PERFILES EGIPCIOS

Cospedal, la alargada sombra que persigue a Pablo Casado

Cospedal, la alargada sombra que persigue a Pablo Casado

El Partido Popular del pasado no tiene nada que ver con este”. “Yo no tuve responsabilidades en el partido”. “Ese PP ya no existe”. Estas son algunas de las frases con que Pablo Casado, presidente nacional del Partido Popular, responde a la prensa cuando le preguntan por el caso Kitchen, un entramado de espionaje creado con el objetivo de que la famosa caja B que usaba el PP para tapar su corrupción no saliera ala luz y no salpicara a su cúpula, incursa todavía en el proceso judicial de la Gürtel. Tan del pasado es el PP de José María Aznar, gran valedor de Isabel Natividad Díaz Ayuso (INDA) y de Mariano Rajoy que Casado quiere vender la sede de Génova, 13, para salir de las cloacas que han inundado los despachos donde los máximos dirigentes del PP urdieron el mayor fraude político y económico de la reciente historia de España.

Como en los palacios mas afamados, la sicofonía grabó en Genova 13 la voz de los fantasmas que salen de ese pasado del que quiere huir Casado. Misión imposible. Por pasillos y despachos todavía se oyen las palabras susurrantes del comisario Villarejo y de María Dolores de Cospedal, una de las personalidades políticas más influyentes en la última década del partido y a la que Casado debe la presidencia del partido. A pesar de que ninguno de los periodistas que comen en su mano lo menciona en ningún artículo, Cospedal fue decisiva para la escalada de Casado en el partido que según él nunca existió.

Tras la moción de censura que desalojó del poder a Mariano Rajoy y al PP, cuatro políticos optaron a presidir el partido. Sáenz de Santamaría, Cospedal, Margallo y Casado. Santamaría fue la más votada y en segundo lugar quedó el irresponsable Casado, el hombre que no hacía nada en el partido que ya no existe. En la segunda vuelta, Cospedal se vengó de su enemiga en un Gobierno donde todos eran una piña, más bien piñata, y cedió todos sus votos a Casado, a pesar de que nunca habían coincidido en la sede de Génova. Y así, por arte de birlebirloque, nada por aquí nada por allá, Casado llegó a la cumbre de un partido fantasmal y en el que nunca tuvo la mínima responsabilidad. Los cargos que ocupaba eran chiringuitos vacíos de contenido montados para tenerlo ‘desokupado’, al estilo del que ahora ha creado INDA para Toni Cantó en Madrid.

 

¿Curioso verdad? El desmemoriado Casado que ahora niega el golpe de Estado que llevó al poder a la dictadura franquista tampoco recuerda que su gran valedora, su mentora política, es una experta en tejer y destejer redes de espías. No podemos olvidar, algunos sí claro, que durante su estancia en el Gobierno de Esperanza Aguirre se fraguaron los espionajes al entonces vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo y al ex consejero de Justicia, Alfredo Prada. Tiempo y maestros para aprender ha tenido María Dolores de Cospedal García, nacida en Madrid el 13 de diciembre de 1965.

‘La niña de Albacete’, como era conocida en La Mancha (a los 17 años fue coronada guapa de la Feria albaceteña) pronto se ganó el sobrenombre de ‘La reina en su torre de marfil’ por su porte altanero y distinguido, al decir de sus correlegionarios del PP. Celosa guardiana de su vida privada, su estado civil, divorciada y otra vez casada, y el hecho de que entre el primer divorcio y la segunda boda tuviera un hijo por fecundación ‘in vitro’ le dio fama, mala, entre la extrema derecha de su partido y la Iglesia católica que en aquella época gobernaba Rouco Varela con mano inquisitorial y buena, de moderna y ‘progre’, entre quienes celebraron su santo advenimiento a la dirección nacional del PP. Era la imagen que necesitaba Mariano Rajoy para centrar el partido y arrumbar el sambenito de ‘carca’ que lastraba, lastra y lastrará, el vuelo de la gaviota, decían los modernos populares -entre los que no estaba Casado- a los periodistas que fusilan sus comentarios sin contrastar fuentes.

