“El Estado es cómplice de convertir a sus menores en dependientes de fármacos de por vida”

Ana Hidalgo Urtiaga, portavoz de la plataforma Docentes Feministas por la Coeducación, denuncia las consecuencias de la Ley Trans

“El Estado es cómplice de convertir a sus menores en dependientes de fármacos de por vida”

Ana Hidalgo Urtiaga, portavoz de la plataforma Docentes Feministas por la Coeducación, denuncia las consecuencias de la Ley Trans

A sabiendas de que una sociedad justa se construye educando en igualdad Dofemco trabaja de forma incansable divulgando pedagogía. Y lo hace en su hábitat natural ya que como explica Ana Hidalgo Urtiaga, “aunque con la ley contra la Violencia de Género de 2004 y la de Igualdad de 2007, el profesorado debería de estar ya formado en coeducación, nuestro colectivo vive de espaldas al feminismo, a excepción de algunas profesoras que lo hemos estudiado y, después, aplicado en clase de manera diaria y transversal”.

Una falta de formación que para Hidalgo ha sido y es el caldo de cultivo para que la doctrina queer haya penetrado en el profesorado y, en consecuencia, en las aulas. “En los grados de Educación, en el propio Máster del Profesorado y después en los cursos de formación continua, nos bombardean con la identidad de género, la expresión de género, y las infancias y adolescencias trans. Es así desde 2014, ya que se han ido aprobando 14 protocolos autonómicos donde, entre otras cosas, se nos indica cómo detectar esas infancias y adolescencias trans. A este asedio, hay que sumarle las asociaciones transactivistas que realizan talleres en las horas de tutoría, donde cuentan al alumnado que puedes nacer con un cuerpo equivocado o que el sexo es un espectro”.  

 

Un bombardeo que para Hidalgo “además de ser un atentado contra el bien superior del menor”, explica el que de la noche a la mañana hayan aumentado los casos de la mal denominada infancia trans. “Hace nada una asociación de familias trans celebraba en la televisión vasca haber recibido 24 casos de infancias trans en un mes. ¡24 casos!”. Y es que tal y como recalca esta profesora, “para hacer una verdad universal basta repetir eslóganes vacíos de contenido una y otra vez”. 

 

Y el problema para Dofemco no solo es ese. Sino el protocolo que se sigue cuando hay un caso de menor que se auto percibe del sexo contrario. “Directamente se le deriva a una asociación trans. Por tanto, toda la información que reciben las familias está ya sesgada por la creencia acientífica de que se puede nacer con un cuerpo equivocado. Además, si un niño dice que es una niña, nadie, ni siquiera sus familiares, pueden mostrar dudas. Hacerlo es transfobia de acuerdo a los 14 protocolos autonómicos. Es más, desde los colegios, debemos abrir un protocolo de desprotección cuando la familia muestra dudas”. 

 

Por eso desde dicha plataforma piden “no solo que la tramitación de la Ley de autodeterminación del sexo registral o Ley Trans se pare sino que también se deroguen los 14 protocolos con los que se nos puede multar con hasta 150.000 euros por decir que existen dos sexos o que el dualismo cuerpo/alma está más que superado, así como por aconsejar desde el departamento de Orientación a las familias de menores con malestar con su cuerpo -malestar que en el 85% de los casos se resuelve espontáneamente durante la adolescencia- que les escuchen y apoyen pero que se informen en profundidad sobre la disforia de género y sus posibles causas”, añade Ana Hidalgo Urtiaga. 

 

  • ¿La infancia trans acaba de un plumazo con la educación en igualdad?

 

La creencia de que existe una infancia trans fulmina la coeducación. Las profesoras feministas sabemos que, para alcanzar la igualdad, el alumnado debe crecer libre de estereotipos sexistas. Sin embargo, el listado que nos dan para “detectar” infancias trans es puro sexismo e incluye, por ejemplo, que las niñas jueguen al fútbol, no les gusten los vestidos ni llevar el pelo largo o que se quiten las horquillas. Parece que cuanto más te alejas de los estereotipos de género asociados a tu sexo, más te acercas en ese “espectro” al sexo contrario. Por eso, quienes se autodenominan personas no binarias no se identifican ni con los estereotipos de las chicas ni de los chicos. Están en mitad del espectro, nos dicen en clase. Sin embargo, la sociedad las sigue leyendo como chicas o chicos y, desde luego, no van a escapar del patriarcado como tampoco quienes pasen el umbral del espectro del sexo contrario. 

