“El transactivismo está entrando en las aulas transmitiendo a niños y niñas la idea de que los estereotipos sexistas son una identidad innata”

Entrevista a Guille Magán, técnico en Integración Social

“El transactivismo está entrando en las aulas transmitiendo a niños y niñas la idea de que los estereotipos sexistas son una identidad innata”

Entrevista a Guille Magán, técnico en Integración Social

Escuchar la voz de este experto se hace necesario. No solo porque sabe de lo que habla -lleva desde 2005 trabajando con alumnado, profesorado y familias en el ámbito de la igualdad de oportunidades y la prevención de la violencia machista-, sino porque lo demuestra volcando su vida en la intervención directa, así como en la creación y publicación material didáctico. “La prevención y la sensibilización son las claves fundamentales para erradicación el terrorismo machista”, reconoce.

Agradecido con su presente no se olvida de su pasado y de quien de alguna manera fue su mentora y la “culpable” de hacerle ver la vida con los ojos de la verdad del feminismo. Se trata de la política Ángeles Álvarez. “De ella admiro su constancia, esfuerzo y compromiso. Con 25 años yo tenía las mismas ganas de aprender y trabajar que ahora, pero era un volcán energético. Ángeles tenía bastante paciencia conmigo y supo poner un vehículo a toda esa energía descontrolada”, recuerda.

 

Preguntarle qué ha cambiado en su trabajo desde que comenzó sus andanzas Magán lo tiene claro. “Hacer prevención de violencia de género justo un año después de la aprobación de la Ley Integral era duro porque te encontrabas con muchísimas resistencias y suspicacias. Recuerdo perfectamente que había profesores que durante los talleres mandaban a los chicos a jugar al patio porque consideraban que los talleres eran para chicas y tenías que intervenir junto con tutoría”. Resistencias que en las décadas del 2000 se relacionaban con la justificación de la violencia de machista. “Escuchaba aquello de que eran mujeres que seguro habían sido infieles o el típico comentario de que ella provoca o que ellos son enfermos mentales o alcohólicos”. 

 

De aquellos polvos, estos lodos. “Hoy en día directamente se niega que exista”. A esta realidad se suma además la situación de precarización del sector laboral que no ayuda en nada. “Si antes era un ámbito absolutamente precarizado ahora lo es aún más. A mi parecer y el de muchos y muchas profesionales el convenio de intervención social no es justo. No lo era antes y no lo es ahora. Y eso si tienes la suerte de que te contraten bajo ese convenio. Tengo compañeras haciendo tareas muy delicadas de gestión de recursos e intervención directa con colectivos muy vulnerables contratadas bajo el convenio de Ocio y Tiempo Libre”.

 

Ir a peor

 

Por si esta negación de la violencia machista fuese poca ahora Magán suma un nuevo palo en las ruedas de la coeducación. “Se nota tremendamente la injerencia del transactivismo en los últimos siete u ocho años. Las concesiones de licitaciones por parte de las instituciones públicas a este tipo de entidades para realizar talleres de prevención de violencia de género provocan tanto en los y las menores como en las familias y el personal docente un auténtico batiburrillo de conceptos”, comenta. 

 

Y es que dicho experto es testigo directo de cómo “estas entidades defienden conceptos acientíficos y antifeministas como el de identidad de género y están entrando en las aulas transmitiendo a niños y niñas la idea de que los estereotipos sexistas son una identidad innata. El feminismo tiene perfectamente claro que estos estereotipos vertebran una estructura social que se llama patriarcado y que son estos mandatos los que blindan la jerarquía sexual entre hombres y mujeres, germen de la violencia de género, por eso se le llamó así en el ordenamiento jurídico español. En vez de desmenuzar esos roles, rasgos caracterológicos y sesgos sexistas impuestos a cada sexo para ser capaces de componer relaciones más justas y no violentas entre hombres y mujeres se les está diciendo que el sexo, es decir ser mujer u hombre es un espectro. Ideas absolutamente terraplanistas que desvían el foco sobre las estrategias de prevención que sabemos que funcionan y que hacen despertar conciencias”.  

 

Para este reconocido activista las semillas que se sembraron en los ámbitos educativos se han secado desde la llegada de la ultraderecha y de la nueva religión queer. “Creo que muchas de las pocas semillas de feminismo que se nos permitió plantar en aquellos años en el ámbito educativo han significado el despertar de muchas y muchos adultos de hoy. Aun así, me temo que el desdibujado de la especificidad de la violencia género por parte de las leyes transgeneristas capitaneadas ahora a nivel estatal por Irene Montero y su Ministerio de Igualdad Queer, así como el negacionismo de la ultraderecha están destrozando gran parte del esfuerzo que hicimos en materia de coeducación hace décadas”, añade.

 

Como muestra de ese cambio a peor tira de varias experiencias que tuvo por ser homosexual. “Recuerdo un aula en Cáceres hace muchos años en la que un chico desde atrás me lanzó un compás al grito de maricón al principio del taller mientras explicaba la diferencia entre sexo y género. Cuando a mi ese chico me tiró aquel compás que casi me deja tuerto, o cuando me dieron una paliza unos nazis en 1998 no fui víctima de agresiones machistas. Fui víctima de agresiones homófobas. La feligresía trans/queer puede teorizar lo que quiera sobre las violencias de lo masculino contra lo femenino pero la realidad material indica que cualquier hombre homosexual, o que se sospeche que lo pueda ser, se le violenta en base a su orientación sexual que es algo muy tangible. Eso se llama homofobia y no es un subtipo de violencia machista”. 

