El silencio cómplice de Ayuso

El silencio cómplice de Ayuso

He estado bastante tiempo fuera de España recogido en plan eremita, sin más compañía que un bolígrafo y un paquete de folios en blanco, en una de las islas más solitarias que forman el archipiélago de Estocolmo. Este retiro voluntario me ha permitido desconectar de la crispada situación política, social y sanitaria de nuestro país, en concreto de Madrid. A mi regreso, hace dos días, al abandonar la oscuridad del Metro en la parada de Colombia, -distrito de Chamartín, barrio de Hispanoamérica, donde había quedado con una amiga para tomar café- quedé sorprendido por los numerosos pasquines con el rostro de la candidata Isabel Natividad Díaz Ayuso, en adelante INDA, con la aureola de la palabra LIBERTAD. Por un segundo, al ver el pasquín colgado del farol, regresé al paraíso de los cines de mi juventud y en su lugar vi el rostro de Clint Eastwood enmarcado por la palabra Reward y una cifra, 10.000 $

Pasado el nostálgico lapsus, contemplé detenidamente la foto, con las mejillas retocadas con Photoshop, y pensé que a la candidata INDA la habían ‘enchiquerado’ por alguna de las numerosas causas judiciales, -Gürtel, Lezo, Kitchen, Púnica, Caja B-, que el PP, madrileño y nacional, tiene abiertas por corrupción y que sus correlegionarios y trompeteros mediáticos exigían la libertad de su lideresa. El malvado pensamiento duró apenas unos segundos. El tiempo justo para darme cuenta de que todavía no estaba incursa en ninguna de las operaciones bajo investigación policial, a pesar de que en sus entresijos ya aparece la etiqueta de su ex jefa y principal artífice de su carrera política, Esperanza Aguirre.

Mientras esperaba a mi amiga sentado en una terraza de esas que han colonizado las aceras públicas y lugares reservados para aparcar, rodeado de ‘teenager’ gritones y sin mascarilla, reflexioné. Si no es para ella, para quién pide LIBERTAD la candidata INDA. ¿Para los inmigrantes que ‘malmueren’ hacinados en los centros de ‘recogida’? ¿Para los MENAS derrochadores de caudales públicos y encarcelados bajo los cargos de robar las pensiones de nuestras abuelas? ¿Acaso para los habitantes de la Cañada Real que sobreviven a oscuras y sin comida desde hace años? ¿Libertad para las mujeres que quieren abortar sin riesgos ni para ellas ni para sus hijos? ¿Para las mujeres maltratadas y victimas de agresiones sexuales obligadas a sufrir humillantes interrogatorios como si fueran las agresoras? ¿O la pide para los parroquianos obligados a abandonar la barra del bar a las once de la noche, sin tiempo para coger el virus con sus narices y bocas libres de mascarilla, llevarlo a sus casas y justificar que el contagio se produce en el hogar familiar? ¿O para los niños que reciben adoctrinamiento en católicos colegios privados, pero con fondos públicos, esclavos del pin parental? Quizás ese deseo de LIBERTAD vaya dirigido a los hambrientos subvencionados que forman famélicas colas en la puerta de la correspondiente ONG.

En estas cavilaciones estaba mientras esperaba a mi amiga cuando un titular del periódico que había abandonado sin leer en la mesa iluminó mi ofuscado cerebro. La candidata INDA afirmaba en una entrevista que llevaba “dos años presa de Ciudadanos y de VOX”. ¡Aleluya! Ya conocemos el destino final de su grito libertario. No quiere librarse del comunismo tiránico ni del sanchismo manipulador y mentiroso. Tampoco del recuerdo de los muertos cuyos fantasmas vagan por residencias y hospitales. Menos aún de los círculos de tiza azul caucasianos donde trabajan explotados los otrora aplaudidos y ahora vilipendiados trabajadores sanitarios.

No, quienes coartan su libertad con gruesos cordones sanitarios y a quienes quiere expulsar de la Asamblea Regional son sus ex socios, que le impidieron gobernar y tomar las decisiones que necesitaba Madrid. Ahora se entiende que en estos dos años no haya aprobado unos presupuestos que permitieran sacar a Madrid del impasse social y económico, ni ninguna otra ley, excepto la del Suelo Público hoy todavía parada en el Tribunal Constitucional. Durante estos dos años VOX y Ciudadanos la sentaron en el trono madrileño para luego secuestrar su voluntad, enmudecer su voz y convertirla en una menina callejera sin capacidad de decisión. Una marioneta encerrada en su despacho de Sol o en la cárcel de oro que le alquiló su amigo Sarasola, de los que solo le permitían salir para lucir palmito en fiestas y saraos y vender calamares en IFEMA.

Tras la denuncia pública, al estilo de los mejores reality show televisivos, de la situación política que ha vivido la pregunta es inevitable. ¿Por qué mantuvo dos años esta sociedad sin revelar que era tóxica para ella y para Madrid? ¿Por qué todavía hoy su partido mantiene la coalición en varias comunidades, incluso en el Ayuntamiento que preside su ‘alter ego’ Martínez Almeida? ¿Está el alcalde de Madrid prisionero de Begoña Villacís y de los legionarios de VOX? ¿Significa esta denuncia que en la próxima legislatura no va a gobernar con sus ex socios si no obtiene la mayoría absoluta?

Curiosamente, cuando se le hace esta pregunta la candidata INDA mira para otro lado, hacia donde está su asesor de imagen, sonríe sin mostrar los dientes para no enseñar las caries, saluda con la mano como si estuviera en la alfombra roja de los Oscar y pone cara de Doris Day cantando aquello de “Que será, será, lo que sea ya será… en ‘El hombre que sabía demasiado’, inolvidable film dirigido por el mago del suspense Alfred Hitchcock. Un suspense que, desde los pasquines publicitarios, ella lleva a su política, convertida en película hollywoodense y cuyo desenlace solo desvelará cuando los faroleros pasquines yazcan sobre el asfalto madrileño pisoteados por los votantes que el 4-M hayan depositado sus sobres con papeletas, pero sin balas de CETME ni navajas ensangrentadas.

Mientras tanto, silencio cómplice. Los electores votarán ignorantes de si la candidata INDA tiene intención de repetir Gobierno de coalición ultraliberal-fascista con sus antiguos carceleros o si en Madrid gobernará un tripartito que traiga cordura a una ciudad cuya máxima aspiración no sea volver a casa a las tres de la mañana, sin toque de queda ni mascarilla para satisfacción de los noctámbulos y de los prebostes del gremio hostelero.

No, los turistas franceses no vienen a Madrid atraídos por esa vida cultural que es la envidia de parisinos y demás vecinos europeos. No, no vienen a visitar museos, escuchar ópera italiana o conciertos berlineses como proclama el alcalde capitalino. Si en la década de los cincuenta, durante la dictadura del general Fulgencio Batista -cuyos restos yacen en el cementerio sacramental de San Isidro- Cuba fue bautizada como el ‘burdel de Estados Unidos’, Madrid, tras la pandemia y la dictadura del Gobierno de coalición ultraliberal-fascista de Ayuso, aspira a que la ONU le conceda el título de Patrimonio Cultural de la Cañita y del Gintonic. Fascismo en libertad es el mérito que exhibe para solicitarlo. Como chiste de barra tomando cañas no tiene gracia. Como único punto del programa de Gobierno de la candidata INDA causa estupor, primero, indignación, después. Otra vez la España de futbol, toros y cuba libre. Perdón, quería escribir barra libre. En qué estaría pensando. ¡Qué hartura!

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