Que roben... ¡pero que nos dejen robar!

Cuando Pablo Casado era la mano derecha de Rajoy y de Cospedal

Que roben... ¡pero que nos dejen robar!

La máxima del buen votante de derechas de toda la vida ha sido: "si saben robar, que roben, pero que nos dejen a nosotros también llevarnos algo". La picaresca y las corruptelas son parte de nuestra idiosincrasia y de una carencia de educación cívica respecto a nuestros derechos y obligaciones como miembros de una sociedad democrática y solidaria. Algo que llevamos arrastrando casi cinco décadas desde la dictadura de Francisco Franco. Sólo hay que ver cuantos personajes públicos de cualquier ámbito (empresarios, políticos, artistas, deportistas, youtubers, etc) han incurrido en delitos fiscales o en prácticas tributarias y financieras poco éticas, y aún así siguen siendo los más admirados del panorama patrio. Por ello, para muchos votantes de la derecha sigue vigente aquel dogma de fe “ultraliberal” que considera “saber robar un arte”, siempre que ¡nos dejen algo para robar nosotros también!.

No hay nada más que escuchar conversaciones tabernarias o de redes sociales de masas, para observar cierta “comprensión” hacia gran parte de esos famosos cuando se hacen públicas algunas de sus prácticas económicas en negro, o de elusión fiscal del pago de sus impuestos. Y es que aquí, en España, triunfar y pagar impuestos no casan bien. En algunos países desarrollados, incluyendo los Estados Unidos de América, meca del capitalismo a ultranza, son los propios ciudadanos los que denuncian cuando observan prácticas poco éticas e insolidarias de sus propios vecinos, como es el no pagar impuestos. Aquí estos presuntos delincuentes aún levantan admiración y ganas de imitar esos comportamientos por parte de algunos ciudadanos.

Siempre he pensado que, aunque ningún país está libre de la corrupción económica y política, cuanto más desarrollado, social y económicamente sea una nación, menor es la proporción de economía sumergida. Es decir, la actividad económica opaca, negra e insolidaria a la hora de sostener los gastos de funcionamiento del Estado.

Obviamente no es lo mismo que un humilde trabajador, autónomo o empresario con la soga al cuello por razones diversas, sobre todo en época de crisis, tenga que tirar “de lo que se pueda”, en defensa propia para poder sobrevivir, que un representante público o político utilice estas prácticas ilegales para enriquecerse y, peor aún, para financiar ilegalmente a las organizaciones que representan y “devolver los favores económicos recibidos” de ciertos poderes fácticos con intereses políticos.

No, no es lo mismo que un parado quiera evitar el pago del IVA en una factura de 300 euros cuando no le llega el sueldo ni hasta mediados del mes, aunque obviamente es también un comportamiento ilegal, que un partido de Gobierno como lo era el Partido Popular, financie sus campañas electorales, los sobresueldos de sus dirigentes y la compra y reforma de sus sedes con fondos provenientes de prácticas económicas, financieras y tributarias ilegales. En román paladino, con “coimas propias de un comportamiento mafioso”.

Barcenas: “Casado venía a mi despacho a pedirme dinero y ahora dice que no me conoce”

Ahora, tras diez años de prolijas investigaciones judiciales, los ciudadanos vamos teniendo cada día más detalles de que detrás de M. Rajoy estaba Mariano Rajoy. Ahora, incluso, el tesorero Bárcenas ha dicho que el joven Casado también “venía a mi despacho a pedirme dinero y ahora dice que no me conoce”. Casado ya era un elemento clave en el PP de Rajoy, por mucho que se afane en afirmar que aquel PP ya no existe. Aquel PP es el mismo que este PP. Y cada vez los ciudadanos tenemos más certezas, a falta de lo que digan -en el siguiente juicio oral a Bárcenas- los jueces, de que un Presidente del Gobierno presuntamente ha mentido descaradamente en sede judicial al igual que en sede parlamentaria. Ahora, cada vez tenemos más información de la que se podría extraer que el Partido Popular, se ha comportado durante más de dos décadas, como una presunta organización delictiva. Y esto está escrito en diligencias judiciales y algo similar en sentencia judicial.

Por tanto, cada vez le será más difícil de negar, a su cúpula directiva, la de antes y la de ahora, que los indicios judiciales cada vez arrojan más luz de que al poco de fundarse, el PP utilizara como una de sus principales estrategias de crecimiento y expansión, la de financiarse de forma ilegal. Creando para ello un entramado de coimas, reparto de sobres y comisiones ilegales a cambio de adjudicación de obra pública. Algo documentado en lo que se conoce como “los papeles de Bárcenas”, a los que tanto fiscalía como diferentes jueces instructores han dado carta de veracidad.

No es que el PP se haya corrompido, simplemente es que el PP aparece ante la Justicia, como un partido corrupto estructuralmente y una vez que los jueces, si un CGPJ (ad hoc) lo permite, sentencien, se debería contemplar la posibilidad de ilegalizarlo. Las mafias no pueden ser legales.

Es que detrás de M.Rajoy también están las iniciales de A.Acebes, J.Arenas, J.M.Aznar, A.Botella, R.Rato D.Cospedal, C.Cifuentes, J.I Del Burgo, C.Ayesa, F.Jiménez Losantos, J.Matas etc. y necesitamos saber quiénes se esconden detrás de todas estas iniciales…

Además algunos de los dirigentes actuales del Partido Popular, Casados, Almeidas y Ayusos varios, que se hacen los locos diciendo que esto es el pasado de la organización y que ellos son el presente y el futuro, parece ser que ya hace bastantes años se paseaban por Génova 13.

En resumen, la democracia es frágil y se encuentra rodeada de diferentes amenazas, el fascismo, la extrema izquierda radical, los populismos, los antisistema (todos estos conceptos a veces van unidos entre sí), la desafección de los propios ciudadanos hacia la política, y además tenemos la corrupción sistémica con mayúsculas como una de los mayores peligros a los que se enfrenta nuestro sistema de convivencia. Nuestra obligación es luchar para tener organizaciones políticas lo más limpias posible que representen todas las sensibilidades ideológicas de todos los ciudadanos.

Si se demostrara que el PP, o cualquier otro partido político, es una organización delictiva, debería ilegalizarse y disolverse. Obviamente entiendo, que deberían constituirse nuevas partidos políticos que defendieran legalmente los intereses de los millones de ciudadanos que han votado históricamente al Partido Popular. Algo muy similar ha sucedido en Cataluña con el histórico Convergencia Democrática de la familia Pujol, que desde que salió la corrupción puyolista ha ido cambiando de siglas hasta las actuales PdCat y JxCat.

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