Cuando hasta los que recurren a la «gestación subrogada» se escandalizan del negocio de la explotación reproductiva

Miguel Bravo destapa el horror de My Donor Cycle & Surrogacy, la clínica americana de gestación subrogada a la que acudió

Cuando hasta los que recurren a la «gestación subrogada» se escandalizan del negocio de la explotación reproductiva

Miguel Bravo destapa el horror de My Donor Cycle & Surrogacy, la clínica americana de gestación subrogada a la que acudió

A finales de agosto de 2019, Miguel Bravo, estadounidense residente en Miami, contactó con My Donor Cycle & Surrogacy, agencia que opera desde 2008 en San Diego (California), fundada y dirigida por Lillian Frost. Quería obtener información, ya que tras indagar por internet sobre dos programas de subrogación –uno en Colombia y otro en Cancún– que le interesaban, tanto por su precio como por el reclamo de «bebé garantizado», necesitaba compararlos. La agencia de Frost –que era la que ofrecía el programa en Cancún– y que se anuncia como pionera por «compartir donantes de óvulos entre agencias» fue la elegida por Bravo. «Me decidí por el programa de subrogación Full Mexico Program para dos donantes de óvulos, FIVs ilimitadas, dos mujeres gestantes y dos bebés, con selección de sexo como servicio adicional. Una vez hechos los trámites, viajé a Guadalajara y conocí a Diana Aguilar, responsable de My Donor Cycle & Surrogacy en México».  

 

Ya en Guadalajara, Miguel Bravo constató de primera mano la estafa que dicha agencia hacía tanto a sus clientes como a las propias gestantes, con consecuencias vitales catastróficas para ellas y para los bebés. «Una gestante fue a un hospital en Cancún a dar a luz a un bebé para una pareja de alemanes y allí le dijeron que no la aceptaban porque los gastos de hospital no estaban pagados por la clínica; la mujer salió del hospital para ir al coche a llamar a Diana por teléfono y aclarar qué estaba pasando, pero terminó dando a luz en la calle, sin asistencia médica, y el bebé murió. Otro caso fue el de una mujer que una vez que dio a luz en California, no recibió ningún pago ni le proporcionaron el vuelo de vuelta a México, por lo que se quedó tirada en San Diego y con la deuda del hospital», explica Bravo.

 

La verdad de la mafia reproductiva

 

Esta cruel y terrible realidad sale ahora a la luz tras las conversaciones que mantuve con el estadounidense. Y es que, pese a nuestras radicales diferencias ideológicas, lo importante es que todo esto se va a conocer. Mientras que él pretende que con su testimonio «se comprendan socialmente y políticamente los abusos a los que son sometidas las mujeres pobres y los fraudes a clientes de subrogación para que los gobiernos tomen medidas al respecto». Por mi parte, como militante abolicionista de esta práctica y autora de esta entrevista para La Hora Digital, pretendo evidenciar que la regulación de la gestación subrogada en cualquiera de sus formas sólo sirve para abrir las puertas a abusos de toda índole y a la violación flagrante de los derechos humanos de las mujeres y de las personas recién nacidas. Quiero que este testimonio sirva para que los gobiernos tomen medidas y pongan fin a esta práctica deshumanizada y neoliberal, donde los deseos se erigen por encima de los derechos. Esta es mi entrevista con él.

 

 

  • ¿Sabías quién era Lilly Frost?

 

Sólo sabía que era la directora y fundadora de My Donor Cycle & Surrogacy, porque así aparece en la web de la agencia, y que ella misma había sido donante. En la web también aparece Diana Aguilar, de Guadalajara (México), encargada de reclutar a ovodonantes y gestantes en ese país y del programa de subrogación en México, aunque también tiene su propia agencia, Ovodonors, así como otras personas integrantes del equipo. Esto es lo que sabía, pero desconocía por completo que Lilly Frost había estado implicada en el caso del Planet Hospital de Cancún (que cerró repentinamente llevándose su dueño todo el dinero de los clientes y dejando en la calle a un montón de mujeres pobres embarazadas) y en otros asuntos muy turbios. 

