“La Ley Trans pide mentir a los profesionales diciendo que se puede cambiar de sexo y reafirmar a pacientes en la medicalización de por vida”

“La Ley Trans pide mentir a los profesionales diciendo que se puede cambiar de sexo y reafirmar a pacientes en la medicalización de por vida”

Harta del lobbie queer y de las consecuencias que tiene para la salud en menores el anteproyecto de la Ley Trans, Verónica -la cuenta anónima en Twitter de una enfermera-, denuncia que la acción legislativa del Ministerio de Igualdad “supone un antes y un después en la atención sanitaria a menores y personas adultas con disforia género” y que con el argumento de la identidad sexual cancela al colectivo transexual para el que se supone nace. “Iguala a quienes tienen un malestar clínicamente significativo, con quienes simplemente desean ser nombrados como hombre o mujer y no presentan disconfort alguno con su cuerpo”. Además, añade que la "Medicina se basa en la evidencia y no en las creencias" y que lo que se está haciendo desde el Gobierno “es un ataque frontal contra el conocimiento científico. No hay evidencias de la existencia de la identidad de género ni sobre la seguridad del uso de bloqueadores a largo plazo”.

 

Y es que, para esta profesional que declara que  jamás “va a pedir perdón por nombrar a las mujeres ni las patologías o particularidades propias del sexo femenino”, el anteproyecto de Irene Montero, es sinónimo de barra libre en un bar con la diferencia de que, en lugar de chupitos, se pretende que “sin valoración y diagnóstico por parte de psiquiatría o la psicología y el equipo multidisciplinar que decidía si se empezaba con terapia hormonal o, en el caso de menores, con bloqueadores de la pubertad, en los que había que tener en cuenta unos criterios de inclusión, se pretende que desde endocrinología se pauten estos tratamientos por mera petición del paciente, lo que supone que niñas y niños que presenten un disconfort con su cuerpo sexuado o que simplemente hayan creído que han nacido en el cuerpo equivocado y que ser de un sexo u otro se puede elegir, puedan solicitar detener su desarrollo sin que pueda cuestionarse por sus progenitores o las profesionales que le atiendan”. 

 

Pero ¿cuáles serán las consecuencias en la práctica clínica sobre cualquier profesional que busque el porqué del deseo de una persona a tener la anatomía del sexo contrario? Verónica lo tiene claro: “Sobre él o ella recaerá la acusación de aplicar terapias de conversión. No importará si una de esas niñas tiene un Trastorno del Espectro Autista o uno de los niños ha sido víctima de abusos sexuales, y que éstos sean la causa de esa aversión a su cuerpo, porque no podremos cuestionar que su identidad de género no sea real, ya que parece ser que los seres humanos no nacemos mujer u hombre, sin embargo, si nacemos cis o trans”, afirma. 

 

La medicina del silencio

Ante tal panorama tiene claro que en el mundo sanitario lo que va a imponerse frente a la salud será la ley del silencio. “Nadie va a arriesgarse a que le caiga una acusación de este calibre, a pagar sanciones o incluso a perder su prestigio profesional”. Un mutismo que no es baladí. “Como profesionales tenemos que hacernos ciertas preguntas. Si por mera voluntad se puede solicitar el acceso a hormonas o cirugía, ¿qué datos constarán en la Historia Clínica para poder pautar el tratamiento o qué diagnóstico haremos que justifique las cirugías en las que se amputen miembros sanos? Si la identidad sexual no tiene nada que ver con la salud o la enfermedad, ¿por qué debemos atenderlo desde los centros sanitarios? ¿Debemos pautar medicación con graves efectos adversos si esta no sirve para promover, conservar o restablecer la salud? ¿Están cumpliendo los pacientes con su deber de responsabilizarse del uso adecuado de las prestaciones terapéuticas?”. Para contestar a más dudas La Hora Digital habla con ella.

 

  • ¿Por qué si a lo largo de la historia ha habido varios dilemas éticos en el seno de la Medicina y se ha respondido a ellos ahora no se hace con la Ley Trans?

