Día de Reyes Magos, vísperas de nada

Día de Reyes Magos, vísperas de nada

Ellos mueren o matan. Ellas son violadas o asesinadas. Son los niños y las niñas de la guerra. Esclavas y esclavos sexuales. Ocurre todos los días en cualquiera de los países señalados con banderitas en el mapa de la violencia que orla las salas de los Estados mayores militares. Son las víctimas de los genocidios larvados, silentes. Los periódicos no titulan a cinco columnas. Nadie habla de ellos. Menos aún la Conferencia Episcopal de la católica Iglesia española, protagonista y cómplice de las violaciones de otras niñas y de otros niños, también esclavas y esclavos sexuales de pederastas camuflados bajo sus hábitos eclesiales o deportivos o profesorales. De todo hay en la viña de su Señor. Por silenciar, silencian incluso a su guía espiritual, el Papa Francisco, elegido por una paloma comunista expulsada del paraíso donde moran el Padre y el Hijo.

Aquí hemos debatido si se permitía o no, el desfile de las carrozas de los Reyes Magos, cuantos niñas y niños permitimos que asistan a la representación teatral de una leyenda en la que ya solo creen los padres, los grandes centros comerciales y los oligarcas de la juguetería. Bajo la Corona de los tres concejales, convertidos en magos portadores de cajas vacías, no cabe ya más fariseísmo ni más mentiras.

 

Hoy es 6 de enero, la llaman la fiesta de los niños, irrenunciable para quienes han convertido la frase “Dejad que los niños se acerquen a mí” en el paradigma de su hipócrita doctrina, olvidando la maldición más dura de Jesús de Nazaret, que no de Roma. “Ay de aquel que escandalizara a uno solo de estos mis pequeñuelos. Más le valdría ponerse una rueda de molino al cuello y arrojarse al mar”. ¿Legaliza el bebé de Belén la eutanasia y el suicido asistido?

 

Ninguno de los que desfila ante los nacimientos navideños se lo pregunta a esa rechoncha figurita de porcelana que nada tiene que ver con la desnutrida que, dicen, nació en ese Belén palestino hoy acosado y bombardeado por un Estado israelí asesino de niños hambrientos, sin portal donde refugiarse ni Magos que los alimenten. Ese niño desnutrido hecho hombre será quien prohíba la entrada en su paraíso a los ricos explotadores que condenan a muerte a millones de niños. Muestro los datos fríos:

 

Estos son los objetivos de la ONU fijados en 2015 para desarrollar hasta 2030:

- Poner fin a la pobreza y al hambre

- Promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas

-Reducir en dos terceras partes la mortalidad infantil y maternal

-Combatir las pandemias

-Un crecimiento económico sostenible que garantice un trabajo decente para todos

 

Esta es la realidad en el año 2021:

155 millones de niños menores de cinco años están afectados por desnutrición crónica

6,3 millones de niños menores de 15 años murieron por falta de atención primaria

8.500 niños mueren cada día de hambre

El 80% de la mortalidad infantil tiene su origen en el nulo saneamiento de las aguas.

1,2 millones de niños mueren a causa de diarreas

El SIDA, ahora VIH, dejó huérfanos a 18 millones de niños al final de la primera década del siglo XXI

 

La misma Asamblea General de la ONU que ha fijado estos objetivos, definió en 1948 lo que era genocidio. Transcribo de forma literal.

 

En el presente convenio, Genocidio significa cualquiera de los actos siguientes cometidos con intención de destruir, íntegra o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:

  1. Matar a miembros del grupo
  2. Causar serio daño físico o mental a miembros del grupo
  3. Someter deliberadamente al grupo a condiciones de vida tales que resulten en su destrucción física íntegra o parcial
  4. Imponer medidas dirigidas a impedir nacimientos dentro del grupo
  5. Trasladar por la fuerza a niños del grupo a otros grupos

Todos estos casos retratan perfectamente la realidad que sufren dos grupos, los niños y las mujeres. Un genocidio que las élites políticas, económicas y religiosas, provocan con su silencio cómplice, cuando no activo.

 

Hoy los campos de exterminio no se llaman Auschwitz, Treblinka… Se llaman Somalia, Etiopía, Níger, Yemen, Afganistán, Camerún, La Cañada Real, Lesbos, Libia, Lampedusa, Ceuta… donde se hacinan hombres, mujeres y niños. Mano de obra barata para enriquecer un sistema  que los abandona a su suerte cuando la economía liberal los expulsa.

 

Y cuando el horizonte de 2030 desaparezca ante nuestros ojos, todo seguirá igual, inmutable desde hace 21 siglos. La agenda de revoluciones pendientes será la misma: Corrupción, pedofilia, igualdad de género, pobreza, ignorancia, enfermedad, usura, explotación… Fruslerías, a la gente lo que le importa es la economía y la cabalgata de Reyes. Con la Iglesia y el nacional-ayusismo hemos topado, pobre niño cabrero. Cada 5 de enero tus abarcas seguirán vacías en la ventana fría.

 

 

 

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