“La sociedad le debe a Nevenka Fernández una reparación por haber sido aislada y culpada socialmente a pesar de haber ganado el juicio penal”

La sociedad le debe a Nevenka Fernández una reparación por haber sido aislada

“La sociedad le debe a Nevenka Fernández una reparación por haber sido aislada y culpada socialmente a pesar de haber ganado el juicio penal”

La sociedad le debe a Nevenka Fernández una reparación por haber sido aislada

Hace 20 años cuando Ponferrada se convirtió en el epicentro del machismo por el acoso sexual del entonces alcalde Ismael Álvarez del Partido Popular a la concejala Nevenka Fernández y por el apoyo del municipio al victimario en lugar de a la mujer valiente que denunció la violencia machista, Ana Gaitero Alonso, la periodista nacida a orillas del río Esla, se afanó en ser afluyente feminista de un oficio que no estuvo a la altura de la víctima.

Desde entonces esta reputada profesional del Diario de León, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, experta en Género y Comunicación por la Pontificia de Salamanca, presidenta de la Asociación de Periodistas Feministas de Castilla y León y miembro del secretariado de Gamag Europa, ha seguido poniendo morado sobre blanco en cada trabajo que realiza. Por eso ella es una de las entrevistadas en el documental que Netflix sobre la precursora del #MeToo en España.

El rostro y el nombre de Nevenka Fernández es el de cada una de las mujeres ultrajadas por el machismo. Su valentía estuvo por delante de una sociedad que, ciega a la verdad, prefirió ponerse al lado del agresor. Desde que la ex política del Partido Popular apareció en los telediarios narrando la tortura del maltratador y acosador (su compañero de partido y alcalde en aquel entonces) Ismael Álvarez, se enfrentó a la soledad del señalamiento público. Ponferrada fue el municipio, que, como los espejos convexos, narraba a la España de las cavernas. Esa de la que, a pesar de los pasos avanzados gracias a las feministas, aún no hemos salido.

Tal y como reconoce la periodista leonesa -una de las voces protagonistas del documental de Netflix-, “Nevenka fue, sin pretenderlo ella, la voz y el rostro de otras mujeres que se han enfrentado desde su mismo miedo, la misma soledad e igual coraje, pero sin que su demanda de justicia o sufrimiento haya trascendido. La diferencia es que su caso, aparte de ser el primero que involucraba a un político en España y por ello mismo saltó a los medios de comunicación”.

Por eso Gaitero reclama justicia para ella. “La sociedad le debe una reparación por haber sido aislada y culpada socialmente a pesar de haber ganado el juicio penal. Me refiero a un reconocimiento no sólo individual sino hacia todas las víctimas que Nevenka representa y eso exige una sociedad más comprometida en combatir el acoso y la violencia hacia las mujeres desde todas las esferas”.

  • ¿De haberlo denunciado ahora que hay más conciencia crees que el resultado de su denuncia habría sido otro?

El resultado entonces fue una multa para Ismael López de nueve meses a razón de 24 euros al día, 12.000 euros de indemnización e inhabilitación para la vida política. Creo que hoy seguimos teniendo la misma tipificación del acoso sexual. Fue clave que el juicio se desarrollara fuera de Ponferrada por ser él persona aforada como procurador en las Cortes de Castilla y León.

  • Veinte años después ella sigue viviendo fuera y él sigue sin pedir si quiera perdón…

Ismael Álvarez nunca ha reconocido el delito ni siquiera que su conducta fuera errónea. Pagó su condena (una multa de nueve meses a razón de 24 euros al día) y pudo volver a la política. No ha habido una presión social para que él pida perdón. La gente prefiere olvidar y pasar página y como Nevenka Fernández está lejos lo tienen más fácil. La sociedad sigue castigando y cuestionando a las víctimas a día de hoy de muchas formas.

  • Ponferrada y su vecindario es solo el espejo de lo que piensa España ¿crees que la respuesta sería hoy igual a parecida a esa manifestación popular?

Con los ojos de hoy es impensable una manifestación en Ponferrada a favor de un político condenado por acoso sexual como ocurrió en 2002. Pero hay algo que permanece. A los triunfadores es difícil castigarles. Ismael Álvarez representaba el éxito de la ‘nueva’ Ponferrada. Y para muchas personas, la denuncia fue un intento de acabar con su carrera política causando un daño irreparable a la ciudad según su punto de vista. Hoy Ponferrada vive un momento bien distinto, en lo económico y en lo político, y el mundo en general ha cambiado mucho. Pero no olvidemos que en 2011 se presentó de nuevo a las elecciones municipales y obtuvo 5 concejales.

