Illa, un político imperfecto pero creíble

Illa, un político imperfecto pero creíble

Los procesos electorales son en democracia el momento de tomar impulso. La profundización democrática es lo que viene después, cuando desde las instituciones se hacen posibles políticas creíbles y realizables que vienen a solucionar los problemas de los ciudadanos. Asi se legitima el sistema democrático.

Esto no es un cúmulo de obviedades cuando vivimos la polisemia política y, o no se tienen los conceptos o se juega a confundir conscientemente para enervar a una parroquia capaz de comprar lo más abrupto que se diga.

Estas elecciones catalanas han perdido, en buena medida, el morbo de las anteriores. El distanciamiento de la ciudadanía de las elecciones lo veremos en la participación, esta puede ser determinante para permitir la gobernabilidad.

Con estas serán 13 las elecciones autonómicas que se celebran en Cataluña en 40 años de autogobierno, político, administrativo, financiero, cultural e idiomático. Esta es una realidad incontestable, esta es una prueba más de normalidad democrática, sin duda, pero la democracia, por diferencia a los regímenes dictatoriales, es un camino en el cual se progresa sin pausa, pero sin prisa.

Pues bien, las dos últimas elecciones autonómicas no han servido ni para impulsar ni para profundizar en la democracia catalana. Si para un notable desgaste democrático que también ha afectado al resto de España.

El resurgir del nacionalismo español, con una fuerza que no tenía, se debe al procés. Por otra parte, la gestión de los asuntos públicos en Cataluña ha sufrido un palpable deterioro en detrimento de los ciudadanos. Hay que decir que solo la pandemia ha obligado a los actuales gobernantes catalanes a aplazar la lírica soberanista para otro tiempo mejor.

Ese tiempo ha sido la actual campaña electoral y la sinfonía independentista ha vuelto a ponerse en el atril del piano.

Pero una reflexión… ya nada será lo mismo. El soberanismo dialectico ha hecho perder el horizonte a los gobernantes catalanes. Nada efectivo han hecho por mejorar el status de relación entre el Estado y la Generalitat. Entre españoles y catalanes no existe problema alguno, se comparten intereses, problemas y hasta ilusiones y crear problemas de relación es falaz. Las relaciones jurídico administrativas y competenciales es cuestión a solucionar entre los políticos dentro del marco de la Ley, en lo que se han demostrado, hasta ahora, como incapaces.

En Cataluña, España y Europa la pandemia vírica va a trastocar el sentido de la política, al tiempo, así como el papel y el sentido de las instituciones públicas. ¡En poco tiempo lo veremos! En estas elecciones, tal vez, pero pronto empezaran a verse los cambios. En tanto en cuanto la ciudadanía repare que en Cataluña está más abrigado dentro de España y Europa, con todas las imperfecciones que se quieran ver.

Las proyecciones demoscópicas presentan un triple empate como resultado final y tras el pacto del papelillo de todos contra Illa el gobierno de la Generalitat puede volver a estar del lado soberanista. Los días y los votos finales irán modulando el resultado final.

Ahora bien, estas elecciones autonómicas al margen de los ejercicios de retórica, pueden dejar efectos inmediatos. Los ya muy comentados: Una debacle del PP dejaría a Casado en caída libre, el fin de un liderazgo sinsorgo e insostenible. Su caída necesita una sustitución rápida. España necesita urgentemente una derecha moderada, pactista y con visión de país.

Asimismo, la caída de la franquicia catalana de Podemos no puede dejar al margen al líder nacional de la formación, después de lo sucedido en Galicia y en el País Vasco, sería la tercera derrota en territorios donde habían creído ser la verdadera alternativa. Ahora en el gobierno parecen haberse situado en tierra de nadie, cuestión imposible ser gobierno y oposición a la vez. Eso solo se produce en regímenes políticos muy lejanos a los de los países de la UE. A corto plazo continuar radicalizando sus planteamientos les saca del gobierno, de los gobiernos, con una más que previsible fractura interna. Lo esperable es que a partir del lunes silben y miren para otro lado durante unas semanas, para tarde o temprano recuperar esa vieja lógica de la izquierda esencialista.


Por Lídia Guinart



La postura de los republicanos (ERC) ha quedado clara durante la campaña tras ver las encuestas, quedar detrás de los socialistas e incluso de los soberanistas de Puigdemont les hacía retroceder en el tiempo por ello aspiran a ser la minoría mayoritaria para poder dirigir el gobierno de la Generalitat y con el apoyo de Podemos intercambiar cromos en Madrid y Barcelona. Es una situación de un difícil equilibrio, pero a lo más que pueden aspirar en este momento.

Pero sin perjuicio de todo ello, estas elecciones pueden dejarnos dos cuestiones que deberían requerir una reflexión sosegada y no quedarse en la superficie pues pueden marcar el futuro en España.

El previsible crecimiento de VOX, superando al PP y consolidando un grupo significativo tendrá varias lecturas. Una que el PP como marca de referencia de las esencias de la derecha pase a diluirse, aquejado además de los juicios de corrupción pendientes que les pueden conducir a la irrelevancia. Que las posiciones reaccionarias más extremas, los herederos del franquismo sociológico, busquen el cobijo de VOX tiene su lógica. Ahora bien, España necesita una derecha moderada, dialogante y con visión de país. Su existencia es urgente ya. En este crecimiento es más preocupante si VOX capta a los damnificados y cabreados afectados por la crisis, en sectores como comercio, hostelería, pequeñas industrias que la crisis ha ahogado financieramente y que dejaran en la calle a muchos trabajadores.

Por otro lado, el significado más importante en estos momentos es que en este contexto crispado puede tener la figura de Illa. Un político imperfecto, pero creíble. Viene a representar esa idea que algunos venimos reivindicando para la política y el entendimiento del país, la necesidad de recuperar la idea de proyectar una Tercera España. Lo representa el verbo tranquilo y comprometido con el acuerdo y el progreso. El efecto político de su nominación ha ido quizás mucho más lejos de lo que sus proponentes buscaban, ha demostrado que sigue existiendo lo que muchos admiraban de la política catalana el seny (la cordura), para interpretar las cosas sin dogmatismo y actuando en consecuencia, buscando lo posible y que esto sea lo mejor. Illa lo sabe representar desde la sencillez de la imagen y con su actitud contundente y serena.

En todo caso y eso nos convierte en una democracia casi perfecta, el futuro está en manos de los ciudadanos.

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