“Cuando vengan a por mí…”, será tarde para defender la democracia en Madrid

“Cuando vengan a por mí…”, será tarde para defender la democracia en Madrid

El fallido debate de la cadena SER es el punto de inflexión en la campaña electoral del 4M a la Comunidad de Madrid. Ya no ha lugar a equidistancias.  Ni a discursos disparatados o frivolidades de salir a tomar cañas, por toda campaña. Todos, también los que vivimos fuera de Madrid, tenemos que tomar partido. El auge de la ultraderecha neofascista española es una amenaza directa a nuestro sistema de convivencia. Sí, hay que defender a esta Democracia que tantos sacrificios nos ha costado a los demócratas españoles en los últimos 44 años para ser considerada como una de las pocas democracias plenas en el mundo. Claro que es mejorable, por supuesto, pero nadie podrá negar que las últimas cuatro décadas, la Democracia ha aportado, a todos, más estabilidad política, más progreso social, derechos y libertades y más desarrollo económico que nunca. 

A estas alturas, nadie se podrá sorprender por los comportamientos de los dirigentes de Vox y de su socio, el PP. Los demócratas somos muchos más. Pero hacemos mucho menos ruido. Desde hace ya unos años, somos muchos los que venimos denunciando y advirtiendo sobre el peligro de partidos radicales ultras como Vox y por mimetismo, el PP. Hemos denunciado por activa y por pasiva sus estrategias para ir infiltrándose en las instituciones públicas por medio de discursos nacional- populistas, utilizando el odio, el victimismo, y creando falsos enemigos a los que enfrentarse con falaces argumentos para  manipular a la ciudadanía. Algo que no se ha permitido en Europa, donde las familias Popular y Liberal, mucho más avezadas, han impuesto un muro para que la extrema derecha no llegue a los órganos de gobierno y a las instituciones. 

 

En cambio, el Partido Popular de Aznar y Casado, de Ayuso y Miguel Ángel Rodríguez, de Egea y Gamarra, se ha mimetizado con la ultraderecha y ha vendido su “alma democrática al diablo”, con tal de agarrarse al poder en ciertas autonomías, como son Andalucía, Murcia, Castilla y León y sobre todo Madrid, donde han creado a la “musa de la derecha” a base de chifladuras y debates del absurdo. Una política sin currículum ni preparación que jamás contesta a lo que se le pregunta, entre otras cosas porque no sabe; por tanto, evade toda responsabilidad de sus actos, y sobre todo de su “desgobierno descomunal”. 

 

No solo se trata de la gestión frívola y cuasi delictiva de la pandemia, donde se prefiere llenar los hospitales y las UCIs de enfermos, antes que vaciar los bares de juerga nocturna y borrachera; donde no se gobierna en serio, como bien expresa el candidato socialista Ángel Gabilondo. También se trata, de la irresponsabilidad de no saber dar respuesta económica a los perjudicados por la crisis pandémica. No le ha venido en gana a Ayuso repartir en la hostelería, comercio y pymes, centros de atención sanitaria, contratación de médicos, etc, los 3.000 millones que le ha dado el Gobierno Central para paliar los efectos de la pandemia- Tampoco ha sido capaz de aprobar unos Presupuestos Generales para dar respuestas y soluciones a los que ya venían dañados de la anterior crisis económica. 

Como buena populista de la escuela trumpiana, Ayuso domina el lenguaje de ideas simples -a veces infantiloides- y soluciones aún más simplistas e imposibles de poner en práctica. Eso si, con tintes supremacistas, xenófobos y una evidente falta de respeto a las mujeres, obreros y gente de clase trabajadora. Y sobre todo, el arte de la verborrea con lanzamiento de datos falsos sin opción a dejar que le rebatan o repregunten. En otras palabras, ambas socias, Ayuso y  Rocío Monasterio, se parecen cada día más, “la derechita cobarde” que oposita a extrema derecha. Por eso, perro no come carne de perro. Ambas dominan, la locuacidad de insulto barriobajero, perteneciendo ellas a la burguesía de postín. Monasterio, este mismo viernes, ha sido la comidilla mediática al boicotear -sin perder la cínica sonrisa- un debate electoral entre los cinco candidatos, al cual Ayuso no había querido asistir por pánico escénico, concretamente en La SER. 

