Rasputin, los egos, los desastres y el Gobierno

Rasputin, los egos, los desastres y el Gobierno

Calentamiento global, sequías, pandemias, filomenas, inundaciones, incendios, volcanes… y hasta nazis resonando sus botas y banderas gamadas por las calles de las ciudades europeas. El mundo avanza. La tecnología se come viva a toda una generación. El humanismo se convierte en anticualla y varias generaciones “jóvenes” y de sobrada experiencia, de cincuenta, o sesenta años cumplidos, se quedan fuera del sistema. Les borran como nos borran a las mujeres con leyes postmodernas, crueles con la infancia y que rozan el absurdo. La lealtad es menos importante que la pasarela y el escaparate narcisista. Ojo al involucionismo. El magma lleva tiempo rugiendo en las entrañas de la tierra.

Pareciera que hemos regresado a las épocas de las plagas, desastres naturales, revueltas fascistas y descontento social. Como si algunos dioses vengativos quisieran ponernos a prueba. Aquí en España, estos tres últimos años han sido terribles. El país ha estado mal, pero menos mal que “estaba un Gobierno socialista y progresista”, al que ya podemos etiquetar como el Ejecutivo más trabajador de todos los tiempos. Al día le han faltado horas, y a la semana días, para improvisar muchas veces, soluciones a problemas que no se habían vivido nunca antes y, al mismo tiempo, seguir legislando un país. Por contra, hemos tenido, y estamos teniendo enfrente, a la oposición más inútil y mezquina que se recuerda desde los tiempos de la democracia. No han hecho ni una sola propuesta de provecho ni han arrimado el hombro cuando más lo han necesitado España y los españoles. Mas bien al contrario, se han afanado en crispar, sembrar el odio y abrir las puertas de las instituciones a la extrema derecha. 

Y así como los fascismos aparecieron en los primeras décadas del siglo pasado, debido a un cambio social brutal y a la mala situación económica, la escasez y la marginación social de parte de la población, ahora, los nostálgicos aprovechan y creen que se dan las circunstancias para que vuelvan las camisas pardas y los herederos de las cruces gamadas, con discursos tan populistas y falsos como cargados de odio hacia el extranjero, el pobre desgraciado o el diferente. En esta ocasión, han aprovechado hasta la pandemia, para intentar derrocar un gobierno progresista legítimo. Pero parece que no les va a resultar tan fácil. Esta vez, Europa les ha puesto un muro infranqueable.

 

Aquí en España, a nivel político, hemos tenido que aprender sobre la marcha a crear y consolidar un Gobierno de coalición de izquierdas, porque así lo han votado los ciudadanos. Y lo hemos tenido que hacer con una pandilla de soñadores, de origen pseudo comunista (Unidas Podemos), que se sabían de memoria la teoría pero empíricamente disponían de cero experiencia de gestión, unido a cierto adanismo aderezado con una gran dosis de soberbia. Y además, agravado con un hiperliderazgo basado en el ego puro y duro, muy propio de otros tiempos -el amado líder del sistema comunista- muy dañino. Pero esto último ya es agua pasada, porque menos mal que el amado líder ha visto que no daba más de sí, y fue capaz hace unos meses de retirarse a tiempo. Como bien ha dicho su ministra de Trabajo sin citar nombres: hay que aprender a negociar de una forma menos masculina, sin llegar a los límites y con menos ego (…) vivo rodeada de egos”. Muy explícita la ministra y muy agradecidas sus palabras, que compartimos muchos de los españoles y españolas progresistas, que siempre lo hemos pensado así. 

Aún así, estos casi tres años de egos por todas partes -incluido el de Albert Ribera, que hundió a los liberales- ha dado lugar a alimentar al monstruo de la ultra derecha escindida de las entrañas de una derecha mimetizada con su propio extremo más radical, que lejos de ayudar en los desastres y calamidades, se han dedicado a crispar y emponzoñar a la sociedad española. Empezando por intentar deslegitimizar al Ejecutivo llamándolo despectivamente “Gobierno social-comunista” “filo-etarra”, o directamente comunista. Enfatizando el sentido peyorativo, con insultos y barbarides groseras, además de poner a la extrema derecha la alfombra roja para entrar en las instituciones y gobiernos regionales y locales. Así es esta España nuestra. Mientras los partidos conservadores y liberales, en Alemania, Francia, o Escandinavia, entre otros, han sabido pararles los pies, y hacer un cordón sanitario al fascismo, aquí el PP les han invitado a gobernar, en muchos casos, bajo su bota de odio. 

 

Al lado de todo este barullo, el mundo está inyectado ya, sin vuelta atrás, de la era tecnológica. Vamos hacia la desaparición del trabajo obrero tal y como lo entendíamos hasta ahora y en consecuencia al desarrollo y explotación de las máquinas y robots industriales. Por eso los sindicatos pintan poco y cada vez menos. Las reivindicaciones laborales, a una gran parte de la población, pero sobre todo a las cúpulas del capitalismo (OCDE, IBEX, FMI, BCE, Banco Mundial, las empresas de BOLSA, etc) les suenan a cantos celestiales y pueden permitirse aplastarlas con el mazo del pragmatismo financiero sin derramar una lágrima. 

