Las mujeres afganas nos necesitan

Las mujeres afganas nos necesitan

Estos días estamos aprendiendo mucho sobre Afganistán, un país situado en el centro-sur de Asia que ocupa un lugar geoestratégico importante, por lo que ha sido utilizado interesadamente por todas las potencias mundiales, en detrimento de la mayoría de la población afgana. Los talibanes gobernaron el país entre 1996 y 2001; guiados por la ley islámica, privaron a las mujeres de todos sus derechos, al extremo de que solo podían salir a la calle con un acompañante masculino. Es uno de los países más pobres del mundo, su economía ocupa el lugar 115 por volumen de PIB y está entre los países con mayor corrupción en el sector público.

Pero Afganistán no fue siempre así, entre 1940 y 1973 tuvieron una monarquía que llevó a cabo algunas reformas: las mujeres tuvieron acceso a la educación, algunas fueron a la universidad y un movimiento feminista no islámico, porque el feminismo nunca es ni ha sido religioso, logró el reconocimiento de derechos a las mujeres. En el año 1964 se reconoció a las mujeres el derecho al voto y en el año 1965 tenían 4 diputadas en el Parlamento. En el año 1978 el Partido democrático Popular de Afganistán se hizo con el poder, y con él llegó la sanidad gratis, desapareció el burka y las mujeres comenzaron a poder acceder al trabajo fuera del hogar.

Una reforma muy importante fue la elevación de la edad nupcial de 8, sí, ocho años, a los 16. Pero los yijadistas comenzaron a introducirse en Irán y en Afganistán, promovidos por Estados Unidos que ese mismo año 1978 fue derrotado en Vietnam. El gobierno afgano fue cediendo con los yijadistas, los sectores afganos más reaccionarios y lo primero que entregó fueron los derechos de las mujeres, hasta que en el año 1996 los talibanes acceden al poder y una de sus primeras medidas consistió en imponer la Sharía y tapar el rostro de las mujeres, porque la autoridad del hombre sobre la mujer se representa mediante el velo que cubre su cabeza, El establecimiento del Emirato Islámico de Afganistán, supuso la muerte social y civil de las mujeres. Y esto es lo que puede volver a ocurrir.

Permanecieron en el poder los talibanes hasta 2001, fecha en la que, como es conocido, tras los atentados del 11S en Nueva York, una coalición de la OTAN liderada por los Estados Unidos entró en Afganistán, con la excusa de buscar a Bin Laden y poner orden en el país. 

Se dice estos días que EU y la OTAN entraron en Afganistán para llevar la democracia al país, pero la finalidad esencial de la presencia de las tropas fue el control militar del terrorismo islámico.

En estos veinte años mejoró la situación del país y también la de las mujeres, ya que al menos formalmente se habían dado pasos para reducir la desigualdad inimaginable que hay entre mujeres y hombres, de forma que ahora un tercio de los componentes del Parlamento son mujeres.

La salida de las tropas de la OTAN y de EEUU se ha producido de manera apresurada ante el acoso de los talibanes y nuestro Gobierno y Ejército han llevado a cabo un trabajo impecable y expuesto para sacar del país al mayor número de personas. Vaya este reconocimiento por delante. Pero ello no debe impedirnos mirar a estos 20 años y aprender lo que se debía y no se hizo.

De los 39 millones de afganos y afganas, solo unos 100.000 que han podido salir, los demás han quedado al albur de los talibanes, los señores de la guerra –que nunca pierden-, mercenarios de la guerra y del horror.

Los talibanes son enemigos de las mujeres, las niñas y los niños. Sí, también son un peligro para los niños. Los talibanes practican la esclavitud sexual y la prostitución infantil; la práctica de los bacha bazi, consiste en utilizar a los niños para su placer sexual.

Durante su mandato en los años 1996-2001 sometieron a las mujeres y niñas a la condición de esclavas de los señores de la guerra, condición a las que las somete la Sharía, ley que volverán a implantar, ya lo han anunciado.

Esta tarde he podido escuchar el testimonio de una mujer que vive en Afganistán y lo único que acierta a decir es que hay mucho miedo, no pueden hacer nada, no hay gobierno, ni bancos, ni sistema que las proteja. Las mujeres no están en pie porque no hay nadie que las proteja. Todo lo contrario. De ese 30% de diputadas, no ha salido ninguna. No es difícil imaginar qué futuro les espera.

¿Qué podemos y debemos hacer?

  • - No silenciar el conflicto. Exigir al Gobierno y a los medios de comunicación que Afganistán forme parte de la agenda y de las noticias hoy y dentro de seis y más meses. Que no se olviden de las personas que quedaron allí, sobre todo de las mujeres y niñas.
  • - Exigir a la ONU y a la FAO que no reconozcan ayudas al gobierno talibán en tanto en cuanto no se comprometa a respetar la Convención para la eliminación de cualquier forma de discriminación de la mujer, que ratificó Afganistán el 5 de marzo del año 2003.
  • - Que el Gobierno español destine medios materiales y personales suficientes para que, a través de la Cooperación al Desarrollo en Afganistán, se fomente la igualdad real entre mujeres y hombres en aquel país, para hacer efectivo no dejar a nadie atrás.
  • - Organizarnos las mujeres para tener buena información. Crear redes y plataformas para ayudar a las mujeres que han venido y sobre todo a las que no han podido llegar para proporcionarles los medios que necesiten.
  • - Acoger en nuestras asociaciones a las mujeres que han venido y lo deseen, para con ellas poder llegar hasta las mujeres que permanecen en su país, tener buena información y poder ser útiles. 
  • - Asegurarnos de que, a las que lo soliciten, se les aplique el estatuto completo de refugiadas. Asociaciones como Themis y Mujeres Juezas podrían abrir una vía temporal de asesoramiento específico y acompañamiento para estas mujeres en procesos complejos para ellas en un país extranjero.

 

No esperamos nada bueno para las mujeres del gobierno talibán; las promesas de portarse mejor con ellas que como lo hicieron en los años 90, no las podemos creer; lo mismo prometió Jomeini en Iran hace 40 años y aún no ha cumplido su promesa.

Tampoco debemos caer en la trampa de que los talibanes son los buenos frente al peligro del ISIS. Para las mujeres y niñas representan el mismo peligro; son el mismo perro con distinto collar; comparten ideología extremadamente misógina y practican el terrorismo machista. Ambos son dos ramas del mismo tronco. 

La fácil victoria de los talibanes en Afganistán por la incomprensible dejación del gobierno títere afgano, supone un riesgo grande para la vida de las mujeres, porque ni tan siquiera podrán salir a trabajar y carecerán de la mínima libertad; la vida de muchas de ellas corre peligro y, además, esta fácil victoria talibán puede animar a los islamistas de los países colindantes y convertir esa parte de Asia en un polvorín. 

El feminismo es internacionalista. La causa de las mujeres no conoce fronteras. Hoy nos necesitan las mujeres afganas y estas notas son una invitación a pensar cómo podemos hacerlo de la manera más eficaz.

 

Altamira Gonzalo Valgañon

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