Ayuso es quien rompe la unidad de España

Cero leyes aprobadas, cero presupuestos, el balance de Ayuso es imponer el arnarismo y la corrupcion a costa de la salud de los madrilenos

Ayuso es quien rompe la unidad de España

Acabar con el golpismo catalán y con los partidos que quieren destruir la unidad de España; acabar con las Policías autonómicas y con el Estado de las Autonomías; acabar con la Ley de la Memoria Histórica; acabar con la igualdad de sexo; acabar con los inmigrantes ilegales y con los legales; acabar con las mezquitas y con la libertad religiosa en las escuelas públicas; acabar con el espacio Schengen; acabar con el IRPF y con el suelo público: acabar con el aborto y con la eutanasia; acabar con la sanidad pública y gratuita para los inmigrantes; acabar con la educación pública mediante el pin parental; acabar con los contrarios de subvencionar la tauromaquia y el flamenco; acabar con la ley de violencia de género; acabar con los partidos políticos; acabar con el Tribunal Constitucional y con la Ley del Jurado; acabar con la UE…

Esta lista, sacada de la web de VOX y con la que haría diabluras el fallecido semiólogo italiano Umberto Eco, es el programa electoral que ofrecerá a los votantes de la CAM, el 4 de Mayo, la dimitida presidenta IDA tras convocar unas elecciones de forma unilateral, sin mediar previo aviso y sin que la sociedad madrileña lo necesitara, al menos con esta urgencia. ¿El motivo? Todo el mundo lo sabe. Todos menos los jueces. La Justicia, ya se sabe, es ciega y no ha podido, o no ha querido, ver que la presidenta en funciones no daba al botón electoral por el bien de la Comunidad, sino por intereses partidistas y personales. Es la estrategia de quienes manejan los hilos del guiñol, judicializar la política para que sean los jueces y no los parlamentos quienes gobiernen la rex pública. Es su forma de entender la democracia. Burlar la ley de los votos amparada en la burocracia de los juzgados, siguiendo la tendencia tuitera del trumpismo. Hoy en las elecciones no se depositan votos en las urnas, sino tuits falsos.

Ese es el espurio motivo de estas elecciones. Aferrarse al trono ante el temor de enfrentarse en la Asamblea Autonómica a una moción de censura que la mandara no a la oposición, sino al limbo de los políticos amortizados donde habita Mariano Rajoy.

Y lo cierto es que IDA, la presidenta en funciones, está ya más que amortizada. Basta con analizar el paupérrimo balance de su frustrada legislatura. Dos años después, cero leyes aprobadas y cero presupuestos. Salvo culpar a Pedro Sánchez y al movimiento feminista de su pésima gestión de la pandemia no se le conocen otros méritos. A día de hoy, la Comunidad de Madrid solo presenta en su bagaje dos dudosos honores: liderar la mayor Incidencia Acumulada (IA) de víctimas de la COVID-19 y tener el Gobierno autonómico que más ha gastado en ostentosos postureos y menos en invertir en la Sanidad pública para hacer frente a la pandemia sin explotar a los trabajadores de la Salud Pública hasta hacerles reventar de sufrimiento y cansancio.

Lastrada por su manifiesta incapacidad para llegar a ningún pacto democrático sólido, la presidenta en funciones se va sin aprobar unos presupuestos con sus socios de investidura, Ciudadanos y VOX. Madrid sigue con los presupuestos del anterior presidente, Ángel Garrido, de Cs. Y si tras dos años los madrileños siguen sin conocer las líneas maestras de su política de inversiones, difícil será que presente un programa electoral para que los madrileños decidan con información y conocimiento. Cuando se le pregunta, no sabe no contesta. El que contesta es VOX, a quien el Partido Popular quiere llevar de la mano a su Gobierno, siguiendo el mandato de José María Aznar de volver a cobijar bajo sus siglas al neoliberalismo más explotador y excluyente que tiene en la falangista Isabel Díaz Ayuso a su más reaccionaria defensora.

En estos dos años de mandato, y en especial el último, la única misión de Ayuso ha sido erosionar al Gobierno de coalición aunque así quebrantara la salud de los ciudadanos de Madrid. Frente a los aduladores e interesados cánticos de sus corifeos, los datos son fríos y elocuentes. Madrid es la Autonomía con más contagios desde el inicio de la pandemia, 597.385 positivos; la que más contagios registra en los últimos catorce días, 15.470, y, lastrada por su movilidad, la falta de recursos y la inhumana gestión de las Residencias de mayores, la que más muertes contabiliza: 14.211 ciudadanos madrileños perdieron la vida por la COVID en el último año.

