La habilidad magnánima del indulto y la torpeza mezquina de la venganza

La habilidad magnánima del indulto y la torpeza mezquina de la venganza

Este talante del AznarAyusismo que se extiende por el país sustituye el slogan Una, Grande y Libre por el más populista de país de terraza y cañita, cortijo y ganadería, devoto de Isabel y de la tuitería. Una España que en el cúlmen de su maligna torpeza a los curas llama padres, a los toreros maestros, a los fascistas patriotas y a los corruptos Majestades. Es otra vez la España rota que la situación de Cataluña evidencia cada vez más, con el debate del indulto a los presos del procés como coartada totalitaria. ¿Habilidad magnánima o torpeza mezquina? Libertad como antídoto frente a quienes piden para ellos el cadalso al que ya subieron en otro momento histórico a los comuneros Bravo, Padilla y Maldonado o al General Riego por defender una España Federal y Republicana, lo mismo que ahora piden los Jordis, Junqueras y ese electorado que permitió formar al actual Gobierno con el apoyo de los independentistas.

 

Es un error enfrentar sistemáticamente los intereses y los principios. A veces coinciden. La magnanimidad es en algunas ocasiones una habilidad y la mezquindad una torpeza. A nuestro mundo cínico no le gusta admitirlo, pero la Historia rebosa de ejemplos que dan fe de ello”.

El entrecomillado pertenece al libro ‘El naufragio de las civilizaciones’, del autor libanés Amin Maalouf. El escritor, premio Príncipe de Asturias por su labor de acercamiento entre Oriente y Occidente, vivió en sus carnes la estupidez mezquina. La llegada del general Gamal Abdel Nasser al poder en Egipto tras la crisis del Canal de Suez de 1952, se tradujo en una decisión recurrente en todos los dictadores. La expulsión del país de los no egipcios de primera generación, empezando por las potencias colonizadoras, británicos, franceses e israelíes. Su política ultranacionalista provocó el éxodo masivo de todas las comunidades bautizadas como ‘egipcionizadas’, algunas de las cuales llevaban varias generaciones viviendo a la orilla del Nilo. Entre ellas, la familia de Maalouf.

 

En la habilidad magnánima está Nelson Mandela. Uno de los primeros actos que realizó el líder sudafricano tras abandonar la cárcel y asumir el poder fue tomar el té con la señora Verwoerd, la viuda del primer ministro que lo había encarcelado durante veintiséis años por defender sus ideas. La simbólica intención de Mandela no fue otra que decirle que no iba a tomar represalias y que su intención era integrar y no discriminar a nadie. Es la diferencia que existe entre quienes piensan en su pueblo, nación o país antes que en satisfacer pequeñas y miserables venganzas personales. Ejemplos de estos últimos hay muchos en la Historia, sobre todo en la española.

 

La más sangrante ocurrió en 1492. Tras la toma de Granada, los llamados Reyes Católicos expulsaron a moros y judíos en vez de integrarlos. Con la marcha de dos comunidades tan arraigadas en España, el país sufrió una mutilación traumática, de la que todavía estamos pagando las consecuencias. Perdimos su conocimiento, su trabajo y su aportación cultural. En vez de culminar una España unida, como la falsa Historia intenta hacernos creer, los católicos reyes patentaron la marca de las dos Españas.

 

Una marca que fundió en la fragua de la ignorancia, de la intolerancia y del odio, el dictador Francisco Franco tras la Guerra Civil. En esta ocasión los moros y los judíos, que también, mutaron en comunistas, socialistas y anarquistas, englobados todos ellos en el estigma común de rojos republicanos. Miles de españoles tuvieron que abandonar su país en busca de una libertad que les habían arrebatado por la fuerza. Con su exilio forzoso, España no solo perdió su libertad, también perdió la libertad de enseñanza, la igualdad de la mujer y la aportación económica e intelectual de la que se nutrieron los países que los acogieron.

 

Hoy, sin aprender de los errores históricos que propiciaron la cerrazón política e ideológica de los Reyes Católicos y del dictador Franco, España vuelve a vivir una situación similar. La España que según Antonio Machado ha de helarnos el corazón invita a abandonar el país a quienes no piensan como ellos. Escuchen de nuevo a Rocío Monasterio decirle a Iglesias que se vaya o a Isabel Natividad Díaz Ayuso -en adelante INDA- arrogarse como un triunfo personal la decisión de Iglesias de abandonar la política.

