Entrevista con Eva Gutiérrez Olivares, integrante de CIAMS y reconocida experta en explotación reproductiva

“La misma industria que nos habla a nosotras de altruismo y de obrar por amor al prójimo es la que hace negocio a costa de vender nuestros óvulos”

“La misma industria que nos habla a nosotras de altruismo y de obrar por amor al prójimo es la que hace negocio a costa de vender nuestros óvulos”

La donación de gametos lleva regulada en España desde 1988 a través de una ley que establecía un máximo de seis hijos por donante y un Registro Nacional de Donantes. Desde entonces nuestro país sigue sin regular ni garantizar el control en los procesos, ni tiene dicha base de datos. Una realidad que no ha impedido que a pesar de esta falta de garantías nos hayamos convertido en una potencia mundial en el mercado de la explotación reproductiva. “Somos el segundo exportador mundial de óvulos solo por detrás de EE. UU, que es el único país que nos supera en eso y en número de clínicas de fertilidad, hay casi 400 en nuestro país”, explica Eva Gutierrez Olivares. 

Un mercado más que apetecible, que lejos de encogerse, ha encontrado la gallina de los huevos de oro con la que seguir creciendo. “Esta industria que mueve 600 millones al año se nutre de la materia prima de las miles de jóvenes, muchas de ellas universitarias, que acuden a la llamada publicitaria de la donación de óvulos. A cambio de entre 800 o 1000 euros inician un proceso en el que se las hormona para que sus ovarios produzcan entre 15 o 20 óvulos en un solo ciclo. Luego se las somete a una cirugía menor para extraérselos con una punción. Si se busca información, se habla de que en cada ciclo se extraen entre 15 o 20, pero los datos de la entidad privada Sociedad española de Fertilidad, que es una entidad privada, hablan que en 2018 se hacían 19.4 de media por punción, más de 290.000 en 15179 ciclos. No hay que olvidar que generamos unos 400 óvulos en toda nuestra vida, os podéis imaginar el estrés al que se somete a nuestro cuerpo con esto”.

 

Por todo ello dicha experta se pregunta si de verdad alguien puede creer que ese procedimiento no tiene consecuencias en nuestra salud. Y su respuesta es clara. “Hay que tener en consideración que la falsa donación de óvulos y los vientres de alquiler son mercados muy relacionados, en muchas ocasiones el mismo, y ambos se nutren de mujeres con necesidades económicas, y son un negocio basado en el deseo de tener hijos usando a terceras personas. Si tus ovocitos acaban destinados a investigación, la ley es clara, no tienen por qué preguntarte nada”.

 

La misma explotación reproductiva

 

El negocio llega a ser tal que en países como los Estados Unidos pueden verse anuncios en los que se detalla el color de piel o de ojos o el carácter de la donante. “Y si encima estudias en una universidad de prestigio, tus notas son brillantes, que te las piden, ojo, o tocas el piano, por ejemplo, te pueden pagar auténticos pastizales. ¡Hasta 30.000 dólares si eres donante VIP!”, resalta. Una cifra que, aunque pueda ser atractiva en el caso de que haya complicaciones médicas -que tienen que sufragar como pacientes- no sale en absoluto a cuenta”, subraya.

 

Y es que da igual el país en el que se produzca la donación. El mensaje no cambia. “Nos venden que tenemos que ser muy felices porque vamos a cumplir el sueño de otra mujer de ser madre, pero no te dicen que nuestros óvulos pueden ser exportados y acabar en un vientre de alquiler”. 

 

Tampoco hay rastro alguno en la publicidad de las clínicas en un fenómeno cada vez mayor. “Como el que vienen a España de otros países a hacer turismo reproductivo”, subraya dicha experta. Las cifras de dicho turismo no son moco de pavo. “Solo en 2018 el 53% del total del negocio a extranjeros residentes en otros países, fue de 8.482 ciclos con ovocitos donados. Un tercio de los óvulos que nos extraen. De hecho, el 45% de la clientela extranjera proviene de Francia, ya que allí no está permitido a mujeres solteras y tienen un límite de edad. En ese mismo año en las clínicas de Málaga el 80 % de los clientes eran extranjeros, y en la Comunidad Valenciana, Baleares y Cataluña, entre un 60 y un 70%. No solo eso, en España el 9% de los niños que nacen son reproducción asistida, y subiendo”. 