Eso mismo me pregunto yo. ¿Por qué hemos decidido que es mejor cambiar a niñas o niños y someterles a tratamientos experimentales que educar a toda la sociedad en la eliminación de estereotipos sexistas? Seamos realistas, ¿cuántas o cuantos de los menores que acudirán a las consultas de pediatría de Atención Primaria diciendo que se identifican con el sexo contrario lo único que querrán será por poder vestirse, jugar o relacionarse de las formas en las que aun hoy se siguen viendo como correspondientes de niñas o niños?

Parece que fueran lo suficientemente autónomos para decidir su identidad de género, pero no para cortarse el pelo o jugar con muñecas. Si nos dedicamos a atender a menores debemos hacernos, y hacerles, las siguientes preguntas: ¿Por qué se identifica del sexo contrario? ¿Qué considera que es una niña o un niño? ¿Qué cree que identifica a las niñas o los niños? Veremos que si no se contesta a ellas haciendo referencia a la biología se hará basándose exclusivamente en estereotipos sexistas. 

Es evidente que estas preguntas son las que se deberían estar haciendo hoy en día en las consultas de especialistas, y que las y los menores que continúan en seguimiento es porque presentan una aversión marcada hacia sus características sexuales y un fuerte deseo de tener los del sexo contrario. Sin embargo, nos plantamos ante una ley que nos va a impedir hacer este diagnóstico diferencial. No podremos plantearle al menor de dónde surge esa idea de pertenecer al otro sexo, puesto que hacerlo sería considerado terapia de conversión.

 

  • ¿Pero esto sería tan fácil como entender que como profesionales tenéis que haceros estos planteamientos no como cuestión moral sino de ética profesional?

Así es. Se trata de tener los principios éticos de no maleficencia y beneficencia siempre en mente. ¿Estamos primando el beneficio frente al riesgo si ni siquiera se nos permite valorar estos, si solo ejecutamos el deseo de quienes vienen a las consultas? Y, por otro lado, ¿estamos realmente permitiendo que tomen decisiones autónomas? La autonomía tiene que ver con tomar decisiones sobre la propia salud después de haber recibido información veraz por parte de profesionales, pero no se puede tomar una decisión autónoma si no se tienen opciones, si las y los profesionales solo pueden reafirmarte en tus ideas. En esa información debemos dejar claro que el sexo es inmutable, que se expresa en cada una de las células y que hace que por ser mujer se tenga más posibilidades de tener una enfermedad autoinmune o por ser hombre de fallecer a causa de un tumor. Lo que podemos cambiar es la estética, incluso los órganos sexuales, pero, aunque aparentemente se vean parecidos a una vagina o un pene, no los son y por supuesto estas cirugías no están exentas de complicaciones.

 

  • ¿Hay dejación de funciones cuando como profesional se acepta esto sin ningún tipo de cuestionamiento?

Nuestro deber es promocionar la salud y prevenir o tratar la enfermedad y no lo estaremos haciendo si lo único que hacemos es reafirmar a pacientes en ideas que les abocan a la medicalización de por vida. Se habla mucho en el texto de la igualdad en el trato, pero precisamente esta ley impide que tratemos a las personas con disforia de forma igualitaria. Por un lado se les está impidiendo un diagnóstico y el acceso a especialistas que busquen si pudiera haber un motivo para el desarrollo de la disforia, y por otro se nos pide como profesionales que les mintamos diciéndoles que pueden cambiar de sexo, les ocultemos el proceso por el que están pasando (asegurándoles que no es un trastorno de la sexualidad), les atendamos sin basarnos en la evidencia científica (no se ha descubierto que exista una identidad sexual innata cuya presentación se encuentra en el cerebro) y no valoremos el riego-beneficio de las intervenciones a las que se van a someter (ya que debemos proporcionarles lo que ellas/os demanden sin cuestionarlo).

 

  • El resultado es que a quienes levantáis la voz se os acusa de falta de empatía. 