 

Este talante del AznarAyusismo que se extiende por el país sustituye el slogan Una, Grande y Libre por el más populista de país de terraza y cañita, cortijo y ganadería, devoto de Isabel y de la tuitería. Una España que en el cúlmen de su maligna torpeza a los curas llama padres, a los toreros maestros, a los fascistas patriotas y a los corruptos Majestades. Es otra vez la España rota que la situación de Cataluña evidencia cada vez más, con el debate del indulto a los presos del procés como coartada totalitaria. ¿Habilidad magnánima o torpeza mezquina? Libertad como antídoto frente a quienes piden para ellos el cadalso al que ya subieron en otro momento histórico a los comuneros Bravo, Padilla y Maldonado o al General Riego por defender una España Federal y Republicana, lo mismo que ahora piden los Jordis, Junqueras y ese electorado que permitió formar al actual Gobierno con el apoyo de los independentistas.

 

El dilema no admite duda. Acaso es más patriótico y se defiende mejor la unidad de España impidiendo la libertad de los procesados, apoyados en unos jueces a los que nadie ha elegido y que suplantan la potestad del Gobierno para solicitar el indulto al Jefe del Estado, el rey Borbón Felipe VI, heredero del defraudador Juan Carlos I y que bebe de las fuentes de aquel otro absolutista que pisoteó la Constitución liberal de las Cortes de Cádiz, la popular Pepa, y que exilió a los cultos afrancesados para traer a los 100.000 Hijos de San Luis. En esa guerra que acabó con el trienio liberal, y no en el patético Dos de Mayo madrileño que pintara Francisco de Goya para congraciarse con su Monarca, perdieron los Borbones unos derechos democráticos que la Guerra Civil y la Dictadura convirtieron en un fraude al pueblo español.

 

Hoy, todos los partidarios de ajusticiar a los condenados en el procés están cayendo en la mezquindad torpe. Impedir que los procesados participen en el Gobierno de Cataluña y en la negociación con el presidente Pedro Sánchez es perpetuar a dos enemigos de la España unida en su pluralidad, Puigdemont y Quim Torra. Dejar fuera de la política nacional a estos dos nefastos personajes es el mayor favor que se puede hacer al Federalismo.

 

Puigdemont y Torra representan a una de esas dos Españas que el AznarAyusismo quiere perpetuar. Frente al ultranacionalismo catalán los ultras madrileños encabezados por INDA, atacan, insultan y no dejan gobernar a Pedro Sánchez siguiendo las absolutistas políticas de los Reyes Católicos, Fernando VII o el dictador Francisco Franco. Negociar para integrar todas las ideas políticas es la mejor defensa que se puede hacer de la Democracia. Apelar a la libertad de expresión, que no de ideas, que invocan algunos jueces para justificar los ataques de esos falsos periodistas que no levantaron la voz cuando ese jarrón chino descatalogado que es Felipe González indultó al general Armada, cerebro y ejecutor del golpe de Estado del 23-F, es un fraude de ley.

 

Esa decisión del entonces presidente del Gobierno y secretario general de un PSE sin la O de obrero ni la M de marxista ni la F de federalista, ningún juez la calificó de Indecente ni arbitraria. Nadie de entre los principales del Parlamento le llamó traidor ni ningún tertuliano de pesebre le instó a cerrar la puerta giratoria al salir. El entonces Jefe del Estado firmó el indulto feliz de satisfacer a una derecha en la que ya empezaba a germinar de nuevo el fascismo. No le tembló el pulso como parece ocurrir con su heredero, incapaz de moverse en los mentideros de Sol para apoyar al presidente del Gobierno en una decisión que va a marcar el futuro de España y de la Monarquía. Lo suyo es acudir a un colegio católico, apostólico y romano para apadrinar la Confirmación de su hija y ¿futura Reina de España? para solaz de esos tertulianos que han sustituido el corazón por la yugular de los miembros del Gobierno que ha salido de las urnas, la reflexión por el tuit “Alejemos a los españoles de la funesta manía de pensar” que ha hecho trending topic a Tadeo María Calomarde y el Parlamento democrático por una cañita en la Plaza de Colón tras salir de los juzgados de Plaza de Castilla.

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