A Pablo Casado se le están comiendo la merienda

Con el adelanto electoral de Castilla y León, a febrero, empieza el desfile electoral con el que el PP pretende afianzar su liderazgo y forzar unas elecciones nacionales adelantadas. Casado languidece, o espabila o se le comen el bocadillo.

A Pablo Casado se le están comiendo la merienda

Con el adelanto electoral de Castilla y León, a febrero, empieza el desfile electoral con el que el PP pretende afianzar su liderazgo y forzar unas elecciones nacionales adelantadas. Casado languidece, o espabila o se le comen el bocadillo.

Cuando el líder de la oposición, Pablo Casado, le espetó al presidente Sánchez en pleno Parlamento “qué coño tiene que pasar para que usted asuma responsabilidades”. En realidad fue un acto fallido y hubiera querido decir: “¡que coño tiene que pasar para que usted se vaya ya de una vez!”. Fue la peor versión del “váyase señor González” (1996) o el “váyase señor Zapatero” (2012).  Pablo Casado, que además tiene la bronca en casa -con Díaz Ayuso en Madrid- "que le saca de quicio" y también entre socios -con Vox pisándole los talones en Andalucía y otras regiones- está a punto de perder ya todos los papeles. Por si fuera poco, ahora empieza el desfile de elecciones anticipadas, en Castilla y León acaba de convocar Mañueco. En Andalucía, nadie piensa que sean más allá de marzo o abril. Hacer, poco puede hacer ya. Solo le queda rezar para que la "dama de Madrid" no le termine de poner de los nervios y además aproveche y le coma el bocadillo.

 

 

 

Por si esto fuera poco, la corrupción sigue cercando a su partido. Y aunque toda la cúpula del PP que protagonizó los escándalos, Gürtel, Bárcenas, Lezo, Rato, Espionaje, financiación irregular, etc, están fuera del aparato y del Congreso, bien es cierto que él estuvo coparticipando en la cúpula del partido con todos ellos. No puede borrar de un plumazo la historia del PP de los últimos quince o veinte años. Y para cargar aún más la mochila de las desgracias de Casado, le sale respondona su antigua portavoz. La diputada Cayetana Álvarez de Toledo, que tendrá la nariz estirada, el cuello alto y mira por encima del hombro, desde luego que sí, pero su libro "Políticamente indeseable" -el cual he tenido el gusto de leer- está escrito con una pluma excelente y un uso proverbial y muy culto del verbo y el adjetivo, generalmente cargado de hiel contra los suyos

Casado aparece simplemente en este libro, que hurga en los intestinos del PP, como una decepción para  su ex portavoz. Se limita a pintarle como una veleta que mueve el viento, y en general al resto del  equipo popular, les pasa  por el baño de la mediocridad. Claro que la peor parte se la lleva su actual mano derecha Teodoro García Egea. De quien dice que le mueve sólo su ambición de poder, lo que exhibe de forma despótica con los de abajo y sumisa con los de arriba. "Su forma de hacer política son las pelotas y el peloteo", dice la marquesa de Casa Fuerte. En definitiva, aduce que en el PP del Congreso, sus señorías se limitan "a aplaudir al jefe, mucho, muchísimo, sin atender la oportunidad, la proporción o la dignidad propia del interviniente... nada deja más en evidencia la mediocridad de un discurso que un aplauso inmerecido".

Poco está el Partido Popular acostumbrado a ejercer dignamente en la oposición. Lo cual, en una democracia es muy necesario y casi diríamos que imprescindible. Echando un poco la vista atrás, desde que se reinstauró la democracia en España, contando desde la Constitución de 1978, sólo ha ganado y gobernado el partido popular en tres legislaturas y media, catorce años en total  (8 de Aznar y 6 de Rajoy) frente a las 8 victorias electorales del PSOE y los 25 años de gobiernos socialistas (14 años con Felipe; 8 años con Zapatero; y Sánchez, que ya va por 3 años y sigue). Por tanto,  al partido popular tendría que dársele bien ejercer la oposición, ya que lleva en ella veintinueve años de los 43 que han transcurrido desde que se instauró la democracia y se escribió la Constitución del 78, que por cierto, aunque cínicamente ahora alardean de ella, su partido no firmó. 

