“La ofensiva neoliberal contra el feminismo, introduciendo el caballo de Troya del generismo viene de lejos”

“La ofensiva neoliberal contra el feminismo, introduciendo el caballo de Troya del generismo viene de lejos”

A sabiendas de que alzar la voz trae señalamiento y muchos dolores de cabeza, la militante feminista Esther Díaz Pedroche no se amilana ni un poquito. Y es que esta profesora de instituto nacida en Socuéllamos que se define kantiana, “por rancio y antiguo que suene”, tiene más que claro que educar “es transmitir que hay deberes ineludibles que debemos cumplir si queremos llevar una vida auténticamente humana”.

Por eso usa las redes sociales de toda la vida, pero también las digitales, para defender la emancipación de la mujer. Una libertad que considera está en peligro con la Ley Trans que se pretende sacar adelante y que, aunque sea “un asunto sobrevenido en la agenda feminista, es crucial porque de él depende el resto de la agenda. ¿Qué lucha feminista quedará en pie cuando se haya borrado a las mujeres y no se pueda nombrarlas ni hablar de sus cuerpos porque eso será transfobia?”, dice.

Para esta abolicionista del género, la prostitución, la pornografía y los vientres de alquiler “frente a la cancelación constante que el transactivismo y quienes lo defienden quiere imponer, pido luz y taquígrafos sobre este debate”. Y lo reclama porque para ella es crucial “que el gran público conozca las consecuencias de lo que se llama la Ley Trans y otros paquetes legislativos donde ya se incluye esta terminología sin ninguna base racional. Son leyes que afectarán a toda la sociedad y las sociedades democráticas deben ser transparentes en cuanto a las legislaciones que se van a aprobar o no”.

Además, Pedroche reconoce estar muy cansada de que se quiera vender esta polémica “como una guerra partidista y de que muchas voces con mucho altavoz permanezcan en silencio, mirando para otro lado o hablando solo en privado.

  • ¿Qué preparación tienen profesoras y profesores ante el fenómeno trans?

Desgraciadamente, poca y lo que es peor, no tenemos ninguna formación en feminismo. La Constitución contempla que la educación debe coeducar (educar para la igualdad y contra el machismo), la Ley de Igualdad de 2004 también hablaba de esto, pero en la práctica, a los centros ha llegado poco o nada. Además, últimamente lo que llega y que se llama feminismo, ni es feminismo ni se le parece. En los cursos para formar al profesorado se cometen fallos tan garrafales como confundir sexo y género, se habla de “hembrismo” y se mezcla la violencia contra las mujeres con el bullying.

A veces es porque se contrata personal que no está suficientemente formado, pero otras veces se desinforma a conciencia. La ofensiva neoliberal contra el feminismo, introduciendo el caballo de Troya del generismo viene de lejos. No es algo casual. Es algo que ha sido paulatino y de lo que ahora estamos percatándonos de sus peligros.

Por otro lado, el feminismo se sigue considerando algo secundario, se sigue sin prestar atención a la educación feminista y a la educación sexual en las aulas. Llevo 23 cursos dando clase de filosofía y llevo 23 años escuchando que se va a introducir en el currículo educación sexual o educación feminista. Todo se queda en agua de borrajas. Mientras, el porno campa a sus anchas y la hipersexualización de la vida y, sobre todo, de las niñas alcanza límites escandalosos que no parecen preocupar a nadie. El sexismo es cada vez mayor. Cuando yo era alumna las mochilas eran para los libros, cuando ahora vas a comprar una mochila te preguntan: ¿para niña o para niño? Sinceramente, como docente estoy ya rozando la desesperación porque vivo en el día de la marmota.

  • Se están dando casos de profesoras y profesores denunciados por el alumnado por delitos de odio al explicar el peligro y las consecuencias del transgenerismo en la salud de la juventud.

Así es. En Secundaria conozco profesores a los que han llamado a sus centros por su postura contraria a la religión queer en las redes. Sé de casos de profesoras universitarias que han tenido problemas por ser críticas con el generismo. Yo misma, en Twitter, recibo mil mensajes diciendo que qué vergüenza que una docente de un instituto público sea terf. Ni soy terf, ni soy homófoba, ni odio absolutamente a nadie. Eso sí, soy feminista y por eso lucho para que las pocas conquistas del Movimiento Feminista no se tiren al cubo de la basura.

Recuerdo que hace un año, un tuitero me llamó terf y me expuso y a continuación contó la historia de su hermana que según dijo terminó en suicidio. Ese hilo lo recogió antena3 digital, hizo una noticia e Íñigo Errejón se hizo eco de ese hilo. Imagina la avalancha de insultos que me llegaron. Todos, además, haciendo alusión a mi profesión. Curiosamente, los transactivistas coindicen con la ultraderecha en sus insultos hacia mí y en sus críticas: ambos terminan diciéndome que qué pena de mi alumnado…

  • ¿Cómo es posible que los planes de acompañamiento a menores trans estén ya en institutos y no haya planes para los casos de violencia machista?

Pues eso me pregunto yo día y día también en mi cuenta de Twitter. Nunca ha llegado a los centros instrucciones que hicieran prioritaria la formación en cuestiones de feminismo o de igualdad. Pues bien hace tres cursos llegaron instrucciones a todos los centros educativos de Castilla La Mancha insistiendo en que había que dar publicidad al protocolo de acompañamiento al alumnado trans y que había que formar al alumnado en esta temática. La formación al alumnado en respeto y valores siempre me parece bien, por supuesto, pero me chirría que esto parezca tan urgente y que en Castilla La Mancha aún no sea obligatorio tener responsables de Igualdad en los centros, algo de lo que ya habla la ley de igualdad de 2004.