 

Monasterio no tuvo empacho en insultar a la propia directora de Hoy por Hoy, Angels Barceló, una de las periodistas más rigurosas y solventes del país. “Mírela, qué es usted, una periodista o una activista, mírela, mírela agarrando de la manita a Iglesias…”. “Qué se vaya de una vez si es tan valiente… eso queremos, que se vaya de España, y nos deje tranquilos…”. Algo que jamás se había visto desde la reciente historia de la democracia. Y todo ello, porque la ultra Monasterio dio a entender que las cuatro balas y la carta de amenaza de muerte para Iglesias y su familia, eran una fábula del líder de Unidas Podemos. “A quien ya no se le puede creer nada”. 

 

 

Un día antes, Iglesias sufrió la amenaza con la entrega del sobre con balas, al igual que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la Directora General de la Guardia Civil, María Gámez Gámez. Hechos de extrema gravedad que no es la primera vez que suceden desde que se aprobó la Constitución y se selló la democracia tras la muerte del dictador. De hecho, el propio Iglesias, tampoco es la primera vez que se sienta al lado de gente que no solo no condenó en su día, ni condena la violencia terrorista, las amenazas, las bombas e incluso los asesinatos. Un Iglesias que, no ahora, sino de siempre, no duda en codearse con los que minimizaban a los que, no es que enviaran balas en las cartas -que también lo hacían- sino que las incrustraban directamente en la nuca de sus víctimas. Pero esta vez, lo que no fue capaz de soportar el líder de Podemos, es lo que sí estaban dispuesto a enfrentar y condenar con la palabra y la contundencia, tanto el líder socialista, Ángel Gabilondo, como la de Más Madrid, Mónica García. A Iglesias le pilló a tras pie que esta vez las amenazas y discursos de la violencia, vinieran del otro lado y a quien señalaran en la diana, no fueran guardia civiles o políticos del PP o del Psoe, sino a su propia persona y familia. Esta vez, Iglesias llevaba razón, desde luego, eso no se pone en duda, pero un poco más de aplomo y un poco menos de “puño de hierro y mandíbula de cristal no le hubiera venido mal”.  Máxime cuando tras solidarizarse con su postura y en contra de los delitos de odio, tanto Mónica García como Ángel Gabilondo, el líder morado, aprovechó la gravísima coyuntura para con su estilo más tibio, acusó de “haberse levantado tarde del debate y haberlo hecho por el qué dirán”.

 

 

Gabilondo ya llevaba desde el inicio de la campaña, pidiendo que no se polarizaran los discursos del odio. Sobre todo para no dar lugar a los ultra a que declararan una ficticia guerra entre fascistas y comunistas. Pidió amortización, moderación, sensatez y programas y propuestas. Olvidar las dos España, combatir a Vox con argumentos y condenas contundentes. Pero el comportamiento de Monasterio sobrepasó todos los límites. Gabilondo hizo bien solidarizándose “en cada caso con cada persona amenazada” lo dejó claro. Se levantó de un debate del que jamás se hubiera levantado si hubieran ido contra su persona y demostró la calidad y la altura democrática de un político, capaz de exasperarse mucho más por la utilización rozando al nazismo, de los “menas”, que por cualquier insulto o ataque a su persona. 

 

El candidato socialista lo dejó claro en el debate fallido. Al fascismo y al totalitarismo, mientras sea un partido legal elegido en las urnas, hay que combatirle con los argumentos, sin levantarse de la mesa. “Pero ahora mismo, frente a lo que ha pasado, tenemos que mandar un mensaje superior a la ciudadanía, más allá de nuestro programa y propuestas, no se puede mantener el discurso de la violencia y el odio. Y pedirles a los madrileños ganen los derechos y libertades, en las urnas, yendo a votar para que ganemos al odio. Esperaba que volviera [a sentarse en el debate] Iglesias, pero no podemos mantener el odio frente a los valores democráticos”. 

 

 

Y más claro aún: “este es el punto de inflexión de esta campaña”. Afeó la ausencia de la otra líder de la derecha radicalizada en competencia con Vox, Díaz Ayuso y dejó claro que ahora tocaba luchar por la democracia y porque Madrid no fuera la primera capital europea con un gobierno de ultraderecha. 

Abalos: “¿Qué diríamos si en lugar de “menas” lo cambiamos por judíos?”.