 

Pensar que la solución a la desigualdad estructural patriarcal está en el generismo y no en la abolición del género, además de ser una creencia falsa, tiene un impacto sobre la propia persona y sobre el resto. El generismo, y sus teorías machistas, deben salir de las aulas. Debemos apostar por abolir el género y trabajar por una infancia que pueda desarrollarse plena y libremente. 

 

  • ¿Cada vez hay más casos de profesoras y profesores denunciados por el alumnado por transfobia? ¿Hay miedo?

 

Así es. A Dofemco nos escriben semanalmente profesoras porque no saben cómo proceder y, de hecho, la raíz de nuestra propia formación como plataforma es que nosotras mismas estábamos muy alarmadas. Pero, además, hay mucho desconocimiento por parte del profesorado y de las familias. Por eso es crucial informar a la comunidad educativa y así lo estamos haciendo. Cada vez somos más y eso nos da fuerza para alzar la voz, como hicimos en nuestra rueda de prensa hace unos meses.

 

Por otro lado, también hay mucha preocupación y miedo por parte de las familias. No quieren ser señaladas así que nos escriben para saber cómo pueden impedir que se lean, por ejemplo, los cuentos y libros de lectura que normalizan las infancias trans o cómo proceder para evitar que sus criaturas reciban los mensajes que se dan en las charlas transactivistas. Son situaciones que no deberían ocurrir en la escuela pública, donde la razón, el debate y la ciencia no pueden convivir con ensoñaciones individuales -muy lucrativas para las farmacéuticas y clínicas estéticas, por cierto-.  Como es lógico, la solución no es sacar al alumnado de clase sino sacar estas creencias acientíficas de las aulas. 

 

  • ¿Qué defensa podéis buscar como profesionales en estos casos cuando ahora de aprobarse la Ley todo es transfobia?

 

Esto ya es transfobia en las leyes autonómicas vigentes, y la gente no lo sabe. Por un lado, ahora estamos organizadas y, además, observamos que las denuncias a feministas por transfobia, tanto en España como en el extranjero, no prosperan porque, obviamente, ser críticas con el generismo no es transfobia. Nosotras criticamos ideas con argumentos racionales y ponemos sobre la mesa las consecuencias para la infancia de esta Ley. Por ejemplo, sabemos que en los institutos donde se han eliminado los baños segregados por sexo -para ser más inclusivos-, hay un incremento de agresiones sexuales. Lo están denunciando en otros países y nosotras lo estamos viendo en nuestros centros desde 2014. Por eso, consideramos crucial que se redacte la Ley sobre el Impacto de Género, que debería haberse aprobado en 2008 -tal y como propone la Ley de Igualdad- pero ni siquiera llegó a existir un borrador. Redactarla debe ser parte de la agenda del Ministerio de Igualdad ya que demostraría cómo la autodeterminación choca frontalmente con los derechos humanos de las niñas, las mujeres y todos los colectivos discriminados. 

 

Por ejemplo, en las oposiciones para profesorado de Aragón en junio de 2021, se han reservado plazas para profesorado trans, pero no para mujeres víctima de violencia de género -tal y como dicta la ley contra la Violencia de Género de 2004-. Además, el número de plazas es mayor que las reservadas para personas con discapacidad, quienes -por cierto- deben demostrar con papeles que tienen dicha discapacidad. Es más, en conocidas redes machistas como forocoches, están encantados porque esta ley abre la puerta a la trampa: como solo se basa en cómo te auto percibes, es imposible demostrar que no sea cierto. 

 

Aun así, denunciar el impacto de la Ley Trans en tu puesto de trabajo requiere arrojo y valentía. Formar parte de Dofemco nos da fuerzas, pero la cuestión es que gran parte de la labor de Dofemco la tenemos que hacer por la dejación de funciones de la ONU, del Estado, la Administración y de las Instituciones. Estos protocolos nos exponen a profesorado y familias críticas con el género a vejaciones, acoso e incluso denuncias. Pero silenciarnos no es una opción, el derecho a la libre expresión nos ampara y debemos ejercerlo con la cabeza alta y la conciencia tranquila. 

 

  • ¿La obsesión por el generismo es fruto de la presión impuesta en series que ve la juventud? 

