Con esta Manifestación de Interés, el ejecutivo pretende identificar propuestas de actuaciones y retos que se deben tratar de enfrentar para incrementar el ecosistema de la neurociencia en España. También se tratará de recopilar información sobre las necesidades de la investigación en España para llevar a cabo esta transformación.
Todas las propuestas que se deberán presentar a través de la administración electrónica del gobierno antes del 24 de noviembre. Estas deben enmarcarse en cinco campos de trabajo:
El primero, hace referencia al fomento de la investigación tanto en el campo de la neurociencia, como en ámbito de la Inteligencia Artificial.
El segundo se encuentra relacionado con la aplicación de los conocimientos para el beneficio de la sociedad.
El tercero hace referencia a la transmisión del conocimiento.
El cuarto campo, implica la generación de talento, así como la atracción del talento internacional y la retención de este.
Y, por último, el quinto campo, señala a la identificación y desarrollo de soluciones para minimizar el impacto ético de las neurotecnologías.
Con el impulso de la neurociencia se permitirá además de a ayudar a la creación de nuevos tratamientos, a implementar nuevos sectores de negocios, en los que España espera situarse a la vanguardia y emerger como un referente en este campo en un futuro no muy lejano.
Con esta estrategia, se trata de impulsar la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación en Inteligencia Artificial en torno a dos puntos: “la implementación de tecnologías maduras y una visión a medio-largo plazo”. Con el impulso de la neurociencia se permitirá además de a ayudar a la creación de nuevos tratamientos, a implementar nuevos sectores de negocios, en los que España espera situarse a la vanguardia y emerger como un referente en este campo en un futuro no muy lejano.
La neurociencia ayudará a comprender el desarrollo de algunas enfermedades cerebrales, permitiendo generar terapias y tratamientos más efectivos para trastornos neurológicos y psiquiátricos que tienen un efecto devastador. Para ello la neurociencia “tendrá que crear nuevas tecnologías inexistentes, que permitan crear una interfaz cerebro-máquina, tanto para leer la actividad como para escribir la actividad cerebral”.