 

Y aquí entra el edadismo, trampa estúpida que consiste en creer que sólo lo joven vale,  en la que nuestro Gobierno nacional ha caído de lleno, no así en el resto de Europa. Cierto es que cada vez vivimos más años, pero a partir de los cincuenta, o sesenta cumplidos, la patronal te escupe afuera, no sólo por tendencia, o moda, aunque haya muchos puestos de trabajo donde el conocimiento y la experiencia siguen siendo muy productivos y adecuados. Pero al capital,  destruirlos le sale muy rentable, ya que se ahorra los mejores salarios e incrementa, de forma obscena, los beneficios a costa de explotar y minusvalorar la mano de obra joven . Por eso, es muy peligroso -y hasta diría que pueblerino- que un líder progresista salga presumiendo de haber rebajado la edad media de su Ejecutivo. En Europa nos siguen dando lecciones, también en esto.

Relacionado con el edadismo, la frivolidad, el marketing y la pasarela política, los españoles hemos visto rasputines de palacio que entraron pisando fuerte   en la sala de mando, desde donde se dirigen las palancas del Estado. Traían en su portfolio, elaboradas teorías de la ”factoría electoral”, vende humos donde todo vale, donde todo se olvida. Y en esa onda, se entendieron bien con los bisoños socios de la coalición, cuya media de edad no superaba los treinta o treinta y cinco años. Pero el tiempo pone las cosas en su sitio, y no todo vale. Al final siempre renace lo que perdura en los tiempos y a través de todas las generaciones, que son los inalterables valores: la lealtad, la solidaridad, el conocimiento, la experiencia y el humanismo. Por eso al final, cuando a los Rasputines les bajas del pedestal que el máximo líder les concedió, muestran su auténtica pequeñez y sus miserias ramplonas aderezadas de cuatro frases altisonantes pero vacuas. ¿Esto era quíen susurraba al oído al presidente del Gobierno las máximas estrategias políticas?.  Menos mal que para contrarestar, y  al mando del partido y del intra-Gobierno, todos estos años siempre hubo dos pesos pesados, dos curtidos socialistas, Ábalos y Calvo, para manejar el timón con absoluta lealtad al capitán. Si no, hubieran sido demasiadas zozobras para tanta modernez y tan poca consistencia.

 

Menos mal que un grupo político tan sólido, guarda con orgullo las esencias de un partido socialista de casi ciento cincuenta años, que crece y evoluciona sobre sus bases y fundamentos, sin dejarse engañar por la frivolidad de los nuevos marketing políticos que van marcando las modas del momento. Vivimos tiempos frívolos a la par que brutos. Si la derecha se agarra al fake, al bulo, a la mentira y la ofensa gratuita… la izquierda no puede corresponderle con el narcisismo de la pasarela y el “governo bonito”. Los y las militantes, votantes y simpatizantes socialistas, bravíos, de raza, que por edad o lazos familiares, muchos han vivido la posguerra, la necesidad, la persecución, la falta de libertad o la cárcel de sus padres o abuelos, siempre estarán ahí dispuestos y dispuestas a reivindicar el valor de sus siglas. El progreso y el avance, por supuesto, pero sin pisar ni uno solo de sus valores humanistas. 

Esto está sucediendo, básicamente porque el mundo va más deprisa que nosotros. Vivimos en una noria loca y voraz, que no para de expulsar gente al vacío. Hoy estás arriba, con adosado propio y coche de gama, y mañana abajo, casi viviendo debajo de un puente. Y pasado mañana volando por los aires a buscar un pedazo de tierra donde caer, muertos, o moribundos. El capitalismo crea desigualdades. Esto es un hecho. Así que, cada vez son mas las personas que deciden darle  la vuelta al sistema, marcharse al campo y convertirlo en un lugar donde germinar y renacer, trabajando y disfrutando la vida. A pesar de que, en avance tecnológico, también vamos un poco justitos en España y muchos de nuestros dirigentes, se dejan deslumbrar por una sola la parte del brillo de la tecnología,  cada vez son más los dirigentes bien preparados que se paran a reflexionar para entender y comprender la parte más profunda de la misma, la “del humanismo tecnológico”, que está lleno de progreso social y nuevas oportunidades. Y por ello, no es conveniente expulsar a mentes preclaras del conocimiento y la experiencia, que son los conductores naturales del avance de la sociedad. Porque la tecnología aumenta en muchos ceros el valor del progreso social, pero si delante de todos estos ceros, no ponemos el UNO, del conocimiento, el humanismo social y la ética a prueba de balas, todo lo demás no vale nada. 

