Crítica: La casa Gucci

“La casa Gucci”: reparto de escándalo y matiz de género

El nuevo filme arrasa Hollywood y sacude el mundo de la moda, con un provocador relato sobre el famoso clan napolitano cegado por el lujo y el poder

Fuente: MGM

“La casa Gucci”: reparto de escándalo y matiz de género

El nuevo filme arrasa Hollywood y sacude el mundo de la moda, con un provocador relato sobre el famoso clan napolitano cegado por el lujo y el poder

 

Una buena película engancha. Una historia basada en hechos reales seduce. Pero un melodrama italiano que integra las anteriores y se presenta rodeado de polémica, vicio y asesinato satisface con creces a un público aburrido con la cartelera actual. El pasado 26 de noviembre se estrenaba en cines La casa Gucci, bajo la dirección de Ridley Scott (Blade Runner, Gladiator) y con un reparto que hace sospechar que la mayor parte del presupuesto ha viajado derecho al caché de Lady Gaga (Ha nacido una estrella), Adam Driver (Historia de un matrimonio, Star Wars: El despertar de la Fuerza), Jared Leto (Alejandro Magno, Réquiem por un sueño), Al Pacino (El padrino, El irlandés), Salma Hayek (Frida, Eternals) y Jeremy Irons (La misión, Los Borgia). Con semejantes nombres, Scott dejaba las expectativas altas, al moldear la historia de la conocida firma de moda italiana Gucci.

La película permite adentrarse en las paredes de la casa familiar para ambientar el asesinato de Maurizio Gucci el 27 de marzo de 1995, heredero directo del fundador de la famosa marca de lujo. Sin embargo, él no es el protagonista. La acción es remolcada en todo momento por Gaga, que da vida a Patrizia Reggiani, mujer del nieto sucesor y cerebro del atentado. El peso de la trama gira en torno a su figura constantemente, como un sabor que no se quita de la boca (y eso que no es una Gucci de sangre, como le recuerdan durante todo el guion por mucho que intente afiliarse a la familia italiana). Con el telón de fondo de una dinastía billonaria, el director británico busca esa atmósfera pomposa y sórdida para contar una historia que traspasa los límites de la lógica.


Ridley Scott proviene de una carrera publicitaria, por lo que hace evidente ese estilo comercial, concentrado y, sobre todo, atmosférico. El lujo impregna la escena y el vestuario tiene incluso un matiz de guiñol, especialmente en el personaje que encarna Jared Leto, Paolo Gucci, una figura que roza la caricatura y la excentricidad. El director británico se vale de unos actores de renombre para dar vida a la historia napolitana, aunque falla en la extensión del filme (unos interminables 157 minutos) con una concentración de la acción. El asesinato, cúspide de la trama, no tiene apenas protagonismo ni calidad, aunque sí especial repercusión en el argumento. El momento más esperado es tratado de forma rápida y llana, aun proponiendo un interesante aperitivo en el tráiler. Sin las actuaciones de Driver, Pacino y Gaga mezcladas con una escenografía invernal de ensueño y una estudiada caracterización -que nada tienen que envidiar producciones de Tim Burton-, la cinta podría haber sido una catástrofe. El vicio de poder y lujo burlón también ayudan.


El filme es una continua pugna por el poder de la empresa y el amor del heredero, y ambas luchas son encarnadas por la protagonista: Lady Gaga. Calificada en los últimos años como “Chica 360”-al igual que Rihanna o Madonna-, la cantante neoyorkina no hace ascos a nada. Es compositora, estrella del pop internacional, actriz, productora, diseñadora de moda y bailarina. Se atreve con todo, y todo lo hace bien. Su figura implica analizar la exigencia crónica de Hollywood a mujeres en distintas disciplinas. Innumerables periodistas preguntan incesantemente a cantantes cuándo darán el salto a la gran pantalla o a actrices cuándo se pondrán a los mandos de una empresa. Sin embargo, tratar de dictar la agenda a mujeres para apoyar una supuesta transversalidad en sus carreras solo aumenta la brecha de género y las expectativas globales de éxito femenino. Pero Lady Gaga avanza a su propio ritmo, elige conscientemente sus proyectos y triunfa en todos ellos. Reinventa el matiz misógino de “Chica 360” para demostrar que el futuro es para las mujeres con objetivos claros y oídos sordos.


El estreno de La casa Gucci no ha estado exento de polémicas, como tampoco lo estaba el guion, pues la propia familia italiana ha manifestado su descontento con la imagen presentada. De hecho, han llegado hasta a amenazar con emprender acciones legales, ya que consideran que “la película presenta una narrativa contraria a la historia real”. Además, señalan que el trabajo de los actores “desde un punto de vista humano, es terriblemente doloroso y un insulto al legado sobre el que está construida hoy en día la marca". Los actuales Gucci cargan en especial contra el personaje femenino de Gaga (para variar), a la que acusan de retratar a una "víctima que intenta sobrevivir en una cultura masculina y chovinista", cuando realmente fue la coordinadora del asesinato de Maurizio Gucci, por el que pasó 18 años en la cárcel. El director del filme no da pábulo a las declaraciones de la familia, que por otro lado representan ese resentimiento italiano que supone mirarse al espejo. Scott indica que la familia Gucci se encuentra interpretada por “los mejores actores del mundo”. “Sois jodidamente afortunados”, sentencia el británico.


El bebé de Ridley Scott, que se pone en el mapa después de mucho tiempo sin producir algo tan interesante, tiene algunas carencias de guion que se camuflan entre la interpretación y el estilo. El nuevo Hollywood parece sustentarse ahora en creatividad y actuación, más que en efectos y coherencia narrativa. No parece ser una nueva corriente, sino un torbellino que no perdona ni una a los directores de filmes, a menos que las lágrimas de los actores sean reales y la historia venga acompañada de controversia. Mamma mia!

 

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