 

Pero Casado y su cúpula, se hacen sus cuentas y parecen llegar a la conclusión de que  el precio a pagar por no respetar las normas en el juego democrático al PP, y por supuesto a su socio Vox, les compensa. Y lo que es aún más significativo, no les pasa factura con su electorado. Por tanto, la pérdida de derechos y libertadas, así como de vidas humanas -por no ayudar en la pandemia-  no resta en su contabilidad electoral.  La nostalgia del franquismo que creímos sofocada, dejó unos peligrosos rescoldos que a día de hoy, siguen incrustados en las Instituciones, como por ejemplo el Poder Judicial, Militar y el Clérigo, de los que no quieren despegarse, y por supuesto en partidos directamente de extrema derecha, blanqueados sin sonrojo, por el propio PP. Formaciones regresivas que resurgen queriendo recuperar, al precio de la crispación, el insulto, las mentiras y los golpes bajos, el poder que consideran suyo por herencia natural.

 

Quizá las nuevas generaciones no tengan la perspectiva suficiente para ver la deslealtad natural de la derecha, porque no tengan el conocimiento de la historia, o la perspectiva política que dan los años vividos. Y más en estos tiempos donde lo único que parece importar es el arte de los deseos y de las manipulaciones. Sobre todo el “arte de acumular más y más dinero” y dominar las tecnologías para conseguirlo más deprisa. El conocimiento de la historia y las humanidades, no está en su mejor momento. Pocos, de estas generaciones un tanto caprichosas y echadas al monte del consumo masivo, sabrán, ni les importa tampoco salvo a los más concienciados, lo que sucedió aquellos terribles días posteriores a los atentados de Atocha (11M de 2004). Atentados yihadistas que causaron 199 muertos, a apenas tres días de la celebración de las elecciones generales que el PP daba por ganadas. Las mentiras tan abrumadoras del entonces Ministro de Interior, Ángel Aceves y del propio Jose María Aznar, que telefoneó y engañó a directores de periódicos a sabiendas e incluso cursó una comunicación a todas las embajadas, para que dieran una versión falsa de los atentados, achacándoselos a  ETA, y no  al yihadismo (del que la Policía tenía sobradas pruebas, que tuvo que ocultar por orden gubernamental)  toda esta cadena de mentiras, acabó haciendo que el PP perdiera las elecciones. Desde entonces, creen que el partido socialistas les ha robado el gobierno del país. Da igual todos los procesos electorales libres y democráticos que hayamos pasado desde entonces.

 

En aquel momento histórico, un bravo Alfredo Pérez Rubalcaba, jefe socialista de la oposición, sacó pecho para desmontar los bulos y dijo la famosa frase: “no nos merecemos un gobierno mentiroso”. Europa entera afeó el comportamiento de de Aznar y su gobierno, la oposición socialista y Europa lo llamaron miserable, y finalmente el pueblo español dio el éxito de las elecciones al Psoe que consiguió su victoria con ZP el 14 de abril de 2004.

Pero previo a los atentados, las mentiras y la perdida de las elecciones por parte del PP, ya en esos años, se había reunido "la creme de la creme" de los delincuentes de la Gürtel, entre mafiosos, políticos, vicepresidentes, presidentes, ministros, alcaldes, etc, del PP y del Gobierno de Aznar. Todos ellos retratados el 5 de septiembre del 2002, en El Escorial, desfilando ante el altar del monasterio para casar a la hija del gran timonel, Jose María Aznar “el mejor presidente que ha tenido España”, todavía dicen los acólitos de la derecha.  Todo un despliegue de ostentación, fracs, mantillas y pamelas de nuevos ricos junto con el rancio abolengo… Muchos de los cuales fueron también desfilando, en chandal y zapatillas, esta vez, camino de la Cárcel de Soto del Real, varios años después. 

