Una Guardia Civil de Viogen revictimiza a una madre en su llamada de socorro al denunciar que el maltratador no le entrega a su pequeña

Una Guardia Civil de Viogen revictimiza a una madre en su llamada de socorro al denunciar que el maltratador no le entrega a su pequeña

La falta de formación entre quienes tienen que atender a mujeres maltratadas es el pan nuestro de cada día. “No se trata de un caso aislado. Por desgracia forma parte de la normalidad de todas estas mujeres y de lo que nos encontramos en las asociaciones cuando acuden a nosotras”, destaca María Martín Romero, presidenta de La Volaera. El resultado es una violencia institucional que sumada a la ya vivida por las víctimas “se hace insoportable para todas ellas”, añade Martín. 

 

Como muestra sirve el botón de Isabel Cebrián, socia de dicha asociación, y quien al realizar una llamada para avisar a la Guardia Civil de que su hija no había sido entregada en el plazo determinado por el juez, y que temía por su vida, así como la imposibilidad de comunicarse con ella, solo recibió al otro lado del teléfono más maltrato. “Me sentí humillada y con una impotencia que es un nudo en el estómago por no saber nada de mi hija y por ver que quien te tiene que ayudar se ríe de ti”, comenta. “Llamé desesperada a la agente de Colmenar Viejo que me corresponde y con el miedo en el cuerpo por no saber qué le podía haber pasado a mi niña y su respuesta me dejó aún peor”, recuerda.

 

Una agente insensible

 

Cebrián, cuyo victimario está condenado en firme por delito de maltrato habitual y lesiones, y que además lleva la pulsera de control telemático por la orden de alejamiento impuesta por su peligrosidad hacia ella, se siente más que decepcionada. “A pesar del historial delictivo de mi maltratador cuenta con un régimen de visitas tan amplio como una custodia compartida”. 

 

La zozobra es aún peor cada vez que su hija está con él. “No tengo la menor idea de cuál es su domicilio y tampoco me informa de dónde se lleva a la niña de vacaciones. Además, me impide toda comunicación con ella. Y todo esto con el beneplácito de la Justicia, que a pesar de haber puesto todo esto en su conocimiento, no me ayudan. ¡Esto es maltrato institucional!”, denuncia.

 

Por eso, por pura desconfianza en el sistema, se atreve a sacar un audio durante el pasado temporal de Filomena, en el que se escucha cómo desde el cuartel de la Guardia Civil, la agente que recibe su llamada de auxilio la humilla. “Yo solo quería que me devolviera a mi hija, ya que se había saltado el día de la entrega con la excusa de la nieve, a pesar de que las carreteras estaban perfectamente despejadas y notificar mi enorme preocupación por el desconocimiento de la situación de la menor, en manos de un ser violento con desviaciones psicopáticas según el propio forense del Juzgado, ya que no me respondía a las llamadas ni a los mensajes. Me avisaron del colegio que la niña tampoco estaba asistiendo a las clases on-line. Era el día 11 de enero y yo no sabía nada de mi hija desde el día 30 de diciembre”, rememora.

Reproducimos la conversación que se produjo (se puede escuchar íntegramente en el audio facilitado a La Hora Digital) y donde se percibe el tono nada adecuado de la agente. 

  • He hablado con él. He hablado con el padre. La niña está perfectamente ¿vale Isabel?
  • Pero, con la niña no has hablado, ¿no?
  • Isabel yo no te puedo dar información de mis conversaciones.
  • Yo solo te pregunto si has hablado con mi hija o no. ¡No me puedes dejar con esta indefensión!
  • La niña está bien. Está con su padre y te la entregará. Es verdad que tú tienes ganas de ver a tu niña. Yo te entiendo.
  • ¡No, no, no! No es cuestión de tener ganas de ver a mi niña. Es que está en manos de una persona que le puede hacer cualquier cosa. ¡Por favor! ¡Que luego pasa lo que pasa…que luego pasan las cosas y no nos hacéis caso!
  • No va a pasar nada. Y si pasara algo tú tranquila que tienes una patrulla la primera.
  • ¡Es que vamos a ver solo te estoy preguntando si has podido hablar con mi niña para saber si está bien! ¡Porque la palabra del maltratador va a misa! ¡Por favor dímelo!
  • ¡No digas eso porque dejo esta conversación! Yo te estoy intentando ayudar por las buenas. Bueno pues Isabel he hablado con la niña y la niña está bien. Tú piensa que nuestro trabajo es el que es y no podemos hacer más. ¡Es que te estás
  • haciendo daño tú misma! ¡Tienes que relajarte! ¡La niña está con su padre!
  • ¡Ese es el problema!
  • ¡Y la niña está feliz! ¡Ya te lo digo yo! Está con la nieve y se lo está pasando muy bien. En el momento en el que te la pueda entregar pues perfecto. Y está con su padre. El juez dijo que tenía que estar con su padre tantos días.
  • El juez también dijo que tenía que dejarme hablar con ella, ¿Con eso qué pasa? Eso no lo está cumpliendo. No me permite hablar con ella. ¿Sabes el daño que le está haciendo a la niña?
  • Bueno pues Isabel tú me has llamado para saber si la niña está bien y la niña te aseguro que está bien, ¿vale? Isabel que vaya bien la mañana, venga. ¡Intenta relajarte un poquito mujer que sino no vas a disfrutar de na!
  • ¡No te imaginas el maltrato que supone esto! ¡Si fuera tu hija ya me dirías!
  • Isabel, he tratado de ayudarte todo lo que he podido.
  • Pero no me digas que disfrute porque no se puede disfrutar.
  • Buenos pues Isabel, no disfrutes, venga. ¡Que tengas buen día!