 

En la web de My Donor Cycle & Surrogacy, Lillian Frost se presenta como pionera en compartir donantes de óvulos entre agencias. La palabra «ética» y sus derivados se cita tres veces en esas pocas líneas en las que se jacta de brindar el mejor servicio a los clientes, al mismo tiempo que se honra, se valora y se respeta a las donantes y gestantes. 

 

  • ¿Qué te ofreció Lilly Frost?

 

Me ofreció varios programas que podrían interesarme. Uno totalmente desarrollado en México, otro en Estados Unidos y otro híbrido. Me explicó que el de México y el híbrido tenían precios fijos y que en ese precio se incluían las donantes de óvulos, dependiendo, claro está, del precio de las mismas. También me dijo que las donantes de Estados Unidos costaban entre 10 y 20 veces más que las de México, pero que las de México eran mejores. 

 

  • ¿Qué es un programa híbrido? 

 

Es un programa cross border entre EE. UU. y México. Es decir, los clientes firman un contrato en EE. UU. en el que se estipulan las condiciones, pagos, términos de pago, etc., y son llevados a México, donde se coordina el proceso (contratación de médico, donante de óvulos y mujer gestante). Es muy frecuente que les exijan visa a las gestantes para viajar a EE. UU., porque a muchas las trasladan aquí para dar a luz. Se estipulan también otras opciones, por ejemplo, el sexo del bebé y que los contratantes puedan elegir parto vaginal o por cesárea. 

 

 

  • ¿Qué tipo de programa firmaste? 

 

Me decidí por el programa de subrogación Full Mexico Program para dos donantes de óvulos, FIVs ilimitadas, dos mujeres gestantes y dos bebés, con selección de sexo como servicio adicional. No se contemplaba ningún seguro de riesgo o de vida de la madre, sólo para los bebés como servicio adicional, pero sin especificar qué incluía ni en qué cuantía, aunque sí se planteaba a los clientes que cedieran fotos de los bebés a la compañía. Todo esto fue a mediados de septiembre de 2019, en San Diego, con Lylly Frost, y el coste era de 145 000 dólares. También firmé el contrato de fideicomiso. A partir de ese momento, Lilly me puso en contacto con Diana Aguilar, como coordinadora del proceso en México.

 

  • ¿Firmaste contrato con las madres?

 

No, ni firmé contrato ni llegué a conocerlas nunca en persona. Sólo vi fugazmente a una por videoconferencia que se llamaba Abigail. Yo sólo tenía que ir después de los partos a recoger a los bebés.

 

  • Así que viajas a México después de la firma del contrato en EE. UU.

 

Sí, porque como me habían dicho que en México me conseguían donantes de óvulos, gestantes y doctores y ese fue el programa que contraté, viajé a Guadalajara y allí conocí a Diana Aguilar, que es la que lleva los asuntos de My Donor Cycle & Surrogacy en México. Me enseñaron catálogos de donantes de óvulos (mayormente blancas) y de gestantes (mayormente de rasgos indígenas), con fotos y detalles de todo tipo para que pudiera elegir, y luego me fui a la clínica del doctor Saúl Ruíz, donde me pidieron una muestra de semen. Al día siguiente volvieron a pedirme más muestras. Me dijeron que la donante (de ascendencia ucraniana italiana) que yo había elegido vivía en Ciudad de México y que ya tenía 30 óvulos listos para ser extraídos, de los que debería proveer al menos 28, pero cuando fui a la clínica me encontré con que sólo había 11 óvulos y me pareció extraño, porque no me explicaron qué había pasado con el resto. Y volvieron a pedirme a mí más muestras de semen porque, según me dijeron, habían tirado las otras por error. Estuve cuatro días proporcionando muestras y como todo aquello no me parecía normal, empecé a quejarme y pedí cambiar de doctor.  