 

Si las contrastaran sabrían que esta doctora en Derecho por la Universidad del CEU de San Pablo -varios siglos de católico ‘gaudeamus igitur’ nos contemplan- abogada del Estado por oposición y salario, empezó a medrar en el Partido nada menos que de la mano de Javier Arenas Bocanegra, entonces ministro de Trabajo, que la llevó a su ministerio como asesora de su Gabinete. El líder de la rama democristiana del PP de Aznar, y uno de los más afamados miembros del clan de los genoveses, vio en la joven funcionaria un valor seguro para dar el pego a su electorado más centrista. Lo del divorcio, en realidad anulación canónica, da mucho caché y provoca gran admiración entre los católicos demócratas, defensores a ultranza del matrimonio hasta que la muerte los separe, como podrían atestiguar muchas mujeres si no estuvieran muertas, asesinadas por sus maridos o compañeros, con la ex o sin la ex delante.

 

Ganó fama de eficaz servidora de los intereses del Partido la madrileña adoptada por Albacete, hasta el punto de que Ángel Acebes, entonces todopoderoso ministro de Interior, se la birló a Bocanegra y Cospedal, -el DE es impostado-, previo paso por Administraciones Públicas cambió Trabajo por Interior. Allí aprendió la ex secretaria general del PP a trabajar con espías y contraespías. Si la cárcel es la mejor escuela para un ladrón, el contacto con los servicios de espionaje es una universidad para aprender las artes del disimulo, el engaño, la mentira, el bulo, la calumnia… Cum laude obtuvo Cospedal en tan académicas materias que remató con un master en terrorismo con motivo del atentado del 11-M, tiempo en el que aprendió de sus admirados jefes, los santos Josemaría y Ángel, que para medrar no hay mejor camino que mentir sin pestañear ni mover una ceja.

 

Cierto que el PP perdió aquellas elecciones precisamente por eso, por mentir, mas ese fue un avatar de la política. Nadie contaba con la habilidad del malvado Rubalcaba.

Mas estábamos en que Dolores de Cospedal quedó en expectativa de destino, como los militares a los que más tarde pondría firmes. Sin escaño en el congreso ni canonjía en el Gobierno, fuese Cospedal como emigrante de lujo a ganarse los garbanzos a Estrasburgo como abogada del Estado para los Derechos Humanos, lugar ideal para desarrollar los conocimientos adquiridos al lado de paladines de la libertad y de la verdad como San Josemari, Acebes y Bocanegra.

Allí la descubrió otra gran defensora de los derechos humanos, Esperanza Aguirre, que la rescató para su Gobierno autonómico como consejera de Transportes. Olvidóse la albaceteña de adopción de su Mancha querida y vínose corriendo a la capital para recuperar su linaje madrileño, siempre en sus recuerdos la Puerta del Sol, la Plaza Mayor, el Arco de Cuchilleros, Gran Vía, Cibeles, Colón, Génova, Moncloa… paisajes todos de su añorada infancia.

 

En su paso por Madrid, Cospedal mamó de su Pigmalión político, el mismo que calzó y vistió a INDA (Isabel Natividad Díaz Ayuso), el veneno del odio a Catalunya e hízose gran detractora del Estatut catalán y ¡cómo no! de Educación para la Ciudadanía, asignatura que ponía al trío La,la,la no ya al borde de un ataque de nervios, sino de la ira más violenta. Tanto que a su regreso a Moncloa presionó para que el nuevo ministro de Educación, el ínclito José Ignacio Wert, cambiara tan repugnante asignatura por Formación de Emprendedores, que en tiempos de crisis lo que necesitan los niños no es aprender valores democráticos y ciudadanos, sino a montar empresas, si son de hostelería mejor, para ganar grandes dineros.

 

Vocación ésta, la de ganar dinero me refiero, que Cospedal ha seguido siempre con mítica reverencia, aunque trate de disimular cuando habla con la prensa amiga, ante quien confiesa que la política es profesión de grandes sacrificios y en la que ella estaba de forma desinteresada y, por supuesto, con contrato temporal. Causa rubor conocer la estima en que se tiene la bien pagá niña de Rajoy, que en plena crisis económica cobraba los salarios de senadora, diputada regional, secretaria general del PP y la parte proporcional por ser abogada del Estado. Todo ello sumaba la estimable cifra de 241.840 euros del año 2009. Tanto desprecio siente esta señora por el dinero que incluso se le olvidó contabilizar en la declaración de la renta ciertas propiedades inmobiliarias.

 

Eso sí, Cospedal lo tiene muy claro. “Lo que tienen que hacer los españoles es trabajar más horas” y ganar menos, se supone, por seguir la fórmula de la patronal empresarial para salir de la crisis… ellos, claro. Tal vez por eso, requerida por un periodista para que justificara los muchos dineros que se embolsaba, la entonces presidenta de Castilla-La Mancha respondió que “trabajo el doble que los demás”, como si supiera que hacen esos ‘demás’. Pese a ese pluriempleo tuvo la desfachatez de declarar que tras el 20-N ella y su jefe de Moncloa se habían sacrificado por el país al renunciar a su sueldo en el partido, afirmación que concuerda mal con las grabaciones psicófonas del comisario Villarejo donde se escucha la palabra ‘sobresueldo’.