Que se puede esperar de dos políticas que siguen a rajatabla la estrategia del antiguo asesor de Aznar, o de su discípulo Abascal. La situación madrileña, recuerda a la de Estados Unidos con Steve Bannon, artífice de la llegada de Trump a la Casa Blanca. Al final de su mandato el propio Trump despidió a su asesor por considerarlo  demasiado extremista. Qué se puede esperar de partidos políticos, PP y Vox, que crean fakes, manipulan datos, y finalmente se basan en la doctrina goebeliana de manipulación de masas para llegar al poder y posteriormente mantenerse en él. Es la misma doctrina ideológica que hizo llegar al poder al partido nacionalsocialista alemán (nazi) en 1933 durante la República de Weimar, el resto de la historia creo que todos la conocemos. El propio Ábalos, en su participación de la campaña por Madrid, hizo una alusión, a propósito del cartel criminalizando a los “menas” (menores inmigrantes no acompañados). “¿Qué diríamos si en lugar de “menas” lo cambiamos por judíos?”.

 

 

Incluso a los asesores que susurran al oído y mueven los hilos de Ayuso, que aunque no son las mismas personas que los que mueven los hilos de Monasterio, pero vienen de la misma cepa, Alianza Popular y el PP de Aznar. La xenofobia, la misoginia, el desprecio al pobre, les viene bien. Incluso los que van de moderada centro derecha, no son capaces de “ver el nazismo en los carteles”, ni condenar la violencia ultra, con la misma contundencia que condenaron la terrorista. Como pide Gabilondo, no vale eso de decir “condeno toda la violencia”. No. Hay que denunciarla en cada caso concreto. Con nombres y apellidos. Por eso, su nostalgia del 36, sus expresiones y discursos de odio, sus sonadas de sables, invocando al Ejército a que tome las armas, etc, no son sino caras, cada día menos encubiertas de una vuelta al fascismo. Es un peligro inminente para todos los españoles. Bien lo saben nuestros padres y abuelos, con tantos represaliados y tantos cadáveres que aún quedan en las cunetas. Por eso, es importante tener políticos de altura, políticos que saben, por experiencia propia, lo que costó ganar la democracia, y que conozcan y combatan a tiempo, esas líneas de nostalgia filofascista que empiezan a dibujar, cada vez con menos complejos, el PP y su socio Vox. Como dijo Mónica García, de Mas Madrid, cuando se levantó del debate de la SER. “No quiero que el discurso del odio llegue a las pizarras donde mis hijos y mi hija van a estudiar”.

 

El discurso del odio solo crea violencia y sufrimiento y nunca ha solucionado los verdaderos problemas del pueblo llano. Lo sabemos, especialmente en algunas comunidades del norte. 

 

 

Señora Ayuso, señor Bal, señora Arrimadas, demasiado bien saben que existen fascistas por acción, como lo son los dirigentes y militantes de Vox, y por omisión, ustedes que les toleran, les imitan, y les invitan a entrar en sus gobiernos como socios. Organizaciones que difunden enfrentamiento, violencia  odio, como lo han sido durante demasiados años algunas formaciones independentistas vascas y sus organizaciones afines, como lo fueron el dictador Franco y sus seguidores. Pero de amparar este fascismo por omisión no se libran los que se ponen la piel de cordero de centro-derecha o los pseudo periodistas que les aúpan, dan visibilidad y presencia en los medios de comunicación. Así como los opinadores y tertulianos a sueldo que les blanquean y banalizan y, lo más grave aún, a todos los ciudadanos que les votan.

 

El discurso del odio solo trae más odio. El discurso de la violencia solo genera más violencia. Las amenazas de muerte solo aportan miedo, y quienes no las condenan son cómplices y deberían ser responsables de las consecuencias de dichas amenazas. Madrileños, madrileñas, en vuestras manos está el día 4M convertiros en bastión contra el auge del nuevo fascismo o convertiros en cómplices. 

 

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, ya que no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, ya que no era socialdemócrata, 

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, ya que no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, ya que no era judío,

Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar…”.

 

Versión en El Museo Memorial del Holocausto de los Estados del poema escrito por el pastor luterano alemán Martin Niemöller (1892-1984)

Noticias relacionadas

INFORMACION SOBRE LA PROTECCIÓN DE TUS DATOS


Responsable: S.E.I. EDETRONIK. S.A

Finalidad: Envío de información solicitada, gestión de suscripción a la web y moderación de los comentarios.

Datos tratados: Comentarios: Datos identificativos (en el caso que te registres en la web) y comentarios.

Legitimación: Consentimiento del interesado.

Destinatarios: Utilizamos MDirector como plataforma profesional de envío de mails. Nos permite ofrecerte un servicio libre de SPAM y con total confidencialidad. Ellos únicamente almacenarán tu correo para poder realizar el envío.

Derechos: Puedes acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos que detallamos en el siguiente link

Información adicional En este link dispones de información adicional y detallada sobre la protección de datos personales que aplicamos en nuestra web.

CERRAR