Abalos, el aplomo del socialista fiel

Abalos, el aplomo del socialista fiel

Entró en el anfiteatro romano televisivo con máxima expectación y millones de ojos puestos en el circo político y sus salones, el Congreso, Ferraz, Moncloa, Genova, Ciudad Lineal… Los mentideros mediáticos, económicos y toda la corte alerta. No en vano, se estaba intentando pasar por el lodazal a la profesión periodística entera, convirtiéndola en pasto de la cloaca. Media España estaba atenta a la reacción de uno de los animales políticos con más poder de los últimos años. Al que intentaban despedazar sin piedad. Lo habían cebado durante semanas y el objetivo era destrozar, o salvar, su vida pública y privada hasta dejarlo inutilizado. O lo contrario. Con artillería que se dejaba entrever como fuego amigo. Matar dos pájaros de un tiro. Pero José Luis Ábalos, soldado fiel, socialista sólido con mas de cuarenta años de militancia y curtido en mil batallas, fue más largo e inteligente que todos ellos juntos. No les dejó pasar ni una. Ni fuego amigo ni nada. “Nuestro partido -el socialista- tiene historia y valores, no actuamos así. Miren para otro lado. Las cloacas antichavistas , la ultraderecha y el hacer caja con métodos propios de los regímenes populistas, son la clave”, apuntó vez tras vez, despejando acusaciones y exorcizando el conjuro del fuego amigo. Lo desechó. Sin más. Por ahí no le iban a pillar.

 

Los focos a su persona. El partido socialista se basa en valores y es la casa de todos. Ha de permanecer limpia. De otra forma hubiera sido letal para el aparato socialista y para el gobierno recién remodelado soportar la crítica. Aún así y todo, se echa de menos un poco de abrigo, un poco de arrope. Pero Ábalos no mira atrás, acepta su destitución sin explicaciones y puesto que no se las dieron, tampoco las pide y ya, ni las espera. Todo a su debido tiempo. En cambio, se defiende como un miura cuando se trata de proteger su vida privada, su intimidad, la de su familia y su honor como persona.

 

En la entrevista que duró casi dos horas en La Cuatro, con el periodista Risto Mejide, tampoco cayó el dirigente socialista en la trampa de dar explicaciones sobre su vida privada, ni de generar más titulares pervertidos y perversos. Ante todo pidió respeto para su familia. Menores y una madre nonagenaria. No permitió ni una sola intromisión en su intimidad. Reivindicó el derecho a vivir su vida privada como cualquier persona. Como yo misma, como usted, como los periodistas que hablaron de él -la mayoría bien e incluso muy bien- como todas y cada una de las personas del público que le escuchaba. Ejerciendo con firmeza su derecho a no dar explicaciones sobre ella. Si alguien consideraba que su vida privada no era ejemplar, que lo demostrara. Es una de las normas básicas de la democracia y el respeto a la intimidad, el honor y la imagen de las personas. 

Durante el circo televisivo, hay que reconocer que fue valiente, los bulos y la post verdad, de la que tanto se abusa últimamente, estaban traspasando todas las líneas rojas de la decencia. “Ni soy el primero ni seré el último… esto en una democracia sana no se puede tolerar. Por eso, él, que sí cree en la Justicia, se va a defender allí, ante la Justicia. Lo que sí señaló el ex dirigente socialista es que pocas veces se había visto ese exceso de ensañamiento. La cacería del ex ministro, ex Secretario de Organización del Psoe, ex dirigente valenciano, diputado y militante socialista de larga duración, Jose Luis Ábalos, comenzó gracias a un misterio y a la falta de explicaciones que a alguien se le olvidó dar públicamente.

 

El misterio empezó la misma mañana del día 10 de Julio en la que el Presidente le llamó prácticamente media hora antes de ser entregados los cambios de carteras, informándole de su destitución. Ni hubo explicaciones. Ni Ábalos las pidió. Allí solo había dos personas. Y sólo esas dos personas saben lo que allí se dijo. La conversación duró diez minutos. Ábalos acudió convencido de que él sería destinado a un puesto más tranquilo, ya que por razones familiares, lo necesitaba. Necesitaba servir al Gobierno, al partido y a España desde otra posición. Así parecía haber sido entendido por el ministro que a tenor de conversaciones previas pensaba iría destinado a la cartera de Defensa. Cuando se encontró con el jarro de agua, el soldado fiel se limitó a callar y esperar que pronto habría alguna conversación. Cinco meses más tarde sigue sin haber explicación alguna. Ni pública. Y según el propio afectado -que tiene reputación de ser sincero y directo- ni privada. 