 

La verdad es que lo trans ha sido puesto de moda por todos los medios, que se han hecho eco de esta ideología prepotente. La tenemos en series, programas de TV, realities, concursos, etc. Ya forma parte del imaginario colectivo popular. Además, está por todas las redes sociales, que es más preocupante dado que, hoy en día, el ocio del alumnado es mayoritariamente online, y allí forman parte de comunidades desconocidas para sus familias. De hecho, cuando en clase se les pregunta sobre qué opinan sus familias de que sean de género fluido o no binarios suelen contestar que en casa no saben nada. Se disocian dentro y fuera del centro escolar y la ley recoge que tienen derecho a hacerlo sin que en casa se sepa. 

 

Lejos de buscar el diálogo intrafamiliar, las comunidades transgeneristas en la red les inducen a sentir que están en peligro en casa o con el profesorado crítico con lo queer. Eso nos preocupa mucho porque nunca antes se había alentado a temer u odiar a tu familia o a tus profesoras.  Si bien las modas son relativamente inocuas, en este caso, sabemos que el generismo no lo es. Especialmente, sobre sus cuerpos. Las destransicionadoras nos están contando de primera mano los efectos irreversibles de los bloqueadores de pubertad, las hormonas, las dobles mastectomías y las histerectomías. Las investigaciones científicas están advirtiendo, igualmente, del daño, físico y psíquico, de esta moda juvenil impuesta. 

 

  • ¿Qué son las asociaciones como Chrysallis? 

 

Son una pata más del transactivismo. La Guía del Activista para poner en práctica los Principios de Yogyakarta indica todos los pasos y herramientas a usar para que el transactivismo se extienda por toda la sociedad por las puertas de atrás. Las asociaciones de familias trans son una parte más del engranaje. A nosotras nos llama la atención que las guías para familias trans son copias idénticas por todos los países donde se han aprobado estas leyes. Por ejemplo, tienen una sección de preguntas frecuentes y, curiosamente, son las mismas, palabra por palabra, en Wellington, Toronto, Barcelona o Dublín. En ellas, defienden, entre otras cosas, que no hay destransicionadoras. Es decir, se exige que se valide la identidad de género, pero se niega la destransición; parece que hay transiciones de primera y de segunda. Afortunadamente, las destransicionadoras se han organizado para poder sacar sus propias guías, donde informan sobre todo aquello de lo que querrían haber sido informadas antes de tomar la decisión de transicionar y, además, visibilizan la destransición.   

 

  • ¿Qué hay de las guías que están vendiéndose como inclusivas y feministas en colegios e institutos? 

 

Aunque parecen muy feministas y modernas, destilan machismo y sexualización, una profunda homofobia y, además, normalizan prácticas sexuales muy dañinas para las jóvenes. Por un lado, la teoría de la identidad transgénero se basa en identificarte con lo que se espera, en tu sociedad, como intrínseco del sexo contrario. Es decir, valida el género tanto como lo valida la extrema derecha: hay cosas de niños y cosas de niñas. 

 

Por otro, cuando chicas lesbianas y chicos gays se autoperciben del otro sexo, su identidad sexual -la que les convierte en un colectivo discriminado- se diluye. Ahora nos encontramos con chicas lesbianas que dicen que son hetero porque están con una chica que se autopercibe chico. Asimismo, ese chico trans se considera heterosexual. Para evitar el debate interno que el propio colectivo LGB exige, el generismo ha inventado un término: la pansexualidad, que borra la homosexualidad y también sus derechos. Además, como ya nos han contado muchas destransicionadoras y destranscionadores, era más fácil en su entorno transicionar que salir del armario, lo que demuestra que cuando la sociedad que te rodea es homófoba, la transexualidad es la manera de adquirir algo de libertad. Esto es claro en países como Israel, donde la homosexualidad está prohibida pero la transexualidad es aceptada. 

 

Por último, las guías blanquean la prostitución -a la que llaman trabajo sexual y asistencia sexual-, los vientres de alquiler, la donación de óvulos y ¡el porno!: animan a probar prácticas sexuales violentas recurrentes en él como el fisting y el sadomasoquismo. Así que, si ni siquiera les estamos enseñando una buena educación sexual, ¡imagínate encontrarnos con estas prácticas violentas en esas guías! ¡Deben ser retiradas con urgencia!

 

  • ¿Qué responsabilidad tiene el Ministerio de Educación ante todo ello?