 

  • ¿Cuándo empezaste a sospechar?

 

Cuando Diana Aguilar me contaba con la mayor naturalidad horrores cometidos en Cancún ya me dio la impresión de que no le importaba nada lo que le hacían a la gente. Por ejemplo, el caso de una mujer gestante que va a un hospital en Cancún a dar a luz a un bebé para una pareja de alemanes y allí le dicen que no la aceptan porque los gastos de hospital no estaban pagados por la clínica; la mujer sale del hospital y va al coche a llamar a Diana por teléfono y aclarar qué estaba pasando, pero termina dando a luz en la calle, sin asistencia médica, y el bebé se murió. También me contó el caso de una mujer gestante que, una vez que dio a luz en California, no recibió ningún pago ni le proporcionaron el vuelo de vuelta a México, por lo que quedó tirada en San Diego, sin dinero y con la deuda del hospital. Y esto es frecuente que ocurra, según me contó Diana, porque la madre gestante ingresa con su nombre en el hospital y una vez que indica que ella no es la madre del bebé que acaba de parir, llegan los clientes con el contrato y la sentencia judicial de parentalidad debajo del brazo y les entregan el bebé, pero no tienen ninguna responsabilidad en la deuda contraída con el hospital, que se la dejan a la madre.

 

  • ¿Qué ocurrió cuando rechazaste al doctor Ruíz?

 

Como empecé a sospechar que estaban estafando a los clientes y a las propias gestantes y les dije que no quería más al doctor Ruíz, me asignaron al doctor Jacobo Dabbah en Ciudad de México, donde había abierto recientemente una clínica, y me dijo que se iba a encargar de llevar lo mío. Allí escogí nuevas ovodonantes y nuevas gestantes y volvieron a pedirme más muestras. Vino la primera ovodonante a la clínica con 30 folículos y le extrajeron 29. Esto fue un viernes. Como ya estaba todo preparado para hacer la transferencia embrionaria a la gestante el lunes siguiente, regresé a EE. UU. Ese mismo lunes llamé por teléfono al doctor, que me dice que no sabe nada de la transferencia, que no había gestante. Entonces me quejé a Diana y a Lilly, que no supieron darme ninguna explicación, pero me dijeron, como para contentarme, que por lo menos habían quedado a salvo seis embriones «triple A», genéticamente superiores, según ellas. Al rato, me contactó una ovodonante brasileña que yo hubiera querido elegir pero que no podía donar porque no habían pasado ni tres meses desde la ovodonación anterior y me contó que se había puesto en contacto con ella un cliente del doctor Dabbah al que le había dicho que ella sería su donante y ya había pagado al doctor por sus óvulos. Aquello empezaba a olerme cada vez peor.

Por último, me trasladaron a un tal doctor Cruz que supuestamente tenía una gestante. Su nombre era Abigail. Me invitaron a una videoconferencia con ella que fue una cosa muy fugaz, duró muy poco tiempo, así que apenas la vi.

 

  • ¿Qué hiciste entonces?

 

Hablé muy seriamente con Diana Aguilar y con Lilly Frost y les dije que iba a denunciarlas. Entretanto, me enteré por Diana de un chino que había contratado con ellas y les había pagado. Le dijeron al chino que la gestante había dado positivo en embarazo y él enviaba pagos todos los meses y recibía desde la agencia fotos e informes médicos de la gestante también todos los meses, hasta que un día le llamó Diana y le dijo «me da mucha lástima, pero no hay bebé». Le dijeron que ellas habían sido víctimas de la gestante, que las había engañado. 

 

Conseguí dar con el chino y me contó lo que había ocurrido en realidad: como las fotos y los informes se los enviaba la clínica, contrató a un investigador privado que localizó a la supuesta gestante y comprobó que no estaba embarazada, que las fotos que le enviaban eran de un embarazo anterior y que se las habían robado de sus redes sociales, que los informes médicos no eran suyos y que tenían que ser, por lo tanto, de otra mujer. En conclusión, que lo habían estafado.

