26 de abril y el lesbianismo político de las invisibles

26 de abril y el lesbianismo político de las invisibles

La visibilidad gay siempre “disfruto” del reconocimiento que ha tenido la homosexualidad masculina, los hombres gays existen en cualquier contexto para bien o para mal, sea cual sea su profesión o cargo publico ¿ y las mujeres lesbianas políticas, profesionales, e incluso de las fuerzas armadas... ?.  El lesbianismo en la historia ha sido silenciado, incluso por los tribunales y la Santa Inquisición, pero también por la opinión pública  que mirando hacia otro lado ha negado que las mujeres tengan una  sexualidad  independiente del “determinismo natural” de la maternidad,  y que su deseo sexual pudiese despertar la atracción sexual de otra mujer, pues… las “cosas” entre mujeres... que importancia tienen, si todo deseo gira alrededor del falo. El lesbianismo ha carecido de su merecido reconocimiento, por lo que las lesbianas siguen invisibles, y sin referentes propios tienen que asumir el rol masculino para hacer valer  su diversidad afectivo- sexualidad. 

 

Pero lo peligroso es cuando  esa prevalencia sexual androcéntrica se convierte en heteronormativa, reflejándose en las  leyes, planes y políticas institucionales, sea este el caso  de nuestra Comunidad de Madrid con un Gobierno de coalición conservadora (PP – Ciudadanos - Vox), con la discriminación de las lesbianas del Plan de Medidas de Refuerzo Contra la Violencia Machista  de  2020, donde la Medida “Educación afectivo-sexual” quedó reducida a las relaciones heterosexuales  ignorándose la realidad social de la diversidad sexual de las mujeres, ídem en cuanto a las “Acciones de sensibilización, información, prevención dirigidos a colectivos vulnerables, donde se excluyó al colectivo de lesbianas, dejándolas  sin medida de protección frente la violencia machista.

Todo ello obviando el Convenio de Estambul que obliga a proteger a las mujeres contra todas las formas de violencia (art 1) como lo es la lesbofobia, y a que las medidas se aseguren  sin discriminación alguna, como la orientación sexual (art 4).  Y la  inobservancia de la Ley integral contra la Violencia de Género de la Comunidad de Madrid, para prevenir y combatir la Violencia de Género en sus diferentes causas, formas y manifestaciones (art. 1), entre otras con medidas de sensibilización en los ámbitos publicitario y de los medios de comunicación y social, prestando especial atención a mujeres pertenecientes a colectivos o ámbitos donde el nivel de desprotección pueda ser mayor (art 3), y donde el  ámbito de aplicación se extiende al  menoscabo  de su libertad sexual (art 2). Por último cabe mencionar el continuo desentendimiento de la Dirección General de Igualdad del mandato de la Ley de Protección Integral contra la LGTBifobia y la Discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual en la Comunidad, que obliga a dicho Órgano a realización de campañas que contribuyan a la erradicación de la doble discriminación que sufren las mujeres lesbianas y bisexuales (art 22). Este ninguneo institucional es al que se enfrenta la lesbiana cada día, y es que las vidas de lesbiana en el patriarcado es insufrible. 

Mientras tanto las nuevas generaciones de gais de los partidos de la derecha clásica española se   quejan  de ser incomprendidos y repudiados, pero aseguran que más de un 30% de los chicos de Nuevas Generaciones de Madrid son gais, que la gran cantera la tiene la derecha aunque  la izquierda quiera acaparar la representación LGTBI.  y de nuevo,,, ¿dónde están las lesbianas?. Por  contra ahí tenemos ganando espacio electoral a la ultraderecha Voxiana, al partido del orgullo homófobo (se presume también lesbófobo), porque cada cual debe vivir su orientación sexual puertas a dentro en su casa y su cama, si manifestaciones escandalosas en  lugares públicos, como por ejemplo la visibilidad lesbiana. Derecha anticuada y pacata que afortunadamente ignora el  avance del homonacionalismo europeo, el fenómeno de los partidos de extrema derecha  con un programa  xenófobo, racista y  anti-asociacionismo LGTBI,  contrario  al matrimonio igualitario,  los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y el feminismo, pero empeñados en atraer  los votos de lo que denominan minorías sexuales, caso del  Frente Nacional Francés de Le Pen, con Florian Philippot como segundo, y  Sébastien Chenu, fundador de la organización gay conservadora  GayLib, así como  el Partido de ultraderecha  “Alternativa para Alemania”, donde Alice Weidel, una  lesbiana visible, ésta a la cabeza del mismo (y aquí si aparecemos las lesbianas) con una discurso político nacional-conservador, pero elegida porque ya que el único requisito para que una persona sea lesbiana es ser mujer,  al ser lesbiana quieren asegurarse el voto de  las mujeres a la vez que el del colectivo LGTBI, una mal entendida  “política de la diferencia”. 

Ante tanta incoherencia, hipocresía y mercantilismo  de una minoría privilegiada de las “minorías sexuales” que dice no necesitar "politizar" su identidad sexual,  pero lo que no tiene es ningún interés en la causa de los derechos  LGTBI, solo se sirven de su condición para posicionarse;  ante la falta de respuesta contra las “zonas libres de LGBTI” de países como Polonia que pretenden acabar con toda la Comunidad, y en particular, ante unas siglas LGTBI de todos los países, que invisibilizan la diversidad sexual de las mujeres y en nada representan la vida común de las lesbianas, no queda otra opción que recuperar el lesbianismo político, la práctica de politizar el lesbianismo, aunque cualquier forma de manifestarlo sea legítima.

Recabar un manifiesto del reconocimiento de la voz lésbica dentro del movimiento feminista hacia la transformación social, porque la opresión por motivo de sexo  forma parte de un conjunto de opresiones,   aunque sea la principal. La invisibilidad lésbica será perenne si no  se acaba con el sistema político de los patriarcados homo y hetero, así como con la ilusión de una vida feliz identificada en las comunidades sexuales, donde  la prominencia del movimiento gay y trans se hace presente. Hay que volver a examinar la estratificación de la sexualidad, las estructuras patriarcales de los partidos e instituciones, la  heterosexualidad obligatoria requerida a las mujeres para su promoción y éxito, lo que impide de manera difusa con la cultura de la dominación, la construcción social desde la sexualidad, la realización personal, política y profesional de todas. Porque el lesbianismo no es solo una mera orientación sexual al igual que tampoco lo es la heterosexualidad, edificio de tradiciones e instituciones mediante un modelo organizativo de vida privada y pública, con un sistema sociopolítico y económico a su modo de entender el mundo, en definitiva, una política de vida porque lo personal es político, que difunde una producción de conceptos exclusivos  y excluyentes, donde no hay lugar  para las lesbianas si no se habla en su idioma, más haya de que el género sea una construcción social  impuesta a las mujeres, entre otras,  para la apropiación de sus cuerpos, y sin excepción  por su orientación sexual, es decir, aun no  estando vinculadas afectivo-sexualmente con el otro sexo, lo que se paga con el proceso de la invisibilización. 

 

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