 

Desde que el PSOE de Felipe González se alzó con el poder político en 1982 hasta que Pedro Sánchez tras el éxito de la moción de censura contra Mariano Rajoy de 2018, fuese investido presidente del Gobierno en junio de ese año, siempre que las derechas han perdido las elecciones, han intentado deslegitimar a cualquier precio a los gobiernos progresistas. 

Su forma de actuar sólo ha cambiado un poco en las formas en los últimos 46 años, un mero cambio cosmético al que han sido obligados por la pertenencia de España a diferentes organismos internacionales como la ONU, la UE, la OCDE, la OTAN etc. En la década de los 80, la Iglesia, las Fuerzas Armadas y el aparato policial heredados del antiguo régimen franquista, siempre estuvieron amenazando y chantajeando a los legítimos gobernantes, en la sombra, para que la acción de gobierno socialista se desviase lo menos posible de los preceptos que estos estamentos  consideraban como los que nuestra sociedad tenía que obligatoriamente cumplir. Solo desde una perspectiva ya histórica, muchos socialistas, han podido comprender el porqué de ciertas decisiones políticas, nada progresistas, que los gobiernos de Felipe González tuvieron que tomar. El ruido de sables fue constante en las primeras legislaturas socialistas de González.

 

Los diferentes líderes del PP en la oposición, entre ellos Mariano Rajoy, y por supuesto ahora Pablo Casado, nunca ayudaron cuando gobernaba el Psoe, en las crisis o en el terrorismo. Pero lo peor estaba por llegar, en marzo del 2020 cuando brotó la pandemia del Covid a nivel planetario. Su política de brazos caídos y carrera de obstáculos ha sido cruel y de una irresponsabilidad gigantesca. Ellos crispando, armando bronca y pidiendo constantemente que los ministros y el presidente de la nación, Pedro Sánchez, disolvieran el Gobierno y se marcharan a casa. Mientras que el Ejecutivo y los barones y baronesas autonómicas -de cualquier signo político- estaban luchando desesperadamente contra una pandemia devastadora, tanto en la salud colectiva como en la pérdida de puestos de trabajo. Algo que dura desde ya dos años y no tiene visos de acabar enseguida. Y entre tanto, Pablo Casado sigue pidiendo dimisiones, no aportando nada, y crispando la política del país. Cada día mas desquiciado por sus asuntos internos, ni puede preparar una buena oposición, ni puede unir a su partido, y lo que es peor, ni puede sentirse orgulloso de haber contribuido, con el Gobierno legítimo de España, a paliar los efectos de la pandemia. Más bien al contrario. Su viejo lema... cuanto peor mejor

 

En medio de esa carrera de ventaja y falta de empatía con sus responsabilidades de Estado, y por supuesto  con el dolor público, a Casado le está desbordando su propia criatura a quien situó en Madrid, creyendo que sería sumisa y obediente. Pero no sólo a él, también a Martínez-Almeida, Feijó, Bonilla, Mañueco, López Miras. Todos han observado atónitos cómo se les vestía de largo la dama del partido: Isabel Díaz Ayuso (la jugada en la sombra de Aznar y Miguel Angel Rodríguez). Lo que más frenéticos les pone es que arrasó en las elecciones de Madrid, sólo con una cierta sonrisa que recuerda a las actrices de los años treinta y poniendo cañas en las terrazas, que es lo que nos gusta, no digo a los españoles, pero parece que sí a tantos madrileños que la han votado. Ella, como Houdini, obró el gran milagro: arrasar en unas elecciones sin programa alguno. A ver quién da más. Se abre la veda. Y Casado sigue en la cuerda floja. Cuide mucho sus espaldas, que le están comiendo el bocadillo.

 

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