 

  • Un horror tras otro…

 

En una conversación con Diana, me ofreció comprar un bebé en Guadalajara: «es como una adopción, yo conozco a embarazadas, sólo tienes que llamar a la embajada y enterarte del procedimiento». Cuando le dije que el procedimiento de adopción es largo y complicado y que lo primero de todo es que EE. UU. apruebe la adopción, me respondió: «no, no, el doctor Saúl te inventa los papeles para el registro». Me propusieron incluso que mi propia hermana –ya que no estoy casado– saliera del país con el bebé como si fuera suyo. Me empecé a preguntar si no estarían traficando con bebés robados. También me enteré de casos en que los clientes cambiaron de opinión y abandonaron a las mujeres en estado de gestación muy avanzado y sin tener ya opción a abortar, y de casos de abandono de bebés ya nacidos, algunos de ellos por nacer con problemas de salud. Casos tremendos, como el de un diplomático de un país europeo que le abonó a Diana por adelantado el coste de un buen hospital privado en México y ésta se gastó el dinero, con lo que la mujer fue enviada a dar a luz en un cuartucho inmundo en un callejón que no contaba con el más elemental equipamiento. A resultas de las malas condiciones en las que tuvo lugar el parto, la niña tiene hemiplejia, la mitad del cuerpo paralizado. 

 

Diana me contó también el caso de una muchacha de Guadalajara que estaba embarazada por encargo y a los 6 meses de gestación notó que el feto se había muerto. Efectivamente, le hicieron pruebas y el corazón había dejado de latir. Ella pedía que se lo sacaran, pero Diana se había gastado el dinero de los clientes y le respondió que lo mantuviera dentro hasta los 9 meses. Y éste y otros horrores me los contaba Diana como si fuera lo más normal del mundo. 

 

  • ¿Conociste casos de algún español?

 

Sí, sé de un español que tiene problemas de esterilidad al que Diana le ofertó comprar un bebé y presentarse en la embajada española con papeles que acreditarían que el bebé es hijo suyo, o sea, documentos ficticios que servirían para tramitar el pasaporte al bebé haciéndose pasar él por su padre y sin necesidad de hacer pruebas de ADN. Este hombre ya pagó a Diana por ese bebé que está ahora en camino, y se trata obviamente de la compra de un bebé a una mujer pobre que esté embarazada y con necesidad de dinero. Me pregunto cuántos casos habrá así.

 

  • ¿Interpusiste denuncia finalmente?

 

Pues verás, en abril de 2021 me dijeron que logré un embarazo, pero no me aportaban ninguna prueba. Como yo ya andaba con la mosca detrás de la oreja después de tantas mentiras y del otro falso embarazo, traté que Abigail se reuniera con un abogado y confirmara su embarazo de forma independiente, pero nunca lo logré, nunca presentaron a la gestante para la prueba de embarazo. 

 

En mayo, el doctor Hedgar Cruz le escribió a Lilly para preguntar por mi dinero para cubrir los gastos prenatales, el parto y los trámites legales del nacimiento, ya que, según él, Abigail ya estaba de 7 semanas y yo no había pagado, y que en esas circunstancias él se desentendía del seguimiento del embarazo y del parto. ¡Pero ese dinero yo ya lo había pagado! Es más, 3.200 dólares de mi dinero se usaron para pagar una histeroscopia a otra mujer. En julio de 2021, nos llegó a un montón de clientes de My Donor Cycle un correo del doctor Hedgar Cruz en el que detallaba lo que había pagado cada uno y lo que debía y en concepto de qué, sin respetar el más mínimo secreto profesional. A mí me decía que Abigail ya estaba en la semana 16 de embarazo. 

