Túnez: la versión blanda de la via egipcia

Túnez: la versión blanda de la via egipcia

 Diez años después de la revolución que sirvió de estandarte a la posterior “primavera árabe”, Túnez se precipita hacia la confirmación de un fracaso similar al que se ha producido ya en toda la región del Norte de África y el Oriente próximo.  No ha sido una crisis repentina, por supuesto, sino un largo proceso de deterioro. Cierto es que en Túnez se han amortiguado las tensiones y se ha evitado, hasta ahora, una explosión bélica (como las registradas en Siria, Libia o Yemen), involuciones dramáticas (como en Egipto), o tensiones sociales explosivas (caso de Argelia). Los equilibrios políticos y la relativa solidez de las instituciones habían dejado a Túnez en el punto muerto que se observaba en las monarquías falsamente democráticas (Marruecos, Jordania o Bahréin).

Esa tensión latente, a fuego lento, se ha desbordado en los últimos días en forma de crisis constitucional o enfrentamiento institucional entre los principales poderes del país. El presidente Saied, elegido mayoritariamente hace dos años, estaba enfrentado de manera irremisible con un Parlamento fragmentado y carente de mayoría clara, en el que la fuerza principal son los islamistas moderados de Ennahda.

El pasado domingo, en una iniciativa polémica, Saied destituyó al primer ministro Mechichi y asumió temporalmente sus funciones hasta el nombramiento de un nuevo titular. Al mismo tiempo, suspendió por 30 días el legislativo y destituyó a los ministros de Defensa y Justicia (1). Para algunos, es un golpe de Estado. Para otros, se trata de una decisión radical pero legal, ya que el Presidente está amparado por el artículo 80 de la Constitución, que lo habilita para asumir los poderes del ejecutivo y suspender provisionalmente el Parlamento por razones de emergencia nacional.

 Es inevitable que se hicieran, de inmediato, comparaciones con lo ocurrido en Egipto en 2013, cuando el entonces Ministro de Defensa y Jefe del Ejército, el General Sisi derribó al presidente constitucional Mohamed Morsi, apoyado en una protesta popular contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes, con la promesa de convocar elecciones libres y prevenir una dictadura religiosa que se anunciaba en ciernes. Nada de eso ocurrió, como es bien sabido. El Ejército recuperó el poder que había perdido tras la Revolución de 2011 y Egipto es hoy una dictadura militar más represiva aún que la de Mubarak.

Túnez presenta, naturalmente, muchas diferencias, pero también algunas similitudes con Egipto, que permiten considerar lo ocurrido estos días como una deriva suave a la egipcia. En el país de las pirámides, el líder de la rectificación política era un militar, sin legitimidad democrática para encabezar el control del Estado, siquiera de forma provisional. En Túnez es un civil elegido masivamente por la ciudadanía (73% de los votos), con cierto prestigio social (había sido catedrático de derecho constitucional) y sin servidumbres políticas aparentes.

El núcleo del debate actual es si Saied se ha extralimitado en la interpretación de sus poderes constitucionales extraordinarios.  ¿Hasta qué punto se encuentra Túnez ante una situación tan extrema que justifique medidas de alteración del orden político? (2).

En Egipto, los militares se apoyaron en los segmentos más progresistas de la sociedad, en particular la juventud que había protagonizado el movimiento de la Plaza Tahrir, para asumir el poder y neutralizar el peligro de una dictadura islamista. En Túnez, el presidente Saied se ha apoyado también en amplios sectores de una población desesperada por una crisis pavorosa que se manifiesta en tres frentes principales: sanitario, económico y político.

UNA CRISIS GENERAL

El Covid ha golpeado con dureza. Túnez es el país con más incidencia per cápita de África y el segundo del mundo. Se han contabilizado ya más de 18.000 muertos y sólo el 6% de la población está vacunado. El déficit de oxígeno en las últimas semanas ha provocado gran angustia. A eso hay que añadir el deterioro insoportable de la situación económica. Los atentados terroristas hicieron capotar el turismo internacional, que supone más del 10% de la riqueza nacional. El desempleo ha ido creciente sin parar y alcanzar a más de la tercera parte de la juventud. Túnez necesita con urgencia 7 mil millones de dólares para cuadrar las cuentas.