  • La localidad es ejemplo de lo que se ha replicado años después con manifestaciones de apoyo a los jugadores de la Arandina o a otros maltratadores. ¿Cómo se combate la violencia social?

No cediendo. Resistiendo. Las feministas, en 2001, fueron las primeras en salir a la calle en apoyo a Nevenka Fernández y exigiendo la dimisión de Ismael Álvarez. Lograron convocar a 700 personas. Quizá eso no se ha valorado lo suficiente. Hay una Ponferrada feminista y honrada al igual que hay una España feminista y honrada, pero los valores éticos siempre venden menos. Como hubo asociaciones feministas, caso de Adavas de León, que ofrecieron a Nevenka ayuda jurídica.

  • Tu voz en el documental es la voz del periodismo feminista ¿cuánta falta hace que esto no sea una excepción a la regla?

Hemos avanzado bastante en estos años. Somos cada vez más y estamos en red ya sea a través de asociaciones o en las redes sociales. Varios medios tienen editoras de género. Claro que la tarea es titánica y hay mucho interés es reducir el periodismo feminista a poner mujeres, aunque incluso esto cuesta trabajo en los grandes (y no tan grandes) debates televisivos. Hace falta más formación en las universidades y dentro de la carrera y hace falta que los medios asuman el capítulo J de Beijing veintiséis años después.

  • Nevenka habla por justicia, por justicia a ella misma ¿le pedimos todo a las víctimas?

Nevenka dice en el documental algo fundamental. Habla para no morirse. Es una superviviente como todas las víctimas que deciden denunciar. A las víctimas se les pide que denuncien, que se empoderen, que sean impecables… sí casi se les pide que sean ‘inhumanas’, mientras seguimos justificando en muchos aspectos a los agresores o minimizando las agresiones. Está claro que tenemos una cuenta pendiente como sociedad y es empezar a señalar y aislar de verdad a los agresores.

  • ¿A más poder más abuso sexual?

El abuso sexual se da siempre mediando el poder, pero no siempre el poder es el político o el económico. Los menores que sufren abusos sexuales en la familia son víctimas de otro tipo de poder incluso más fuerte, hasta el punto de que les bloquea la posibilidad de hablar. El poder de un cura que abusó de niños en un seminario o en un hospicio, el poder de un amo que violaba a la criada puede que no sea comparable al de Dominique Strauss Kahn, que era el director del Fondo Monetario Internacional, pero para esos niños es el máximo poder.

  • Parece que en la agenda mediática están confluyendo en el tiempo contenidos que muestran la verdad del machismo, me refiero también a la docuserie sobre Rocío Carrasco. ¿Cuál es la cara y cuál la cruz de los mismos?

La cara es que se ha logrado acercar a la gran audiencia asuntos que antes solo veían claro las feministas. Se ha conseguido que el discurso feminista entre en esos formatos de gran audiencia con la voz de varias expertas y nos confirman que los medios, y particularmente los audiovisuales en nuestro tiempo, son armas muy poderosas para luchar contra el machismo.

La docuserie de Nevenka parte de un compromiso personal y profesional de Ana Pastor que ve en ella ese referente del Metoo y se propone contar su historia. Una vez hecho el documental, bajo la dirección de Maribel Sánchez-Maroto y un gran trabajo de equipo, consigue que una de las plataformas de más audiencia como es Netflix la emita en torno al 8 de marzo, cuando se cumplen 20 años de los hechos. Ha conseguido hacer sonrojarse y reflexionar a la sociedad sobre un tema olvidado y zanjado y que afecta a muchas mujeres que lo sufren anónimamente y sin denunciar por miedo a perder el trabajo.

La cruz es que determinados medios usen el feminismo como gancho en programas como Sálvame y se olviden de la dignidad de las víctimas a la hora de tratar asesinatos machistas en sus informativos. No olvidemos que el testimonio de Ana Orantes en Canal Sur y su posterior asesinato en 1997 fue el detonante de un cambio en la percepción de la violencia machista en los medios de comunicación de España y facilitó que entrara en la agenda política.


Nuria Coronado Sopeña es periodista, conferenciante, organizadora de eventos y formadora en comunicación con perspectiva de género. Autora de Mujeres de Frente y Hombres por la Igualdad (Editorial LoQueNoExiste); Comunicar en Igualdad (ICI). @NuriaCSopena
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