 

Como seguía sin tener ninguna prueba del supuesto embarazo, me di cuenta de que todo había sido una estafa: había transferido alrededor de 120.000 dólares y me quedé sin nada. Y como estaba muy preocupado porque ya tenía sospechas fundadas de que estaba en manos de un cártel de criminales, llamé al FBI y el FBI me contactó inmediatamente para mantener una conversación en mi casa. Me dijeron que llevaban tiempo investigando a ese grupo por trata de personas, fraude en visados, abusos a mujeres, a las que dejaban tiradas con la deuda del hospital donde habían dado a luz, sin pagarles lo acordado o pagándoles mucho menos (si por ejemplo habían acordado 15.000 dólares, les pagaban sólo 7.000). Así que denuncié formalmente en el verano de 2021 y el FBI lleva investigando desde entonces. Conozco ya a unas veinte personas que fueron víctimas de robos, estafas y engaños horrorosos por parte de Lilly Frost y sus secuaces. Hemos formado un grupo y contratado asistencia jurídica para llevar a cabo demandas civiles y criminales. Por su parte, el FBI sigue recabando información de otras personas. Se quieren asegurar de que los investigados no puedan escapar impunes, porque además parece ser que existe conexión con Rudy Rupak, del Planet Hospital de Cancún. 

 

  • ¿Seguiste indagando en el pasado de Lylly Frost?

 

Sí, empecé a indagar. Un día encontré en un foro de gestación subrogada un comentario sobre My Donor Cycle & Surrogacy que decía “Lilly Frost, la directora ejecutiva, es una estafadora. No confíe en estas personas ni en nadie con quien estén asociadas”. Así que tiré del hilo y me di cuenta de que estuvo involucrada en muchísimos escándalos que saltaron a los medios. Por ejemplo, existe un documental de 2015 de Channel 4 titulado El oscuro mundo del floreciente negocio de bebés en México en el que se cuenta cómo una mujer temió por su salud al haberle sido implantado un embrión con esperma infectado de VIH sin su conocimiento; se enteró casi a los seis meses de embarazo y había sido reclutada por la empresa de Lilly Frost, que por entonces se llamaba Surrogacy Beyond Borders. Otra mujer contaba que no le pagaban ni para comer durante el embarazo y que se moría de hambre. Y mientras Lilly Frost frivolizaba con el riesgo de infección por VIH y la escasez de comida, la propia coordinadora de la empresa reconoció a Channel 4 que todo lo que contaban aquellas mujeres era cierto. 

 

En ese documental también se habla del escándalo del Planet Hospital, la agencia de subrogación Rudy Rupak (uno de los muchos alias que utilizaba el acusado Acharaya) que operaba en Cancún y que cerró repentinamente llevándose todo el dinero de sus clientes y dejando en la calle a un montón de mujeres pobres embarazadas. Pues bien, Lilly Frost tenía una estrecha conexión con Rudy, ya que su empresa My Donor Cycle era una de sus proveedoras de óvulos. Además, Rupak usaba el dinero de los nuevos clientes para pagar los tratamientos de los clientes existentes y transfería esos fondos a My Donor Cycle, la empresa de Lilly Frost. Después del escándalo del Planet Hospital, Lilly creó la empresa Surrogacy Beyond Borders en Cancún, pero una mujer que se había fugado de su albergue para gestantes denunció que tenían secuestradas a unas doce mujeres para parir hijos por encargo y viviendo en condiciones inhumanas. Una auténtica granja de mujeres. Las reseñas sobre Lilly Frost en redes sociales, blogs y youtube son aterradoras y dan cuenta de la pesadilla que vivieron muchas mujeres que intentaron sacarse un dinero donando óvulos y terminaron en el hospital con síndrome de hiperestimulación ovárica, o en la calle, más empobrecidas si cabe, endeudadas con el hospital y teniendo que hacerse cargo de otro hijo que no deseaban tener y que seguramente tendrán dificultades para alimentar y criar. 

 

Berta O. García es investigadora, experta en explotación reproductiva y copresidenta de la Coalición Internacional CIAMS

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