Es que nada tiene que ver ser empática con las personas que verbalizan malestar con su cuerpo o deseos de pertenecer al sexo contrario con reafirmarles en esos pensamientos. Pensémoslo de esta manera: si una niña te dice que se siente mal con su peso o su imagen, indagas en el porqué e intentas abordarlo de la manera menos cruenta posible, no le ofreces liposucciones ni le proporcionas dietas restrictivas, pero si te dice que se siente mal con sus características sexuales no lo puedes analizar o si no la estarías discriminando, por lo que le ofreces hormonas y poder hacerse una mastectomía, ¿tiene sentido? 

 

¿Estamos siendo poco empáticas con las niñas que presentan un Trastorno de la Conducta Alimentaria al no reafirmarles sus ideas o simplemente estamos acusando a quienes se oponen a las terapias afirmativas de género de falta de empatía para lograr que no cuestionen la ideología de género? Ni que decir tiene que la falta de empatía se está teniendo desde las instituciones al banalizar la disforia de género e igualar el proceso por el que pasan estas personas con quienes simplemente quieren que se dirijan hacia ellas o ellos con otros pronombres.

 

  • Por si esto no fuera poco se quiere justificar la administración de bloqueadores de la pubertad diciendo que son reversibles.

Así es. Se dice que son reversibles, pero obvian los efectos adversos que puedan causar no lo son. Para que la gente lo entienda y salvando las distancias, es como si dijéramos que no pasa nada por tomar anticonceptivos hormonales porque en cuanto dejas de tomarlos puedes quedarte embarazada, y efectivamente es así, pero si por estar tomándolos has sufrido un accidente cerebro vascular y a consecuencia de ello no puedes mover la parte derecha de tu cuerpo, eso no es reversible. Algo parecido pasaría con los bloqueadores ya que cuando dejas de tomarlos se restablece el equilibrio hormonal, pero si por estar en tratamiento por un tiempo prolongado hay disminución de la densidad ósea o una atrofia de los órganos sexuales, eso no es reversible. 

 

Sé que puede haber gente que se asuste al leer esto porque tiene algún menor en casa que ha necesitado de estos medicamentos al tener un diagnóstico de pubertad precoz, pero debe saber que estamos hablando de las consecuencias en un consumo prolongado. Es decir, este tratamiento se administraba debido a las consecuencias físicas y psicosociales que pudiera tener en el menor la pubertad precoz, así como en su vida adulta, y además se administran durante un tiempo delimitado, hasta el momento en que por edad le correspondiera comenzar la pubertad. Se analizaba el riesgo-beneficio y se limitaba su uso a un tiempo mínimo. Sin embargo, estamos planteando dar esta medicación cuando el desarrollo del menor es el que se espera para su edad y hacerlo hasta los 16 años, cuando se empezarían a dar hormonas del sexo contrario. 

 

Cualquiera con acceso a internet puede buscar la ficha técnica de los análogos de la GnRH proporcionada por la Agencia Española del Medicamentos y Productos Sanitarios, y por poner dos ejemplos, en el caso de la triptorelina nos informan de los estudios en pubertad precoz, sin embargo, en el caso de la leuprorelina nos dice claramente que “no se ha establecido la seguridad y eficacia en pacientes pediátricos”. Por tanto, no está recomendado en niños o adolescentes hasta que se disponga de datos de eficacia y seguridad” y el uso prolongado en población pediátrica de estos medicamentos es experimental y se desconocen las consecuencias, las únicas conclusiones que podemos sacar es sobre los efectos que ha tenido su uso a largo plazo en adultos o en menores que a día de hoy están pasando por un proceso de destransición y están informando sobre las consecuencias en su salud que han tenido los bloqueadores y posteriormente la hormonación.

 

 

  • Los estudios que se pretenden silenciar son los que demuestran que sin terapia de reafirmación la tasa de menores que desisten en la idea de transicionar pasada la adolescencia es elevadísima.

Ni eso ni que la tasa de menores que continúan con hormonación cruzada después de haber tomado bloqueadores de la pubertad, también lo es. Por tanto, dejarles desarrollarse y explorar su sexualidad hace que la mayoría desistan, y muchos terminan declarándose homosexuales o bisexuales, mientras que, si intervenimos, muy seguramente, les estamos condenando a tener que medicarse en algunos casos de por vida, y la combinación bloqueadores más hormonación cruzada tendrá consecuencias muy serias en su salud como es por ejemplo el daño de la función reproductiva.