 

La universidad, el caladero de donantes

 

Pero la representante de CIAMS no solo habla del aumento de la explotación reproductiva a la que someten a las mujeres, “ni de que nuestra salud es la última de sus preocupaciones, es que además se está incumpliendo la ley que regula la publicidad de estas clínicas respecto a la donación constantemente. No hay que perder de vista que la única donación por la que se paga es por la de gametos. Por todo ello se ha puesto en marcha un manifiesto para pedir que, al menos, se cumpla la ley respecto a la publicidad que se dirige a las potenciales donantes”.

 

Una reacción que se originó tras constatar “el alarmante número de carteles que había en la Universidad de Oviedo animando a donar, ya fuera óvulos o esperma. La manipulación nos pareció brutal y al analizarla vimos el mismo mensaje que se lanza con los vientres de alquiler: ayudar a otra familia a cumplir su sueño, a hacer feliz a otra mujer. ¡No desperdicies esos óvulos que desechamos cada mes! Y la frase clave: consigue una compensación económica”. 

 

Y es que como explica esta feminista asturiana la industria de la explotación reproductiva sabe muy bien dónde va. “La universidad es el sitio ideal para meter esos anuncios donde se habla claramente de una compensación, te aseguras el primer filtro de las donantes, el nivel formativo, y además es muy fácil que las alumnas no pueden compaginar un trabajo con las clases o tengan problemas para pagar la matrícula, 1000 euros pueden solucionarte algún apuro”.

 

Así mismo Gutiérrez destaca que este año, con las clases presenciales suspendidas, el lobbie compensó la bajada de clientas la universidad con publirreportajes en la prensa. “El pasado 29 de enero nos encontramos en la prensa digital de Asturias, en concreto en el Comercio, con un artículo titulado “¿conoces los beneficios de donar óvulos?”.

 

Unos anuncios encubiertos “en los que se habla de los 800 o 1000 euros que te pueden dar, y donde cuentan que no te va pasar nada de nada, o que las chicas repiten. Como premio extra hablan de que te van a hacer un chequeo completo gratis, por si luego quieres ser madre. Cuando en realidad ese chequeo lo hacen para saber si es rentable usar recursos en ti, si puedes dar un buen producto. Es el filtro que hay que pasar para que te acepten como donante y luego te paguen. De que ese proceso te puede provocar infertilidad, o cáncer, no dicen nada”. 

Por todo ello esta experta anima a nombrar a las cosas por su nombre. “Tenemos que dejar de hablar de ovodonación y hablar de venta y explotación reproductiva. Tenemos que hacer ver que el altruismo no es la razón para donar óvulos, sino la necesidad. Ninguna mujer se inyecta a sí misma sobredosis de hormonas durante semanas y luego es anestesiada y sometida a una punción ovárica para hacer feliz a una desconocida si no hay pago. Tampoco se puede hablar de una compensación por los gastos: si no se producen óvulos, no hay dinero. Es explotación reproductiva, simple y llanamente”. 

 

La dejadez de las autoridades

 

Además, Gutiérrez alerta de algo mucho más grave. “En todos estos años se ha infringido la ley al pagar por ellos y al publicitar el pago por donación. No se ha creado el registro de donantes previsto, no se han estudiado en condiciones las secuelas de la hiperhormonación en las donantes, los hijos nacidos de esas donaciones no tienen derecho a conocer su origen, lo que vulnera normas internacionales… ¡y nadie ha hecho nada! Probablemente, estemos ante uno de los casos más escandalosos de dejadez y vista gorda de las autoridades sanitarias de los gobiernos de los últimos años y de los órganos reguladores de la publicidad, sólo por nombrar algunos”.

 

La Ley además no especifica el número de veces que se dona, sino el número de hijos nacidos de donante que es de seis. “Desconocemos cómo se ha establecido un número seguro de donaciones, cuando hay mujeres que han acabado en urgencias en su segunda vez y otras han estado a punto de morir en la tercera extracción. Porque hay mujeres que mueren, que quedan estériles, que desarrollan cáncer, que tienen hiperestimulación ovárica, que desarrollan endometriosis… con el único factor en común de haber sido donantes todas ellas”.

 

Y es que, de las pocas encuestas que se han hecho a donantes, se habla de que entre un 5% y un 10% tienen problemas de fertilidad después de donar. “No hay que olvidar que en EE. UU se han reportado varios casos de cáncer relacionados con esta práctica en mujeres sin otro factor de riesgo a excepción de haber donado o con antecedente familiar. El cáncer de mama ha sido relacionado con la administración de estrógenos, y se han reportado casos de endometriosis por la misma causa. Eso sin hablar del efecto psicológico que puede causar que una donante luego quiera ser madre y no pueda, y pensar que hay niños en otra familia con sus genes. Todo esto deja en evidencia a una industria que extrae beneficios y no asume las secuelas”.

