La forma que tiene un abusador de hacer cómplice a la víctima del abuso es llamarla su “Lolita” o su “Sugar Baby”

La forma que tiene un abusador de hacer cómplice a la víctima del abuso es llamarla su “Lolita” o su “Sugar Baby”

De los 13 a los 17 años y por culpa del abuso sexual que vivió como menor de edad Laura Strego tuvo un pensamiento que duele solo al escribirse: “creía que lo normal era orinar con sangre”. Su juventud rota sigue tan presente que a los 34 años de edad continúa cargando con una mochila llena de piedras marcadas por el Trastorno de Estrés Post Traumático. “He padecido ataques de pánico tales que en un cine tuvo que venir una ambulancia porque creían que era una epilepsia grave cuando en realidad se trataba de convulsiones disociativas”, añade.

Y es que esta valiente ilustradora abolicionista cuya existencia es la lucha contra los abusos sexuales en la infancia se ha empeñado en una tarea: “quiero dejar de considerarme víctima para verme como superviviente”, reconoce.

Nada de ello se le hace fácil. “Por más que aprendo a disfrutar al máximo de la luz que se cuela entre las grietas”, hay días en que las hendeduras se le cierran porque los límites a lo vomitivo en los abusos sexuales a menores (ASI) no se superan.
“Siempre que creo que he visto o sabido cuál es la mierda definitiva aparece otra que te vuelve a hacer pedazos. Cosas como una niña de catorce años embarazada que era hija y nieta del padre de su bebé escribiéndote desde el otro lado del charco. Tres generaciones de víctimas y el cabrón sigue sin castigo… Y la que está avergonzada de ser quien es es la pobre niña.
Tampoco puedo comprender que ningún político mencione jamás la Dark Web. O si, y eso me da más miedo.

  • ¿Qué queda cuando te usurpan la infancia?

En mi caso fue la adolescencia entera. En general lo que queda es alguien que tiene que construir a solas el aprendizaje emocional y de autodescubrimiento que a los demás les aporta la adolescencia, porque no la he tenido, ni siquiera recuerdo con claridad mi adolescencia. A veces soy una cretina inmadura, otras una anciana demasiado reflexiva... También queda el Trastorno de Estrés Post Traumático que es un intruso recurrente, imprevisible y muy indeseable.

En relación con el sexo hay muchos tabúes, para bien y para mal, se convierte en algo absurdamente importante en tu vida: No sabes si quieres cortar definitivamente con ello o que dejen de proyectar sobre ti el cliché de “víctima-mártir-célibe-angelical” y pegarte cuarenta y ocho horas sin salir de la cama... En un solo día pueden ser ambas, o ir a rachas que pueden durar meses, incluso años.

  • ¿De qué manera te ayuda ilustrar?

Mi abusador comparaba mi estilo de dibujo con los de los comics manga y siempre decía con condescendencia paternalista que me faltaba mucho que aprender, y que por qué no me dedicaba a alguna otra cosa indeterminada. Al final aborrecí el manga y dejé de dibujar para enseñarlo a la gente. Volví a dibujar de forma habitual el año pasado, en el confinamiento, alentada por dos miembros de la asociación antipederastia Betrayed Infancy y posteriormente por Laura Redondo.

Cada dibujo que hago es un rodillazo en la entrepierna al bastardo, que por supuesto ahora es un machirulo antifeminista, asqueroso y activo pro derechos MAP (Minor Atracted Person) o personas atraídas por menores.

  • ¿Socorrer a otras niñas y a sus madres es liberador?

Si. Es lo que más me ayuda. Es la única forma de viajar al pasado y hacer lo que otros debieron hacer conmigo. Ver a los menores o los adultos supervivientes tan perdidos te ayuda a comprender cómo estuviste tú, la nula culpa que tuviste y lo negligente que puede llegar a ser la sociedad. Puedes caer en la trampa de creer que todo el mundo a tu alrededor no podía estar equivocado al ignorar la situación, pero ayudando a otras personas lo ves con absoluta claridad.

  • ¿El siglo XXI es más peligroso para la infancia por las redes sociales?

Si, definitivamente. Antes los pedófilos y pederastas estaban condenados a la marginalidad, y aunque tenían sus pequeñas redes, no era como ahora, que manejan verdaderas fortunas y tejen redes que funcionan como empresas grandes. Han aprendido mucho en esa unión. Por otro lado, la acusación de “pederasta” se usa como arma arrojadiza tan a menudo que está perdiendo su significado.

Ahora, un tipo de Vox dice que uno de Podemos (por poner ejemplos, valdría cualquiera, de verdad) es pederasta o al revés y los de la cuerda política del rival, en lugar de plantearse que tal vez se les ha colado un monstruo, asumen que es fakenews y lo repiten incansablemente a lo Goebbels. Ya no significa nada, y con negarlo sin más, vale… Aunque haya una tonelada de evidencias.

En las elecciones estadounidenses teníamos a un amigo de Jefrrey Epstein fotografiado con menores y a un viejo tocón con los niños también fotografiado, y en lugar de decir “mierda, tal vez los dos huelen mal”, la sociedad se dedicó al “y tú más” y los convirtieron en estrellas de rock. Pienso en la cancelación que se le hizo a Michael Jackson antes de las redes con menos evidencias y está claro que algo ha fallado.

  • ¿En algún momento has tenido que parar y coger aire por todo lo duro que tienes que ver en los testimonios que llegan a ti?