 

La vuelta a casa

 

Finalmente fue Isabel la que tuvo que ir a buscar a su hija. “Vencí el pánico que me supone encontrarme con mi maltratador y con la sola protección de la pulsera telemática que es lo único que me mantiene viva acudí a buscarla”. Una vez en su casa y a salvo con su hija descubrió que la agente le había mentido. “Dijo que había hablado con ella para que me callase, pero no era verdad. Cuando le pregunté a mi hija de ocho años, que ya no es ninguna bebé, si esos días había hablado con alguna amiga de su padre sobre si estaba bien, me contesto que no. Que ella no había hablado por teléfono con nadie. La Guardia Civil me mintió. No comprobaron si mi hija estaba a salvo. No me concedieron ni el beneficio de la duda y una vez más, demostraron que para ellos la palabra de un maltratador vale más que la de una víctima, aunque éste se encuentre condenado en firme. ¡Es el mundo al revés!”, describe.

 

 

Para María Martín, actuaciones como la de esta agente solo son una muestra de los agujeros del sistema y de la desprotección que viven las mujeres y sus criaturas. “No solo tienen que vivir con el maltrato continuo de sus maltratadores, sino que además se encuentran solas, desprotegidas y revictimizadas por los cuerpos de seguridad, por quienes trabajan en lo social, por las psicólogas de los Institutos de las Mujeres, por juristas, por la Abogacía... ¡Es un dislate!”.

 

Tanto es así que a Martín se le queda corta la palabra revictimización. “Hay que llamar a las cosas por su nombre. Es tortura institucional. Es la espada de Damocles que acompaña cada día a todas estas mujeres y que les genera un estrés constante. Es terrorismo institucional puro y duro”.

 

A los hechos relatados Isabel suma otro: el de la constatación de la dirección que el maltratador le da a la agente de la guardia civil, y que tal y como le dice en la conversación, no es cierta. “La empresa Cometa, responsable de la pulsera que lleva el maltratador, me confirmó que él no había entrado en ese lugar. De hecho, el maltratador tiene la vivienda alquilada, pero la agente no quiso escucharme pues al parecer estaba demasiado ocupada para hacerlo”.

 

Además, añade que cuando la agente le dijo que su hija estaba bien y jugando con la nieve poco pudo saber en qué condiciones lo hacía. “El maltratador la dejó jugando sin guantes y eso le provocó quemaduras en las manos. Cuando la recogí la llevé al médico para que le pudieran curar las heridas”.

 

 

Una tremenda realidad que para la presidenta de la asociación granadina de víctimas de violencia de género se soluciona de una sola manera. “Profesionalizando y haciendo públicas todas las instituciones y el personal que participa en algo tan crítico como es la protección de las mujeres y sus niñas y niños. Hay que nacionalizar y hacer un funcionariado especializado. Nada con respecto a las víctimas puede ser privado o de determinadas instituciones”.

 

Así las cosas, Isabel se pregunta, tras la respuesta que recibió de la agente del cuartel de Colmenar Viejo, ¿si era bueno volver a llamarla para decirle todo, y preguntarle la razón por la cual le había mentido. “¿La llamaba de nuevo para que me volviese a humillar? ¡Gracias, pero no! Mi hija y yo estamos absolutamente desprotegidas y sin poder recurrir a quien me debe ayudar”, finaliza. 

 

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