En ese terreno baldío, de la falta de explicaciones, ha crecido el serial insidioso que el panfleto venezolano THO, fabula sobre las razones de la caída de Ábalos, las alusiones espeluznantes a su vida privada, retorciendo una amalgama de verdades inocentes, cruzadas con infamias insoportables -sustentadas sin prueba alguna, por muy nimia que esta fuera- metiendo en la misma charca ponzoñosa, supuestos informes de Interior, destinados a espiar, cuentas infladas cuyas facturas son inexistentes, supuestamente facilitadas por la gerencia del Psoe, destrozos en habitaciones, donde los responsables de los hoteles jamas pusieron una queja, etc. Un serial infame que afortunadamente el 90 por ciento de la prensa mínimamente seria de este país, tanto de izquierdas como de derechas, repudia y denuncia con contundencia. La mayoría han destacado el comportamiento y el discurso impecable del ex ministro y ex dirigente socialista. 

 

La realidad es que, la insistente pregunta del conductor del programa televisivo, Risto Mejide, fue contestada en gran parte por uno de los  periodistas invitados, Javier Aroca, de La Ser, que expuso una interesante teoría sobre las envidias internas en los partidos y el sucio juego del poder. La vergüenza y el suicidio periodístico del medio venezolano THO, lo explicó perfectamente la socióloga y política Carolina Bescansa. Lo que quedó más o menos claro es que son muy pocos los afortunados que conocen de primera mano, paso a paso, como fue todo sucediendo hasta la crisis de gobierno del 10 de julio, donde el Presidente decidió prescindir de los dos pilares fundamentales de su Gobierno (Carmen Calvo) y de sus partido (Jose Luis Ábalos) sin darles explicaciones ni una esperada y habitual salida por la puerta grande, la misma por la que habían entrado.

De la boca de Calvo, ni ha salido, ni posiblemente jamás salga, una queja. De la de Ábalos tampoco. Para ambos, por encima de todo está el partido en el que militan desde hace ya décadas. En el caso de Calvo, su currículum de vértigo, la presenta probablemente como la política socialista más preparada y experimentada y que más tiempo ha ejercido cargos de gobierno promoviendo legislaciones de gestión transformadora. Introduciendo el feminismo de forma trasversal en todos los rincones de las instituciones desde hace años. Llegó a lo más alto, cuando, junto a Ábalos se constituyeron en los pilares fundamentales para la preparación y éxito de la moción de censura presentada contra Mariano Rajoy en junio de 2017, que llevó en 24 horas a Pedro Sánchez a Moncloa, a Calvo a la Vicepresidencia del Gobierno, asumiendo juntas, por primera vez en la historia, las carteras de ministra de Presidencia, de Relaciones con las Cortes y de Igualdad. Y a Ábalos, en el todopoderoso Ministerio de Fomento, la cartera de mayor dotación económica e inversión territorial, en un momento en el que la integración territorial con Cataluña atravesaba fortísimas dificultades tras la DUI, declaración unilateral de Independencia que Puigdemont presentó a Rajoy. Ábalos fue el artífice de la reestructuración territorial del Psoe, Federación regional por Federación, gracias a su capacidad negociadora, atrayendo voto a voto de las bases, para construir el soporte que devolvió a Pedro Sánchez, triunfante a Ferraz (junio de 2017), tras la vergonzosa “revuelta andaluza” de Susana Díaz (1 de octubre 2016)  y su ocupación de la sede del Psoe, de una forma que el partido mejor querría olvidar. 

 

Muchos son los socialistas que pensaron y dijeron que el ex ministro , “no debió de acudir a aquella encerrona televisiva”. Pero a medida que fueron escuchándole, enseguida cambiaron de opinión. Quizá Ábalos, prefirió seguir  el consejo que una buena amiga le debió de dar: “en momentos difíciles nunca des el primer guantazo… ¡pero el segundo no dejes de darlo!”. Que te respeten. Y así lo hizo cuando entró a plató, tras días de anunciar el gran scoup: paso firme, esa caída de ojos, gesto somnoliento y algo displicente, que se transforma en toro de miura cuando le atacan la moral y embiste, siempre de frente. Su gesto de aparente cansancio permanente, los que llevan años conociéndolo, saben que es genético (no porque se pase las noches de juerga en juerga). Ábalos enseña el bostezo como un tic, pero funciona como un volcán soltando magma política desde dentro sin destrucción. Aplomo y empatía socialista.

 

El ha diseñado el Psoe actual, que acaba de perder a uno de sus grandes referentes. ¿Habrá valido la pena hacer ese cambio como si de una, mejor dicho dos, piezas de ajedrez se tratara?. Las personas no son piezas, son humanas, con sus luces y sus sombras. No son muñecos ni robots impolutos. El tiempo dirá si sustituir -sin dar salida ni explicación- a los dos pilares fundamentales del socialismo y del Gobierno que hoy conocemos fue un simple golpe táctico, o una falta de empatía que se puede propagar y salir muy caro. Han pasado cinco meses, pero nunca es tarde. Merecen unos honores que todavía están a tiempo de darles y reconocerles. El partido socialista es y debe seguir siendo respetuoso y agradecido con los suyos. 

 

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