“El deporte femenino debe ser protegido e incentivado, no perjudicado”

Entrevista a Irene Aguiar, graduada en Administración y Dirección de Empresas y Derecho y Máster en Derecho y Gestión Deportiva

“El deporte femenino debe ser protegido e incentivado, no perjudicado”

Entrevista a Irene Aguiar, graduada en Administración y Dirección de Empresas y Derecho y Máster en Derecho y Gestión Deportiva

Cuando Irene Aguiar acabó sus estudios se vio en la tesitura de elegir entre Derecho y Deporte. En lugar de optar por una de sus dos pasiones abrazó ambas. “En el deporte hay mucho por avanzar en derechos de la mujer, así que decidí especializarme en derecho deportivo teniendo siempre en mente que quería hacer algo por los derechos de las mujeres”. Desde entonces esta reconocida profesional ha trabajado con clubes deportivos femeninos y ayudado a deportistas acosadas. Ahora, ha dado un paso más al frente y se ha convertido en una de las voces más reputadas contra el borrado de las mujeres en el ámbito deportivo. “Creo fielmente en el poder transformador del deporte y en su papel transmisor de importantes valores para la sociedad. Es el momento de ayudarlas a defender su derecho a acceder al deporte en igualdad de condiciones”.

Por eso ahora esta asesora deportiva y profesora en diversos programas de Universidad y postgrado tiene claro que la identidad sexual sentida está haciendo perder los derechos aun no conquistados por las deportistas. “Desgraciadamente lleva ganando terreno a la realidad biológica en el deporte desde hace años. La realidad es que los hombres tienen una superioridad física sobre la mujer: tienen mayor masa total, mayor masa y densidad muscular, menor masa grasa, mayor densidad ósea, mayores pulmones y corazón… Todo ello se traduce en una ventaja deportiva: son más fuertes, más rápidos y tienen una mayor capacidad para producir fuerza y potencia”, explica a La Hora Digital. 

 

Defender lo justo

 

Para esta experta feminista dicha realidad permanece independientemente de la identidad sexual que pueda sentir cada persona. “Las organizaciones deportivas están obviando esto, salvo honrosas excepciones, y permitiendo la participación en función de la identidad sexual sentida en lugar del sexo biológico. Si no se alza la voz contra esta injusticia, cada vez serán más las mujeres expulsadas de las competiciones, pódiums y récords femeninos”.

 

Es más Aguiar apunta a que el lema para apoyar la Ley Trans: el de dotar de derechos humanos al colectivo, se vale de una propaganda que cuanto menos es poco específica. “Se suele hablar de que la Ley Trans reconocerá derechos humanos a las personas trans o que los derechos trans son derechos humanos, pero los derechos humanos ya están reconocidos entre los instrumentos internacionales y son de aplicación directa. No es que los derechos trans sean derechos humanos, es que los derechos humanos son tanto de personas transexuales como no transexuales, pues, por definición, son inherentes a todos los seres humanos.

 

  • ¿Cómo defines que la identidad de género sea equiparable como categoría deportiva al sexo y que por lo tanto sea factible autodeterminar el sexo legal?

 

No creo que la identidad de género tenga cabida en el sistema de categorización deportiva. El deporte se basa en la igualdad de condiciones y para ello se divide en categorías. Las categorías deportivas buscan establecer un “campo nivelado” entre quienes participan, por ello se categoriza en función de la edad, del sexo y, en algunos deportes, también del peso. Los criterios obedecen a realidades materiales y objetivas, no a sentimientos. Por eso una futbolista de 25 años no podría competir en alevines, aunque se sintiera joven; o un boxeador de 95 kg no podría competir en peso mosca, aunque se sintiera delgado.

 

  • ¿De qué manera afecta “el copia y pega” que se está haciendo en las comunidades autónomas de la normativa trans al deporte femenino?