Frente a estos datos -dolor y muerte- sus corifeos presentan unos resultados económicos tan ambiguos como irrelevantes. No podemos olvidar que desde el comienzo de la pandemia y debido a la grave crisis política que la pasividad de Mariano Rajoy profundizó en Cataluña, el eje económico del país se ha desplazado hacia el centro en detrimento del tradicional eje del Este, lastrado por la salida de las principales empresas ante la incertidumbre creada por el independentismo.

Este egocéntrico sectarismo político ha llevado a la presidenta en funciones a enfrentarse al resto de los españoles al negarse a asumir las decisiones del Consejo Interterritorial formado por todas las Autonomías. Un enfrentamiento que de nuevo termina en los juzgados para que sean los jueces, sin refrendo democrático ni conocimiento científico, quienes suplanten el derecho de los ciudadanos a decidir cuestiones vitales para su vida. Su negativa a cerrar Madrid durante la Semana Santa la coloca al lado de los separatistas al no respetar las decisiones que emanan de la mayoría territorial y así romper la unidad de España, social y sanitaria, sin importarle que sus decisiones signifiquen ampliar la altura de una nueva ola hasta convertirla en un letal tsunami. Pero ninguna de estas circunstancias modificará sus decisiones. Ella solo quiere ser la lideresa del neoliberalismo más insolidario y reaccionario.

Es en este contexto donde se revela toda la hipocresía que había en aquellas lágrimas tiznadas de rímel barato que de forma obscena derramó en la catedral de La Almudena. Al revivir esa imagen, uno no puede por menos que recordar la evangélica sentencia que, camino del Gólgota, dejó para la Historia aquel esenio, líder de los pobres como él, que arrojó del templo a mercaderes y usureros. “No lloréis por mí, mujeres de Jerusalén, llorad por vosotras y por vuestras hijas, porque si esto hacen con el leño verde, que no harán con el seco” Ayuso, Abascal y Aznar. La Triple A superviviente de la bochornosa foto de Colón.

LA CORRUPCIÓN SIGUE INSTALADA EN EL PP DE CASADO QUE RECURRE EN MURCIA AL BOCHORNOSO TAMAYAZO DE AGUIRRE

De casta le viene al galgo. El PP de Aznar, Ayuso y Casado ha recuperado su política de mercadeo y subasta de cargos. Es la misma política que encumbró a Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, condesa consorte de Bornos, mentora, modelo y espejo en el que se mira la dimitida presidenta IDA. Como siempre, la excusa es una mentira. La hipotética moción de censura que viajaría de Murcia a Madrid. Y como ocurre también siempre en el PP nadie sabía nada y nadie advirtió de que el honesto y fiel Partido Popular iba a comprar a tres diputados de Cs para abortar la moción. Tres diputados que justificaban la traición a su electorado en base a primar el bien de la región murciana, y por añadidura de España, sobre su ambición política. No podían entregar el Gobierno regional a los endemoniados enemigos de la libertad de Pedro Sánchez. La verdadera libertad reside en el pin parental de VOX y la derogación de la ley de Violencia de Género es la mejor forma de defender a la mujer del machismo asesino.

Los desmemoriados negacionistas pueden acudir a hemerotecas, fonotecas y videotecas para recordar la negra página de la democracia que abrió las cloacas del Gobierno madrileño para que circulara la corrupción por España desde el Madrid central. Con el ‘tamayazo’ murciano, el PP ha vuelto a retratarse y ha demostrado que no es un partido de fiar ya que no respeta ni leyes ni pactos. Vive por y para la mentira. No, el PP de Aznar, Ayuso y Casado no tiene derecho a rasgarse las vestiduras y llamar traidores a Ciudadanos. En Murcia, como en Madrid, Castilla y León, y Andalucía, el PP gobierna gracias a los votos de Cs y de VOX. En Madrid, ni tan siquiera fueron el partido más votado. La mayoría para gobernar en esas autonomías no se la dieron sus fieles votantes. Se los prestaron Ciudadanos con el apoyo exterior de VOX, la próxima pareja del PP de Aznar, Ayuso y Casado, tras su sonado, polémico e interesado divorcio con Arrimadas. No, Casado no ha roto con el PP del pasado vendiendo la sede del partido. El PP de Aznar, el PP de la corrupción, es un fantasma que sigue habitando en la madrileña sede de Génova 13.

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