Si. Me siento muy mal por ello. Antes era más activa, era una huida hacia delante. Pero de pronto te encuentras con una cría de Colombia que te escribe contándote que su madre la prostituye, su padre ni está ni se le espera, tiene dos hermanos menores muy pequeños y uno de sus “clientes” habituales es el director de su instituto… ¿Qué haces? Por supuesto mandas el testimonio y la cuenta de la menor a la policía, es un deber ciudadano informar de este delito si se tiene conocimiento, pero te quedas pensando “¿harán algo?”. Te quita el sueño, y yo tengo a mi propia hija que solo tendrá una infancia y quiere a su mamá dentro de ella. Así que tengo que estar lo más despierta posible.

  • Tu otra batalla es contra el transgenerismo ¿qué tiene de peligroso la edulcoración que se está haciendo de ello desde las instituciones?

A sus 46 años, Pablo Wolscht se identifica como niña de seis años y el mundo aplaude, incluso se le reconoce institucionalmente. Si Wolscht u otro como él le quita la ropa a otra niña “jugando” o “colecciona en su ordenador fotos de amiguitos en bañador”, ¿qué hacemos? ¿Decir que son “cosas de críos”? ¿Mandarlo a un correccional de menores? ¿Qué hace falta que pase para entender los peligros de la Auto-Identificación? Ni siquiera vale que un recluso transgénero (Karen White) viole a siete mujeres en la cárcel cuando le trasladan a la de mujeres. Las mujeres también violan, dicen.

Me pregunto si llegarán al extremo de decir que los niños tienen su propia sexualidad. De hecho, Alok-Vaid Menon, otro famoso queer, insinuó algo similar. Y viendo por dónde, cómo y con quién pasean a Desmond Napoles, me aterra que ese dilema no tarde en llegar. Ya le han puesto en un vídeo al lado de Michael Alig, un asesino ex convicto, ahora validado por ser drag.

  • Que los cuirs hayan intentado destruir tu fuente de ingresos, tu tienda online ¿te ha hecho tomar aún más fuerzas?

No es la primera vez que ser feminista me mete en líos laborales. Nunca me he escondido. Si tengo que morder la mano que me da de comer para defender las manos que me levantan cuando peor estoy, lo voy a hacer, y ya me buscaré la forma de darme yo de comer. Me afectó sobre todo volver a confirmar hasta donde son capaces de llegar. Al final, la materia prima de mi fuente de ingresos son mi mano y mi cabeza, y mi trabajo es digital, pero imagínate esa pobre gente a la que llenaron de pintadas una humilde panadería tildándoles de nazis y tránsfobos. Dejas a una familia sin sus ingresos, es la barbarie, la deshumanización.

  • ¿Quiénes apoyan y azuzan la medicalización y el maltrato infantil qué merecen?

Merecen un día en la mente de una superviviente con TEPT o que les encierren sin cámaras con las personas cuyos hijos que estaban en tratamiento o se han suicidado o han muerto por negligencias médicas o psiquiátricas, con las personas que detransicionan…Creo que si se hiciera negocio con esa posibilidad habría lista de espera para acceder a esa sala. Es una rabia que afortunadamente trasciende a todos los colores políticos: La infancia no se toca.

  • Los cuirs se pasan la vida diciendo que el 24% de las personas trans se suicidan

Así es. Y yo respondo con que una persona que ha sufrido abusos sexuales en la infancia y en adolescencia, o en ambas, tiene diez veces más posibilidades de suicidarse que la mayoría de la gente. Según un estudio del Institut Hospital del Mar d’Investigacions Mèdiques, un 19,2% de mujeres y un 7,3% de hombres que sufren abusos sexuales siendo menores acaban con su vida.

Habida cuenta de que hay muchísimas más víctimas de estas violencias que de gente trans, la traducción en número de muertos es brutal. Los hombres, además, tienen más posibilidades de acabar en actividades delictivas o en adicciones a las drogas o el alcohol, no es que sigan genial con sus vidas estupendamente, mientras que las mujeres tienen más posibilidades de encadenar relaciones abusivas.

  • Sin embargo, los “trans” son de ofenderse mucho cuando les llevas la contraria…

Los queers se vuelven locos si no dices un pronombre como quieren, pero si gracias a la denuncia de Marina Marroquí, que después siguió el movimiento feminista, para cancelar una paleta de maquillaje con un nombre que no solo blanquea, sino que glamouriza el proxenetismo de menores o la blastolagnia, “Sug4r D4ddy” de Krash Kosmetics, las respuestas son: “¡Oh, es que os ofendéis con cualquier cosa!” o “¡no tienes sentido del humor!” como dijo la Community Manager de Perfumerías Primor en un tuit con un emoji burlón.

A mí, mi abusador me llamaba “su Lolita” o su “Sugar Baby”, y no soy la única con esta historia. Es una forma de hacer cómplice a la víctima del abuso.
El Ministerio de Igualdad en este país está a los suicidios de unos, mientras otros, abismalmente más numerosos, no les importan tanto. Cualquiera diría que tienen cadáveres en el armario, ¿no?
Aprovecho para mandar un saludo para las menores tuteladas por el Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales.

  • ¿Abolicionismo o barbarie es el único camino?

A mi desde luego no se me ocurre otro. De hecho, hasta que descubrí el abolicionismo y la lucha anti pedofilia estaba totalmente perdida.


Nuria Coronado Sopeña es periodista, conferenciante y formadora en comunicación no sexista. Además es autora de Mujeres de Frente y Hombres por la Igualdad (Editorial LoQueNoExiste); Comunicar en Igualdad (ICI), documentalista de Amelia, historia de una lucha (Serendipia) y Premio Atenea 2021 @NuriaCSopena
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