 

La inacción del Ministerio es muy preocupante. Si nos fijamos en los 14 objetivos generales de la ley de Educación actual para secundaria, hay tres en relación con la igualdad entre hombres y mujeres. Además, es también uno de los elementos transversales que deben enseñarse en todas las asignaturas. Sin embargo, la igualdad no forma parte de la vida de los centros escolares; por eso, el verano pasado ya nos reunimos con el Ministerio de Educación para expresar nuestra preocupación ante esta inacción pues es diametralmente opuesta a la facilitación de la entrada del transactivismo en las aulas. Por ejemplo, los 14 protocolos trans contienen un listado de asociaciones transactivistas como referentes para talleres, pero no hay ningún protocolo específico para investigar los muchos casos de violencia machista que nos encontramos en nuestras aulas.  

 

  • ¿Estamos poniendo en indefensión absoluta al alumnado que en una etapa tan difícil es casi abducida por el lobby queer?

 

Sin duda. Como la comunidad educativa, y la sociedad en general, no está plantando cara al lobby queer, tendremos una generación en diez años a la que estamos permitiendo mutilarse y hormonarse con medicamentos experimentales que nos pedirá cuentas. Ya lo estamos viendo en países pioneros en estas leyes, como Reino Unido, Finlandia, Suecia o Irlanda, donde las destransicionadoras se cuentan por miles y están alzando la voz e incluso demandando a quienes favorecieron que se autolesionaran siendo menores. Entre otros, el Estado es cómplice. Una democracia no puede tolerar ideologías que conviertan a sus menores en dependientes de fármacos de por vida. Y, como docentes, y ciudadanas, tenemos no sólo derecho a defender los derechos humanos de la infancia sino la obligación moral de llamar la atención a las instituciones por su inacción. 

 

  • ¿Estamos cada vez más lejos de una sociedad justa?

 

Para consolidar una democracia hace falta invertir en educación, y las ratios que tenemos ya son un indicativo de cuánto se invierte. Pero, sin duda, la materia suspensa es la educación igualitaria entre hombres y mujeres. Sin invertir en coeducación, seguiremos siendo una sociedad cómplice del terrorismo machista, de las manadas, de la trata, de los matrimonios pactados, de las ablaciones y demás violencias que ejercen los hombres sobre las mujeres.  Además, educar a las nuevas generaciones para que valoren más el bien común, que es la clave para que la democracia y el Estado de Bienestar prosperen es, hoy por hoy, legalmente motivo de sanción en 14 comunidades autónomas. 

 

Es muy preocupante que, cuando la libertad individual impacta negativamente en otras personas -como es el caso de la autodeterminación de sexo-, se siga pensando que es un derecho humano. No lo es. De hecho, aunque la ONU esté copada por transactivistas, no hay ningún acuerdo internacional sobre la legalización de la autodeterminación de sexo. Ninguno. La firma de los Principios de Yogyakarta en 2006 la realizaron a título individual una veintena de personas, mayoritariamente hombres y, como ya ha señalado uno de ellos, los derechos de las niñas y mujeres no se tuvieron en cuenta. Además, debemos recordar que España sería el primer país europeo en legislarla en menores de entre 16 y 18 años sin permiso paterno. 

 

  • ¿Por eso el contraataque es acusar a las feministas de histéricas, exageradas y mojigatas?

 

Nosotras contamos con recibir esa violencia verbal a la que ahora se suma el insulto de terfs y tránsfobas y las agresiones físicas, como vimos el pasado 26 de junio. Que además el impulso de la violencia contra las feministas venga de autoridades públicas, del propio Ministerio de Igualdad y de su ministra, de mujeres políticas de la izquierda que nos hablan de que las mujeres tenemos privilegios cuando el terrorismo machista no para de acabar con las vidas de las mujeres, es violencia institucional. 

 

Reflexionemos y preguntémonos: ¿Cuántas niñas tienen que verse violentadas en un baño porque un alumno o un profesor se auto percibe mujer, como ya se ha denunciado varias veces? ¿Cuántas jóvenes pueden quedarse fuera de las competiciones porque un deportista adulto se siente mujer? ¿Cuántas jóvenes destransicionadoras estériles a los veinte años podemos tolerar como sociedad? En Dofemco, tenemos claro que la respuesta es cero, trabajamos para que no haya ni una más. 

 

Nuria Coronado Sopeña es periodista, conferenciante y formadora en comunicación no sexista. Además es autora de Mujeres de Frente y Hombres por la Igualdad (Editorial LoQueNoExiste); Comunicar en Igualdad (ICI), documentalista de Amelia, historia de una lucha (Serendipia) y Premio Atenea 2021 @NuriaCSopena

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