En qué momento perdimos el rumbo

Los socios del Gobierno se juegan abrir la puerta a la extrema derecha

En qué momento perdimos el rumbo

En qué momento dejamos de reconocer, la gente de mi generación y unas cuantas más jóvenes, a la sociedad en la que vivimos. En qué momento nos dimos cuenta de que se habían perdido en el camino gran parte de los valores del rigor y la ética hasta tal punto de que un botarate como Trump pudiera ser presidente de la mayor democracia del mundo, y que casi setenta millones de personas siguieran sus pasos y su amoralidad con auténtico fervor. En qué momento, un personaje de tan poca enjundia, como Pablo Casado, podía llevar el timón del principal partido de la oposición, con corrupción incluida, pero con supuesta responsabilidad de Estado y experiencia de Gobierno de quince años. En qué momento, alguien como Abascal y Vox podían sentarse en el Parlamento vociferando contra las mujeres, los inmigrantes, la raza, las religiones. Y en qué momento partidos de gobierno, independentistas, creyeron que saltarse la Ley resultaría impune.

Y también, en qué momento se pudieron sentar en el Gobierno de España, gente tan populista que ni entiende como funciona el Estado, y lo que es peor, ni lo quiere entender. Y en qué momento, algunos partidos independentistas creyeron que podrían saltarse la ley y no ser juzgados por ello, incendiar las calles y animar a la violencia y el pillaje a una juventud perdida y sin horizonte.

Y aún así, entre los 350 escaños del Parlamento español, siempre se encuentra, por aquí o por allá, una mayoría cauta y prudente que aprueba leyes sociales y progresistas que aportan bienestar a la mayoría de la ciudadanía. Mejoras en la vivienda, mejoras en los salarios, mejoras en la cobertura sanitaria, mejoras en la educación, mejoras en la dependencia, mejoras en el cuidado y limpieza del Planeta, en la igualdad entre hombres y mujeres, mejoras en el salario mínimo y el progreso y mejoras en la redistribución de la riqueza. Aunque tengamos la sensación de que el Presidente Sánchez, y su Gobierno, siempre cabalgan por la línea más fina, al borde de todos los abismos, lo cierto es que cabalgan…y avanzan.

Esta sensación de fragilidad e incertidumbre, no sólo la tenemos en España, en toda Europa la vida política, social y económica está revuelta. Y por si esto fuera poco, nos asola una terrible pandemia global, que nos empuja a aislarnos unos de otros, a olvidarnos del desahogo festivo, de la compañía de familiares, amigos, del disfrute de la hostelería y concretamente en España, de lo que mejor sabemos hacer: la vida de alegría y consumo en los bares disfrutando de nuestra riqueza gastronómica y ganas de divertirnos.

La presidenta de la Comunidad de Madrid es un claro ejemplo de la sordidez con la que comenzaba esta columna. Ella ha entendido bien los tiempos que vivimos. Ella es fiel representante de este nuevo rumbo que se resume en: "los muertos no votan, los hosteleros si". Lo dijo bien claro, “si hay que sacrificar a un 1% para salvar económicamente al resto…”. El caso es que esta nueva generación de cortoplacismo e ideas inmediatas, no se para a pensar en el paso siguiente. No se si la presidenta cayó en que ese uno por ciento de muertos significa más de sesenta mil sacrificados en Madrid, para salvar la economía. Esto, que a mi generación, educada en los valores de que nada justifica perder una sola vida, nos parece una aberración… y sin embargo pasó desapercibido. Por menos antes se dimitía.

En Cataluña, pasa otro tanto. Podemos, la CUP y algunos radicales del independentismo también han entendido bien estos nuevos tiempos que vivimos, e incluso han contribuido ellos mismos a escribir la historia del hoy sin ver el mañana. En su caso la frase es: “las guerrillas urbanas nos hacen el trabajo sucio y nos dan votos”. Da igual el porqué, los cada vez más jóvenes, incluso menores, salen a la calle a quemar, romper, destrozar, todo lo que pillan por delante, y a la “caza del policía”, que está definido como el malo del juego. Da igual. Lo cierto es que mientras Barcelona, Girona, Lérida, o Valencia y alguna calle de Madrid, por mimetismo con ellos, arden… el independentismo se apunta tantos, porque todo, todo, es culpa del Gobierno Central. O como ellos dicen, del Gobierno de Madrid.

Aquello de “España nos roba”, que durante dos décadas tan bien le funcionó a Corleone Pujol y Familia (se embolsaron ilícitamente miles de millones), ahora le funciona a sus pos-convergentes y republicanos, en un totum revoltum, si bien han cambiado un poco el mantra: “España nos oprime, nos aporrea con su Policía, nos humilla y nos somete”. Da igual. Lo esquizofrénico es que los jefes de los “mossos” no defienden la actuación de los propios “mossos” a los que ellos dan las órdenes de actuar.

Hace algunos años, masas de jóvenes catalanes salían adoctrinados en la Diada pidiendo “libertad, libertad, libertad”. Y con el paso del tiempo, han dado pie a una generación mucho más joven que sale a “romper, quemar, dañar, agredir policías y hacer pillaje”. ¿Alguien cree que realmente les importa el rapero Hásel y la manoseada libertad de expresión? Muchos ni sabrán quien es y tampoco se han leído el Art. 20 de la Constitución que habla de la Libertad de Expresión. Salen porque sienten que no tienen horizonte. Y lo peor de todo. No tienen referentes políticos que les marquen el camino del respeto a la Ley y la convivencia, con la cultura del esfuerzo personal y el civismo colectivo. Si el propio ex president de la Generalitat, cuando estaban incendiando Cataluña, les animaba: “apreteu, apreteu”. Y ahora desde la CUP o incluso desde una parte del Gobierno de Cataluña y de España se les “apoya en sus comportamientos…” pues qué más necesitan.

Y aún así, con todos sus evidentes problemas de “encaje”, lo cierto es que frente a una ultraderecha envalentonada que recoge los réditos del enfrentamiento entre las izquierdas, y la corrupción de la supuesta derecha moderada, vale la pena poner el alma y la vida en volver a la senda del diálogo y el entendimiento, en resolver las diferencias dentro del Consejo de Ministros y no airear cada divergencia, sino el resultado final y las soluciones, que para eso les hemos votado y les estamos pagando. Y seguir aprobando Leyes y propuestas sociales y humanitarias, como la Ley de Eutanasia, la del IMV las del escudo social, las ayudas y moratorias a los desahucios, las ayudas a las autónomos, los dieciseis mil millones del Fondo Covid para las Autonomías… y prepararse para una administración justa del dinero que nos llegará en pocos meses de los Fondos Europeos para, entre otras cosas, dar horizonte a esta generación de jóvenes sin rumbo cuya única diversión son el vandalismo y el saqueo. Y también luchar para que a quien le toca estar en el Gobierno, por voluntad propia, se ubique ahí, con todas las responsabilidades, y no pase un día al Gobierno y otro a la oposición, porque esta esquizofrenia política perjudica mucho a la Democracia española y deja abiertas muchas grietas a los populismos radicales y a la desestabilización de la convivencia como se está viendo en estos últimos días y semanas.

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