 

En ese amor al trabajo y no al dinero es donde hay que buscar la razón que la llevaron a interceder para que su actual marido, Ignacio López del Hierro, experto en cuestiones inmobiliarias, sumara un nuevo sillón donde descansar del ajetreo que supone pertenecer a cuatro consejos de Administración tan dispares como Renta Corporación, Ámper, Ítinere y Red Eléctrica, Consejo este último por el que iba a cobrar la friolera de 180.000 euros, tal vez para compensar la pérdida de poder adquisitivo de su esposa y la salida de la endeudada Caja de Castilla-La Mancha, en cuyo Consejo fue impuesto por su influyente y sacrificada esposa.

Su amor por el trabajo y su filantropía son tales que a raíz de que las Cortes de Castilla- La Mancha la obligaran a elegir entre su sueldo regional o el de senadora, le rebrotó un complejo adquirido en sus tiempos del ministerio del Interior y en sus escasos momentos de ocio se dedicó a buscar espías, incluso donde no los había, caso de las llanuras manchegas. Mas que sea verdad o bulo eso no importa. Haberlos haylos, como bien sabe ella por experiencia profesional. Claro que, gran casualidad, donde los había de carne y hueso, en la sede del Ejecutivo madrileño y en la del Partido Popular allí no los detectó. Tan es así que incluso sostuvo que todo eran maquinaciones del sabio Frestón y que si la prensa insistía en ver gigantes donde solo había molinos acabarían despedazados. Con Cospedal hemos topado, amigo Sancho.

 

No en vano la capacidad de seducción y engaño son las mejores armas políticas de la bella de la Feria. Con ellas convenció a Mariano Rajoy de que su romance con Esperanza Aguirre había sido un pecado de juventud. Caída del caballo, no tuvo reparo en emular al traídor Duguesclin y afirmar mirando a los ojos a su ex jefa: “Se puede estar con Mariano Rajoy sin apuñalar a Esperanza Aguirre”, tras lo cual pasóse con armas y bagajes a las tropas marianistas a cambio de ser número dos como secretaria general del PP y de ahí al ministerio de Defensa. No le dio tiempo a más. Una moción de censura acabó con su carrera política pese a sus argucias para desviar la corrupción hacia otros vertederos. Al fin y al cabo alcanzar el poder fue el único principio moral que transmitió su maestra de ceremonia a esta profesional de la política llamada María Dolores de Cospedal García, quien no debe olvidar el viejo aforismo de que quien a hierro mata a hierro muere, y los muertos que vos matáis gozan de buena salud, comendadora.

 

Tan buena, que ha salido de sus tumbas un ejército de zombis que la persiguen por doquiera que va, especialmente por los juzgados de la madrileña Plaza de Castilla, sede como se sabe del mayor intercambiador capitalino. Recordando sus tiempos de consejera de Transportes, ora coge tren a Albacete, ora vuelve a Madrid, ora metro a Génova, ora autobús a Moncloa… Y así, en ese ir y venir camufló, como buena espía que fue, sus encuentros con el comisario Villarejo con quien hizo un ‘master chef de kitchen’, donde aprendió a usar todos los ingredientes para condimentar una carta B con los detritus depositados en las cloacas en que ella y sus colegas de Génova han convertido al país.

 

Cómplices de ese pasado y de esas cloacas que no existen, Pablo Casado e INDA quieren reconquistar desde Madrid al resto del país para convertirlo en una democracia monárquica sin derechos ciudadanos, irreconocible para Alexis Tocqueville y apoyada en una Justicia que ha borrado de su memoria histórica a Montesquieu. La falsa libertad que promete INDA consiste en recortar dineros en Sanidad y Educación, única ideología que defiende el Partido Popular, mientras cierra todas las salidas al Gobierno para paliar el descenso del poder adquisitivo de los trabajadores. INDA, con la aquiscencia de Casado, camina hacia la privatización de los servicios públicos que obligará a los madrileños a costear en parte tanto la Sanidad como la Educación, además del chiringuito de Toni Cantó. Esta es la realidad que oculta la falsa democracia que quieren imponer INDA y Casado con la colaboración estelar de Abascal.

 

 

 

 

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