 

Otro estudio que Gutiérrez resalta y que es de septiembre de 2020, cuestiona el consentimiento informado que firman las mujeres donantes. “Porque no se puede informar de lo que no se ha investigado. Este estudio afirma que las clínicas minimizan los pocos riesgos a corto plazo, que sí se conocen. Llevamos más de tres décadas de tratamientos de fertilidad y no se han estudiado los efectos a medio y largo plazo de producir entre 15 y 20 óvulos en un solo ciclo y a veces más”.

 

Sin seguimiento sobre la salud de las donantes

 

Además, otra de las reivindicaciones de quienes como esta entrevistada, luchan contra este tipo de explotación, es que se haga un seguimiento a la salud de las donantes. “Ahora se limita a que tras la punción deberán permanecer en el centro entre una y tres horas, hasta que terminen los efectos de la sedación, y acudir con acompañante. Después podrá desplazarse a su domicilio y hacer reposo el resto del día. Unos diez días después de la punción tendrá la menstruación y pasadas entre cuatro y seis semanas de la punción, volverán a hacerle una revisión para comprobar que su recuperación es correcta. ¿Pero que pasa a medio y largo plazo de la salud de las donantes?”, se pregunta.

 

Su respuesta es que “en treinta años de ovodonación casi no hay estudios, o se basan en muestras muy pequeñas, sobre la salud de las donantes, ni sobre sus efectos en la fertilidad, por ejemplo, ni sobre la incidencia de cáncer, ni de endometriosis, y no será por medios, porque una de las clínicas más potentes tiene hasta una app que escanea la cara de la receptora del óvulo y le busca a la donante que más se parece a ella, un sistema de transporte alucinante, donde puedes elegir hasta si los gametos que has comprado los quieres recibir en otro país o en otra clínica, van en contenedores con gps, con tracking en tiempo real que te dice dónde están y a qué temperatura, y hasta pueden viajar en la cabina del avión y no pasar por rayos X, que no es por dinero, es porque una vez nos han exprimido, dejamos de importar”.

 

Además, otro estudio de septiembre de 2020 sobre el consentimiento informado de las donantes, afirma que el 55% se sintió poco informada de los riesgos a largo plazo, que las clínicas tienden a minimizar por sistema los riesgos a los que se enfrentan y se pone en duda cómo se puede dar un consentimiento informado, si no hay información fiable, contrastada, sobre los efectos a medio y largo plazo”.

 

En cuanto a la atención sobre la salud de las donantes, Gutiérrez recalca los escasos informes con datos de las receptoras de tratamientos de fertilidad. “En ellos se obvia completamente que el organismo de una mujer que tiene entre 18 y 30 años, no responde igual a las hormonas que una mujer cuya reserva ovárica ha caído en picado y se está sometiendo a un tratamiento de fertilidad, y que, en España, tiene una media de edad de 42 años”. 

 

 

Si no hay un control a largo y medio plazo de la salud de las donantes, si no se investiga cada vez que una donante acaba en urgencias, de verdad nos gustaría saber cómo saben si esas prácticas son lesivas. 

Por si esto fuera poco Gutiérrez habla del síndrome de hiperestimulación ovárica, uno de los pocos riesgos reconocidos por las clínicas. “Dicen que tiene una incidencia del 1%, pero que en realidad esa incidencia puede llegar al 7% y llegar a tener riesgo de moderado a grave. Por supuesto, algunos de estos estudios basan sus conclusiones en datos de mujeres receptoras, que están siendo sometidas a tratamientos de fertilidad, que tienen una respuesta a las hormonas, ya de base, muy distinta. Si no hay un control a largo y medio plazo de la salud de las donantes, si no se investiga cada vez que una donante acaba en urgencias, de verdad nos gustaría saber cómo saben si esas prácticas son lesivas. Todo apunta al nulo interés en proteger la salud de las mujeres, la parte más vulnerable, para variar”.

 

Otra parte que las clínicas callan es el efecto de estos tratamientos de extracción de óvulos en la fertilidad. “Dicen que no se ve afectada. Pero apenas se han parado a investigarlo. En lo que no pierden el tiempo es en estudiar cómo mejorar los tratamientos para extraernos cada vez más ovocitos. Si en 2009 nos sacaban 14 de media, en 2015, casi 17 y ahora estamos en más de 19. El Ministerio de Sanidad, las autoridades, tienen una responsabilidad con nosotras, que están ignorando de forma escandalosa”, resalta. 