Sabiendo esto, cabría abrir un debate sobre la conveniencia de administrar bloqueadores de la pubertad y hormonas cruzadas en menores aún con un diagnóstico, en lugar de poner el foco tanto en la psicoterapia como en la educación no sexista, puesto que éstos podrían arrepentirse y habríamos impedido un desarrollo saludable y el objetivo de no tener que intervenir quirúrgicamente si persisten en el deseo de pertenecer al otro sexo se habría vuelto la causa de malestar de quienes una vez superada la adolescencia decidan desistir en la idea de transicionar. 

 

  • ¿Qué otras implicaciones tiene esta ley tiene en el ámbito sanitario?

Se pretende dar formación a profesionales de la sanidad sobre identidad de género, negando la importancia e incluso la existencia del sexo, diciendo que este se asigna. Sería el equivalente a dar cursos al personal de radio física que se basen en teorías que defienden que los átomos no existen. Habría que saber cómo podríamos formar al alumnado de ahora en adelante si no podemos nombrar a las mujeres y hombres, pues ser mujer u hombre no es una realidad material sino una condición elegible. 

 

¿Cómo podremos hablarles de los diferentes síntomas del infarto en mujeres y hombres si no existen mujeres y hombres, sino que cualquiera puede ser lo que quiera? ¿Cuál será la esperanza de vida de las mujeres o la prevalencia de diabetes en hombres? No sabremos, puesto que a partir de ahora las estadísticas diferenciadas por sexo no podrán hacerse ya que cada cual podrá ir al registro a cambiar el sexo jurídico. Es cuanto menos curioso que hablen en el anteproyecto de ley, tanto en el artículo 6 como en el 46.3, de la importancia de las estadísticas y estudios científicos en problemas específicos de la comunidad trans, sin embargo, no sabemos cómo van a solventar la problemática a la que se enfrentarán las investigadoras o investigadores que pretendan hacer estudios en los que el sexo sea una variable importante, si estos tienen que extraer datos de los organismos oficiales en los que aparecerá el sexo elegido. De la invisibilización de la mujer y sus problemas de salud no hace falta que digamos que seguirá como hasta ahora, ¿cómo vamos a estudiar las particularidades del sexo femenino si este no existe, sino que se elige?

 

  • ¿Qué hay de que se pueda cambiar el sexo registral por mera voluntad y sin un diagnóstico de disforia supone un dilema en la gestión de camas de los hospitales?

Hasta ahora, al menos en los hospitales en los que yo he trabajado, cuando había un ingreso de una persona con disforia (previo a las cirugías de “cambio de sexo”) se le intentaba buscar una habitación individual para preservar su intimidad, pero ahora se nos plantea la problemática de que cualquiera pueda ir por propia voluntad al registro y cambiar su sexo. Éste aparecerá en las Historias Clínicas igual que en el registro y habrá casos en los que nacidos varones que cambien su sexo a mujer, ingresarán en habitaciones compartidas de mujeres, independientemente de si han hecho algún cambio estético o no. Las mujeres que sientan que es una invasión a su intimidad o que se sientan incómodas cuando se las asee desnudas al otro lado de la cortina, no podrán quejarse o se podrían enfrentar a una denuncia por delito de odio.

 

  • ¿Cuál es entonces tu conclusión?

Una muy sencilla y directa. Si hubiera que hacer alguna modificación en la atención a estas personas no sería despatologizar la disforia sino la eliminación de los criterios diagnósticos sexistas, que, aunque no son por si solos una base para el mismo, se siguen teniendo en cuenta. Y por supuesto lo que deberíamos hacer con este y con todos los problemas de salud mental es eliminar el estigma que aún hoy hay sobre ellos.

 

Nuria Coronado Sopeña es periodista, conferenciante y formadora en comunicación no sexista. Además es autora de Mujeres de Frente y Hombres por la Igualdad (Editorial LoQueNoExiste); Comunicar en Igualdad (ICI), documentalista de Amelia, historia de una lucha (Serendipia) y Premio Atenea 2021 @NuriaCSopena

 

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