La crisis política es el tercer frente de desgarro. La tensión entre islamistas y laicos no se ha resuelto, pese a diversos intentos de conciliación. Aunque los islamistas tunecinos son más moderados que en otros países, su modelo de sociedad difiere notablemente del que sostienen las fuerzas no religiosas. Pero este no es el único problema. Los “laicos” están muy divididos. La atomización es paralizante. En las elecciones de 2019, más de veinte formaciones obtuvieron entre uno y tres diputados. La fuerza mayoritaria, los islamistas, apenas obtuvieron la cuarta parte de los escaños. En estos dos años, no ha habido colaboración política eficaz entre la Jefatura del Estado, el ejecutivo y el legislativo. El primer ministro Mechichi fue impuesto por Saied, pero pronto empezaron a discrepar hasta provocar una parálisis política preocupante. Mechihi cesó al ministro de Sanidad, un partidario de Saied, en plena crisis del Covid. El Presidente se negaba últimamente a firmar las leyes emitidas por el Parlamento y la orientación populista que le ayudó a conseguir el triunfo electoral se ha ido reforzando.

Los apoyos de Saied vienen, sobre todo, de la central sindical UGTT (Unión General de los Trabajadores Tunecinos), quizás las fuerza social más articulada del país, junto con los islamistas. Sin embargo, los socialdemócratas, que han respaldado por lo general al Presidente en los últimos dos años, se han desmarcado de su última iniciativa para acabar con el bloqueo político. El líder de Ennahda, Rached Ghanouchi, ha asumido el liderazgo de la resistencia. Al serle impedido el acceso al Parlamento, protagonizó una sentada junto a la puerta principal del edificio del legislativo y denunció el “golpe presidencial” (3).

CAUTELA INTERNACIONAL

La reacción internacional ha sido muy cauta. Europa permanece a la espera de que se clarifiquen las intenciones del Presidente (4). EE.UU. ha pedido a Saied que respete las normas democráticas, sin desautorizarlo expresamente, algo que recuerda también a lo que hizo en su día Obama en Egipto, engañado, confundido o quizás aliviado por el paso al frente del General Al-Sisi. Túnez ha sido un país importante en la estrategia occidental contra la expansión del terrorismo islamista en África, como atalaya de vigilancia lejana del Sahel, donde las ramas locales del extremismo acaban de forzar la retirada militar francesa.

Esa posición de vigía y su prestigio (discutible) como único caso exitoso de la primavera árabe le han reportado a Túnez ciertas recompensas (5). Pero, tarde o temprano, las tensiones tenían que estallar. Es posible que la apuesta de Saied agilice los apoyos de Europa y Estados Unidos para aliviar la presión social. Pero la situación es confusa. La versión blanda de la vía egipcia puede degenerar en un enfrentamiento civil o en una deriva autoritaria con apoyo de buena parte de la población, cuya preocupación prioritaria no es la democracia sino vivir cada día (6). En Túnez, contrariamente a Egipto, el ejército no parece tener tentaciones de poder directo. Pero recordemos que el último dictador, Ben Alí, ejecutor en su día del golpe, también blando, contra el anciano padre de la patria, Habib Burguiba, salió de las filas militares.

NOTAS

(1) “President Qaïs Saied has suspended Tunisia’s Parliament, dismissed the Prime Minister and enhanced his judicial authority”. DIWAN. CARNEGIE, 27 de julio; “Tunisie: le Président limoge deux ministres au lendemain de la suspension du Parlement”. LE MONDE, 27 de julio; Tunisia’s democracy totters as the President suspends parliament”. THE ECONOMIST, 26 de julio.

(2) “A coup in Tunisia?”. WILLIAN TODMAN. CENTER FOR STRATEGIC AND INTERNATIONAL STUDIES OF WASHINGTON, 28 de julio.

(3) “Political crisis in Tunisia: U.S: response options”. SARAH FEUER. THE WASHINGTON INSTITUTE ON NEAR AND MIDDLE EAST, 27 de julio.

(4) “Tunisia coup: What Europeans can do to save North Africa’s only democracy”. TAREK MEGERISI. EUROPEAN COUNCIL OF FOREIGN RELATIONS, 26 de julio.

(5) “The International Community must use its leverage in Tunisie. SARAH YERKES (CARNEGIE). FOREIGN POLICY, 27 de julio.

(6) “Maybe the Tunisians never wanted Democracy”. STEVEN A. COOK. FOREIGN POLICY, 27 de julio.

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