 

Son muchas las leyes “Trans” autonómicas en las que se establece que debe permitirse competir en la categoría del sexo atendiendo la identidad sexual sentida en lugar del sexo biológico. En todos los casos, sea cual sea la realidad física que haya detrás, se acredita exclusivamente mediante la palabra. Creo que esto es un error. De ningún modo debería ser la norma que cada cual compita conforme a lo que “sienta”: la norma debería ser competir conforme al cumplimiento de los requisitos objetivos de las categorías (sea edad, sexo, peso o cualquier otro) y, a partir de ahí, que cada caso se estudie para ver si es posible hacer una excepción a la norma. En estos términos, y partiendo de esa superioridad física que tienen los hombres, la injusticia para las mujeres es evidente.  

 

  • El silencio y el miedo entre las deportistas son la norma y salvo algunas voces -que casualmente se alzan porque ya no compiten y por tanto no tienen nada que perder- no se atreven a decir lo que piensan.

 

Así es. Hay mucho miedo por hablar y ser señalada como “tránsfoba”, porque es lo que sucede hoy en día: cualquier disidencia hace que se te señale como tal, aunque esta cuestión nada tiene que ver con odiar o tener aversión hacia las personas transexuales. Los y las deportistas dependen mucho de su imagen y esto puede causar recelo en su club, federación o en las marcas que les patrocinan por miedo a que les “salpique” esa acusación. Las marcas no querrían verse tachadas de “tránsfobas” o de apoyar a una persona “tránsfoba”. Así que tienen miedo a que afecte a su carrera deportiva y a su sustento económico. Ojalá lo pierdan, porque tarde o temprano les puede afectar. Ojalá que deportistas e instituciones pierdan el miedo a hablar públicamente de lo que es realmente una injusticia. A la mujer le costó mucho acceder a la práctica deportiva, y a día de hoy sigue habiendo una gran desigualdad. 

 

  • ¿Crear o ampliar a una categoría trans sería la solución?

 

A mí, personalmente, no me lo parece. Supondría crear una categoría en función de sentimientos, en contra del resto, que se basan en realidades objetivas. Creo que resulta más discriminatorio todavía, porque sería relegar a las personas transexuales a la otredad y no creo que a ellas les traiga felicidad. Creo que lo lógico, por la evidencia disponible, sería mantener las categorías por sexos biológicos, que cada cual compitiera conforme al mismo y que normalizáramos que pudieran competir mujeres transexuales, con cuerpo biológico de hombre, en competiciones masculinas; y hombres transexuales, con cuerpo biológico de mujer, en competiciones femeninas. 

Hay casos, como el de Quinn con la selección de fútbol femenino de EE.UU. o el de Jaiyah Saelua con la selección de fútbol masculino de Samoa Americana, y otras personas transexuales que apoyan esta tesis, como el oro olímpico Caitlyn Jenner. Pero, en fin, sea cual sea la solución que se busque, lo que tengo claro es que no puede pasar por el perjuicio a los derechos de las mujeres. Y es por donde está pasando.

 

 

Efectivamente, en ocasiones (especialmente, en los deportes de contacto) se vuelve una cuestión no solo de justicia deportiva o de no discriminación de la mujer, sino de su integridad física. La superioridad física a igual peso y altura del hombre sobre la mujer es perfectamente conocida, y aun así se está permitiendo la participación de hombres biológicos que se sienten mujeres en las competiciones femeninas, pues es lógico que estas cosas pasen. Por ello, entre otros motivos, World Rugby adoptó la determinación de que debía respetarse el criterio del sexo biológico. El resto de federaciones deben afrontar también esta cuestión, espero, más pronto que tarde.

 

Nuria Coronado Sopeña es periodista, conferenciante y formadora en comunicación no sexista. Además es autora de Mujeres de Frente y Hombres por la Igualdad (Editorial LoQueNoExiste); Comunicar en Igualdad (ICI), documentalista de Amelia, historia de una lucha (Serendipia) y Premio Atenea 2021 @NuriaCSopena

 

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