuestas. Y no todas podrán ser interesantes, relevantes, pertinentes y/o adecuadas. 

Tendremos que partir del conocimiento racional, pues pertenecemos al reino animal, subfilo de los vertebrados y de la clase de los mamíferos. Nuestra familia proviene de los homínidos, género humano y especie sapiens. Nos reproducimos como los demás animales mamíferos que denominamos machos y hembras. Los varones y las mujeres somos seres sexuados y nos reproducimos sexualmente y no por bipartición, huevos o por esporas, como otros seres vivos. 

 

Ya Aristóteles (siglo IV a de C) describió tres reinos o categorías taxonómicas: las plantas (con capacidad nutricional y reproductiva); los animales (con capacidad nutricional, reproductiva y con movimiento); Y los humanos (con capacidad nutricional, reproductiva, con movimiento, además de raciocinio y pensamiento). 

 

Estas categorías han ido incrementándose con los avances científicos y técnicos. Así Ernst Haeckel (1866) añadió el reino de los protistas para los animales microscópicos y unicelulares hasta llegar a nuestro tiempo contemporáneo, cuando Robert Whittaker (1959) reconoce el reino de los fungí, ampliando la clasificación taxonómica con cinco reinos: plantas, animales, fungí, protista y monera. Y a finales de los setenta el árbol de la vida siguió ampliándose hasta seis reinos: plantas, animales, fungí, protista, eubacteria y arqueobacterias (las arquetas).

 

 

Pero ¿a qué viene toda esa erudición? Pues para saber y reconocer que el reino animal se queda “en pañales” comparados con los demás reinos. Porque hemos podido comprobar directamente cómo un virus ha puesto en jaque a toda la humanidad contagiando, infectando, enfermando y matando, y que las importantes diferencias de los humanos (varones y mujeres) con los demás reinos son el raciocinio y el pensamiento. Por ahora, solo por ahora, observamos que en general los avances de la humanidad están basados en los conocimientos científicos y racionales. Y esos conocimientos científicos y racionales ponen los nombres con sus significados, así podemos seguir avanzando sabiamente para favorecer el progreso de los colectivos humanos, según la materia que trate. Por ejemplo, nombrar las palabras COVID-19 como la enfermedad producida por el virus SARS-CoV-2 que ha producido la pandemia que sufrimos.

 

El sexo nos sirve para conocer bien el soporte físico, genético, morfológico, anatómico y funcional de un varón y de una mujer. Y para rizar el rizo, nunca mejor dicho, soportará toda una super estructura sociológica de poder, ya que los humanos somos animales gregarios que nacemos de una mujer dentro de una agrupación que llamamos familia. Así pues, si nacemos con el sexo femenino, o sea el bebé es una niña, las expectativas vitales y sociales van a ser muy diferentes para con el sexo masculino, o sea el bebé que ha nacido niño. Estas expectativas de futuro no van a depender de la cría humana sino de sus progenitores y del entorno familiar, socioeconómico y cultural en donde se haya nacido. Y todo ello, solamente si hablamos de criaturas sanas en su crecimiento y desarrollo vital.

 

Así la niña y el niño, desde su tierna infancia, comienzan a recibir unas atenciones, además de unas expectativas definidas por la madre, el padre, hermanos y hermanas, parentela, abuelos y abuelas, si las tuviera, que van desde la comida, el juego, las ropas, la higiene, los paseos, los descansos y un largo quehacer para socializar en buenas condiciones a la nueva criatura. Y después de la alimentación física y anímica que necesitamos desde el nacimiento, viene todo un entramado que llamamos socialización. Y esta socialización de siglos fue construida con las ideas que conforman las religiones, las culturas y las filosofías que han definido a la mujer como física, intelectual y moralmente inferiores y por tanto seres de uso maleable. 

 

Solo tenemos que echar una ojeada a los diferentes países del mundo para situarnos en las realidades que tienen y disfrutan o sufren más de la mitad de la población mundial que somos las mujeres. En este arco de posibilidades, observamos el extremismo talibán en Afganistán. ¿Y no hay problemas en los países ricos y democráticos, dónde la socialización infantil se produce en las mejores condiciones? Pues aparentemente no los habría o serían visibilizados como problemas de menor o mayor disfrute de libertad, justicia e igualdad.

 

Entonces, si graduamos el nivel de desarrollo de las democracias nos encontramos que las mujeres, según los países dónde nazcan y vivan, van a disfrutar diferentes niveles de igualdad, justicia y libertad. Podemos medir y contabilizar los grados que van desde las diferentes violencias físicas, psíquicas y sociales hasta los feminicidios como son los asesinatos machistas.

 

¿Y todo por el sexo? Pues sí. También es importante no olvidar el conocimiento racional y científico que sabe que nuestro cerebro dirige los pensamientos y sentimientos que luego se expresan físicamente en el cuerpo. ¡Qué complicado parece todo lo relacionado con el sexo! Pues creo que no. Lo que tendríamos que recordar cuando somos adultos es la dificultad que tenemos durante la infancia y adolescencia para relacionar, conocer y hablar con las palabras apropiadas lo que se está viviendo y produciendo durante el crecimiento y desarrollo vital, desde los primeros hasta los catorce o dieciséis años. Tanto para conocer y disfrutar como para ser una persona aceptada y querida por los demás en la familia o grupo donde te tocó nacer.

 

El sexo es el objeto del deseo de todas las sociedades, desde las tribales hasta las capitalistas, que sin control ni pudor pueden comprar, vender o traficar todo lo relacionado en un mercado que demanda tener y poseer dicho objeto. Así los rituales de virginidad de ciertas culturas, las amputaciones genitales, el tapado del cuerpo, el borrado de nombres o apellidos propios y un largo etcétera para envolver adecuadamente al objeto.

 

 

Pero, siempre afortunadamente hay peros. Desde el llamado “siglo de las Luces” o más conocida como la Época de Ilustración, y sobre todo después de la Revolución Francesa, pudimos superar las estructuras de servidumbre social para creer y crear las estructuras y derechos de ciudadanía. Aunque a los varones se les olvidara que las mujeres también hicieron la revolución con ellos para conquistar los derechos de ciudadana.

 

Ya el Feminismo, en su primera ola, denunció el sometimiento del sexo femenino en la sociedad patriarcal y reivindicó el sexo de ser mujer también como sujeto de derecho (contra la jerarquía de los sexos, apoyo al sufragio universal y la educación de las niñas) y no solo objeto de deseo y poder de los varones por el simple hecho de nacer del sexo masculino.

 

Tres siglos llevamos las feministas, ahora en la cuarta ola, reivindicando otra vez a nuestro sexo como sujeto de derecho, libertad y justicia. Porque como mujeres racionales y con conciencia que somos al igual que los varones, nos alimentamos, nos movemos y nos reproducimos en una sociedad que han construido nuestros antecesores, pero también nosotras debemos ser exigentes con ese pasado para poder alimentar nuestro presente. Y digo bien presente, porque si miramos más lejos es posible que nos perdamos en la soledad de nuestra historia cuando las mujeres a través del Feminismo estamos apoyando y consiguiendo incrementar, sin violencias, los valores de la igualdad, libertad, justicia para una mejor sociedad y una mayor democracia. 

 

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