Además, en muchos claustros se sigue cuestionando el uso del lenguaje inclusivo, que por cierto no tiene nada que ver con usar la “e” que vuelve a invisibilizar a las mujeres, a pesar de que hay normativa específica en Castilla La Mancha que obliga a las administraciones públicas a usarlo. Algo que no es una cosa de mi centro, donde sigue costando todo esto, es una tónica general. Lo sé porque he pasado por seis centros y porque además tengo dos hermanas más que también son profesoras de Secundaria.

  • Siendo la familia la base del desarrollo de cualquier menor con estos protocolos se abre la puerta a que no sepan que acuden a centros primarios de atención sanitaria, en los cuáles se trata la transexualidad a la infancia y la adolescencia.

Me parece gravísimo. Me parece increíble que se necesita la autorización de la familia para hacerse un tatuaje y no para este tema. Me parece alucinante que las familias tengan que autorizar una salida del centro para asistir a ver una obra de teatro y esto se pueda hacer a espaldas de la familia, convirtiendo al profesorado en policías del género porque según los protocolos debemos avisar a servicios sociales si entendemos que la familia no respeta la “identidad de género” de los y las menores.

  • ¿Qué es la identidad de género?

El género es el entramado sociocultural que creó el Patriarcado para someter a las mujeres, es decir, el género es opresión. ¿Cómo puede alguien exigir que su identidad sea la opresión de la mitad de la humanidad? ¿Cómo puede plantearse que esto deba protegerlo la legislación? ¿De verdad que las leyes deben proteger el género, convirtiéndolo en una identidad persona, en lugar de luchar para abolirlo? La identidad personal es algo que compete a cada persona y que está en constante construcción porque la vida es un gerundio, no un participio nunca.

Es más, y quiero incidir en ello. Que la familia plantease que sería bueno que el menor o la menor acudiera a consulta psicológica también se considera transfobia, porque se entiende que la familia quiere condicionar al menor o la menor. ¿De verdad que en el siglo XXI hay que aceptar que acudir a la consulta de psicología es algo estigmatizante? Hay mil situaciones en las que yo, como docente, he aconsejado que llevaran a su hijo o hija a hablar con alguien experto, que necesitaba expresar emociones que tenía guardadas y le hacían daño, etc.

Pues bien, si se me ocurriera dar este mismo consejo con alumnado trans tendría problemas. Es increíble todo esto, parece una película de terror. Creo que por eso hay gente que no nos cree. Pero esto es así. Hay un experto en tratar con infancia trans en Canadá que fue suspendido de la profesión porque planteaba, como primera fase, la ayuda psicológica para aclarar realmente qué se quería y qué no.

  • ¿Es solo intrusismo profesional el que las asociaciones de padres y madres de infancia trans y colectivos LGTBI -sin ningún tipo de formación para la docencia- estén arrasando con guías y charlas y llegando al alumnado así?

Más que intrusismo, yo lo llamaría el “pecado del yoísmo”. Vivimos una época donde parece que solo se pueden hablar de las cosas si te pasan a ti directamente. Me parece algo tremendamente egoísta e irracional porque hay que luchar contra la injusticia te afecte o no directamente. Me gusta poner un ejemplo: si yo enfermo de cáncer, por ejemplo, quiero que me atiendan oncólogos y oncólogas, no afectados o familiares de afectados por la enfermedad. Quizá un grupo de apoyo para hablar con gente que ha pasado por la misma me situación pueda ayudarme a sentirme mejor, pero no a curarme el cáncer. Teresa Montaño, una amiga de Twitter, lo explicó aún mejor. Si solo se pudiera hablar de lo que se ha vivido, nadie podría ser forense, es evidente.

  • ¿La infelicidad adolescente debe preocuparnos?

Debe preocuparnos el bienestar de los menores, por supuesto. Tengo mis dudas sobre lo de la felicidad porque creo que hemos sobrevalorado la felicidad y nos hemos equivocado. La vida es dura, está llena de fracasos y de frustraciones, aprender a gestionar los fracasos y las frustraciones es aprender a vivir. Las cosas hay que hacerlas a veces porque es nuestro deber hacerlas, sin más, sin esperar premios o evitar castigos. La autonomía personal debería ser la meta de la educación. No obstante, conquistar la libertad no siempre reporta felicidad. Es duro y cada vez más porque la sociedad cada vez es más gregaria. La libertad hay que trabajársela, no es algo que nos venga dado.

Salirse de la fila suele ser difícil, pero gracias a que sobre todo muchas se salieron de la fila, hoy gozamos de derechos que antes nos parecían utopías. Así pues, claro que hay que trabajar las emociones porque todo es educable, la vida emocional también, pero eso no hay que confundirlo con hacer lo que el menor siempre desee. El aprendizaje cuesta trabajo también. Hay que motivar al alumnado, por supuesto, pero este también ha de ser consciente de que requiere esfuerzo y atención por su parte.

  • ¿La paciencia es una virtud muy poco trabajada?

Es tan poco trabajada como fundamental en la vida. ¿Cuántas cosas nos han costado trabajo y luego hemos disfrutado de ellas? Hay libros que en el primer capítulo no te enganchan, pero les das una oportunidad y descubres una novela maravillosa. La inmediatez nos mata y en las aulas tenemos que luchar cada vez más contra ella.


Nuria Coronado Sopeña es periodista, conferenciante, organizadora de eventos y formadora en comunicación con perspectiva de género. Autora de Mujeres de Frente y Hombres por la Igualdad (Editorial LoQueNoExiste); Comunicar en Igualdad (ICI). @NuriaCSopena

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