 

Y es que, si ya con un primer tratamiento se produce una explosión hormonal en el cuerpo, Gutiérrez se cuestiona cómo “según la ley con la que se puede donar hasta en seis veces, y que casualmente es el límite recomendable para una mujer sana, qué efectos causarán. ¿En qué basamos ese límite? Pues no lo sé sinceramente, porque cada vez escucho más casos de mujeres que en su segunda o tercera donación tiene problemas graves. Pero cuando ves los packs que se ofertan puedes acceder, como receptora a la remesa completa óvulos o compartirla, o sea, 15 óvulos, o cuatro, o cinco depende del precio. Siguiendo con la ley actual, el artículo 21 establece las condiciones para un registro nacional de donantes. Y habla de un real decreto que debería regular este registro y por el que estamos esperando desde 2006. En realidad, desde 1988”.

 

Regulará la organización y funcionamiento del registro nacional.

 

Otra de las denuncias que Eva Gutiérrez Olivares hace es sobre la creación del Registro de Donantes. “¿Se comprueba? ¿Se controla? ¿Existe? Pues no, porque hay testimonios de chicas que han donado hasta ocho veces. Según noticias 2018 para finales de 2019 debería estar implantado pero una noticia de octubre de 2019 desmiente esta información, luego en la página del ministerio si dice que en 2020 se ha formalizado un contrato con la sociedad española de fertilidad para que ese registro exista, cuyo real decreto tenemos noticias que estuvo en trámite de consulta pública en 2019, pero nada más”.

 

Un registro que al no existir ha perdido una información muy valiosa. “La de las donantes que ha habido desde 1988. Luego tú preguntas en la clínica si esto te provoca menopausia precoz y te dicen que no. Y cómo se puede saber, si en EEUU y en España no hay registro de donantes en los 30 años que lleva funcionando esta industria. Muchas de ellas no tienen edad para haber llegado a la menopausia, y tampoco sabemos dónde están ni cómo. Desde hace años, el comité de Bioética quiere acabar con el anonimato de las donaciones por el derecho a conocer tu origen biológico, con gran oposición de las clínicas por supuesto, que saben que puede pasar como en Reino Unido, se acabó el anonimato, cayeron en picado las donaciones. Y si dejan de pagar, ya desaparecen”. 

 

Gutiérrez también apunta a otro derecho que se pierde con el anonimato en las donaciones y que contraviene la Convención de los derechos del Niño y la Niña. “En cuanto a conocer su identidad y su origen biológico, y por estos motivos, entre otros, ya se han constituido al menos dos asociaciones de adultos nacidos de donación de gametos y vientres de alquiler”.

 

Así las cosas, nuestro país está en el punto de mira por esta lentitud en una Ley que nunca llega. “Desde Alemania, donde tanto la gestación subrogada como la donación de óvulos están prohibidas por considerarse explotación reproductiva, una iniciativa feminista para evitar su legalización, llama la atención sobre España, República Checa y Polonia que no cumplen la normativa europea que prohíbe la comercialización de partes del cuerpo y otorga a los niños el derecho a conocer su origen biológico y que se deben tomar medidas legales contra los proveedores que ofrecen tratamientos con óvulos de forma anónima, ignorando la Carta Europea de Derechos Fundamentales y la Directiva sobre tejidos de la UE”. Una diana que nos señala y que explica que España sea un paraíso para este mercado. “En otros países el anonimato de los donantes no está permitido, entre ellos Inglaterra, Holanda, Noruega, Dinamarca y Suiza”.

 

La solución para que todo esto cambie y se respeten todos los derechos (de donantes y de los niños y las niñas que nazcan de los tratamientos) pasa según dice la representante de Ciams por denunciar y contar la verdad. “Hay que visibilizar que sí, que en España hay explotación reproductiva y que de esto no se habla, que ha sido disfrazada de generosidad, porque nosotras parecemos que estamos aquí sólo para sacrificarnos por los demás, y en este caso, por el bien del negocio. Las mujeres que están empezando a contar sus testimonios son fundamentales, están abriendo una vía importantísima para luchar por nuestros derechos, porque como se suele decir, lo que no se nombra, no existe”, finaliza.

 

Nuria Coronado Sopeña es periodista, conferenciante y formadora en comunicación no sexista. Además es autora de Mujeres de Frente y Hombres por la Igualdad (Editorial LoQueNoExiste); Comunicar en Igualdad (ICI), documentalista de Amelia, historia de una lucha (Serendipia) y Premio Atenea 2021 @NuriaCSopena

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