 

 

Sin análisis no hay capacidad de abordaje

 

Para este reputado técnico en Integración Social la socialización masculina no tiene nada que ver con cómo se vista, se hable o con el gusto por el travestismo. “Ser un hombre amanerado, como es mi caso, puede ser más o menos de quita y pon. Ser mujer no y requiere esa especificidad como categoría jurídica protegida para poder analizar y combatir la violencia que se ejerce contra ellas por nacer mujeres. Trabajar juntas y juntos por erradicar los estereotipos de género beneficiaría ambas luchas. Pero mezclar en una coctelera violencia contra las mujeres y homofobia es un error que solo sirve para despojarlas de herramientas de análisis y por tanto de capacidad de abordaje”.

 

Es más, a Magán no le duelen prendas en calificar el daño que está haciendo la misoginia gay aniquilando los derechos de las mujeres ni tampoco en la responsabilidad que tienen las entidades LGBT en todo esto. “En España tenemos un movimiento LGBT totalmente desclasado que además de pensar que los gays y lesbianas precarizadas y de izquierdas vamos vestidos con un mono azul y somos también catetos y catetas ignorantes que tenemos la obligación moral de aceptar a todos esos hombres y mujeres heterosexuales con parafilias en nuestros espacios. Todas las entidades LGBT de España abandonaron por completo la lucha contra la lesbofobia y la homofobia en el momento en el que abrazaron el lobbismo de la “identidad de género”. 

 

Según dicho activista este cambio está generando “un clima de acoso, chantaje e intimidación a lesbianas insufrible dentro de estas entidades”. Tanto que explica que “si no se aceptan las exigencias de los hombres heterosexuales autoidentificados como mujeres lesbianas se recurre a la acusación de transfobia o de preferencia y fetiche genital. Es parecido a las terapias de conversión de la iglesia católica más extrema y reaccionaria pero teñido de arcoíris con purpurina”.

 

Además, añade que ideas neurosexistas “que se suponían superadas”, lejos de cancelarse han resurgido. “Conceptos como que la identidad de género está en el cerebro y se nace con cerebro de hombre o de mujer, que el sexo es un espectro, o que la terapia afirmativa en menores con disforia de género es el único abordaje posible dejando la necesidad de un diagnóstico diferencial para estas personas y a los y las profesionales de la salud mantel amordazadas. Intentar ayudar a que una persona que rechaza su cuerpo lo acepte lo califican de terapia de conversión. Confunden desestigmatizar las dolencias de la mente con despatologizar y abandonar a personas que necesitan ayuda y acompañamiento”.

 

Para este profesional “las entidades LGBT españolas redactoras del anteproyecto de la mal llamada Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos LGTBI en el empeño por la sustitución y equiparación de los términos sexo por el de género hacen que los homosexuales pasemos a ser homogéneros y a enamorarnos y tener orgasmos con los pronombres y no con nuestros genitales”. 

 

Afortunadamente Magán cree que lo que está pasando con organizaciones homólogas a la FELGTB -como la británica Stonewall, y en los últimos meses docenas de empresas, incluida la misma BBC-, empezará a abrir los ojos en nuestro país. “Están dejando de financiar y desvinculándose de ella y de su programa de Campeones de la diversidad debido a su persecución, acoso y campañas de difamación a brillantes académicas y mujeres feministas de distintos ámbitos laborales llegando incluso a provocar despidos. Los objetivos de sus ataques son cualquiera que se niegue a aceptar las ideas acientíficas y retrógradas que esta entidad histórica impone con tiranía tanto a empresas privadas como a instituciones públicas de todo el país”.

 

Por todo ello Guille Magán urge a recuperar la agenda feminista. “El primer obstáculo desgraciadamente no es la ultraderecha. Para mí es mucho más urgente neutralizar el caballo de troya queer que entró por la izquierda. Tenemos suficientes recursos argumentales para enfrentarnos a ambos, pero desgraciadamente los medios de masas están rendidos a la agenda transgenerista. Los negacionismos o la misoginia más tradicional de la moral judeo cristiana y derechona está calando porque la izquierda institucional ha abandonado el plano de lo real. Son responsables, les están poniendo la entrada en instituciones facilísimo”.

 

Por último, hace un llamamiento a toda la sociedad a alzar la voz contra la Ley Trans. “Me parece urgente perder el miedo a defender los derechos de las mujeres basados en su sexo. Seas hombre o mujer. Visibilizar la violencia sexual, reproductiva y simbólica que implica el borrado de las mujeres sin perder la perspectiva de clase. Incidir todas las veces que haga falta tanto en el ámbito público como en el privado. Yo particularmente no tengo en mi alrededor a nadie de derechas, pero he comprobado que independientemente del color político -al igual que desde la redes- cuando se lo explicas a alguien cercano con un mínimo de raciocinio y sentido de la justicia lo entiende perfectamente”, finaliza. 

 

Nuria Coronado Sopeña es periodista, conferenciante y formadora en comunicación no sexista. Además es autora de Mujeres de Frente y Hombres por la Igualdad (Editorial LoQueNoExiste); Comunicar en Igualdad (ICI), documentalista de Amelia, historia de una lucha (Serendipia) y Premio Atenea 2021 @NuriaCSopena

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