Aplicado a la política española, con el vértigo de este tiempo que tanto corre, tenemos un Gobierno que ha puesto el foco, por supuesto en lo social, pero también en la transición ecológica y la digitalización. Dicen que también en el feminismo. Pero esto último es largo de explicar y lo dejamos para otro capítulo. Es esencial e imprescindible acometer el reto. Para ello, la UE ha puesto en marcha fondos de reestructuración y desarrollo tecnológico por valor de 750.000 millones de euros. Gracias a la sólida labor negociadora del Presidente Sánchez y su equipo, España recibirá en torno a 140.000 millones, de los que 72.000 son de ayudas directas.

 

Como acompañamiento de ello, tenemos una serie de iniciativas que tienen que ver con el desarrollo rural.  El Ministerio de Agricultura y algunas empresas públicas, están apostando por un desarrollo rural sostenible, digitalizado e inclusivo.  Las calamidades y los desastres naturales o el crack del mundo laboral, no solo referido a las crisis del 2008 sino también a las venideras, serán más fáciles de llevar si volvemos a ocupar, repoblar y enriquecer la España vaciada y poner en valor la agricultura, la ganadería, la pesca, la recuperación de la convivencia, el comercio local y la vida en los pueblos, pequeños, medianos y grandes.

 

La pandemia, las calamidades y la crispación política, nos están enseñando a valorar nuestra felicidad por encima de todo y hemos descubierto que ésta no está en la loca carrera competitiva del trabajo atroz, que involucra todas las hora del día, sólo para creer que hemos triunfado porque hemos conseguido una vida más lujosa, para la que apenas nos queda tiempo de disfrutar. Ahora, viendo como la Noria nos deja fuera, si no a nosotros mismos, a buena parte de nuestros allegados y allegadas, somos cada vez más los que queremos acercarnos a los elementos de la Naturaleza, comer, vivir tranquilos/as, respirar sano, que nuestros hijos e hijas puedan ir andando a la escuela, y que puedan llegar a ser universitarios sin tener que salir del pueblo. Que viajar sea una opción cultural y enriquecedora y no un exilio forzoso. El teletrabajo, herramienta que nos ha hecho descubrir la pandemia, ofrece muchas oportunidades.

 

Ese es uno de los nuevos retos, pero para llegar a ello, seguimos teniendo, no uno, sino dos problemas esenciales de organización laboral. Por un lado, los jóvenes que tardan en entrar en el sistema laboral y de la Seguridad Social, y por el otro, los "jóvenes senior" que quedan fuera antes de su hora, por la vertiginosa velocidad del llamado progreso. A ambos sectores, que cada día crecen mas, hay que destinarles atención y ayuda. Y como decíamos al principio, el tema del feminismo y la mujer, es tan amplio y complejo que merece un capítulo aparte de éste. Pero sirva aquí anotar, que desde que el Ministerio de Igualdad ha caído en manos de los socios "bisoños", muchos de los logros de la lucha del activismo feminista han quedado aparcados. 

 

En el tema del edadismo y sistema de pensiones, estamos lejos de nuestros vecinos y socios de la Unión Europea. El sector público español ingresa anualmente el equivalente al 39% de su PIB, seis puntos por debajo de la UE y siete puntos y medio por debajo del conjunto de la eurozona. Esta gran distancia, que se dice pronto, complica en términos de recursos públicos la sostenibilidad de un sistema de pensiones, similar al de Alemania, Reino Unido, Francias, Países Bajos o Escandinavia. Por eso somos “el balneario de Europa” y ello, el sol y playa, nos reporta aproximadamente un 12% del PIB. Pero este susto pandemico ha puesto de manifiesto nuestra grandes carencias como país. Por eso ahora el Gobierno debe despertar y acometer los retos tecnológicos que nos igualen y ayudan a superar esta brecha con Europa.

Lo dicho, corren tiempos vertiginosos que no conocíamos desde el fin de las dos guerras mundiales y la Civil Española. Tiempos con pandemias, castástrofes, huracanes, inundaciones, erupciones volcánicas, desigualdad creciente, y banderas gamadas pisoteando los derechos. Todas nuestras esperanzas, especialmente las de los progresistas y demócratas convencidos, están puestas en un gobierno socialista de coalición que se emplea a fondo en disipar la crispación, el separatismo y el odio. Una crispación que oculta bajo su capa el ruido de la involución aprovechándose de togas y sables, y que busca el renacimiento de los rescoldos neofascistas que se prenden solos, mientras los que están en la sala de máquinas marcando el rumbo, a veces, son mal aconsejados para pensar sólo en como seguir ganando… al precio que sea. ¡Madrid fue un aviso!. Su lideresa no se preocupó de gobernar, ni de ofrecer un programa social, solo de dar pan y circo a la plebe. Y arrasó. Aviso a navegantes. La erupción del volcán Cumbre Vieja, no sale de la noche a la mañana. El magma lleva tiempo rugiendo en las entrañas de la tierra. 

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